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El libro en la vida del hombre

El libro en la vida del hombre
Por Hans Dellien S.

Desde el 23 de mayo Santa Cruz es la atracción para los intelectuales y el pueblo culto en general. La Feria del Libro reúne a grandes valores literarios nacionales e internacionales. Pocas décadas atrás había una relativa orfandad editorial en Bolivia, pero hoy la proliferación de ediciones emociona, enorgullece y asombra.
En el presente, la vida es inconcebible sin el libro, herramienta de la cultura, la ciencia y el progreso en el mundo; sin embargo, su historia es tanto o más estremecedora que la del mismo homo sapiens, nombre que es herencia del libro, es decir, ¡el saber! La historia del libro se remonta hace cinco millones de años, cuando los primitivos homínidos errantes, desde el Paleolítico hasta el Neolítico (australopithecus-homo sapiens), empezaron a dejar señales de su pensamiento con sus hazañas rupestres, rasgando las paredes de las oscuras cavernas y transmitiendo sin saberlo por vez primera ideas que, un día no muy lejano, los identificarían.
Desde los rapsodas griegos hasta los bardos celtas, historias como los poemas homéricos, eran cantados de pueblo en pueblo; fueron los primeros libros ‘vivos’ que caminaban y cantaban. Los antiguos, usando pedernal además de fuego, lograron escribir signos en toda clase de superficie. Mahoma escribió el Corán en paletas de cordero y Hesíodo en cortezas de árbol, mientras que los egipcios, los chinos, los asirios y los mesopotámicos en arcilla. Usaron el alfabeto más antiguo, el sánscrito devanagari de los brahamanes (siglo VIII a de C). Los egipcios fueron los primeros en usar el papiro de arbustos del Nilo, que se generalizó y fue una revolución; utilizaron tintas de hollín, agua y cola. Los romanos emplearon durante mucho tiempo la cera en tablillas y se valieron de un cincel, el ‘estilo’, del que derivó luego el término estilo para escribir bien.
En la guerra entre el Egipto faraónico y el rey de Pérgamo, éste necesitaba papiro egipcio para su gran biblioteca e inventó el ‘pergamino’, es decir, el libro escrito en cuero de animal, que asombró por sus ventajas y que, con el tiempo, dio origen al formato que hoy conocemos. Para entonces, el arte de escribir y editar libros alcanzó una gran perfección y también costos. En la Edad Media, los monasterios y los monjes guardaron esos tesoros copiándolos en el ‘scriptorium’.
Y finalmente, hace 2.000 años, los chinos del bambú y la ropa vieja inventaron el papel, divulgado luego por los árabes. Y en 1468 se produjo el milagro de la gran revolución en la historia del libro. El alemán Juan Gensfleisch, más conocido como Gutenberg en Mayns (Alemania), imprimió el primer libro y la primera Biblia en letras de molde con su invento: la imprenta. Los cambios que se produjeron a raíz de este suceso son parte de la historia de la humanidad. El papel se fabricó con fibras de madera, y el arte de la tipografía se aceleró, pasando de la linotipia de teclado hasta el ‘offset’ y las poderosas rotativas de nuestros días, que hoy imprimen los periódicos que informan al mundo en cada nuevo amanecer.


Mondacca Teatro con No le digas

Mondacca difunde la poesía de Saenz por todos los medios
Teatro. El monólogo No le digas retorna a las tablas cruceñas después de 8 años
Por Natalie Iriarte

Trascender el carácter efímero del teatro”, es la intención de David Mondacca, al llevar la obra No le digas a todos los medios posibles. Además de ver la obra, esta noche y mañana en el escenario de la AECI (20:00), el público podrá adquirir un libro con el texto y un disco compacto que contiene la interpretación del monólogo, basado en el poema del paceño Jaime Saenz. Las dos producciones serán presentadas el sábado en la Feria Internacional del Libro.
Ése no es el único soporte que utiliza el dramaturgo paceño para inmortalizar la obra de Saenz, porque muy pronto No le digas también llegará a la pantalla grande. “La película ya está terminada y Mela Márquez (la directora) nos dijo que el estreno será entre septiembre y octubre”, comentó el actor y director.
Mondacca presenta esta puesta en escena por segunda vez en la capital cruceña. Esto comprueba el curioso e interrumpido trayecto de la obra, que, a nueve años de su estreno, no ha llegado a las 40 presentaciones, pero que tiene renombre nacional e internacional.
“Es tiempo de llegar a la gente y dejar de lado los grandes escenarios y el público selecto”, argumentó el paceño, de 51 años, refiriéndose a que las presentaciones teatrales serán más continuas y en todo tipo de escenarios.
La inspiración es el poema del paceño Jaime Saenz, un autor boliviano que viviendo entre el alcohol y la noche logró marcar el rumbo de la literatura nacional y que, además, ya es un recurrente en la obra de David Mondacca.


Llegó la hora de los libros. Feria Internacional del Libro de Santa Cruz del 23 de mayo al 3 de junio (tomado de El Nuevo Día 23.5.07)
Brasil es el país invitado. En los 12 días de encuentro también participan Argentina, Chile, España, Alemania y Francia. Sin embargo, los autores bolivianos son el centro con 55 nuevos libros. “La fiesta está servida, ahora es el turno de los lectores”, convocó ayer Alfonso Cortez, presidente de la organización de la 8va. Feria Internacional del Libro de Santa Cruz -FIL- que será inaugurada esta noche en Expocruz.

Notoriamente más grande que antes -por su espacio físico- y con un hijo naciente, la Feria del Libro Infantil y Juvenil -FLIJ-, la versión 2007 de la cita literaria privilegia a los niños, a los que se ha propuesto contagiarlos del gusto por leer; inversión bien pensada.

La FLIJ ocupa todo un pabellón, es colorida y llena de pasajes y sectores o Mundos Mágicos (“Érase una vez…”, “Fantasías en el tiempo”, “¿Sabías qué?…” e “Historias sin fin…”). Es un montaje trabajado desde hace un mes, que ayer ya dejó visualizar un túnel, un enorme pulpo, un barco y una ballena.

La FIL conserva su razón comercial, sí, porque concentra miles de títulos como oferta al público. En este marco, decidió este 2007 ser una plataforma desde la cual se luzcan los autores bolivianos, nuevos y consagrados, para valorar la creación nacional.

Premio FIL 07 a Marcelo Araúz

El Premio Anual “Cámara Departamental del Libro 2007”, en la mención “promoción, fomento y difusión de libro, lectura y bibliotecas” reconoce “la incesante labor” de Marcelo Araúz, gestor de muchas obras: Como director de la Casa de Cultural “Otero Reiche” entre los ‘80 y ‘90, creó la biblioteca pública en su domicilio. Promovió la organización y publicación del Taller del Cuento Nuevo que difundió a una nueva generación de autores cruceños. Declaró 1988-89 años del libro y la lectura. Creó el centro de comunicaciones y una imprenta-editorial que publicó 23 libros cruceños en un año y medio. Construyó 14 bibliotecas de barrio en los centros culturales. Se preocupó por la formación y capacitación de bibliotecarios. Favoreció intercambios de autores cruceños y gestionó su inclusión en antologías internacionales bilingües. Firmó un acuerdo con el Gobierno de España para la construcción de la actual Biblioteca Municipal. Desde APAC sigue contribuyendo a la difusión de investigación de música barroca y teatro.

Mondacca trae No le digas • Puesta en escena hoy y mañana en la AECI, 20.00.  

ProgramaJueves 24/05

2do. Congreso Nacional del Libro: 15.30-17.00.

