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La imposibilidad de un crimen perfecto por Moira Bailey

La imposibilidad de un crimen perfecto
Por Moira Bailey

Como toda buena novela, Fantasmas asesinos es muchas cosas a la vez. Es un universo personal conformado por una infinidad de elementos que sale a la luz para ser leído por otros. Es una historia de miedo, de sexo, de suspenso, de venganza, de grandes dosis de violencia, pero también es engranaje en el que todo eso logra converger milagrosamente. Es la rememoriación de una triste historia de infancia, contada desde la crueldad del lenguaje policiaco que no se sorprende ante nada. Es un fotógrafo que reconoce la identidad de un cadáver.
A lo largo del relato, un adolescente de gran inteligencia y crueldad reteje, mientras va creciendo, el asesinato de un niño ocurrido durante su propia infancia. Este crimen no sólo será el centro de una mente que elucubra hechos extraños, para después concretarlos con todo el peso de su maldad a lo largo de su vida, sino que es también, un tiburón dormido que vive dentro del relato, una maldición latente, que como toda maldición aparece en formas diversas y va arrasando con gran eficiencia, con todos los que estuvieron de algún modo involucrados. La muerte de aquel niño, no sólo es el motor de la mente de uno de los principales personajes, sino el epicentro del que parte y al que llega cada una de las muchas piezas del engranaje con el que está construida la novela.
El relato está además compuesto por muchas pequeñas historias que se funden unas con otras con gran agilidad. Los muertos van apareciendo por todas partes, en cosa de minutos, sin que el lector tenga tiempo de darse cuenta de dónde salieron. Las historias policiales de denuncias, infidencias y agresiones se mezclan con los tejes menejes privados de los involucrados desde adentro, que sería imposible destejer la historia en cuanto a su forma, su naturaleza o su propia estructura, hecha de tres partes diferentes, con diferentes discursos, lenguajes y perspectivas.
En la parte inicial de esta obra escrita por Wilmer Urrelo Z. hay una primera voz que habla a través de párrafos cortos y numerados. En la segunda, aparece un narrador omnisciente, mientras un discurso telegráfico con formas propias de la tecnología del correo electrónico del chateo constituye la tercera parte. Existen en el relato muchos registros, voces infantiles de los niños que viven cerca del colegio del crimen, mezcladas con voces de viejos descarnados que no se impresionan por nada y parecieran buscar siempre más crueldades y la voz de una mujer inocente que se casa con un policía criminal, sin tener idea de su pasado.
Es la construcción de una increible amalgama de todos esos elementos disímiles uno de los logros más importantes de la novela. Inclusive la Morsa, el personaje más crudo tal vez -pues un chico con labio leporino, abandonado y que tiene una enfermiza atadura con su tío- en un momento llega a mezclar su horrible discurso, con palabras del único instante en su pasado en el que fue feliz estando enamorado. Aparece, por si fuera poco, un extraño grupo religioso-político llamado Los Apóstoles, cuyas intenciones son muy difíciles de entender y que también está envuelto en el pasado negro que va cubriendo a todos con sigilosa paciencia. Un nuevo crimen hacia el final, confirma una vez más la mezcla extraña de una expresión religiosa muy sui géneris con hechos borrascosos y negros.
En Fantasmas asesinos se habla de muerte, resurrección, crímenes prostitución y amores torcidos, como parte de un todo, de un mismo impulso o energía que se hace presente en todo momento y que es justamente la energía de la novela, tan invisible, como sus fantasmas.
En definitiva, esta es una novela negra en toda la expresión de la palabra, en ella se combina lo más terreno y concreto con la volatibilidad de los fantasmas. Las piezas de un complicado e ingenieríl mecano están mezcladas con una especie de superstición, que aparece entre líneas a todo momento, para decirnos que en este mundo, por alguna razón que ni siquiera los policías más perversos comprenden, no existe la posibilidad de un crimen perfecto.
(Tomado de Alejandría. 12. 2007)


Literatura e imagen cuentan historias

Literatura e imagen cuentan historias
Por Nathalie Iriarte

En 2002, Fernando Meirelles mostró al mundo el largometraje Ciudad de Dios, una historia que sólo se olvidaría con un ataque de amnesia. El mismo se basó en la obra escrita por Paulo Lins, pero fue adaptado a una narrativa y lenguaje cinematográfico por Bráulio Mantovani.
Ese trabajo le valió una nominación a mejor guión en la entrega de los premios Oscar de 2004, algo que sin duda dice mucho de la calidad del trabajo de este guionista brasileño. Despojado de cualquier egocentrismo, Bráulio se muestra como un tipo sencillo mientras conversa con los estudiantes y cineastas que asistieron al taller de cinematografía de La Fábrica escuela de cine en el que dio una charla el martes pasado.
Mantovani, que también asistió al encuentro de cineastas latinos que tuvo lugar en la sede de Teatro de los Andes en Yotala (Chuquisaca), nos confesó muchos detalles sobre su trabajo mientras enrrollaba tabaco en papelillos y los fumaba pasivamente.
- ¿Cuál fue la reacción de la gente en Brasil ante Ciudad de Dios?
- Muchos dijeron que era una película mala para Brasil, porque mostraba cosas feas de la realidad del país. Ésa es una crítica estúpida, primero porque no es responsabilidad del cine vender una imagen bella del país; eso es trabajo del Ministerio de Turismo. En realidad, Ciudad de Dios ha sido muy buena para la imagen nacional ,ya que ha sido una película muy exitosa, que deja ver que se puede hacer buen cine en Brasil.
- ¿Cómo es el proceso creativo cuando se tiene que escribir un guión basado en una novela de más de 500 páginas y con más de 250 personajes?
- Yo sólo tuve tres meses para leer la novela y escribir el primer borrador de guión, ya que estábamos tratando de conseguir financiamiento. Para estudiar los personajes sólo leí la novela una vez; sin embargo, tuve que ser muy metódico y crear unos códigos que me facilitaran ordenarme al escribir.
- En la película no se emiten juicios de valor, sino que se cuentan las cosas tal como son. ¿Fue una decisión tuya, del director o algo que ya estaba en la novela de Lins?
- La novela no juzga a nadie, sólo describe lo que pasa. Seguir esa línea de pensamiento del autor fue una decisión que tomamos Fernando (Meiralles) y yo.
- ¿Cómo fue haber trabajado con Fernando Meirelles?
- Con Fernando coincidimos en casi todo, tenemos una gran afinidad. Yo le tengo una gran admiración, ya que él me ha influido mucho con su trabajo. En lo único que discutimos fue que él quería que aparezca la figura del narrador y yo no estaba de acuerdo. Pero como la trama tiene muchas historias por contar, se hizo necesario este personaje. Así fue cómo nos acordamos de un personaje muy pequeño en el libro, que es Buscapé. Es un tipo que si bien vive en la Ciudad de Dios, se siente ajeno al lugar, ya que él no iba a ser bandido, sino fotógrafo. Eso nos fue muy útil en la narración y edición, ya que se usó la lógica del fotógrafo para congelar las imágenes cada vez que se presentaba un nuevo personaje. Buscapé es muy parecido al autor del libro, Pablo Lins, alguien que creció en la favela, pero que ahora vive fuera de esa realidad.
- ¿Cómo es el proceso mediante el cual se desarrolla la industria del cine brasileño?
- No se puede hablar de industria en Brasil. Se podrá hablar de industria cuando el cine logre autofinanciarse, es decir, cuando la ganancia de una película sirva para producir otra. Actualmente es muy difícil conseguir presupuesto. La gente que puede financiar películas no se interesa en temas duros como el de Ciudad de Dios, ya que no quiere implicar a sus empresas con nada relacionado a la violencia o las drogas.
- Cuando terminó de escribir Ciudad de Dios pensó: ¿acabo de hacer una obra maestra que puede ser nominada al Oscar?
- Cuando escribo no puedo decir si será algo muy bueno o no. Creo que se debe contar con la lectura de amigos o de la gente involucrada en el proyecto. Nunca imaginé que Ciudad de Dios llegaría a tener tanto éxito. Sin embargo, cuando vi la película le dije a Fernando que él ganaría un Oscar por el trabajo que había hecho. Al mismo tiempo pensé que nadie se iba a interesar en ver un filme que no tiene actores conocidos y que presenta un tema desagradable. Sin embargo, sólo en Brasil tuvimos como tres millones y medio de espectadores.
- ¿Qué dijo Pablo Lins, el autor de la novela, cuando leyó por vez primera el guión?
- Cuando repasó el primer borrador, de los más de diez que se hicieron, me dijo que no le gustaba para nada. Creo que sintió que habíamos traicionado su obra, ya que muchas cosas fueron cambiadas. Yo llevé las cosas desde el principio hasta el final y di mucha importancia a algunos personajes que eran muy chicos en la novela.
- ¿En qué otros proyectos está trabajando actualmente?
- Estoy elaborando un guión para estudios Universal. Es para un filme del director alemán Oliver Hirschbiegel (La caída). Tengo otro para una cinta que se llamará Nanny, que tiene un personaje que es una boliviana que trabaja en un taller de costura de Brasil. Además he escrito algunos otros que todavía no han sido producidos.
(Tomado de Brújula. El Deber 25 de agosto de 2007)


