La morada del poeta
La morada del Poeta
Por Claudia Bowles O.
(Como homenaje póstumo a la muerte de Robertito Echazú, y con el permiso de Claudia Bowles, podrán (re)leer el prólogo que se encuentra en Poesía Completa (Editorial Nuevo Milenio), para que sigan disfrutando y conociendo un poco más de este poeta tarijeño, ahora ausente)
Polvo serán estos versos que disperse el viento o el olvido
Roberto Echazú Un poema es un lugar donde se juegan las posibilidades o imposibilidades de ‘decir’ al mundo; es el ámbito de la conjetura dubitativa, de lo conflictivo, propio de la modernidad. Pero es también un espacio donde se juega el sí mismo; donde profundizar en el verbo nos lleva a encontrar la ausencia; es un espacio donde ya no hay dioses y ni la palabra nos protege de la herrumbre del olvido. El lenguaje poético solo permite nombrar las ausencias, y eso en rigor, es lo que encontramos en la poesía de Roberto Echazú.Desde 1879, a pesar de que la esencia significativa de este primer libro parece ser la más distante de sus aflicciones, Echazú nos habla de ausencias. Más adelante, como en Morada del olvido, lo hará evocando una suma de presencias queridas. Finalmente, desde Akirame (1966) hasta Memorias Presentes (2000), su poesía se sumerge en las profundidades de la conciencia del hombre. Y es a partir de aquí, que surge una voz lírica cuyo ritmo e intensidad nos corta el aliento. *******
La historia es el punto de partida que se transfigura, en 1879, en un instrumento para referir el amor, la vida y la muerte. Es, hay que decirlo, una visión trágica de nuestra historia, la que da inicio a su obra poética. Visión trágica, que Echazú descubre en 1879 e intuye en el resto de su poesía. En principio, por la certidumbre de que el devenir del hombre boliviano se ha construido sobre la sangre vertida y perdida…la sangre que construyevictoria y porvenir (En el mar...)Pero en 1879 está también presente la configuración de una sospecha (que más adelante se comprueba: de la imagen de un “país -no país”, en el que no existe la posibilidad de gozar, donde los placeres se construyen tan solo olvidando el pasado, y donde la única herencia telúrica compartida por todos, es la soledad. He ahí la conciencia de lo trágico. Echazú retrocede en el tiempo y desciende en el espacio para descubrir la fealdad y el sinsentido, la miseria de la guerra sobre la que se ha fundado y de donde emerge la imagen cercenada, mutilada de nuestro ser. A diferencia de otra poesía enunciativa, aquí ésta nos aproxima a la esencia misma del hombre, alimento de su propia historia. Poesía de la celebración pero por negación: como un antiguo ritual, el poeta recobra su rol de oráculo para cantar la poesía del recuerdo de los grandes fastos de la historia. Pero, ¿no es este en realidad un recuerdo también de la pérdida de utopías más recientes? Podríamos sospechar de una preocupación más inmediata en el tiempo y en el espacio, que orienta su mirada hacia los conflictos sociales de este último tercio del siglo.
Vivimos largo tiempo en las cárceles por creer en la juventud
absorbida
en una muchedumbre
unida por la misma sangre(Nada tiene en común…)
La voz en plural del poeta, que se solidariza con el mundo y habla en nombre de él, pronunciando esa palabra mágica capaz de conjurar el olvido, es esa la voz de 1879, palabra protectora y paternal, que intenta, por lo menos, existir y trascender en la poesía. Es la poesía asumida con voluntad de poder, como posibilidad de cambio.
por el poder de la verdad; por el poder de una caricia una multitud sonriente.
(Por el Poder…)
1879 nos evoca el cercenamiento territorial, pero sin saberlo con certeza, también nos anuncia lo que será el fin último de su búsqueda y de su escritura.
En un día futuro las puertas abiertas
de las casas para comprender
la razóny descender al fondo de los lechos
abiertala gloria, la miseriaoculta.
(”Nada tiene en común“)
Desde entonces, Echazú ha permanecido, con la poesía, en el tiempo del desamparo, el tiempo de la ausencia de los dioses, en una especie de exilio hacia el interior, que lo transporta de texto en texto, configurando siempre un mismo y reiterado espacio: el del ocaso, el del fin, el de la muerte como un retorno a la tierra.
******
La poesía existe para que la muerte no tenga la última palabra. En esta lucha, en esta agonía, la palabra es la victoria del hombre, victoria pasajera y efímera; es proyección contra el anti-destino del hombre, —la muerte, ya que no la eternidad; y como su victoria nunca es definitiva, debe ser incesantemente reiterada.