Conferencia ‘Elogio de la lectura’: 20.00-21.30. Por el poeta Pedro Shimose.

Presentación del libro ‘Los secretos de Rosalba’: 20.00-20.45. De Mariana Ruiz Romero. Nuevo Milenio

Conversación ‘Alrededor de la clase media y el cholo’: 21.00-22.30. Por Ramón Rocha Monroy (ab). El País.


Feria INternacional del Libro de Santa Cruz

Feria Internacional del Libro de Santa Cruz presentará 57 obras (la octava versión del evento, que se realizará en la Fexpo del 23 de mayo al 3 de junio, romperá sus récords en cuanto a publicaciones y expositores).

Por Darwin Pinto

La octava feria internacional del libro de Santa Cruz, en su octava versión, será la más grande que cualquiera de las anteriores, no solo por el incremento de su superficie de exhibición, el aumento de la presentación de nuevos títulos o el crecimiento de su número de expositores, sino también por que presentará como una de sus novedades el hecho de que habrá un espacio especial para acercar a los más chicos al placer de la lectura.

Con una superficie que abarca casi el doble que la de otros años (3.400 metros cuadrados), La cámara Departamental del Libro de Santa Cruz, organizadora del evento, espera que este 2007 acudan al encuentro unas 20.000 personas, superando a las 18.000 que asistieron el año pasado en los doce días de la feria.

En cuanto al número de publicaciones se presentaran 55 libros en los géneros de novela, cuento, poesía y ensayo, superando a los 39 del año pasado. Sin duda es una señal de crecimiento del evento.

“Queremos convertir a esta feria del libro en una plataforma para el lanzamiento de obras literarias en Bolivia. Por eso hemos traído a casi todos los escritores que están publicando (38 nacionales, entre ellos el Premio Casa de las Américas, Pedro Shimose; El Premio Nacional de Novela 2006, Wilmer Urrelo; el autor de Jonás y la Ballena Rosada, Wolfango Montes; y Ramón Rocha Monroy, autor de ¡Qué solos se quedan los muertos!, dijo Alfonso Cortez, Presidente de la CDLSC, que organiza el encuentro.

Agregó que otro de los objetivos de esta feria es estimular a los jóvenes con la creación del Premio para noveles escritores, que este año su primera versión fue ganado por Emma Villazón, cuya obra será presentada en libro durante la feria.


Después del Pachakuti. Tiempo mitológico aymara y ciencia ficción.

Después del Pachakuti. Tiempo mitológico aymara y ciencia ficciónPor Anabel Gutiérrez León (Les pasó un ensayo de Anabel Gutiérrez León sobre la novela De cuando en cuando Saturnina de la inglesa Alison Spedding que fue presentado en el I Congreso Internacional Mitos Prehispánicos en la Literatura Latinoamericana. Anabel se encuentra escribiendo su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid)

Presentación.

En la contratapa de la novela De cuando en cuando Saturnina[1] de Alison Spedding (Belper, Inglaterra, 1962) se afirma que ésta es la “la primera novela de ciencia ficción originaria escrita en castellano andino, aymara y spanglish”.

La novela narra “la vida y milagros” de Saturnina Mamani Guarache, más conocida como la Satuka, navegadora espacial y activista política, que se hizo famosa a nivel interplanetario después de su temeraria participación en la destrucción de la luna marciana de Fobos (último reducto de supremacía blanca) en el 2079. Dos años más tarde, en 2081, Satuka reapareció en los medios y fue detenida en el Perú, identificada como cabecilla del “Comando Flora Tristán”, un grupo subversivo anarco feminista. La detención se produjo después de que el grupo, en un atentado terrorista, destruyera el recién restaurado templo de Coricancha, antiguo Templo del Sol incaico en Cusco.

Así pues, por medio de las delirantes aventuras de este personaje, se puede acceder al interior de un mundo que hasta entonces había permanecido vedado para ojos extranjeros: la historia del Qullasuyu Marka, conformado por la mayor parte de la ex-Bolivia y el departamento peruano de Puno.

Al mismo tiempo, en la novela es posible leer una reactualización de los mitos andinos prehispánicos en un contexto tan novedoso, como es la ciencia ficción.

Desde el año 2022, Bolivia ya no existe como país. Después de una serie de enfrentamientos bélicos de carácter racial, todos los q’aras (blancos) fueron expulsados o bien huyeron por sus propios medios a otros países, y el Qullasuyu Marka se declaró Zona Liberada. Tres años después de esta revolución andina, la Zona, que ya había destruido sus medios masivos de comunicación, decidió cerrar sus fronteras para centrarse en la reconstrucción del país y la recuperación de la forma de vida originaria, anterior a la colonización española: “¿has visto como han recuperado las técnicas de tejido? Superan a los mejores ejemplos arqueológicos” (Spedding: 124), comenta un personaje. Los únicos miembros del Qullasuyu que tienen acceso a traspasar su frontera y sólo a partir del año 2038, son los miembros del Sindicato[2] quienes además de ser conocidos por la alta calidad de sus servicios, lo son también por su marcado carácter separatista y por no establecer relaciones con nadie ajeno a su cultura.

En el Qullasuyo no existe gobierno como tal. En su lugar, como ocurría antes de la colonia, sus pilares sociales y  políticos, se basan en la religiosidad y por tanto son los amawt’as (sacerdotes) quienes ostentan los puestos con mayor poder social. Tampoco cuenta con una moneda nacional y, salvo los UCU’s[3] para transacciones internacionales, el intercambio dentro de la Zona se basa en el trueque de productos y servicios. Ni la economía autárquica ni la ausencia de partidos políticos, burocracia o policía, tienen como resultado un mundo sin pliegues u oscuros recovecos.

De cuando en cuando Saturnina es una oportunidad única para mirar desde dentro cómo hubiera sido, aquello que una vez fue. Las entrañas de este utópico mundo retro-futurista, logran reflejar los ecos de un remoto pasado mítico, sobre un aún más remoto, futuro. Un arriesgado salto desde Los Andes hasta los Asteroides.

El tiempo mitológico

Según la concepción espacio temporal de la mitología andina, cada división temporal (o pacha) está circunscrita a un determinado espacio. Thérèse Bouysee[4], tomando como referencia a los cronistas del siglo XVI, habla de tres edades que conforman una cronología en la que se interrelacionan una serie de tiempos y lugares con caracterizaciones específicas.

La primera, es la Edad del Taypi que evoca la multiplicidad y diversidad conectando a los hombres con sus lugares de origen; y a los dioses con un centro primordial, el taypi. En este pacha existen dos fases: una primera de concentración, seguida por otra de dispersión espacial. Bouysee la relaciona con un microcosmos potencial, a partir de cual cobrarían sentido el espacio y el tiempo, en los que se irían conformando los diferentes grupos sociales.

Taypi es el lugar donde pueden convivir las diferencias; evoca el tiempo original en el que las distintas naciones –que quizá serían enemigas más tarde- surgían de un mismo centro, antes de reaparecer en sus lugares de origen propios y diferenciados. (Bouysee, 1987: 195).

En segundo lugar está la Edad de Puruma que hace referencia al ocaso: tierras desiertas, vírgenes, libres, salvajes, sin ley. “Se trata, ante todo, de un momento de luz difusa, como la que corresponde al anochecer, cuando oscurece el cielo” (Bouysee, 1987: 180). Según la versión de Guamán Poma, éste sería el tiempo en el que las cosas comienzan.

Si en el taypi se producía la unión o concentración en un centro; en el puruma se produce una división de lo que estuvo unido o era indiferenciado, una expansión hacia bordes difusos.