La novela de César Brie

La Vocación
Novela de Cesar Brie

(Presentación de la novela de César Brie: Sábado Primero de septiembre Hrs. 19:00. Centro Arte y Culturas Bolivianas. Av. Ecuador 2589 La Paz)
César Brie nace en 1954 en Buenos Aires, Argentina. Pasa su infancia en Tierra del Fuego y en Dolores. En 1971 funda junto a otros la Comuna Baires, grupo teatral con el cual, por razones de persecución política, abandona Argentina unos años más tarde. Vive el exilio en Italia y luego en Dinamarca. En 1991 llega a Bolivia y funda el Teatro de los Andes cuya sede está en Yotala, Chuquisaca. Brie es actor, director y escritor. Ha actuado en 25 espectáculos teatrales e innumerables performances, ha dirigido 31 obras de teatro y ha escrito cuentos, poesías y 25 piezas teatrales, todas representadas.
Fragmentos
…”Yo tenía dieciséis años, quería hacer teatro, hablar con calma a las mujeres, expresar lo que la literatura no me daba. Así empezó lo que hoy podría llamar mi carrera artística pero que no lo fue. Fue mi vida, tan mezclada a mi trabajo artístico y tan diferente a la vez. Distingo los elementos de una y otro, pero no logro separarlos a la hora del balance”…
…” Cada vez que naufragó mi existencia, y he sido un especialista en estrellarme contra escollos, la balsa en que me salvé fueron las obras que hice. Cada vez que estuve desesperado, impotente, absolutamente solo, con ganas de acabar de una vez por todas, me quedaron fuerzas para contar una historia, ponerla en escena. Siempre con la carne viva, como un gato sin piel. Y la historia contada, que como toda historia es una gran mentira, terminaba por seducirme. Lo bello de contar cuentos, es que uno acaba por creérselos”…
…” De repente, un buen día, un tirón en las bolas mezclado a un placer horroroso arrancan el cuerpo adolescente de la hierba amable de la infancia. Has dejado de ser niño, las mujeres se han vuelto reales, peligrosas. Pero te falta todo. Te falta el tamaño, la voz, la experiencia, el aplomo, la brutalidad de los adultos. Desde esa falta, desde ese vacío, desposeído del niño, más huérfano que nunca descubres algo que los más viejos descubrieron años atrás y a lo que se acostumbraron. Descubres el amor, el sexo, el trabajo, las nuevas formas del dolor y el abandono. Por eso los consejos de los adultos no te sirven. Porque quien se acostumbró no puede aconsejar a quien descubre. La maravilla, el ahogo, pueden más que la costumbre y la prudencia. Creés que los más viejos no saben, no entienden. Desengañados, habituados a vivir la vida en jirones, los adultos hacen compromisos para subsistir, mientras que para vos no son posibles los compromisos ni los pactos. Vivir se ha vuelto urgente como nunca. Vivir es todo, ahora, aquí, con ella, con él, con tu descubrimiento”
(Fuente: UTOPOS)