Tal es el nacimiento de la soledad en las lindes de las razas
Tal su ardua permanencia que la amamos
Y así nuestro canto se eleva sobre los altos follajesde la gloria
(Akirame)
Pero la presencia de la poesía es como el olvido, que lleva a Orfeo a volcar la mirada y, sabiéndolo, perder a Eurídice. Pierde a la amada, pero ha llegado a las profundidades. Y, sin embargo, ¿podría haber sido de otro modo? ¿Podría la poesía ser de otro modo? ¿Podría el poeta elegir la vida cómoda y segura del mundo? La paradoja reside en el hecho de que esa ansiada liberación que se busca en la poesía, solo se alcanza muriendo en su búsqueda. La poesía es una afirmación de la vida, aún cuando su escritura sea una irresistible aproximación a la muerte. Se ha dicho que a lo largo de sus diversos fragmentos, en Akirame, se va erigiendo el eje principal de gran parte de la poesía de Echazú. Aquí la voz del poeta se multiplica en disonantes participaciones que, alternativamente, pregunta y responde sin encontrar más que tumbas y silencio. No queda sino el espacio vacío de lo que fue humano y vital. El poeta está frente a la desolación de la desolación, la muerte misma. Una imprecación reiterada hacia la muerte se repite
“¡Malamada y servidora de proscritos!
¿Por qué su púnica excusa en túmulos de dolor
y de olvido, sus baluartes hunde?
Pero no hay respuesta posible. El tiempo cíclico, el tiempo del eterno retorno, el que dejaba la posibilidad del renacimiento, del resurgimiento, ha pasado. Ahora el hombre está solo, disperso y errante en un espacio que también se ha fragmentado, errante en su propia dispersión. El universo se desgrana y separa de sí, es una totalidad que ha dejado de ser ‘pensable’ sino como ausencia. La poesía busca, bajo la forma de diálogo, encontrar al otro. Las tinieblas, el silencio, los surcos vacíos, la fealdad y el cansancio, acechan al poeta.
Y toda la gran dicha que en la agonía se aliena, es curso
que sigue a su inmensa soledad.
Una única esperanza se vislumbra
Mi amor que también es arma amante
que solo se renueva en ti despejando a la muerte Desde la aparición de las vanguardias, especialmente del surrealismo, se ha creído en el poder del amor. El amor y la palabra son las únicas armas contra lo perecedero, y la muerte una puerta de fuga hacia la eternidad.
¡Amar!,
¡amar!,
¡amar!,
en las altas cruzadasde tu alma.
Sobre la altivez del corazón
dejando su ropaje en los vestibularios del espíritu-¡Sobriedad y manera de ser! - Oh perennidad de amor
El amor se puede salvar por medio del reconocimiento del otro: el ‘otro’ y el ‘yo’ que se identifican en una mismidad ‘para hacer de mi espíritu una semejanza tuya’. Por otro lado, la esperanza, como refugio, ya aparece aquí dentro de un espacio preferencial, al que luego se retornará en todo un poemario.
******* Tras veintiuno años de silencio, Echazú publica Provincia del Corazón (1987), anunciándose ya los más apreciados tópicos de su poesía. Tras él vendrá Morada del Olvido (1989) que junto a Gabriel Sebastián (1994) y Humberto Esteban (1994) son los libros centrales en lo que se refiere a sus vínculos más íntimos e invariables.En estos últimos textos, Echazú se acerca a la fuente de vida del hombre: la tierra que guarda, como el árbol, el recuerdo y los sueños que dan sostén a la vida. ¿Qué en común tienen estos ’seres’ que con nombre y apellido habitan estas páginas? Por qué hablarles? Provincia del Corazón y Morada del Olvido reúnen estos poemas/relato, como un homenaje al hombre simple y libre, gesto cargado de amor por el género humano, que sólo se compara con el amor filial de los poemarios dedicados a sus hijos.-Te amo Gabriel-y que el rey
no me lo prohiba
ni se alargue
en su ley.
(Gabriel Sebastián)
Con una palabra tuya se acrecentó
el universo
(Humberto Esteban)
En ambos libros, la presencia de los niños es de una fuerza renovadora y mágica, que hace renacer la vida y recobrar la simpleza de los orígenes. Y sin embargo, la solitaria melancolía desde la cual nos habla el poeta, traiciona este intento por interactuar y dialogar, porque el hijo finalmente es un espejo, que le devuelve la palabra, como confidencia a sí mismo:
¿Cómo hablar de la luz
si son tus ojos
donde veo mi alma?