El tercer pacha, que es el que más interesa para la lectura De cuando en cuando Saturnina, es la edad del Awqa, o Pachakuti. Bertonio traduce awqa como “enemigo” y Pachakuti como “tiempo de las guerras”[5], aunque este último término tiene una acepción mucho más basta. Se refiere a todo aquello que es contrario, opuesto, que no puede estar junto ni coincidir, como el día y la noche o el agua y el fuego.

El pensamiento aymara ha encontrado dos caminos para reconciliar estos estados antagónicos: Uno, a través del encuentro, tinku; y otro, por medio de la alternancia, el kuti.

El tinku es el nombre de una pelea ritual entre dos bandos opuestos, y se puede expresar como el encuentro “de las dos mitades que componen cada grupo social, y el de la pareja hombre y mujer” (Bouysse y Harris: 30). Aunque tiene la apariencia de un combate guerrero, al ser un rito, su función es la de hacer una medición de fuerzas y restablecer el equilibrio, porque permite una coincidencia, un momento de unión simbólica.

Otra respuesta para la reconciliación de los elementos awqa es la alternancia, expresada en términos del kuti, que habla de un cambio de turno, de una vuelta completa. Para Bouysse “la idea central de este concepto es que cada elemento se alterna con su opuesto en un continuo contrapunto”(1987: 200). Pero el concepto de kuti, puede tener alcances bastante más amplios cuando se refiere a un vuelco total, una revolución; y si se está haciendo referencia a un pacha, una edad, se está hablando del Pachakuti, que en el glosario de la novela, está definido como “el mundo que se da la vuelta, fin de un mundo e inicio de otro nuevo” (Spedding: 331).

Las referencias de los cronistas andinos al Pachakuti, suelen evocar el mundo al revés. Cuando muere un Inka, por ejemplo, se produce un Pachakuti; o más rotundamente, cuando llegaron los españoles, el mundo andino se invirtió para dar lugar a la existencia de un orden completamente diferente.

La narración De cuando en cuando Saturnina se centra entre los años 2070 y  2086, pero también se cuenta con información de primera mano sobre la historia anterior a la constitución del Qullasuyu. La informante es la abuela de Satuka, Alcira Mamani, quien había luchado en la guerra de la liberación y por tanto había vivido los últimos días de la ex-Bolivia. Aunque la abuela lleva ya unos años muerta, su nieta tiene las habilidades para comunicarse con ella a través de unas sesiones de ch’amakani[6] .

Cuenta la abuela las medidas que llegaron con el nuevo Pachakuti el año 2022: institucionalización de una economía autárquica basada en el trueque de productos y servicios, destrucción de los medios de comunicación, abolición del gobierno y la policía, etc. Un nuevo orden suplantaría al que hasta entonces había regido en ese mismo territorio. El mundo volvió a darse la vuelta o, como la misma abuela asegura,“¡qué normal! Ya no iba a haber normal nunca más, a lo menos normal como era antes” (Spedding: 28).

A diferencia de la concepción lineal del tiempo occidental, en la cosmovisión aymara el tiempo es circular. Todo retorna. Así como los animales, las plantas y la naturaleza son cíclicos, las culturas también tienen un ciclo. El Pachakuti es la demostración de esta categoría temporal. El pasado está delante porque es lo conocido, lo ya visto; en cambio el futuro, que es algo que no se ve, está detrás.

En la estructura de la novela pueden entreverse estos diferentes pachas. Además del secuencia narrativa desde el primer(S1) al último(S34) capítulo, que se rige según el orden de las entrevistas a las informantes; se ofrece una secuencia alternativa, conformada a partir de la cronología de los hechos narrados. Este segundo orden, tiene dos partes: la primera(P) cuenta los acontecimientos históricos del pasado: cómo y por qué fue la guerra de la liberación. Y la segunda parte(T) de esta misma secuencia, que aglutina los hechos del presente narrativo de la novela, sigue cronológicamente los acontecimientos desde que Fortunata, la informante principal de la novela, conoce a Satuka, la protagonista.

En la primera parte de la secuencia, estarían condensadas la edad del taypi, del puruma y el inicio de la edad awqa, hasta el anuncio del Pachakuti, que será contado ampliamente en la segunda.

Se puede identificar el taypi a lo que la novela llama el q’ara timpu, un tiempo anterior a la Liberación, gobernado según las formas y leyes de los blancos, aquellas que rigen el mundo occidental y fueron impuestas tras la colonización.

De cuando en cuando Saturnina hace una breve descripción sobre cómo convivían, en un mismo espacio, la extinta Bolivia y las diferentes naciones que después irían a separarse. Tomando en cuenta el presente de la novela, este tiempo puede ser considerado como el del origen del orden que se instaurará después en el Qullasuyu; en tanto, un largo principio, en el que la convivencia de espacios y tiempos diversos condensados incómodamente en un mismo centro (Bolivia), daría lugar a la germinación y reproducción de las condiciones que más tarde provocarían la fuerza motora de la revolución andina.

La consecuencia es una sangrienta serie de enfrentamientos bélicos entre indios y blancos: la edad del Puruma, un pacha salvaje, sin ley. Un tiempo en el que se dividirá y expandirá en el espacio lo que antes estuvo junto. Cuando los grupos de indígenas subversivos derrotan a la defensa del gobierno y comienzan a tomar los puntos estratégicos del país, los q’aras, viendo que ya no podrían detener el avance de las fuerzas indígenas, huyen despavoridos fuera de las fronteras de lo que se constituiría como la Zona Liberada. Dentro de esas mismas fronteras, “[e]l Andrés Chuquimamani, el que sería el primer Willkaqamani, estaba en el acto de arrancar vivo el corazón del coronel y comérselo crudo” mientras tanto, otro grupo “pintados de sangre entraron a Cochabamba, con las cabezas de todos los oficiales alzados en palos” (Spedding: 27).

Como en el tinku, las dos fuerzas antagónicas se miden en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, cuya pretensión es restablecer el equilibrio social perdido, ya manifestado en el Puruma. Como cualquier combate, no se puede entender el tinku sin muertos o heridos, porque son justamente los golpes recibidos por cada contraparte los que permiten una regulación de las tensiones internas a cada grupo; además, “a través de esta oposición con un contrario se logra que la identidad pueda ser físicamente expresada, cambiada y transformada” (Bouysee, 1987:199).

Así pues, quienes permanecen en el Qullasuyu, reafirman su identidad aymara, redefinen un nuevo orden interno que tiene que ver no sólo con la recuperación de ritos, creencias y costumbres ancestrales, sino también con la organización política, social y económica dentro del territorio de la ex-Bolivia; al igual que todos los que huyen, reafirman su identidad y modo de vida occidentales, posteriores a la colonia y anteriores a la guerra de la liberación, como cuenta la abuela Alcira desde el mundo de los muertos.

Una vez enfrentados los dos elementos awqa en el tinku con la consecuente redefinición y transformación de identidades, se da lugar a la alternancia que es otra respuesta de la cosmovisión andina a la reconciliación de contrarios. Entonces se puede producir el Pachakuti: el mundo da un vuelco. La revolución transforma el orden establecido e instaura uno nuevo. Se redefinen los papeles de cada mitad, de manera que el retorno de un antiguo orden de cosas sea posible. El tiempo cíclico vuelve a expresarse con el cambio de turno.

Recordemos que ya se había ingresado a la edad del Awqa, un tiempo en el que los contrarios no pueden permanecer unidos. Después del enfrentamiento, si la medición de fuerzas favorece una reasignación de posiciones, los bandos contrarios se alternan. Esto ocurre en la novela. La segunda parte de la secuencia alternativa ofrece la descripción de ese mundo al revés.