La Cantante
Por: Miguel Esquirol Ríos

(A continuación un cuento de Miguel Esquirol)
Era una cambita de cintura de motacú y grandes ojos negros. Cantaba unos taquiraris que le salían del alma y se le deslizaban por la piel como esas lluvias calientes y espesas de verano, o podía hacerlos saltar con la gracia y soltura de sus caderas atravesando rápida una calle. Cuando cantaba podía sentir como su público vibraba como las cuerdas de una guitarra bien tensada. Conocía bien a su público y sabía donde dejar que su voz llene la sala, o una nota se convierta en una sonrisa.
Pero ella era joven y no conocía mucho de su público que se sentaban al otro lado del escenario para mirarla con unos ojos ansiosos, por lo que le resultaba extraño cuando algunas veces, algunos hombres y mujeres resultaban inmunes a su voz. La miraban y aplaudían cuando terminaban pero no temblaban como ella deseaba. Quizás era orgullosa en extremo, quizás solo una profesional pero quería que todo su público disfrutara, así que empezó a preguntar. No les preguntó nada a su público, pero se deslizó tras bambalinas para hablar con los camareros, con los que levantaban el telón e incluso con los que limpiaban los suelos. Ellos tampoco se perdían en su música, aunque sabía que la admiraban y querían.
La gran revelación a la que llegó fue que los taquiraris, chovenas, y otras melodías orientales no les atraían tanto. Todos ellos eran collitas, inmigrantes que habían llegado hace años a trabajar y a vivir. Les gustaban los taquiraris, les parecían músicas alegres, pero no eran su música, algo le faltaba para sentir de verdad esa magia que esa linda cambita les describía.
Decidida, esa noche después de la última sesión, se propuso aprender las melodías que ellos escuchaban de niños, que les escuchaban de ocultas cantar a sus abuelas, y que alguna noche después de cerrar les oía tarareando en voz bajita.
Sabía a quien acudir. Él había cantado en el mismo lugar donde ella lo hacía, había sido unos zapatos muy grandes para llenar. Cuando recién entró todos la miraban como a una niña en el trabajo de un hombre. Se trataba de un cantante camba, el más grande de Santa Cruz. Ya cantaba las mismas piezas que ella cuando la ciudad era recorrida por grandes carretones tirados por bueyes, y cuando empezaba a convertirse en la tierra prometida a donde campesinos, obreros y mineros se dirigían buscando fortuna. Tocaba música del oriente, pero también eran parte de su repertorio cuecas y huayños.
Sabía que se había retirado años antes a un pueblito del interior. No hablaba con nadie y no tocaba música, pero la tozudez de la cambita seguramente podría lograr su cometido.
Fue un viaje largo por carreteras aun no asfaltadas, con nubes de polvo llenando sus pulmones, o profundos charcos de barro donde su bus quedaba largamente empantanado. Finalmente llegó a un delicioso pueblo. Sus calles estaban alfombradas de verde, los niños iban camino a la escuela con violines al hombro. Era una tierra virgen y musical.
Fue fácil encontrar al cantante. Vivía en una casa en las afueras de donde salía una música de piano. Cuando tocó la puerta la música se interrumpió, pero en segundos volvió a continuar. Se abrió la puerta de golpe dando paso a un hombre mayor de bigote negro, camisa blanca abierta dejando ver un pecho cubierto de vellos blancos y unos ojos casi grises que la miraban inquisitivos.
Le explicó a lo que había venido. Quería que le enseñe a cantar otro tipo de música. Quería que le enseñe a cantar una cueca.
El músico la miró fijamente, tanto rato que ella se sintió incómoda. Cuando estuvo a punto de darse la vuelta y alejarse enfadada él le hizo pasar hasta una fresca biblioteca. Le hizo sentar y nuevamente quedó en silencio esta vez mirando sus manos entrelazadas en sus rodillas. Cuando volvió a hablar tenía una voz profunda, rota por el tabaco y que seguramente ya no tenía el timbre de antaño.
Se disculpó. Le dijo que ya no cantaba ni escribía música y mucho menos no la enseñaba. El piano seguía sonando en el fondo de la casa con alguna melodía dulce y muy triste que ella desconocía, como negando las palabras del cantante. Continuó diciéndole que además enseñar a cantar cuecas a una cambita que nunca se había movido de sus siete calles era casi imposible. La cueca era música que salía de la tierra. Una tierra seca que había que abrir con fuerza. Eran lugares y sentimientos que ella desconocía. Amores perdidos, familia y tierra que se quedó atrás. Una tristeza que seguía siendo alegre, o quizás todo lo contrario. No podía enseñarle eso. Los taquiraris también eran difíciles de cantar, pero ella había nacido con ellos, su propio cuerpo tenía el brillo nocturno de esa música y le salía tan natural como sus coquetas sonrisas, no podía entender lo que significaba quitarse esa piel y vestirse con otra distinta.
La cambita se quedó en silencio sin saber qué decir. Había venido dispuesta a trabajar duro, a aprender lo que sea necesario, pero lo que le decía la desalentaba.
Finalmente el hombre se disculpó un momento y salió de la biblioteca dejándola pensativa en la penumbra de la habitación. La música hace rato se había detenido y cuando se dio cuenta un muchacho la miraba desde el vano de la puerta. Era el músico que ahora la miraba con fijeza. Era joven y moreno, con el cabello lacio y seco y los labios gruesos y casi de color morado. Era atractivo pero de una forma que ella nunca había conocido. Empezaron a conversar, ella le preguntó sobre la música que tocaba y él se sentó a su lado explicándole lo que era un yaraví.
Hablaron toda la tarde, ella no se dio cuenta que el cantante no había vuelto, pero lo sintió natural cuando su nuevo amigo la invitó a cenar, y nuevamente no sintió ningún temor cuando este le preparó la cama en la habitación de invitados para que se quedara a dormir. La noche siguiente pasearon por el pueblo mirando la luna llena, y la siguiente ella lo invitó a que compartiera su cama. Así pasó casi un mes. Ella no deseaba marcharse y él la miraba con unos ojos inmóviles como el fondo de una mina cuando caminaba desnuda por la habitación o se acercaba a la ventana para dejar que la brisa nocturna la refresque.
Al cantante lo veía esporádicamente. El muchacho era su hijo, le explicó. Lo había tenido con una cholita que había conocido en La Paz en la peña Nayra. Ella había muerto cuando él nació y se lo trajo aquí cuando decidió retirarse de la música.
Lo veía leer en su biblioteca o tomar el fresco en la puerta de la casa. Poco tiempo después, sin mediar palabras, le empezó a enseñar algunas melodías al piano, nunca una cueca ni siquiera tocaba música nacional. Pero ella escuchaba y aprendía con una sencillez y aceptación que le resultaba novedosa.
Una noche sin luna, al cabo del mes, el muchacho quedó en súbito silencio después de hacer el amor. Se sentó en la cama y tomándola de las manos hizo que se sentara. Le explicó que tenía que irse. Que había vivido toda su vida en ese pueblito y que quería conocer la tierra de su madre. Trabajar para ganar su propio dinero, conocer nuevas personas y nuevos paisajes. Que la tenía que dejar y que la iba a extrañar.
Ella lloró toda la noche y se quedó dormida al amanecer. Cuando despertó él se había marchado. Aun sentía su presencia al lado de su cama y su propio cuerpo le parecía mucho más viejo.
Encontró en la cocina al cantante que preparaba un café en una hornilla de gas. Él también parecía más viejo, quizás por la marcha de su hijo. Se sentaron a tomar café en silencio. Largo rato se quedaron sin hablar. Finalmente él se levantó y con un gesto hizo que lo acompañara. Se dirigieron al estudio y se sentó al piano. Estuvieron tocando y cantando toda la tarde. Cuando llegó la noche ella había aprendido una cueca. Aquella que dice:
Soledad, soledad,
esta noche estoy tan triste
se me ha ocultado la luna
y no cabe duda alguna
que se fué porque te fuiste.


Fragmento de “El lugar del Cuerpo” de Hasbún

FRAGMENTO DE “EL LUGAR DEL CUERPO”
Por: Rodrigo Hasbún

Se metió en su cama y le hizo cosas que ella no quería. ¿Era la primera frase que venía buscando hace tanto, parecida a como la hubiera escrito entonces, ocho años recién cumplidos, quizá sólo siete años recién cumplidos, un principio ideal para cualquier libro de memorias, la noche en la que el hermano mayor entra en la cama y tapa la boca y baja el calzón, el lugar donde realmente comenzó todo, el lugar donde supo más sobre sí misma y sobre los demás que nunca antes y nunca después? ¿Una primera frase que revelería el contenido del libro entero, de la vida entera, que los resumiría sin márgenes de error, aún en su parquedad, una mano guardando los gritos inútiles, otra acariciando nalgas, metiendo dedos, los padres en el cuarto de al lado durmiendo ya? ¿Soportaría rememorar aquello, inventarlo nuevamente y minuciosamente con frases frías? Todo palidecía un poco después, el viaje, los abortos y los abandonos, las reconciliaciones, el daño, partía de esa primera noche, demasiado pronto, derribando motivos, excluyendo explicaciones paralelas, marginándolas, guardándolas para biógrafos que nunca acertarán. Se levanta y cruza con esfuerzo la pequeña sala. Pone la caldera al fuego, aguarda a que hierva el agua, saca una bolsita de té, acerca el frasco del azúcar. Siente el temblor de siempre. Pero esta vez es distinto y además ya está vieja y teme no terminar y sabe que puede no terminar.


