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No van más los libritos
Por: Ramón Rocha Monroy

El apreciado lector no se sorprenda este domingo, porque no saldrán más los libritos de la Biblioteca Mínima de OPINIÓN, que sacamos durante tres años.
Llegaron casi a 300 libritos. Cuando eran 200, una compañera de trabajo quiso hacerme una entrevista, pero la rechacé con un argumento contundente: “Ni se te ocurra. Se van a dar cuenta y el proyecto no va a ir más”.
Así logré publicar 100 libros más, libros que eran y son apreciados por el público, como lo sé cuando me detienen en la calle para decirme que tienen la colección completa, o que les falta algunos números. Deliberadamente no los numeré para que todos mis lectores sientan que tienen la colección completa.
Pero este domingo, no va más. Las autoridades de COBOCE me notificaron que ya no quieren financiar el proyecto, y eso que a mí me pagaban 200 bolivianos por libro. ¡Pero cómo me desquité! En la colección salieron las biografías de todos los presidentes bolivianos, de una multitud de personajes bolivianos, de otra multitud de personajes mundiales, desde la política y la literatura hasta el cine mexicano y el pop. No me importó jamás que me pagaran esa miseria, sino el gusto de servir al público lector.
Un testimonio: tomo un taxi y el maestro tenía un librito arrugado con cuentos de Ernest Hemingway. Le pregunto si leía eso y me dice: “Ah, es mi mejor compañero cuando estoy en la parada. Uno se aburre mucho esperando. Entonces tomo el librito y las horas se pasan solitas. Le aconsejo leer este autor. Es buenísimo”. Naturalmente, no sabía que yo era el editor.
Pero los libros no saldrán más: me lo dijeron con la mayor frialdad. Y, la verdad, escribo con rabia: ¿a quién consultaron para liquidar esta colección? En ella publiqué textos de escritores tan novedosos como Yionusuke Akutagawa, Kawabata, Monterroso, Joyce, Faulkner y otros, así, en desorden, imitando el gesto del lector que se asoma a su biblioteca para escoger, al azar, algún libro hospitalario.
Nada. Ni siquiera me consultaron. Decidieron, como en la peor de las dictaduras, suspender la serie, por puras consideraciones comerciales. ¿Comerciales? ¡Pero si el periódico se vendía más por los libritos gratis!
Honestamente, quisiera renunciar, pero no tengo plata y necesito ganarme el pan de cada día. Uno no escoge a sus patrones.
Entretanto, ustedes y yo guardaremos luto por una colección inolvidable que, es un decir, “pasó a mejor vida”.
Me propusieron imitar una colección de fascículos de Panamá. Ah, me digo, la cosa es imitar. ¿Para qué vamos a crear algo original si la prensa extranjera tiene mejores ideas? Esos fascículos parecen escritos para niños oligofrénicos. ¡Y quieren que yo los imite! ¿A ese extremo hemos llegado?
Toy muy amargado, pero, como necesito trabajo, ya se me va a pasar.



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