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Entrevista a Rodrigo Hasbún

Hasbún: “Quiero hacer libros significativos”
Por: Michel Zelada Cabrera

El escritor Rodrigo Hasbún, ganador del Concurso Nacional de Literatura, género novela “Santa Cruz de la Sierra.
Con su obra “El lugar del cuerpo”, Rodrigo Hasbún ganó la décima versión del Premio Nacional de Literatura “Santa Cruz de la Sierra”, en la categoría de novela
“Rodrigo Hasbún: recuerden ese nombre. Si es verdad que en el principio está el final, entonces tenemos sobradas razones para celebrar”. Así escribía Edmundo Paz Soldán en la contratapa de “Cinco”, libro de cuentos de Hasbún.
Y no pasó mucho tiempo para que la premonición de Paz Soldán se cumpla, ahora Hasbún ya tiene otro galardón otorgado por la décima versión del Premio Nacional de Literatura “Santa Cruz de la Sierra”, en el género de novela por su obra “El lugar del cuerpo”.
Y si de premoniciones se trata, podemos ir más atrás, al 2000, cuando editorial Nuevo Milenio publicó una antología de cuentos de escritores menores de 40 años. Por entonces Hasbún no llegaba a los 20 y con su relato “Sólo nombre” ya inauguraba una novedosa y revolucionaria técnica de escritura que iría cultivando hasta conseguir un premio nacional en cuento en 2002 (también otorgado en Santa Cruz) y llegar a finalista en dos versiones del concurso “Franz Tamayo”.
En “El lugar del cuerpo”, el personaje principal es Elena, una anciana enferma que mira hacia atrás e intenta entender su vida antes de desaparecer. La mejor manera que encuentra de hacerlo, puesto que es escritora, es intentando escribir su vida, abordando algunos momentos que ella considera importantes.
Así resume Hasbún la trama de su galardonada obra, “básicamente el libro gira alrededor de eso. De todas maneras, más que la historia o que algunos temas que se las arreglan para estar presentes, me gustaría creer que el riesgo formal y narrativo son la verdadera apuesta”, asegura el escritor.
Pero dejemos que, una vez publicada, la propia novela se cuente a sí misma, sin embargo, les ofrecemos un fragmento (ver cuadro) de la obra que Hasbún nos envío gentilmente. No hay duda que es el anuncio de una gran novela.
En tanto, conozcamos un poco más a este joven escritor que está avanzando a pasos agigantados por los escarpados senderos de la buena literatura.
- ¿Qué importancia tiene para un escritor ganar un concurso literario?
- Es importante en la medida que ayuda a difundir su literatura. Y la remuneración económica aligera la necesidad de buscar o mantener trabajos que generalmente se roban la energía.
Para construir algo grande, más allá del talento, se requieren ciertas condiciones. A menudo, sobre todo en países como el nuestro, las imposiciones de la realidad las dificultan.
Hay mucha gente que ha escrito libros enormes en circunstancias lamentables, por supuesto Kafka y T. S. Elliot eran oficinistas, Carver hizo de todo. ¿En circunstancias más amables habrían llegado menos o más lejos? ¿Y Proust habría podido escribir “En busca del tiempo perdido” en circunstancias menos amables? ¿Philip Roth o Javier Marías podrían escribir tanto y tan bien si se vieran obligados a dedicarle ocho o diez horas al día a trabajos ajenos? A mí, por lo pronto, el premio me permitirá tener un año más ligero en el que la literatura siga siendo la prioridad. Meses en los que pueda dedicarle exclusivamente a la escritura buena parte de mi tiempo.
- Se conocía tu trabajo más como cuentista que como novelista, cuándo ingresaste a este tipo de narrativa (la novelística).
Hace mucho tiempo que vengo intentando. Ésta, de hecho, que será la primera novelita que publico, empecé a escribirla hace tres años y la terminé hace unos dos. Tengo una más larga guardada en la máquina y varios intentos fallidos.
- Tomando en cuenta tu propio trabajo, qué diferencias podrías mencionar en hacer un cuento y hacer una novela.
- La novela, por su extensión, necesita una mayor continuidad, rutinas exigentes. Resulta más difícil mantener el ritmo y la cadencia, no dejar que la voz se te vaya o que aparezcan incoherencias y contradicciones. Atrapar al lector, agarrarlo, no dejarlo escapar, también resulta más difícil. El cuento suele ser espontáneo y fulminante. Son géneros que respiran diferente y que apuntan a lugares distintos.
- Menciona tres elementos importantes que requiere un escritor de tu generación para sentirse cómodo y emprender la escritura de un buen cuento
- A mí me gusta escribir tomando muchísimo café, una taza tras otra, pero eso no asegura que lo que salga sea bueno. ¿Qué lo asegura? Nada. Simplemente hay días mejores que otros, diez páginas que no sirven al lado de una que logra sobrevivir. Pero eso me parece que no está determinado tanto por los elementos exteriores que mencionas, sino más bien por algo interior. Una predisposición o necesidad, la persistencia y la obsesión, la valentía sostenida.
- Viajas mucho, ¿Tiene que ver con tu quehacer literario?
- Viajar me permite estar más al tanto de lo que sucede afuera, la maleta siempre vuelve llena de libros. Pero no es sólo eso. Dar un paso atrás, irse lejos por un tiempo, propicia una perspectiva distinta, distancias que casi siempre terminan siendo saludables.