Entrevista a Rodrigo Hasbún

Hasbún: “Quiero hacer libros significativos”
Por: Michel Zelada Cabrera

El escritor Rodrigo Hasbún, ganador del Concurso Nacional de Literatura, género novela “Santa Cruz de la Sierra.
Con su obra “El lugar del cuerpo”, Rodrigo Hasbún ganó la décima versión del Premio Nacional de Literatura “Santa Cruz de la Sierra”, en la categoría de novela
“Rodrigo Hasbún: recuerden ese nombre. Si es verdad que en el principio está el final, entonces tenemos sobradas razones para celebrar”. Así escribía Edmundo Paz Soldán en la contratapa de “Cinco”, libro de cuentos de Hasbún.
Y no pasó mucho tiempo para que la premonición de Paz Soldán se cumpla, ahora Hasbún ya tiene otro galardón otorgado por la décima versión del Premio Nacional de Literatura “Santa Cruz de la Sierra”, en el género de novela por su obra “El lugar del cuerpo”.
Y si de premoniciones se trata, podemos ir más atrás, al 2000, cuando editorial Nuevo Milenio publicó una antología de cuentos de escritores menores de 40 años. Por entonces Hasbún no llegaba a los 20 y con su relato “Sólo nombre” ya inauguraba una novedosa y revolucionaria técnica de escritura que iría cultivando hasta conseguir un premio nacional en cuento en 2002 (también otorgado en Santa Cruz) y llegar a finalista en dos versiones del concurso “Franz Tamayo”.
En “El lugar del cuerpo”, el personaje principal es Elena, una anciana enferma que mira hacia atrás e intenta entender su vida antes de desaparecer. La mejor manera que encuentra de hacerlo, puesto que es escritora, es intentando escribir su vida, abordando algunos momentos que ella considera importantes.
Así resume Hasbún la trama de su galardonada obra, “básicamente el libro gira alrededor de eso. De todas maneras, más que la historia o que algunos temas que se las arreglan para estar presentes, me gustaría creer que el riesgo formal y narrativo son la verdadera apuesta”, asegura el escritor.
Pero dejemos que, una vez publicada, la propia novela se cuente a sí misma, sin embargo, les ofrecemos un fragmento (ver cuadro) de la obra que Hasbún nos envío gentilmente. No hay duda que es el anuncio de una gran novela.
En tanto, conozcamos un poco más a este joven escritor que está avanzando a pasos agigantados por los escarpados senderos de la buena literatura.
- ¿Qué importancia tiene para un escritor ganar un concurso literario?
- Es importante en la medida que ayuda a difundir su literatura. Y la remuneración económica aligera la necesidad de buscar o mantener trabajos que generalmente se roban la energía.
Para construir algo grande, más allá del talento, se requieren ciertas condiciones. A menudo, sobre todo en países como el nuestro, las imposiciones de la realidad las dificultan.
Hay mucha gente que ha escrito libros enormes en circunstancias lamentables, por supuesto Kafka y T. S. Elliot eran oficinistas, Carver hizo de todo. ¿En circunstancias más amables habrían llegado menos o más lejos? ¿Y Proust habría podido escribir “En busca del tiempo perdido” en circunstancias menos amables? ¿Philip Roth o Javier Marías podrían escribir tanto y tan bien si se vieran obligados a dedicarle ocho o diez horas al día a trabajos ajenos? A mí, por lo pronto, el premio me permitirá tener un año más ligero en el que la literatura siga siendo la prioridad. Meses en los que pueda dedicarle exclusivamente a la escritura buena parte de mi tiempo.
- Se conocía tu trabajo más como cuentista que como novelista, cuándo ingresaste a este tipo de narrativa (la novelística).
Hace mucho tiempo que vengo intentando. Ésta, de hecho, que será la primera novelita que publico, empecé a escribirla hace tres años y la terminé hace unos dos. Tengo una más larga guardada en la máquina y varios intentos fallidos.
- Tomando en cuenta tu propio trabajo, qué diferencias podrías mencionar en hacer un cuento y hacer una novela.
- La novela, por su extensión, necesita una mayor continuidad, rutinas exigentes. Resulta más difícil mantener el ritmo y la cadencia, no dejar que la voz se te vaya o que aparezcan incoherencias y contradicciones. Atrapar al lector, agarrarlo, no dejarlo escapar, también resulta más difícil. El cuento suele ser espontáneo y fulminante. Son géneros que respiran diferente y que apuntan a lugares distintos.
- Menciona tres elementos importantes que requiere un escritor de tu generación para sentirse cómodo y emprender la escritura de un buen cuento
- A mí me gusta escribir tomando muchísimo café, una taza tras otra, pero eso no asegura que lo que salga sea bueno. ¿Qué lo asegura? Nada. Simplemente hay días mejores que otros, diez páginas que no sirven al lado de una que logra sobrevivir. Pero eso me parece que no está determinado tanto por los elementos exteriores que mencionas, sino más bien por algo interior. Una predisposición o necesidad, la persistencia y la obsesión, la valentía sostenida.
- Viajas mucho, ¿Tiene que ver con tu quehacer literario?
- Viajar me permite estar más al tanto de lo que sucede afuera, la maleta siempre vuelve llena de libros. Pero no es sólo eso. Dar un paso atrás, irse lejos por un tiempo, propicia una perspectiva distinta, distancias que casi siempre terminan siendo saludables.


Novedades de ecdotica

Novedades en www.ecdotica.com
Los lectores en el blog de ecdótica (www.ecdotica.com/blog) han ido incrementando y ahora estamos cerca a los 40 diarios, lo que para nosotros es ciertamente motivo de alegría, y mucha. Sabemos que en Bolivia existen blogs que tienen usuarios cercanos a los 1500 diarios, lo que ciertamente nos motiva a seguir nuestro trabajo para llegar a esas cifras que son ciertamente alentadoras.
Sin embargo, estas no son las únicas noticias de nuestro sitio, si no son varias. Veamos:
a) Tenemos una sección de descarga (download) de libros gratuitos que se llama “biblioteca gratuita”. Esta sección está llamada a convertirse en punta de lanza de lo que propone nuestro sitio web. Un lugar de acceso gratuito a libros, especialmente a aquellos que ya no tienen derechos de autor, como el clásico Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra que ya está disponible para su descarga gratuita y la promoción de libros de autores noveles que no encuentran espacios para difundir su obra, lo que podrán hacer ahora desde nuestro sitio sin necesidad de invertir grandes recursos, como los necesarios costos de imprenta.
b) Tenemos también una sección que la hemos llamado “librería”. Ahí pondremos los libros que pueden comprarse y estará dividido en dos categorías, una, la primera, por género literario: cuento, novela, poesía, ensayo, dramaturgia y, la segunda, por editorial, instituto de investigación, universidad, etc. Entenderán que la primera, y por lo pronto única, es Editorial Nuevo Milenio quienes son los gestores de esta iniciativa que busca promover, por que no, el libro y su lectura. Ya vendrán nuevas editoriales que esperamos se sumen a este ambicioso proyecto que es ecdotica.
Cuando compren un libro, por ejemplo, Dochera y Otros cuentos de Edmundo Paz Soldán, se les pedirán ciertos datos personales, como nombre, dirección, e.mail. Luego serán redireccionados a un sistema de pago en los Estados Unidos (www.paypal.com) ya que nuestro sistema de cobros está en ese país, por la garantía que ofrece a nuestros usuarios, especialmente aquellos que utilizan su tarjeta de crédito para comprar nuestros libros. Una vez compren el libro utilizando su tarjeta de crédito (también lo podrán hacer utilizando el medio electrónico de pago muy difundido en la web como es el paypal) se le enviará al administrador del sitio una verificación de compra. Esto sucede para evitar hackeos. El administrador autorizará la venta y recién el sistema enviará automáticamente al usuario un enlace de donde podrá descargar el libro y lo podrá leer en su computadora sin mayor problema. Esta es básicamente una librería virtual y nos dará la ventaja que los libros nunca se agotarán y estarán disponibles para los usuarios en todo el mundo. Ya no se podrán quejar los lectores en Alemania, Estados Unidos, Perú, Argentina, etc. que no tienen acceso a la literatura boliviana, o, en español. Ahora es cuestión de comprar el libro y descargarlo, sin necesidad de costos de envío. El catálogo está disponible y con el tiempo aumentaremos más libros y nuestra base de datos estará alimentada de manera permanente. Nuestro objetivo es tener un catálogo de al menos unos 30.000 libros para que estos puedan ser comprados/descargados por nuestros lectores cuando estos lo necesiten sin mayores trámites que las ganas de leerlo y unos muy pocos dólares, por que la idea de los libros es que estos tienen que ser lo más barato posible permitiendo su mayor acceso a los lectores. Con los años esperamos también convertirnos en una biblioteca virtual con una gran base de datos. Queremos, asimismo, ir sumando lectores de todas partes interesados especialmente en literatura escrita en español, pero también escritores de todo el mundo de habla hispana… por qué no?. Creemos que lo sueños deben ser eso: sueños.
c) Tenemos un reader, que no tiene aún un grado de desarrollo como quisiéramos, pero estamos en camino (como diría Bob Dylan: Is not dark yet, but we are getting there). El reader aún es muy básico, pero funcional. Se lo pueden bajar de forma gratuita y sirve para leer algunos de nuestros libros, aunque la mayoría de ellos, por lo pronto, están en PDF, el famoso lector gratuito de Adobe (www.adobe.com). El desarrollo del reader, por lo pronto, se convierte en nuestro mayor desafío ya que queremos desarrollar una plataforma de lectura que permita a nuestros lectores leer los libros desde nuestro sistema, que además permita un interesante grado de protección para los editores y escritores. Iremos informando de nuestros avances, cuando sea oportuno, pero por lo pronto les informamos que el sistema está en diseño y desarrollo.
d) Hemos incorporado un sistema de inscripción para nuestros usuarios, para aquellos que quieran recibir las noticias literarias en su correo electrónico. Está por demás decirlo que no tiene ningún costo para nuestro usuarios.
e) Asimismo, hemos incorporado un ‘botoncito’ de donaciones, para aquellos que quieran pasarnos unos pesos para apoyarnos en nuestro obstinado empeño de difundir libros de manera gratuita. Cualquier ayuda, un dólar, será bienvenido.
Les hemos contado de lo que es visible, pero lo esencial, dicen por ahí, es invisible a los ojos. Nuestro sistema de cobro está en los Estados Unidos, lo que dará mucha seguridad a nuestros lectores, nuestra base de datos (donde se almacenan los libros), así como nuestro portal. Estamos tratando de tomar todos los recaudos para que este proyecto sea de largo aliento, como debe ser. También se ha incorporado un banner para aquellas empresas que quieren promover el libro. La primera compaía en sumarse ha sido Viva, como no, empresa que apuesta por el desarrollo de las comunicaciones en Bolivia.
¡Grandes cambios, de verdad! Bájense los libros gratuitos, que no cuestan nada, ahí están. No les pedirán tarjetas ni nada por el estilo, También compren los libros en español, que no cuestan mucho y los podrán leer casi automáticamente. Apóyennos, crean en lo que hacemos que, así como el artista necesita del aplauso de su público, nosotros necesitamos de lectores, muchos, para continuar este proyecto.
Por último, el blog seguirá siendo el espacio para las noticias del mundo literario en español. Así que aquellos que quieren mandarnos su nota, no duden en enviárnosla que con gusto la publicaremos, claro, si esta no va en contra de nuestros básicos principios que es no meternos en temas de pornografía, política o religión a quienes no daremos cobijo en este espacio que es literario, cultural (tan simple como eso). Incluiremos, en la medida que nos sea posible, otros temas como: cine, video, teatro lo que nos interesa mucho difundir y seguir.
Trataremos de estar permanentemente actualizando nuestro sitio (ese, un compromiso con quienes nos siguen y leen!).
Sus comentarios, así como sugerencias, serán bienvenidos. Como alguna vez leí en un letrero de una tienda en la cancha de Cochabamba: Pase, su pregunta no molesta.
administrador@ecdotica.com


