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Literatura e imagen cuentan historias



Literatura e imagen cuentan historias
Por Nathalie Iriarte

En 2002, Fernando Meirelles mostró al mundo el largometraje Ciudad de Dios, una historia que sólo se olvidaría con un ataque de amnesia. El mismo se basó en la obra escrita por Paulo Lins, pero fue adaptado a una narrativa y lenguaje cinematográfico por Bráulio Mantovani.
Ese trabajo le valió una nominación a mejor guión en la entrega de los premios Oscar de 2004, algo que sin duda dice mucho de la calidad del trabajo de este guionista brasileño. Despojado de cualquier egocentrismo, Bráulio se muestra como un tipo sencillo mientras conversa con los estudiantes y cineastas que asistieron al taller de cinematografía de La Fábrica escuela de cine en el que dio una charla el martes pasado.
Mantovani, que también asistió al encuentro de cineastas latinos que tuvo lugar en la sede de Teatro de los Andes en Yotala (Chuquisaca), nos confesó muchos detalles sobre su trabajo mientras enrrollaba tabaco en papelillos y los fumaba pasivamente.
– ¿Cuál fue la reacción de la gente en Brasil ante Ciudad de Dios?
– Muchos dijeron que era una película mala para Brasil, porque mostraba cosas feas de la realidad del país. Ésa es una crítica estúpida, primero porque no es responsabilidad del cine vender una imagen bella del país; eso es trabajo del Ministerio de Turismo. En realidad, Ciudad de Dios ha sido muy buena para la imagen nacional ,ya que ha sido una película muy exitosa, que deja ver que se puede hacer buen cine en Brasil.
– ¿Cómo es el proceso creativo cuando se tiene que escribir un guión basado en una novela de más de 500 páginas y con más de 250 personajes?
– Yo sólo tuve tres meses para leer la novela y escribir el primer borrador de guión, ya que estábamos tratando de conseguir financiamiento. Para estudiar los personajes sólo leí la novela una vez; sin embargo, tuve que ser muy metódico y crear unos códigos que me facilitaran ordenarme al escribir.
– En la película no se emiten juicios de valor, sino que se cuentan las cosas tal como son. ¿Fue una decisión tuya, del director o algo que ya estaba en la novela de Lins?
– La novela no juzga a nadie, sólo describe lo que pasa. Seguir esa línea de pensamiento del autor fue una decisión que tomamos Fernando (Meiralles) y yo.
– ¿Cómo fue haber trabajado con Fernando Meirelles?
– Con Fernando coincidimos en casi todo, tenemos una gran afinidad. Yo le tengo una gran admiración, ya que él me ha influido mucho con su trabajo. En lo único que discutimos fue que él quería que aparezca la figura del narrador y yo no estaba de acuerdo. Pero como la trama tiene muchas historias por contar, se hizo necesario este personaje. Así fue cómo nos acordamos de un personaje muy pequeño en el libro, que es Buscapé. Es un tipo que si bien vive en la Ciudad de Dios, se siente ajeno al lugar, ya que él no iba a ser bandido, sino fotógrafo. Eso nos fue muy útil en la narración y edición, ya que se usó la lógica del fotógrafo para congelar las imágenes cada vez que se presentaba un nuevo personaje. Buscapé es muy parecido al autor del libro, Pablo Lins, alguien que creció en la favela, pero que ahora vive fuera de esa realidad.
– ¿Cómo es el proceso mediante el cual se desarrolla la industria del cine brasileño?
– No se puede hablar de industria en Brasil. Se podrá hablar de industria cuando el cine logre autofinanciarse, es decir, cuando la ganancia de una película sirva para producir otra. Actualmente es muy difícil conseguir presupuesto. La gente que puede financiar películas no se interesa en temas duros como el de Ciudad de Dios, ya que no quiere implicar a sus empresas con nada relacionado a la violencia o las drogas.
– Cuando terminó de escribir Ciudad de Dios pensó: ¿acabo de hacer una obra maestra que puede ser nominada al Oscar?
– Cuando escribo no puedo decir si será algo muy bueno o no. Creo que se debe contar con la lectura de amigos o de la gente involucrada en el proyecto. Nunca imaginé que Ciudad de Dios llegaría a tener tanto éxito. Sin embargo, cuando vi la película le dije a Fernando que él ganaría un Oscar por el trabajo que había hecho. Al mismo tiempo pensé que nadie se iba a interesar en ver un filme que no tiene actores conocidos y que presenta un tema desagradable. Sin embargo, sólo en Brasil tuvimos como tres millones y medio de espectadores.
– ¿Qué dijo Pablo Lins, el autor de la novela, cuando leyó por vez primera el guión?
– Cuando repasó el primer borrador, de los más de diez que se hicieron, me dijo que no le gustaba para nada. Creo que sintió que habíamos traicionado su obra, ya que muchas cosas fueron cambiadas. Yo llevé las cosas desde el principio hasta el final y di mucha importancia a algunos personajes que eran muy chicos en la novela.
– ¿En qué otros proyectos está trabajando actualmente?
– Estoy elaborando un guión para estudios Universal. Es para un filme del director alemán Oliver Hirschbiegel (La caída). Tengo otro para una cinta que se llamará Nanny, que tiene un personaje que es una boliviana que trabaja en un taller de costura de Brasil. Además he escrito algunos otros que todavía no han sido producidos.
(Tomado de Brújula. El Deber 25 de agosto de 2007)



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