Entre todos estos textos y en otra línea de su poesía, “Tríptico del hombre y de la tierra” es uno de los poemas de mayor vitalidad. La preocupación por la guerrilla es una manifestación de solidaridad que encuentra su intermediación textual en este poema, bello, profundo y complejo. En una larga serie de brevísimos versos, encadenados unos a otros, los sentidos de la pertenencia, la libertad y la muerte se intercalan, se superponen, se entrecruzan una y otra vez en una dispersión infinita. Como condensado epíteto, que resume la visión de la nación negada, una antítesis contradictoria que describe al país como un no-ser en una perspectiva que por lo tanto le niega al yo la posibilidad de serlo. Con Tríptico… el poeta se hace uno con el hombre y con la tierra, pero en un país-no país, sin libertad, no es posible ser. Por eso no queda más que la muerte:
Vamos
nomás
es mejor
morir a cuestas….con el fusil
bajo el brazo
caminando
monte
adentro.
Y es que monte adentro, es mejor morir a cuestas… Echazú ha alcanzado a hablar sobre el hombre, hablando desde el hombre mismo. El país-no país es una evidencia: este no es un país, pues carece de la libertad para serlo. ¿Es esto un pensar el país o un sentirlo? Cómo trazar la línea divisoria entre el pensarse y el expresarse de los que habla Blanca Wiethüchter? Sentimiento y certeza, la poesía contenida en Provincia … esta es poesía que devela verdades y las convierte en sentimiento. Es conocimiento al mismo tiempo que manifestación vital. Provincia del Corazón y sobre todo Morada del olvido, son cantos al hombre de la tierra libre, que se vierten como bálsamos ante el olvido y la espera:
Santiago Chambi tiene un reloj…
Santiago
tiene
pero no tiene
un país.…
Qué pena
Santiago Chambi
Qué pena
tiene las hierbas
Y
Qué pena, tiene tu voz
Es un lenguaje enunciativo y expresivo a la vez, que alcanza una fusión de lo reflexivo y lo mayor, la realidad insondable e inasequible se escurre por momentos ante la mirada insistente que busca el sentido:
En vano
el verso llama
en su severo
tablero
al encendido amor
de una dicha
(”Julio Chámas”)
Aproximándose a lo que será su poesía final, estas exclamaciones desesperadas quisieran respuesta cierta y buena:
¿Qué piensas Roberto Molina
después de saberte
compartido
entre
el viento
y
el olvido(…)
Espadas o
cuchillos
todo es igual
y convergen
siempre
en la brusca
herida
del olvido.
*****
Quien profundiza el verso, muere, encuentra su muerte como abismo.
M. .Blanchot. Solo Indigencias (1989) inaugura la secuencia final de estos textos donde la brevedad y densidad dan cabida a la revelación más sobrecogedora estremecedora que recoge esta obra, y que junto a Inscripciones (1997) y Umbrales (1998), constituye la confirmación de una búsqueda que ya se había anunciado desde el primer poemario. Estos mínimos versos, donde un patio y una estrella, son el escenario perfecto para la contemplación última, donde la soledad es también sinónimo de paz, donde ya no hay que hablar sino escuchar: Si este es mi destino
que en su afán
la muerte
mi mombre
sólo encuentre en todosu camino
(”Solo Indigencias“)
Desde los himnos del los primeros poemas, los cantos amorosos a los hijos, con los cantos tristes de esta última escritura, todos son una muestra de la desgarradura del poeta. Aún la fraternidad, nacida del mismo sentimiento de soledad, es fraternidad sobre el vacío. Ahora ya se ‘ins-/escribe’, se deja registro, se talla la huella del paso por la vida con la propia palabra; se desgarra de sí el último aliento vital, para recobrar la calma y esperar.
¿Quién llama
a la puerta
para decir
que ya no existo?
¿Eres tú padre
acaso
que me llamas
o
eres
tú madre
que me lloras?
(Camino y Cal)
Poco a poco, se van abriendo las puertas, se desplazan los espacios. Ya casi nada queda:
Hay demasiada muerte
para tan poca vida.
[1] Palabra de origen japonés que significa “resignación ante lo inevitable”.
[2] En Provincia del corazón
[3] Wiethüchter, Blanca: Poesía Boliviana Contemporánea en Tendencias Actuales de la Literatura Boliviana. Institute for the Study of Ideologies &Literature. Minneapolis/Valencia 1985 p.76
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