Las páginas no escritas de Jaime Saenz

Las páginas no escritas de Jaime Saenz
Por Alex Ayala Ugarte

(En el artículo de Ayala, los lectores encontrarán unas cuantas anécdotas sobre la vida del poeta paceño Jaime Saenz (La Paz, 1921 – 1986) que acrecientan su fama, ya que sus acólitos, que somos muchos, y seguimos sumando, no nos perdemos detalles de su obra y vida, ambas íntimamente relacionadas. Para mí, por ejemplo, el sublime poema Recorrer esta distancia está inspirado, de alguna forma, en sus dos delirium tremens.
Estoy separado de mi por la distancia en que yo me encuentro;
el muerto está separado de la muerte por una gran distancia.
Pienso recorrer esta distancia descansando en algún lugar.
El propio Saenz contaba en la entrevista de que le hizo Alfonso Prudencio Claure (Paulovich) en 1967 recogida en el libro Apariencias (que, a propósito, tiene las ilustraciones de Pedro Shimose), literalmente dice Saenz sobre sus dos delirium tremens: “Creí que era una sardina metida en una lata y desde allí, tenía conciencia de que mis parientes y mis amigos me buscaban desesperadamente lo que nos vuelve a recordar Ayala en este su artículo que a continuación replicamos y está tomado del Semanario Pulso. Del viernes 24 al jueves 30 de agosto de 2007. Año 8. Número 412
).
“Es para quedarse perplejo. El saco ha existido como tal desde tiempos pretéritos, pero ha ido desapareciendo poco a poco, según los remiendos han cundido para conformar de nuevo un saco”. Nadie mejor que el mismo Jaime Saenz para describir la chaqueta del aparadita, tan llena de zurcidos, como la vida del novelista. Saenz comprendía en toda su profundidad el alma de ese misterio ser que carga cosas, que puebla esta ciudad, que la lleva a cuestas, entendía su naturaleza callejera. “Sin embargo, él no era una persona marginal, sino que marginaba a la sociedad”. Las palabras que me dijo hace ya un tiempo Bernardo Saenz, sobrino vivo del escritor, lo describen perfectamente. Pero mejor lo hacen sus páginas no escritas, aquellas que él mismo escribía al aire con sus gestos, con sus batallas personales, con vasos de alcohol servido bajo las estrellas.
Saenz era casi un místico, era su barba larga y mal recortada, era un ser extravagante –salvo para la escritura-, era también en parte su tía Esther, que lo cuidaba; era capaz de encoger la cabeza ante un cuadro de su casa por considerarlo maldito, de romper un paraguas por la mitad después de ser abierto en un lugar cerrado, de volver a bajar las gradas de un edificio por haber terminado esta tarea con el pie izquierdo y de aglutinar a sus amigos en torno a los “Talleres Krupp” para discutir sobre música y literatura.
Hoy, para una aproximación más fiel a su figura, me dispongo a desempolvar parte de sus vivencias, que recopilé durante varias conversaciones años atrás con sus cuates, familiares y conocidos.
Lobo estepario
“En la universidad nos hacía escribir ensayos sobre la muerte. Sacaba su calavera y comenzaba a hablar con voz profunda, muy blanco él, por que de día no salía. Una vez me contaron que se quedó dos horas sin decir nada, observando la lluvia, mientras sus alumnos esperaban que dictara su taller de escritura creativa”. Jaime Iturri, quien fue por un tiempo uno de sus alumnos, tenía aún la imagen de su perfil de lobo estepario, de animal nocturno que no tomaba nunca el sol, que tomaba luna.
Cuando no salía de noche, estaba en casa, pero en penumbra. Así me lo confesó el periodista Chacho Arraya, quien con 16 años conoció a Saenz en su propia guarida. “Su pieza era grande, oscura, con cortinas cerradas. Era al mismo tiempo dormitorio y antro literario. Le gustaba tener todo cerca: sus libros, sus fotografías, sus cigarros, sus bebidas… y ponía melodías que le recordaban a su esposa, una alemana que lo abandonó llevándose a su hijo, y a quien escribía cartas que después no mandaba a ningún sitio. Simplemente o las rompía o las guardaba. Yo pasaba tardes enteras en su casa. Casi nunca comía, sus manos eran huesudas y dormía de día”.
No era amante de la buena mesa, pero sí de los buenos tragos, al menos durante 15 años, entre 1945 y 1960, época en la que Saenz sufrió dos delirium tremens en los que llegó a creerse hasta que era una sardina en lata. “Él tenía siempre su botellita de singan sobre la mesa y, cuando se acordaba, se servía una tapita de aguardiente. Luego, si se inspiraba, recitaba versos, se sentaba junto a la máquina de escribir y nos pedía cortésmente que nos retirásemos”, me contó Arraya.
Borracho, Saenz era capaz de inventar una buena frase. Por esta razón, la escritura de su novela más reconocida –Felipe Delgado- resultó al principió todo un calvario, hasta que la promesa de abandonar la bebida hecha a una niña, a su sobrina Marcia, le rescató del infierno.
“Fue durante una Navidad en los 60. Era diciembre y mi tío continuó bebiendo hasta el 31 –me confesó su sobrino Bernardo-. Ese día llegó a la casa con una botella de singani. ‘He venido a despedir el año y a despedirme del alcohol’, dijo. Se bebió hasta la última gota, la borrachera fue espantosa, pero 19 años más tarde no había tomado un solo trago. Tenía su pisco o su singani en casa, eso sí, pero te invitaba y él no tomaba. Lo sacaba, llenaba una tapita, la acercaba a los labios, la olía y decía: ¿Quién será más fuerte, el diablo o yo? Después vertía el alcohol otra vez en su botella”.
No volvió a beber hasta sus últimos días. Según su sobrino, “estaba tranquilo, esperando una muerte a la que había temido tanto tiempo. Así, en 1986, pidió a la gente a su alrededor que lo dejara solo. Más tarde, llegó el cura y tras la absolución Jaime pidió a la tía Esther dos piscos con su voz aguardentosa para compartir con el sacerdote. ‘Este es el brindis más importante de mi vida. Ha llegado el instante de brindar por la hora de mi muerte’, declamó. Al cabo de dos horas murió”.
Relojero y soñador
Con todo, la memoria de los familiares y los amigos de Jaime Saenz va más allá de los delirios etílicos del autor. Personas cercanas a él, como Alfonso Barrero, escucharon directamente de su boca durante mucho tiempo los anhelos y sueños. “En una ocasión –me relató Barrero-, nos llevó al altiplano por la noche. No nos dejó mirar arriba en todo el camino. Luego nos tumbamos en el suelo y recién nos dejó abrir los ojos. El firmamento nos envolvía por completo. Él llamaba a eso ‘caerse al cielo, y por eso ideó durante años la construcción de un monumento conmemorativo al altiplano”.
No pudo cumplir el deseo de verlo en pie, tampoco el de arreglar el reloj de la Plaza Uyuni, como ansiaba, aunque si dedicó horas y horas arreglar otros relojes. Así me lo aseguró Barrero en una conversación íntima y relajada que transcurrió en su casa al compás de los días que se fueron. “Tenía todo tipo de herramientas de relojero. Manipulaba los relojes con maestría hasta que conseguía hacerlos funcionar de nuevo. Cuando estaba en esa tarea, Saenz era un tipo que parecía más humano, más de carne y hueso, separado de cierto malditismo que lo perseguía siempre”.
Pese a que en esos momentos el escritor parecía más hombre que leyenda, ni siquiera en relación a los relojes lograba separarse de su alma de supersticioso, como se puede constatar retornando de nuevo a la charla que tuve con Barrero: “Una vez dejamos un reloj a medias y salimos con su tía a dar una vuelta en mi auto, al que el poeta llamaba ‘la alfombra mágica. Tuvimos un percance, nos salimos de la calzada y pudimos haber muerto. A mí se me paró el reloj justo a la hora en que ocurrió el accidente, pero la sorpresa fue que el que estábamos arreglando marcaba esa misma hora. Jaime aseguró que si antes de meternos en el coche no hubiéramos abierto ese reloj, alguien habría fallecido”.
Saenz era también amante de una camarita de fotos, con la que hacía tomas por toda la ciudad y con la que, según Barrero, inmortalizó una increíble noche de San Juan. “El ruido fue espantoso. Saenz llevaba siempre un pequeño revólver para defenderse –de ahí una de sus frases famosas: Quisiera morir de un balazo en el paladar, proyectil calibre 38, eso no falla-. Durante la velada, Guillermo Bedregal, uno de sus amigos poetas, se puso a jugar con el arma y, pensando que estaba descargada, se apuntó a la boca y en algún momento pensó incluso en hacer la broma y disparar. Pero cuando más tarde le pegó un balazo a un cometa que por casualidad cruzó su vista y comprobó que estaba cargada, bien cargada, casi se muere de la impresión. El disparó retumbó en toda la cuadra”.
Un tintero, una pluma
Ni Bedregal murió a causa de un proyectil ni Saenz, pero su entierro fue casi tan surrealista como su vida. “Con su cuerpo aún caliente, llegó el doctor Cayo Rivera –el único ser humano, según sus amigos, al que obedecía-. Jaime le había pedido un sinfín de veces que cuando muriera le cortaran la cabeza para que no existiera la posibilidad de ser enterrado vivo. Finalmente, tan sólo se le seccionó la yugular”, me relató su sobrino Bernardo mientras ordenaba los recuerdos en la mesa de su despacho. Para meterle al ataúd le quitaron los zapatos, pues tenía unos pies realmente enormes. Unos minutos después se produjo la última despedida, que fue al más puro estilo Jaime Saenz. Según Bernardo, “un tintero y una pluma de escritor surgieron por los palazos sobre las sobre la tierra donde fue enterrado”.
Hasta aquí llegan estas letras que Saenz nunca escribió, pero que las palabras de otros han escrito por él. Yo, por mi parte, me quedo con una peculiar imagen que el filósofo Cachín Antezana le llamó siempre la atención cuando todavía estaba vivo: “Cuando fumaba partía en dos todos sus cigarrillos, decía que así fumaba menos”.