Poco antes del final de la guerra de la liberación, hay una escena que puede resultar muy gráfica de la inversión del orden de cosas. Los personajes están hablando de una muralla construida en la ciudad de El Alto, considerada monumento de la Liberación:

La muralla de la fosa dicen que lo hicieron construir en plena guerra, después de la toma del Parlamento. Sus albañiles eran puros diputados y altos mandos del Ejército, de la policía (…) y una vez terminado el trabajo el primer Willkaqamani les hizo arrodillarse, caras al este, al amanecer, y en tanto que el sol despuntaba tras el Illimani los wilancharon (sacrificar cortando la garganta, extrayendo el corazón y regando sangre a la tierra –trad. Glosario, 338) todos en uno. Regaron el muro con su sangre y tiraron los cadáveres adentro. (Spedding: 23).    

Ministros, diputados y jefes de policía, quienes antes dirigían el país, ahora hacen de albañiles para los indios sublevados, los mismos que según el desplazado orden de cosas, habrían ocupado aquél puesto; y a partir del cambio de turno, están en una posición de poder. El sacerdote del sol o Willkaqamani, es el máximo cargo en la nueva sociedad, cuya identidad también se refleja en la reasignación de roles sociales.

Como se describe en las crónicas del descubrimiento de América, los sacerdotes o guías espirituales eran los intermediarios entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, a la vez que interlocutores de los dioses. “Sus indudables conocimientos por encima del resto del pueblo le deparan un prestigio y el consiguiente poder terrenal o político” indica Ricardo Montes (Montes y Mengual: 17); por lo cual también ejercían como ayudantes del soberano en todas las celebraciones.

En la Zona “no tenemos gobierno, cada gremio se ocupa de su negocio y listo”(Spedding: 124), dice una de las informantes de la novela. Sin embargo es el gremio de los amawt’as “el que se ocupa del culto y del bienestar espiritual” (Spedding: 108), el que también ostenta el poder político.

[S]i no hay Estado ni Iglesia, tampoco puede haber separación entre ellos (…). Y como no hay evento que no empiece con al menos unas gotas de ch’alla, y toda una wilancha si es un evento importante, siempre están presentes en todo lo que hacen los demás. (Spedding: 126).

Una sociedad como la aymara, construida sobre la base de una cosmovisión religiosa, estará dirigida por los mismos encargados de los oficios del culto. La ch’alla, por ejemplo, que es un “[r]ito aymara destinado a rendir culto a la diosa tierra, arrojando al suelo parte de la bebida alcohólica” (Montes y Mengual: 99), precede cualquier evento importante en el Qullasuyu Marka. Y sólo los amawt’as están autorizados para dirigir las actividades rituales.

Otro de los motivos que confieren poder y respeto a los amawt’as es la exclusividad que tienen en el manejo de las artes mágicas, o el ejercicio como ch’amakani, definido, en el glosario de la novela “literalmente, [como] dueño de la oscuridad; espiritista, que llama y hace hablar a los ánimos de los vivos, las almas de los muertos, los espíritus de los cerros, ríos, y a cuánto ser espiritual se deseé consultar” (Spedding: 323). Como dice la madre de Satuka en la novela, dentro del Qullasuyu, “[l]a gente común tiene miedo de lo que les pueda hacer un amawt’a” (Spedding: 211).

En el mismo territorio donde una vez existió un país llamado Bolivia, donde convivían -no sin roces- modos de vida propios de occidente, junto con los de diferentes comunidades indígenas, no totalmente asimiladas a ese estilo; después de la revolución aymara, la cosmovisión que ordena la vida cotidiana, cambia completamente. Los que antes habían estado abajo, ahora están arriba, y viceversa. Otros líderes, otros dioses, otro modo de conducirse sobre un mismo espacio.

El poder

Satuka pertenecía al gremio del Sindicato por lo que su competencia se debería limitar a la navegación espacial; pero como de joven había sido tocada por el rayo[7], poseía el don que le permitía comunicarse con dioses y ánimos de personas muertas o vivas; pero al haberse negado a ingresar en el gremio amawt’a, el uso de estas habilidades, ejercidas ilícitamente para comunicarse con su abuela, la convertían en una seria amenaza frente al poder.

Afirma rotundamente la protagonista, que en la Zona “el control policiaco” (…), depende de los amawt’as. No es para nada que la única cárcel que hay depende de ellos [sic]”(Spedding: 107), quienes aprovechan el primer pretexto para encerrar a Satuka en Chonchocoro[8], la única cárcel existente en el Qullasuyu.

Después del atentado que destruyó el templo de Coricancha en Cuzco, identificaron a Satuka como una de las cabecillas del Comando Flora Tristán, causante de la explosión. La comunidad internacional inmediatamente acusó a la Zona de promover acciones subversivas y le impusieron un bloqueo económico que le impedía la adquisición de repuestos automovilísticos; lo que se convirtió en la excusa oficial para encarcelar a Satuka. Bajo este delito se escondía el verdadero motivo de su encierro: la posesión ilegal del cráneo de su abuela quien, al ser ch’aman tayka[9], debería estar en Tiawuanaku residencia de los amawt’as.

Para solucionar el difícil problema en el que se había metido, Satuka recurre indistintamente a sus habilidades informáticas y mágicas. Gracias a las primeras, consigue que se levante el embargo económico impuesto al Qullasuyu. Paralelamente, la abuela Alcira, desde Manqha Pacha[10], interviene tanto directa como indirectamente a favor de su nieta, hasta conseguir entre ambas, la libertad.

Los pueblos andinos, tradicionalmente se formaban a partir de una autoridad dual que reflejaba el espacio socioeconómico “constituido por dos parcialidades complementarias” (Choque Canqui: 62): el Urqusuyu simbolizado por el varón y donde están localizadas las divinidades tutelares como los achachilas y apus; y el Umasuyu, simbolizado por la mujer y espacio donde se localiza la Pachamama.

En el plano simbólico, estas mitades espaciales, están representadas por otra pareja dual, Manqhasaya, que es “la mitad ‘de abajo’, cuyo jefe se sienta al lado izquierdo y aparte de gobernar su mitad, se ocupa de asuntos rituales al interior del grupo” (Spedding: 329), y que en la novela podría identificársela con el gremio de los Amawt’as. La mitad ‘de arriba’, es Alaasaya, “cuyo jefe tenía superioridad formal, ocupando el lado derecho en las ocasiones públicas, y aparte de gobernar su propia mitad, se ocupaba de las relaciones exteriores de todo el grupo” (Spedding: 321), representada a su vez por el Sindicato, cuyos miembros, además de pasar la mayor parte del tiempo, más cerca de las estrellas que de la tierra, son los únicos que se relacionan –en tanto miembros del Qullasuyu- con personas que no pertenecen a su misma cultura.

Satuka habría estado habitando paralelamente estas dos mitades antagónicas, que tienen como función complementarse; y cuya reunión –posible sólo en el taypi- procura una “concentración de fuerzas” (Bouysse, 1987: 195), que esta astuta navegante interespacial usó para desmantelar ambas partes.

Para luchar contra el racismo y el imperialismo machista, occidental o indígena, Satuka transita tan libremente entre las estrellas, como entre el mundo de los vivos y el de los muertos. La brujería, la piratería informática, las bombas explosivas o los espíritus de los cerros. Cualquier arma es útil en sus manos.

Satuka no ignora que en la Zona el tiempo transcurre de forma cíclica: el pasado, “tiempo inmemorial” (Yanapara 224), estará adelante, reclamando siempre la memoria. Otro Pachakuti, en el que las mujeres quedan arriba, podría ser posible.

