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Lema, luchando contro nadie en la batalla



Lema, luchando contra nadie en la batalla

Por Marcelo Suárez Ramírez

– ¿Cómo califica a su nueva novela Contra nadie en la batalla?
– Es una novela cargada de alta afectividad, donde los dramas personales, los encuentros y desencuentros de una familia se desarrollan en medio de un contexto altamente político. Se inicia en la época del golpe de Barrientos en 1964 y termina en la guerra del agua en Cochabamba en 2003. La historia gira en torno a la vida de personas que poseen lazos estrechos, cuya unidad se ve en peligro en medio de una revolución fallida, donde el personaje de Benjamín es el principal testigo de todo este periodo.
– Además del contexto social y político, ¿la historia de la familia también es ‘no ficción’?
– Las circunstancias en que se desenvuelve la vida de la familia son muy parecidas a ciertas cosas que me tocó vivir de cerca. Mi padre era del MNR, por lo tanto la novela también tiene algo de autobiográfico. Son aspectos que estuvieron presentes en la idea generadora, pero que a medida que iba avanzando en la escritura fueron perdiendo su veracidad y al mismo tiempo ganando en atractivos propios, y al final te das cuenta de que los personajes son simplemente tinta y papel.
– ¿Considera a esta novela como su apuesta literaria más fuerte?
– Aunque al principio no era mi intención, ahora estoy seguro de ello, sobre todo cuando me doy cuenta de que es un verdadero dolor intentar releerla. La obra se involucra con mis sentimientos y varios amigos que leyeron los primeros borradores me dijeron que es una novela muy fuerte, entonces tengo suficientes razones para creer que es mi mayor apuesta literaria.
– ¿Siente las mismas ansias que experimentó antes de publicar sus anteriores trabajos?
– Puede ser, aunque tal vez experimente distintos pálpitos y algo de intensidad en el aire. Lo que sí siento es la misma presión por esperar lo que dirá el lector. Algo así me sucedió con La vida me duele sin vos y con La huella es el olvido, libro que me abrió varias puertas.
– ¿Qué es lo que más recuerda del proceso de escritura de La vida me duele sin vos (Premio Nacional de Novela 1998)?
– Recuerdo cuando me di cuenta que escribía una suerte de testimonio, donde se manifestaba la alegría envuelta en dolor, un efecto híbrido que puede afectar profundamente a cualquier escritor, con la diferencia de que era una historia que yo conocía muy bien y por lo tanto no sufrí al recrearla.
– En ese sentido, ¿resulta fácil o difícil escribir sobre el dolor que se ha sufrido?
– Es difícil escribir sobre situaciones dolorosas, porque es como volver a experimentarlas, pero es más fácil escribir sobre lo vivido porque así no se comienza con una página en blanco.
– ¿Cómo le fue con el compendio de relatos Después de ti no hay nada?
– Muy bien, estoy satisfecho porque las primeras ediciones se agotaron rápidamente. Son cuentos que escribí a lo largo de una década y que publiqué el año pasado, lo cual me permitió volver al circuito literario, como una forma de abonar el terreno para Contra nadie en la batalla.
– Después de ti no hay nada, Contra nadie en la batalla…Son títulos que parecen haber salido del cancionero popular latinoamericano ¿es algo intencional?
– Yo apuesto a la belleza de un título más allá de la vanidad. Desde que comencé a publicar libros he tratado de que lleven títulos hermosos, sin importar que salgan de mi imaginación, que sean sugerencias de amigos o que pertenezcan al cancionero popular. Los escritores jóvenes deben tomar en cuenta que el título y la portada son claves a la hora de entregar una obra, son la gran carnada para llegar al lector.
– ¿Por qué se animó a incursionar en la política?
– Porque me interesa la integración social. En 2004 acepté la candidatura a la Alcaldía de Cochabamba, cuando decir MAS era una mala palabra, pero yo era de la idea de que, para llegar a la presidencia, el partido debía hacerlo en base a votos y no a bloqueos. Todo lo que viene después sucede en base a una gestión y, como toda gestión, la actual también está teñida de luces y sombras. Lo que me pesa es que semejante momento histórico no sea aprovechado para unirnos entre bolivianos.
– ¿Aún estamos a tiempo?
– Claro, pero para ello yo le sugeriría al presidente que sea afectivo cuando se dirija a la clase media que ha votado por él. Tiene que mostrarles afecto y un mensaje de integración. Yo le pido que construya el país y que se dé cuenta de que hay pueblos históricamente excluidos, no sólo en el occidente sino también en los valles y en los llanos.
– ¿Qué opina de los escritores que deciden sustraerse de lo político por temor a ser malinterpretados?
– Creo que el país reclama hombres que trabajen y que demuestren ser profesionales en lo que hacen. Yo no podría profesionalizarme en la literatura; la idea de ser un escritor las 24 horas no logra cuajar en mí, pero no me arrepiento de haber sido tan diverso en la literatura, en la política, en el fútbol o en la guitarra.
¿Qué valor le asigna a los premios?
– Un escritor dijo que no son importantes pero hay que ganarlos todos. Yo no creo que consagren pero estoy convencido de que motivan y ayudan a la autoestima.
– ¿Qué es necesario para que un escritor logre consagrarse?
– La perseverancia, la consecuencia y la hechura de una obra general grande. Al escritor hay que esperarlo, hay que darle tiempo, acompañarlo y dejarlo crecer. Cuando una producción plena acompaña a una vida plena, se logran buenos resultados



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