En desagravio de Gary [Daher]

En desagravio de Gary
Por Martín Zelaya Sánchez

(Creemos que equivocarse es moneda común en los seres humanos, lo que no es, es pedir disculpas por nuestros errores. Recientemente el escritor peruano Bryce Echenique pidió disculpas por los plagios cometidos, lo que es, para nosotros, suficiente. Es así que el editor del suplemento literario Fondo Negro de La Prensa, Martín Zelaya, pide disculpas por lo errores, dice involuntarios, cometidos en un artículo del escritor, se dice nacional, Gary Daher. Pero pedir disculpas es un acto en extremo difícil. Los que no me creen y que son hijos, intenten pedirle disculpas a sus padres por las travesuras de infancia, y por las que seguimos haciendo. Moneda común del ser humano es andar con nuestro orgullo a cuestas y errores y no sacarlos a relucir pretendiendo que nadie se ha dado cuenta. Aquí, en ecdotica, publicamos la nota de Gary Daher, la que tomamos de Fondo Negro y las cartas de algunos enfurecidos lectores que le decían de todo a Gary. Gary, con la sensibilidad que le caracteriza, además de honestidad, por que, simplemente los poetas son así, de verdad, honestos, por que es a través de ésta que nos cuentan el mundo, su particular formar de verlo/entenderlo, nos mandó una carta, que también publicamos y su artículo completo, lo que ha provocado, como corresponde una nota de desagravio, que publicamos a continuación).
La letra “r” está muy lejos de la “n” en el teclado, y ello empeora aún más la errata. Es desagravio a gary daher Canedo hay que explicar algo que ya fue explicado en su oportunidad y en privado al afectado y que, por malas interpretaciones y elucubraciones poco afortunadas, causó más de un mal entendido y entredicho, según se puede leer en algunos blogs literarios.
Dos errores fueron cometidos en la edición de Fondo Negro del 24 de junio; los dos, lamentablemente, afectaron a Gary. El oficioso duendecillo que suele rondar de cuando en cuando las redacciones periodísticas, y que sobrepasa incluso a redactores, editores y correctores (para qué explicar que alguien que debió hacer copy y paste con el titular del artículo referido prefirió transcribir éste, con la consabida falla), se interpuso esta vez para que saliera la palabra “arillos” en lugar de la correcta y original “anillos”, en el artículo La huella y los anillos en que el autor esboza una mirada sobre la literatura cruceña. Primero.
Por falta de verificación de datos, e imperdonable confianza en una –ahora evidente– mala memoria, el que suscribe creyó saber que Daher era paceño, y en lugar de reconfirmarlo, como era su deber, simplemente lo deslizó en el pie de página, a manera de identificar al autor. Segundo.
Y tercero. Los recortes en el texto original que tan gentilmente el poeta y novelista envió fueron exclusivamente por motivos de espacio, en uso del derecho reservado a los editores, y en ningún momento hicieron variar el sentido global del trabajo (”se ha suprimido –se queja el autor– el hecho de que los nombres fueron sugeridos por el escritor Roberto Alifano, amanuense de Borges, y Jorge Martínez, cónsul de Argentina en Bolivia, pues éste era un ejercicio de un texto panorámico destinado a la revista PROA de Buenos Aires”).
Jamás fue ni será intención de Fondo Negro manipular o tergiversar las colaboraciones, ni mucho menos generar controversia como ésta, tan penosas en estos momentos en que en el país es tan difícil hablar de regiones e identificaciones.
Revisando con cuidado, como debí hacerlo desde un principio, las anteriores publicaciones de Gary, observo su destacable posición de identificarse como boliviano y punto. ¿Acaso no somos todos sobre todo eso, bolivianos? es cuanto asumo, acepto y difundo –ojala no demasiado tarde– en buena fe de rectificación.