Bibliografía.

Alonso Sagaseta, Alicia (1988): El espacio funerario en las culturas andina: un estudio arqueológico y etnohistórico. Madrid: Editorial Complutense.

Bajo, Ricardo (2004). “Alison Spedding presenta este miércoles en el Musef la tercera parte de su trilogía, De cuando en cuando Saturnina. Una historia de ciencia ficción. Bolivia no existe y ha sido sustituida por un régimen arcaicista, racista y sanguinario”. (Entrevista a Alison Spedding). En: Fondo Negro. Periódico La Prensa. La Paz, 27 de junio.

Bouysse Cassagne, Thérèse (1987): La identidad aymara.  La Paz: Hisbol.

Bouysse Cassagne, Thérèse/ Harris, Olivia (1987): “Pacha: en torno al pensamiento aymara”. En: Bouysse Cassagne Thérèse (Ed.): Tres reflexiones sobre el pensamiento andino. La Paz: Hisbol, 1987.

Choque  Canqui, Roberto (1992): “Historia”. En: Van der Berg,  Hans/ Schiffers, Norbert (comp.):  La cosmovisión aymara. La Paz: Hisbol.

Mejía Huaman, Mario (1999): TEQSE. La cosmovisión y las categorías quechuas como fundamentos para una filosofía peruana y de América Andina. Lima: Universidad Ricardo Palma.

Montes Bérnandez, Ricardo/ Mengual Roca, Esmeralda (1992): Mitos y rituales de la América Prehispánica. Murcia: Colección Carabelas.

Oblitas, Mónica. “El acecho del kari kari”. En: Revista Oh! Periódico Los Tiempos, s/f.

Paz Soldán, Edmundo (2006). “Spedding, Sepdding”. En: Tendencias. Periódico La Razón. La Paz, 22 de enero.

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Spedding, Alison (2004). De cuando en cuando Saturnina / Saturnina from time to time. La Paz: Mama Huaco.

Van der Berg, Hans/ Schiffers, Norbert (comp.) (1992): La cosmovisión aymara. La Paz: Hisbol.

Yanapara, Simón (1992). “La sociedad aymara y estructuras sociales de los Andes”. En: Van der Berg,  Hans/ Schiffers, Norbert (comp.): La cosmovisión aymara. La Paz: Hisbol.




[1] Editorial Mama Huaco: La Paz, 2004.

[2] Nombre coloquial que se le da al SEAACQpcl (Space Engineering and Applied Astronomy Corporation “Qullasuyu” plc. Spedding, 2004: v.

[3] Unidad Crediticia Universal, el dinero electrónico (Glosario, pag. 336)

[4] La Paz: Hisbol, 1987.

[5] Citado por Bouysse. Pag. 192.

[6] Literalmente, dueño de la oscuridad; espiritista, que llama y hace hablar a los ánimos de los vivos, las almas de los muertos, los espíritus de los cerros, ríos, y a cuánto ser espiritual se desee consultar. (Spedding,: 323).

[7] Según la mitología andina “todas las creencias que acompañan a los tocados por el rayo los designan como seres fronterizos, y es muy probable que de esta situación liminal provengan sus poderes para comunicarse con los muertos”. Bouysse, 1987: 187.

[8] Cárcel de máxima seguridad existente en Bolivia.

[9] Madre poderosa; que combatió en la Liberación de Qullasuyu Marka. Spedding, 2004: 323 (glosario).

[10] La tierra de abajo en la que entre otros habitantes están los muertos. El Manqha Pahca, junto al Alax Pacha (la tierra de arriba, donde habitan los achachilas y cuerpos celestes) y el Aka Pacha  (el mundo de aquí y de ahora, donde moran los seres vivos y sobre el cual ejercen su influencia los otros dos mundos),  representan los tres pachas que conforman la división espacial del tiempo aymara.


Lema, luchando contro nadie en la batalla

Lema, luchando contra nadie en la batalla

Por Marcelo Suárez Ramírez

- ¿Cómo califica a su nueva novela Contra nadie en la batalla?
- Es una novela cargada de alta afectividad, donde los dramas personales, los encuentros y desencuentros de una familia se desarrollan en medio de un contexto altamente político. Se inicia en la época del golpe de Barrientos en 1964 y termina en la guerra del agua en Cochabamba en 2003. La historia gira en torno a la vida de personas que poseen lazos estrechos, cuya unidad se ve en peligro en medio de una revolución fallida, donde el personaje de Benjamín es el principal testigo de todo este periodo.
- Además del contexto social y político, ¿la historia de la familia también es ‘no ficción’?
- Las circunstancias en que se desenvuelve la vida de la familia son muy parecidas a ciertas cosas que me tocó vivir de cerca. Mi padre era del MNR, por lo tanto la novela también tiene algo de autobiográfico. Son aspectos que estuvieron presentes en la idea generadora, pero que a medida que iba avanzando en la escritura fueron perdiendo su veracidad y al mismo tiempo ganando en atractivos propios, y al final te das cuenta de que los personajes son simplemente tinta y papel.
- ¿Considera a esta novela como su apuesta literaria más fuerte?
- Aunque al principio no era mi intención, ahora estoy seguro de ello, sobre todo cuando me doy cuenta de que es un verdadero dolor intentar releerla. La obra se involucra con mis sentimientos y varios amigos que leyeron los primeros borradores me dijeron que es una novela muy fuerte, entonces tengo suficientes razones para creer que es mi mayor apuesta literaria.
- ¿Siente las mismas ansias que experimentó antes de publicar sus anteriores trabajos?
- Puede ser, aunque tal vez experimente distintos pálpitos y algo de intensidad en el aire. Lo que sí siento es la misma presión por esperar lo que dirá el lector. Algo así me sucedió con La vida me duele sin vos y con La huella es el olvido, libro que me abrió varias puertas.
- ¿Qué es lo que más recuerda del proceso de escritura de La vida me duele sin vos (Premio Nacional de Novela 1998)?
- Recuerdo cuando me di cuenta que escribía una suerte de testimonio, donde se manifestaba la alegría envuelta en dolor, un efecto híbrido que puede afectar profundamente a cualquier escritor, con la diferencia de que era una historia que yo conocía muy bien y por lo tanto no sufrí al recrearla.
- En ese sentido, ¿resulta fácil o difícil escribir sobre el dolor que se ha sufrido?
- Es difícil escribir sobre situaciones dolorosas, porque es como volver a experimentarlas, pero es más fácil escribir sobre lo vivido porque así no se comienza con una página en blanco.
- ¿Cómo le fue con el compendio de relatos Después de ti no hay nada?
- Muy bien, estoy satisfecho porque las primeras ediciones se agotaron rápidamente. Son cuentos que escribí a lo largo de una década y que publiqué el año pasado, lo cual me permitió volver al circuito literario, como una forma de abonar el terreno para Contra nadie en la batalla.
- Después de ti no hay nada, Contra nadie en la batalla…Son títulos que parecen haber salido del cancionero popular latinoamericano ¿es algo intencional?
- Yo apuesto a la belleza de un título más allá de la vanidad. Desde que comencé a publicar libros he tratado de que lleven títulos hermosos, sin importar que salgan de mi imaginación, que sean sugerencias de amigos o que pertenezcan al cancionero popular. Los escritores jóvenes deben tomar en cuenta que el título y la portada son claves a la hora de entregar una obra, son la gran carnada para llegar al lector.
- ¿Por qué se animó a incursionar en la política?
- Porque me interesa la integración social. En 2004 acepté la candidatura a la Alcaldía de Cochabamba, cuando decir MAS era una mala palabra, pero yo era de la idea de que, para llegar a la presidencia, el partido debía hacerlo en base a votos y no a bloqueos. Todo lo que viene después sucede en base a una gestión y, como toda gestión, la actual también está teñida de luces y sombras. Lo que me pesa es que semejante momento histórico no sea aprovechado para unirnos entre bolivianos.
- ¿Aún estamos a tiempo?
- Claro, pero para ello yo le sugeriría al presidente que sea afectivo cuando se dirija a la clase media que ha votado por él. Tiene que mostrarles afecto y un mensaje de integración. Yo le pido que construya el país y que se dé cuenta de que hay pueblos históricamente excluidos, no sólo en el occidente sino también en los valles y en los llanos.
- ¿Qué opina de los escritores que deciden sustraerse de lo político por temor a ser malinterpretados?
- Creo que el país reclama hombres que trabajen y que demuestren ser profesionales en lo que hacen. Yo no podría profesionalizarme en la literatura; la idea de ser un escritor las 24 horas no logra cuajar en mí, pero no me arrepiento de haber sido tan diverso en la literatura, en la política, en el fútbol o en la guitarra.
¿Qué valor le asigna a los premios?
- Un escritor dijo que no son importantes pero hay que ganarlos todos. Yo no creo que consagren pero estoy convencido de que motivan y ayudan a la autoestima.
- ¿Qué es necesario para que un escritor logre consagrarse?
- La perseverancia, la consecuencia y la hechura de una obra general grande. Al escritor hay que esperarlo, hay que darle tiempo, acompañarlo y dejarlo crecer. Cuando una producción plena acompaña a una vida plena, se logran buenos resultados