La chaskañawi

La chaskañawi
Por: Miguel Esquirol

La chaskañawi (1945) es la célebre novela de Carlos Medinacelli que cuenta la historia de Adolfo, señorito estudiante de leyes en Sucre que regresa a su pueblo, San Javier de Chirica, donde conocerá a la Chaskañawi, una hermosa y vital chola que le cambiará la biografía que se había propuesto, dedicada a los estudios y a la meditación.
Entre alcoholes (chicha, singani, yungueños, cerveza, cockteles y vino patero) y diversos platitos (picantes y sajtas sobre todo), se da la bienvenida a Adolfo a su pequeño pueblo al que ha regresado después de pasar los estudios de leyes en Sucre. Y no sólo entre amigos y borracheras pasa aquellos días, sino que poco a poco los amores lo van entrelazando y pronto tiene que decidir entre la preciosa y seductora Claudina, chola de amplias curvas, ojos como estrellas y una fuerza femenina a la que nadie se le puede enfrentar, o la relación bien vista con Julia, pálida señorita que se comporta como una mujer de su clase tiene que hacerlo, y perdona una tras otra las barbaridades, infidelidades y excesos que comete Adolfo.
Pronto este se verá perdido, diferente a la personalidad seria y decente con la que había llegado, envuelto en brazos de cholitas e imillas, despertándose en camas ajenas y siendo el objeto de habladurías y chismes en su pueblo que se alimenta de ese tipo de historias.
Pero no es sólo las razones que distancian a esas mujeres, la personalidad, la clase social, la pollera. Ambas están muy seguras de su posición y de los límites que Adolfo no tiene que cruzar, pero mientras la segunda se comporta con la seriedad de su posición, presionando a Adolfo con armas que la sociedad a puesto a su disposición, Claudina decide rechazarlo de entrada conociendo la distancia que los separa y negando lo que cualquiera de los dos pueda sentir. Mientras una lo fuerza al matrimonio, la otra lo rechaza.
Pero no es sólo a esto a lo que se tiene que enfrentar Adolfo. La lucha real se da entre su educación occidental [/el positivismo Comtiano y el materialismo más brutal
de los Haeckel y los Buchner, … el virus del Racionalismo y la irreligiosidad ‘fin de civilizacion’ de Europa/] con el llamamiento de la tierra, de su propia patria.
El padre de Adolfo ha muerto, y con él desaparece su última relación con las ingenuas creencias patriarcales de sus padres. Sus antepasados valientes, miembros de la lucha de la independencia, llenos de ideales nobles se enfrentan a la situación de Adolfo: desencantada y cansada de la vida. La sociedad “burguesa”, las grandes familias de San Javier de Chirica, no pueden luchar al final con la vitalidad de las cholas, los colores brillantes de sus ropajes, la alegría de sus fiestas y bailes, y la pujanza de sus negocios, de sus tierras.
Adolfo se verá enfrentando a esa distancia de la sociedad que un día fue grandiosa y que fundó el país, contra aquella nueva fuerza renovadora que reniega de toda influencia europea, pero que ya no es tampoco indígena. Ese nuevo tipo de mujer, con ojos de estrellas, de luminosas polleras, orgullosa y que a pesar de todo sabe su posición, es la que puede encumbrar nuevamente el pueblo y con ella a todo el país.
Adolfo el intelectual decidirá finalmente renunciar a sus estudios, a su clase social, a su familia y amigos. En la escena final el campesino se enfrenta al contador de minas, el uno joven y activo, mientras que el otro cansado, enfermo y envejecido. Los amigos se encuentran finalmente y desde la visión del recién llegado se puede ver la plenitud viva del campo, en frente de su propio pueblo mortecino y callado.
[Tomado de: http://elforastero.blogalia.com//historias/51711 con permiso de Miguel Esquirol]


Hasbún gana concurso de novela

Hasbún gana concurso de novela “Santa Cruz” 
Por: Michel Zelada Cabrera
 
Rodrigo Hasbún, escritor cochabambino ganador del Premio Nacional de Literatura de Santa Cruz, en la categoría novela. | Los Tiempos
Rodrigo Hasbún acaba de ganar la décima versión del Premio Nacional de Literatura “Santa Cruz de la Sierra” que organiza el municipio cruceño en la categoría de novela. El joven escritor cochabambino no deja de impactar con su trabajo creativo, también ganó, hace unos días, junto al cineasta Martín Boulocq, un concurso de guión cinematográfico.
Hasbún ya fue ganador del certamen cruceño en 2002, en la categoría de cuento, también fue en dos ocasiones finalista del concurso de cuento Franz Tamayo.
La novela ganadora lleva por título “El lugar del cuerpo”, trata de la historia de una anciana que mira hacia atrás e intenta entender su vida antes de desaparecer, adelantó Hasbún, en una entrevista vía correo electrónico, puesto que en este momento se encuentra en Colombia, en el “Encuentro literario Bogotá 39″. El escritor reside en Cochabamba.
Este evento reúne a importantes escritores latinoamericanos en el marco de “Bogotá, capital Mundial del Libro”.
Alcance nacional
El Concurso Nacional de Literatura “Santa Cruz de la Sierra”, que viene siendo convocado de forma continua desde 1995, tiene un alcance nacional.
El certamen galardona al ganador de novela con 16 mil bolivianos.
“El municipio cruceño, de esta manera, demuestra su amplio espíritu de integración, tanto es así que muchos de los galardonados son personas que no viven en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, por ello se puede afirmar que este Premio es un aporte importante a la producción literaria nacional y cuyo objetivo fundamental es promover y difundir la creación literaria en los diferentes géneros”, dice el boletín de prensa del municipio cruceño.
Barrientos gana en cuento
Entre otros galardonados del Premio Nacional de Literatura “Santa Cruz de la Sierra”, está también Maximiliano Barrientos, en la categoría de Cuento con la obra “Fotos y canciones”. En teatro “Fantasmas interiores” de Abigail Ferolla Thames.
En Cuento para Niños ganó María Julio Sueldo Bianchi con “Minicuentos, para grandes lectores” Mención Honrosa en esta categoría para Aida Suárez Céspedes por sus “Cuentos de Anita, la niña bonita”.
En poesía ganó Óscar Gutiérrez Peña por su poemario “Sobrevuelo en la ciudad de los anillos”. La categoría de ensayo fue declarada desierta.
El Municipio cruceño ha cumplido y cumple una importante labor, desde mucho tiempo atrás, mediante su intervención en el ámbito editorial y el rescate, promoción y difusión de la cultura impresa de la región.
El Fondo Editorial Municipal está constituido no solamente por los títulos de las obras ganadoras de las diferentes versiones sino que también incorpora a otros autores cuyos libros o producción intelectual es relevante.
[Los Tiempos, viernes 24 de agosto]