La palabra, un arma para reinventarse

La palabra, un arma para reinventarse

Por René Antezana Juárez
Los espacios de la enfermedad de Anabel Gutiérrez es un libro que contiene una poesía intensa que se inscribe en las tradiciones de la poética femenina contemporánea. Se trata de una voz personal, que delata una permanente búsqueda por la propia voz. Pero no sólo la voz que ha de trazar un camino para encontrarse consigo misma sino, sobretodo, para trascender, mediante el lenguaje, al permanente desencuentro que la habita.
Entonces, el lenguaje no sólo es la materia primordial de su creación, sino más bien el objeto y fin de un ritual de sanación –siempre inalcanzable- frente a un espejo íntimo, donde están el amor, el cuerpo, la palabra, la muerte, el silencio y finalmente de la enfermedad misma, que es la pulsión por nombrar más allá de su propia desnudez.
Nombrar es esencial en la poesía de Anabel, pero también es una tarea profundamente dolorosa y (casi) imposible:
yo no sé decir el nombre de mi enfermedad
es roja
la sangre de mi cuerpo
y me abandona en él
le duele a mi cuerpo
le duele a mi nombre
al otro lado
lo innombrable
yo
no lo sé sanar
dice en el poema “el cuerpo”.
Pues nombrar desde la poesía es por un lado, retornar al origen mismo de la creación, pero también es aspirar al silencio que devela nuestras máscaras y nos desnuda. En este sentido, Anabel nos emite señales de poetas como Alejandra Pizanik, que en alguna carta escribió: Palabras. Es todo lo que me dieron. Mi herencia. Mi condena.
Esta atmósfera cruza todo el libro y es por ello que, cuando comenzamos señalando que se inscribe en las tradiciones de la poesía femenina contemporánea, es porque al leerla no es posible evitar esa profunda sensación que invita a evocar a la Pizarnik o a Alfonsina Storni, que contribuyeron a la gran poesía universal.
Comenta la psicóloga Isabel Monzón que la norteamericana Barbara Deming señalaba justamente “que uno de los temas constantes de las novelistas y poetas mujeres es el del yo, un yo que se ha perdido o que está en peligro de perderse”. Nombra, en este contexto, a Emily Dickinson, de la que cita este poema: Nuestro yo detrás de nosotros mismos/Nos espantaría más/ que un asesino oculto / en nuestra casa. Monzón entonces señala que el propio yo es demasiado valioso como para dejarlo expuesto si hay temor a algún ataque. Tenemos muchos recursos para esconderlo. Los más desesperados son la histeria y la locura. Pero hay formas sutiles y efectivas de dejar en libertad al propio yo. Una de ellas es la poesía.
“La sombra y el espejo, -dice- símbolos recurrentes en los textos de escritores y poetas, significan, entre otras cosas, la posibilidad que tiene el yo de encontrarse o de perderse de sí. La mujer, que tan habitualmente ocupa un lugar de espejo para el otro, por esta razón corre el riesgo de perder su propia imagen”.
estiro/ las manos –dice Anabel- /toco un espejo: / hay una mujer que llora/ una mujer que no encuentra/ un espacio vacío/ un nombre para el amor/un lugar para los cuerpos/ una palabra buscando su sitio en una casa.
Entonces es tomar la palabra, para construir la casa, el lugar que se elevara de toda posible corrosión o pérdida del yo, un lugar que Anabel nombra como el “lugar del amor”; donde nombrar deje de ser enajenación de sí misma, donde quizá despojada de todos los nombres que la cubrieron, donde toda pronunciación sea creación al mismo tiempo para encontrarse más allá de sí misma (de la enajenada) y más allá del desencuentro con el otro y finalmente, más allá del mismo lugar del amor. Porque ya ella resucitada sólo podría amar al hombre que también ha trascendido a todas sus muertes –quizá como ella misma- y que nombrarlo sea como una clave precisa y mágica que se realiza en el encuentro más allá de los nombres:
¿cuántos nombres deberé decir/ para saber decir/ el nombre del hombre?…necesito una cifra exacta/ para saber cómo pronunciar el nombre/de ese hombre/ y que sea cierto/ lejos del lugar del amor.
Ausencia y misticismo, casi religiosa pero a la vez iconoclasta, la poesía de Anabel Gutiérrez busca la redención del cuerpo femenino (de su propio cuerpo) en una mezcla de melancolía por la infancia perdida y la constatación de la muerte. Entonces el cuerpo es de alguna manera ya ajeno:
en mi cuerpo/ha muerto una niña/ y no he sabido/ ahora/ a ese cuerpo le sobran todas sus partes/ y el tiempo/ que ella dejó de ser/ conmigo dice.
Fragmentación del cuerpo, luto por aquel cuerpo ausente ya sin memoria, persistiendo en que tal vez la palabra, esa que Pizarnik afirma fue “todo lo que le dieron”.
De esta forma encontramos que este poemario de Anabel es a la vez un descenso al otro lado de su propio yo, a la persistencia de nombrar para primero develar lo que hay detrás y lo que podría, más allá de la muerte, iluminar la misma muerte, para finalmente quizá, conciliar el amor, la infancia, lo perdido, con la poesía como un modo de estar en este mundo, inventándose y reinventándose y recreándose (desde esa enfermedad que son las palabras) en cada instante que una palabra, un nombre sale de su boca:
soy las otras/que no conozco/ ni me imaginan/ pero también soy/ la que dice ser la otra/ y al decirlo/también/ me inventa.
Habría que, finalmente, señalar la poesía de Anabel se trata, pese a su juventud, de una poesía rica en imágenes y un sutil manejo del lenguaje y que se inscribe el la tradición inaugurada por Sor Juana Inés de la Cruz quien, al escribir versos en una sociedad como la colonial, tomó la palabra como un arma, donde el misterio de lo femenino se eleve por encima de una sociedad patriarcal que ha cubierto de mantos de negación y enajenación el ser mismo de las mujeres. Por tanto, mística y, a momentos, casi infranqueable, la poesía de Anabel Gutiérrez también es una voz fresca rebelde y provocadora donde el silencio y el blanco de la página también dicen.
Tarija, abril de 2007


Fantasmas asesinos para el Premio nacional de Novela

Fantasmas asesinos para el Premio Nacional de Novela

Por Liliana carrillo

A medida que sus fantasmas se materializaban, Wilmer Urrelo (La Paz, 1975) renunció a su trabajo de editor en Santa Cruz, volvió a La Paz y comenzó a escribir 12 horas diarias. El resultado fue la novela de 600 páginas Fantasmas asesinos que el 14 de marzo se hizo con el noveno Premio Nacional de Novela, dotado con US$ 8.000.

Fantasmas asesinos es una novela policial del género negro; es sumamente fuerte y se desarrolla en el underground paceño. En el relato, hay muchos tornillos que al final llegan a unirse, no quedan piezas sueltas”, opinó Moira Bailey presidenta del jurado integrado también por Nestor Tabeada Terán, Walter Navia, Jaime Iturri y Homero Carvalho.

La obra premiada relata, en tres partes, un caso verídico que requirió tres años de investigación para el autor: “Es la historia del asesinato de un niño que, con el tiempo, se convirtió en una especie de santo”, declaró. Con este detonante, la trama se desarrolla a partir de la perspectiva de un joven estudiante, Javier Ugarte, quien cuenta su propia historia muy ligada al crimen. De fondo, el caótico tiempo de la dictadura. “Fue difícil, física y emocionalmente, escribir esta obra; ahora veremos que pasa” comentó el autor de 31 años que ya había ganado, en 2000, el galardón de Primera Novela de la Editorial Nuevo Milenio con Mundo negro. Ahora ya trabaja en una nueva obra y a ella dedicará los US$ 8.000 del premio.

Inusualmente, este año el jurado otorgó dos menciones a las obras: Los ingenuos de Verónica Ormachea, una obra ambientada en la revolución del 52, y Mundo puto de Roberto Cuevas Ramírez, un relato que se desarrolla en un prostíbulo de La Paz.

¿Se publicarán? Santillana sigue analizando el asunto.


No llores, prenda, pronto volveré.

No llores, prenda, pronto volveré. Migración, movilidad social, herida familiar y desarrollo. Leonardo de la Torre Ávila

Por Mariana Ruiz Romero 

El autor de este libro -editado con el patrocinio del PIEB y ya premiado a nivel latinoamericano- presenta ante nosotros una cuidadosa y sentida investigación, donde los datos cuantitativos no opacan en ningún momento la fuerza narrativa del relato. Y es que por las venas de este sociólogo y comunicador social, circula un agregado literario que puede remontarse hasta sus abuelos, Edgar Ávila y Maritza Navajas de Ávila, ambos comprometidos investigadores tarijeños, enamorados de la literatura y atravesados por la historia de nuestro país.
A decir de Alfonso Hinojosa, No llores, prenda plantea un acercamiento profundo a las dinámicas migratorias transnacionales que se dan entre las comunidades de la Tercera Sección de la provincia Esteban Arze y la localidad de Arlington en los Estados Unidos de Norte América; constituyéndose, de hecho, en un referente ineludible en el tratamiento de estos flujos poblacionales de cochabambinos hacia EEUU. Sin embargo, los alcances de esta investigación llegan mucho más allá que el mero registro de un proceso migracional: sus aportes y reflexiones nos impulsan a considerar el fenómeno migratorio bajo una nueva luz. En un país como Bolivia, donde una de cada cinco personas desea o sueña con irse, las implicaciones de esta ya tradición migrante merecen un desglosamiento similar al que se encuentra en este estudio.
Nacidos para migrar
Remontándonos a la tradición de los mitimaes, podemos constatar que el desplazamiento poblacional y la migración estacional supieron permanecer como elementos invariablemente presentes a lo largo de nuestra historia. El antiguo patrón de control vertical de un máximo de pisos ecológicos, parece subsistir en el modo de organización de las poblaciones andinas, habituadas a complementar las necesidades del núcleo mediante cultivos o trabajos en los valles anexos o las tierras del oriente. Otro elemento que permite plantear una suerte de continuidad ideal de esta tradición es que los mitimaqkuna se habrían dedicado a tareas especiales (cerámica, metalurgia y otras) llegando a constituir verdaderas islas artesanales de sus etnias de origen, conviviendo además con representantes de otras culturas, aunque siempre considerándose como pertenecientes al núcleo, conservando sus derechos en el mismo.
Estos datos, junto a otros elementos tomados en cuenta por el autor, le permiten afirmar que las nuevas colonias bolivianas parecerían seguir los senderos trazados por las familias mitimaes, aunque esta vez extendiendo la dinámica doble de sus idas y venidas hacia un nuevo escenario, el de un archipiélago de pisos ecológicos trasnacionales en tiempos de globalización. Sus comunidades o ciudades de origen, sustituidas en términos de residencia por Washington DC, Madrid, Buenos Aires y otras urbes, también podrían cumplir la función que para aquellos viajeros ejercían las cabeceras étnicas cercanas al lago sagrado. Los desplazamientos en función a un centro permanente continúan. Continúa también la necesidad del retorno multifacético hacia la tierra abandonada (65).
Como los mismos migrantes afirman, la tradición migrante se les viene incorporando como en la Argentina la tradición futbolera: desde chiquitos. Las capacidades que esto conlleva, y que no suelen repartirse por igual en todos los humanos -aunque todos somos nómades y buscamos, en algún sentido- pueden verse como una suerte de adaptación en la resistencia (Sterne en de la Torre:71), cualidad crucial a la hora de enfrentarse con los dolores y desafíos de la partida y posterior adaptación a una tierra extraña.
¿Qué lejos estoy/ qué lejos estoy/ de mi ansiedad?1. Herida familiar y desarrollo.
Sin duda, el principal desafío para cualquier migrante es superar de algún modo la separación familiar y territorial. La herida del desarraigo se traduce en una suerte de obligaciones y querencias vinculantes, nunca del todo resueltas. La ambivalencia que conlleva el viajar para acceder a la movilidad social y la mejoría económica, aunque ambas no sean válidas sino en el contexto de reconocimiento de la llamada comunidad de sentimiento permea junto con la nostalgia la decisión migratoria. El hecho de viajar inaugura un particular trasfondo en el que el individuo inicia un diálogo continuo consigo y con quienes le rodean. Las necesidades de los que se quedan, el deseo de aportar al pueblo que los vio nacer, junto a la ambición de dar a la familia transmigrante mejores posibilidades en la tierra natal, forman el complejo conjunto de razones para la existencia y envío de remesas. No lo olvidemos: el 55 por ciento del total del dinero que los residentes bolivianos en el extranjero envían al país, va a parar en inversiones y no a gasto corriente. Razón por la cual las remesas llegan a ser el segundo ingreso en orden de magnitud en las exportaciones a nivel nacional. Esta cifra supera con amplitud al caso de otros migrantes, como los de El Salvador o República Dominicana, donde los índices de inversión de las remesas alcanzan apenas el 16 por ciento y 40 por ciento, respectivamente (35). Los migrantes parecen tratar, entonces, de hacer que la herida familiar sea curada por la sutura del trabajo (Mauss en Giorgis, citado por de la Torre:182).
Así, la ausencia no significa necesariamente no estar presente. La llamada telefónica, el envío de remesas y el apoyo al desarrollo de la comunidad conforman a la vez la razón migratoria y el vínculo del migrante que, atrapado quizás por esta lógica, mantiene hasta casi el final una actitud nómade: No me voy y digo me quedo y al volver, tampoco me vengo para siempre (Dandler y Medeiros, en de la Torre:106). Debe añadirse a esto que, como bien nota de la Torre: el retorno que anhelan, sin embargo, no es exactamente al lugar que dejaron ni al que visitan con frecuencia, sino a un país o una pequeña comarca, para ser específicos, que pueda guardar lo entrañable de la juventud y lo práctico, productivo y pleno de oportunidades de realización personal que muchos migrantes han experimentado en la diáspora. Vivir en una Bolivia que ofrezca las posibilidades que se encontraron en la Argentina, los EEUU o España (185).
Volveré a regar el campo
Para concluir, quisiera concentrarme en el párrafo anterior, aquél donde el afán por el retorno completa aparentemente el círculo de la diáspora boliviana. Bolivia, ese territorio de las nostalgias y los afectos, en palabras del escritor Edmundo Paz Soldán, parece aún poseer las características de aquél El Dorado que infructuosamente buscaron en su Amazonas los españoles, o aquella Tierra sin Mal presente en las tradiciones chiriguanas. La desesperanza inicial, la pobreza y amplitud geográfica de gran parte de nuestro territorio (poseemos una densidad poblacional de tres habitantes por kilómetro cuadrado), parece traducirse en esperanza cuando los bolivianos están dispuestos a enfrentarse a todo con tal de alcanzar sus objetivos. Así como en el proceso del héroe, que tras las heridas y los recorridos busca retornar a la aldea triunfante y renovado, el boliviano migrante no busca abandonar la tierra en que nació: su objetivo final es regresar, diferente a como partió, para a su vez cambiar la tierra que lo vio nacer.
La Tercera Sección de la Provincia Arce ha florecido en más de un sentido. El cultivo intensivo del durazno, apoyado por los locales residentes en el extranjero, contempla ya estándares de calidad muy superiores. El empedrado de las calles y la construcción están en auge, aunque el municipio local cuente con magros recursos, y sólo niños y ancianos puedan verse entre casas vacías, aunque no abandonadas. Contrariamente a la popular noción de que este país no da nada, las inversiones constantes de estos migrantes cochabambinos nos señalan otra cosa: la Bolivia más querible está siendo construida por quienes, en la lejanía, no dejan de pensar que vivir en este lugar es un lujo, que merece ser solventado desde afuera.
Tarija, 21 de agosto de 2006