Jorge Edwards en Bolivia

Las recetas de Edwards
Por Redacción PULSO*

Casi se le cayó el vaso de agua. “Grave si hubiera sido whisky”, dijo él. Con ese puñado de palabras, el narrador chileno Jorge Edwards rombió el hielo en la carpa de los autores chilenos en la Feria del Libro [de La Paz, Bolivia] el pasado 11 de agosto. Allí, mientras se vendía exquisita comida de su tierra, habló de palabras, de su juventud y de la vocación literaria.
“Yo nací en un medio en que lo peor que podía pasar es que saliera escritor”. Sus primeras frases ante un auditorio escaso fueron un dardo de aliento para los autores que están empezando. “Mi padre quería que fuera abogado. En mi familia había un escritor del que se comentaban pocas cosas. Cuando se hablaba de él se decía: “El inútil de Joaquín”. Hoy todo esto da risa, pues Edwards ha recibido, entre otros galardones, la condecoración como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, el Premio Nacional de Literatura de Chile, el Premio Cervantes y la Orden Gabriela Mistral.
Pero en aquella época, cuando Edwards era aún un niño, cualquier pasión por la literatura podía ser interpretada como enfermiza por los parientes más cercanos. Con todo, el autor buscó sus espacios. “Comencé a escribir chiquito, no me acuerdo ahora exactamente cómo. Yo leía cosas que hallaba por ahí y mi entrada en la literatura consistió en poder sentir, en descubrir la belleza de las palabras”.
Fanático del Neruda de los primeros tiempos y de García Lorca, Edwards no tardó en convertirse en poeta clandestino a los 14. “Yo no conseguía ser personal. Agarraba de uno y de otros. Por ejemplo, escribía un Romancero Gitano a lo Lorca y hacía que ocurriera en Valparaíso. Pero era todo imitación”.
Por eso Edwards buscó en seguida un segundo ingrediente para sazonar su escritura: Las historias. “De adolescente empecé a sentir que quería escribir sobre la base de lo que me contaban mis hermanos, mis padres, mi abuela, mis compañeros de colegio, mis profesores jesuitas. Tomaba en cuenta mi propia memoria individual y la colectiva”:
Su tercer descubrimiento fue darse cuenta de que la memoria es artística. “Si uno reprodujera todo lo ocurrido, resultaría aburrido, insoportable. La memoria de un artista selecciona, organiza la manera de contar, a veces ficcionaliza. Para mí la memoria es lo más creativo que hay, y yo distingo entre la memoria creativa de esa otra que Borges satirizó con un libro donde un tipo se acordaba de todo y enloquecía [Funes, el memorioso].
“Nos conocemos poco”
Tras la conferencia, después de la firma de libros, PULSO convesró brevemente con el creador chileno sobre Chile y Bolivia. Estas fueron sus palabras sobre algunos temas:
- Jóvenes escritores: “Les puedo decir que tengan paciencia y confíen. Todo depende del talento y la voluntad”.
- Literatura: “La literatura sobrevive, es vital, pero existe una obsesión por el éxito económico y a veces escritores y poetas se contagian. No hay que hacerse ilusiones sobre la rentabilidad de la literatura. Lo que la literatura exige es vocación”.
- Mar: “Yo deseo que el tema se solucione y Bolivia pueda tener un acceso al mar. Yo sugiero una fórmula que sea aceptada por Perú, Chile y Bolivia. Los países europeos han tenido guerras recientes y luego se han puesto de acuerdo. Cuando nos pongamos de acuerdo, el desarrollo va a ser mayor por que nuestras potencialidades son enormes”:
- Cuba: “La revolución nació con grandes propósitos, pero no tuvo respeto por la realidad económica. Hoy, un mozo de hotel cubano, con las propinas, gana más que un médico”.
- Chile: “Chile ha tenido un desarrollo económico interesante, pero la cultura y la educación no se han desarrollado al mismo ritmo. Y eso, la verdad, se nota bastante”.
- Rutinas: “Soy escritor de mañanas, pero de mañanas largas, que terminan a las 15:00. Después, tengo otras muchas cosas que hacer, para desgracia mía”.
No dio tiempo para más, Edwards se alejó de la carpa con cierta prisa. De fondo, quedaron unos claveles rojos, un mantel rojo y unas sillas rojas, de tonos Coca-Cola.
[Tomado de PULSO. Viernes 17 al jueves 23 de agosto. Año 8. Número 411]


Los Viejos de Martín Boulocq gana

Martín Boulocq ganó el concurso Petrobras de literatura y cine
Por Nathalie Iriarte

[Tomado de www.eldeber.net de su edición del día martes 21 de agosto de 2007]
El guión Los Viejos, del director del film Lo más bonito y mis mejores años, Martín Boulocq, fue el ganador de la primera versión del concurso de Literatura y Cine de Petrobras, en el marco de la 12ª versión de la Feria Internacional del Libro de La Paz.
Boulocq, de 26 años, recibió un premio en efectivo de $us 1.000. Con Los Viejos, el joven director logró el reconocimiento del jurado compuesto por Juan Carlos Valdivia, Juan de Recacoechea y Jac Ávila, artistas que lo eligeron como ganador entre cinco obras por su buena estructura y personajes definidos.
Para Valdivia, el guión descubre otra faceta de un joven valor cinematográfico de la nueva generación. Agregó además “que espera en breve ver la obra plasmada en el cine”.
Al momento de entregar el cheque, Vanessa Canudas, a nombre de  Petrobras explicó que la empresa busca que el premio se institucionalice para reconocer el esfuerzo de escritores y guionistas.
Canudas agregó que Petrobras participa de esta actividad en el marco de su política de Responsabilidad Social Empresarial que, en este caso, da apoyo al guionista que mejor haya adaptado una obra literaria nacional al lenguaje cinematográfico.


Ganadores del concurso municipal de Santa Cruz

Sangre joven en la literatura
Premios. El municipio [de Santa Cruz] anunció a los ganadores de su concurso nacional
Autores. María Julia (cuento infantil), Óscar Gutiérrez (poesía) y Maximiliano Barrientos (cuento) destacaron
Por Miguel Ángel Souza

 [Tomado de El Deber. Edición electrónica www.eldeber.net del día 24 de agosto de 2007]

Las letras bolivianas están rejuveneciendo. Es lo que se puede deducir después de leer los nombres de los ganadores del Premio Nacional de Literatura Santa Cruz de la Sierra.
Rodrigo Hasbún (novela), Maximiliano Barrientos (cuento), María Julia Sueldo (cuento infantil) y Abigail Ferolla (teatro) no sólo tienen en común el estar por debajo de los 30 años, sino que también ostentan el título de ser los mejores del concurso organizado por el municipio cruceño, cuyo resultado se dio a conocer ayer. Entre los ganadores también está Oscar Gutiérrez, que a sus 36 años impresionó con su poesía a los miembros del jurado de su categoría.
“Antes sólo ganaban los cincuentones, ahora hay sangre nueva”, comenta Gutiérrez, un vallegrandino que presentó un compendio de 40 poemas en los que le habla a la ciudad como si se tratara de un personaje de carne y hueso. Es por eso que su obra se titula Sobrevuelo en la ciudad de los anillos.
Los cinco premiados de este año recibirán un monto en efectivo, pero además sus obras (ver cuadro anexo) se publicarán en una edición de 1.000 ejemplares.
Para María Julia y Abigail, será la primera vez que una de sus creaciones salga a la luz pública. “Comencé a escribir mis cuentos a los 9 años, pero tuve que hacerles algunos arreglos para este concurso”, comenta María Julia, que presentó Minicuentos para grandes lectores.
En cambio, Rodrigo, que presentó la novela El lugar del cuerpo, y Maximiliano, que participó con varios cuentos de Fotos y canciones, ya han publicado anteriormente. Cinco (2006) y Los daños (2006), respectivamente, son las obras con las que tuvieron su ‘bautismo’ literario. Además, los dos comparten la experiencia de haber sido finalistas del concurso de cuentos Franz Tamayo.
En la única categoría que se entregó mención honrosa fue en cuento infantil, para Biyú Suárez por Cuentos de Anita, la niña bonita.


II Concurso de Escritura Dramática

Se amplia el plazo para el II Concurso de Escritura Dramática Atendiendo un pedido de escritores, particularmente del interior del país, la Oficialía Mayor de Culturas comunica la ampliación del plazo para el II Concurso de escritura dramática “Adolfo Costa Du Rels”, hasta el 31 de este mes. La fecha inicial fenecía el pasado 22 de agosto, pero en virtud a la solicitud de personas interesadas que combinan la escritura con otras ocupaciones habituales, es que se la ampliación corre tomando en cuenta que no modifica el tiempo previsto para la lectura y calificación de obras, señaló el Director de Patrimonio Cultural del municipio paceño, Daniel Rico. Como se recordará el certamen está destinado a escritores y dramaturgos bolivianos y extranjeros con inquietudes para la escritura de obras de teatro que busquen la excelencia y creatividad permitiendo la reflexión de un público en formación y contribuyan a la construcción de la identidad nacional. Tanto la temática como el género son de libre elección del participante. Entre las exigencias, sin embargo, se encuentra la presentación de obras inéditas y de autoría unipersonal o colegiada. Los organizadores solicitan cinco ejemplares para ser distribuidos en el jurado. La extensión máxima es de 60 páginas, tamaño carta. Se precisa, asimismo, la presentación de la obra en una versión de CD o diskette. Los sobres deben ser firmados con seudónimo y entregarlos en el primer piso de la Casa Municipal de Cultura “Franz Tamayo” (Av. Mariscal Santa Cruz esquina Potosí).




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