El Quevedito de Jaime Saenz

EL QUEVEDITO DE JAIME SAENZ

Por Virginia Ayllón

¡Para cagar de risa!

Muchos escritores han cometido, seguramente entre otros, el delicioso pecado de editar un periodiquito de Alasitas. Fieles a la tradición, lo han hecho desde el anonimato, de tal forma que otro regalo constituye “descubrir” a los autores de tan preciado ejercicio. De ahí se supone que Rosendo Villalobos, Alcira Cardona, Antonio Paredes Candia, Edgar Arandia, Humberto Quino, Rodney Montoya y otros cayeran ante esta exquisita tentación. Por que no hay que olvidar que el periodiquito de Alasitas, con una tradición de 161 años de publicación -24 de enero de 1864 sería la fecha de publicación del primer periodiquito, según el bibliógrafo Gabriel René Moreno-, tiene dos características que sazonan su sabor: el anonimato y la ironía. No es extraño pues que los amantes de la palabra hayan sumado la publicación miniatura entre sus amores idólatras.

El año 2006, se restituyó el Sindicato de Periodistas de Alasitas, mismo que declaró a Jaime Saenz (en verdad fundador del sindicato) como Presidente Perpetuo. No resulta raro que Jaime Saenz haya también sucumbido a este placer, fundamentalmente por su estro paceño. Casi se puede afirmar que para que alguien se precie de ser paceño habrá de publicar un periodiquito de Alasitas.

El Quevedito es el periodiquito hecho por Jaime Saenz, quien se oculta tras el mote de Emeterio Uña, director responsable de la publicación editada por Ediciones Piedra Libre. Este opúsculo –de 18 páginas y 18×13 cm- apareció el 24 de enero de 1980.

Aseguro que la delicadeza irónica de este periodiquito se inicia con su nombre. Por una parte, por que hace referencia al Quevedo, cierto rebelde personaje paceño que vivió en esta ciudad ni bien instaurada la República y que mostraba su rebeldía despachando sus innecesidades orgánicas en plena vía pública. Muy pronto los habitantes paceños homenajearon tan notable desobediencia haciendo de él un personaje de Alasitas. Era éste una alcancía de yeso que plasmaba la imagen del cuarentón, bigotudo, gordo, con camisa, sombrero y un terno innegablemente pequeño para su talla, en la posición que había escogido para su arte rebelde.

¡Pero no era Saenz un etnógrafo urbano sino el gran decidor de la ciudad de La Paz! Por ello, no duda en escoger a otro Quevedo para esculpir el lema de su periodiquito.

Nuestro lema:De los placeres sin pecar, El mejor es el cagar.-Francisco Quevedo y Villegas-

Fiel a la tradición alasitera del juego y sabido de las piruetas con la palabra, Emeterio Uña trae a Erasmo de Rótterdam como compañero de correrías del memorable Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas y ante el duelo de palabras, Saenz se desdenta de risa:

Un día caga sol,No te vayasCaca comerás(Un día que haga sol,No te vayasQue acá comerás)-Erasmo de Rótterdam-

De la página 5, dedicada a la crítica literaria, extraemos parte del artículo “Poetas que piensan en flores y no en pan” de Madame Quevedita (qué bonita):

Ya salió al aire un libro de poesía contrarrevolucionaria intitulado Los de abajo y la flor. (…) En las dos poesías que alcance a leer no encontré ni una vez la palabra pueblo; lo cual demuestra a claras la dudosa extracción de dichos autores. Y como bien expresó su última resolución la sociedad de Artistas, Escritores y Folklorólogos Nativos, conocida también como Asociación “Adelante el Pueblo”: “será reaccionario no sólo aquel que use melena y fume cigarrillos rubios sino también aquel que se niegue a asistir a nuestras orgías. Por lo tanto, claramente se deduce que lo que dichos autores buscan es el distraccionismo: pensar en flores y no en pan:

Y mañana y mañana y mañanarodeados de flores de lanano comeremos, Ana,Qué macana”.

Dije que Saenz desplegaba delicada ironía en su memorable El Quevedito y de la ironía pueden decirse muchas cosas, las más sobre su intención aunque pocas sobre su estructura, que echa por la borda toda “intención” y más bien se asienta en la fina revelación. De ahí que la maestría de la ironía vendría de la capacidad de enunciar un sentido con la menor cantidad de huellas posibles y así crear un lector agresivo y participativo que devela en esas escasas huellas el verdadero sentido de la proposición. Es la ironía un juego a la vez tiránico ya que propone a la vez un espacio de interrogación permanente ante un golpe que se sabe se acerca y del que el lector puede ser presa sino tiene una lectura más bien alerta que atenta. Vicente Huidobro afirmaba que: “El arte del sugerimiento, como la palabra lo dice, consiste en sugerir. No plasmar las ideas brutalmente, gordamente sino esbozarlas y dejar el placer de la reconstrucción al intelecto del lector” Y es que la ironía es un sema de un significado con dos significantes, el evidente y el inmanente, y esa es precisamente la maestría de la escritura irónica, el primero vela y el segundo devela; en tal sentido, la ironía no es una mentira ya que al igual que en la metáfora contiene en si misma la partícula de verdad.

¿Qué devala Saenz en El Quevedito? Tal vez que todo enano es un gigante dormido.

(Tomado de Alejandría. Nueve. Enero 2007) 




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