Novedades de ecdotica

Novedades en www.ecdotica.com
Los lectores en el blog de ecdótica (www.ecdotica.com/blog) han ido incrementando y ahora estamos cerca a los 40 diarios, lo que para nosotros es ciertamente motivo de alegría, y mucha. Sabemos que en Bolivia existen blogs que tienen usuarios cercanos a los 1500 diarios, lo que ciertamente nos motiva a seguir nuestro trabajo para llegar a esas cifras que son ciertamente alentadoras.
Sin embargo, estas no son las únicas noticias de nuestro sitio, si no son varias. Veamos:
a) Tenemos una sección de descarga (download) de libros gratuitos que se llama “biblioteca gratuita”. Esta sección está llamada a convertirse en punta de lanza de lo que propone nuestro sitio web. Un lugar de acceso gratuito a libros, especialmente a aquellos que ya no tienen derechos de autor, como el clásico Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra que ya está disponible para su descarga gratuita y la promoción de libros de autores noveles que no encuentran espacios para difundir su obra, lo que podrán hacer ahora desde nuestro sitio sin necesidad de invertir grandes recursos, como los necesarios costos de imprenta.
b) Tenemos también una sección que la hemos llamado “librería”. Ahí pondremos los libros que pueden comprarse y estará dividido en dos categorías, una, la primera, por género literario: cuento, novela, poesía, ensayo, dramaturgia y, la segunda, por editorial, instituto de investigación, universidad, etc. Entenderán que la primera, y por lo pronto única, es Editorial Nuevo Milenio quienes son los gestores de esta iniciativa que busca promover, por que no, el libro y su lectura. Ya vendrán nuevas editoriales que esperamos se sumen a este ambicioso proyecto que es ecdotica.
Cuando compren un libro, por ejemplo, Dochera y Otros cuentos de Edmundo Paz Soldán, se les pedirán ciertos datos personales, como nombre, dirección, e.mail. Luego serán redireccionados a un sistema de pago en los Estados Unidos (www.paypal.com) ya que nuestro sistema de cobros está en ese país, por la garantía que ofrece a nuestros usuarios, especialmente aquellos que utilizan su tarjeta de crédito para comprar nuestros libros. Una vez compren el libro utilizando su tarjeta de crédito (también lo podrán hacer utilizando el medio electrónico de pago muy difundido en la web como es el paypal) se le enviará al administrador del sitio una verificación de compra. Esto sucede para evitar hackeos. El administrador autorizará la venta y recién el sistema enviará automáticamente al usuario un enlace de donde podrá descargar el libro y lo podrá leer en su computadora sin mayor problema. Esta es básicamente una librería virtual y nos dará la ventaja que los libros nunca se agotarán y estarán disponibles para los usuarios en todo el mundo. Ya no se podrán quejar los lectores en Alemania, Estados Unidos, Perú, Argentina, etc. que no tienen acceso a la literatura boliviana, o, en español. Ahora es cuestión de comprar el libro y descargarlo, sin necesidad de costos de envío. El catálogo está disponible y con el tiempo aumentaremos más libros y nuestra base de datos estará alimentada de manera permanente. Nuestro objetivo es tener un catálogo de al menos unos 30.000 libros para que estos puedan ser comprados/descargados por nuestros lectores cuando estos lo necesiten sin mayores trámites que las ganas de leerlo y unos muy pocos dólares, por que la idea de los libros es que estos tienen que ser lo más barato posible permitiendo su mayor acceso a los lectores. Con los años esperamos también convertirnos en una biblioteca virtual con una gran base de datos. Queremos, asimismo, ir sumando lectores de todas partes interesados especialmente en literatura escrita en español, pero también escritores de todo el mundo de habla hispana… por qué no?. Creemos que lo sueños deben ser eso: sueños.
c) Tenemos un reader, que no tiene aún un grado de desarrollo como quisiéramos, pero estamos en camino (como diría Bob Dylan: Is not dark yet, but we are getting there). El reader aún es muy básico, pero funcional. Se lo pueden bajar de forma gratuita y sirve para leer algunos de nuestros libros, aunque la mayoría de ellos, por lo pronto, están en PDF, el famoso lector gratuito de Adobe (www.adobe.com). El desarrollo del reader, por lo pronto, se convierte en nuestro mayor desafío ya que queremos desarrollar una plataforma de lectura que permita a nuestros lectores leer los libros desde nuestro sistema, que además permita un interesante grado de protección para los editores y escritores. Iremos informando de nuestros avances, cuando sea oportuno, pero por lo pronto les informamos que el sistema está en diseño y desarrollo.
d) Hemos incorporado un sistema de inscripción para nuestros usuarios, para aquellos que quieran recibir las noticias literarias en su correo electrónico. Está por demás decirlo que no tiene ningún costo para nuestro usuarios.
e) Asimismo, hemos incorporado un ‘botoncito’ de donaciones, para aquellos que quieran pasarnos unos pesos para apoyarnos en nuestro obstinado empeño de difundir libros de manera gratuita. Cualquier ayuda, un dólar, será bienvenido.
Les hemos contado de lo que es visible, pero lo esencial, dicen por ahí, es invisible a los ojos. Nuestro sistema de cobro está en los Estados Unidos, lo que dará mucha seguridad a nuestros lectores, nuestra base de datos (donde se almacenan los libros), así como nuestro portal. Estamos tratando de tomar todos los recaudos para que este proyecto sea de largo aliento, como debe ser. También se ha incorporado un banner para aquellas empresas que quieren promover el libro. La primera compaía en sumarse ha sido Viva, como no, empresa que apuesta por el desarrollo de las comunicaciones en Bolivia.
¡Grandes cambios, de verdad! Bájense los libros gratuitos, que no cuestan nada, ahí están. No les pedirán tarjetas ni nada por el estilo, También compren los libros en español, que no cuestan mucho y los podrán leer casi automáticamente. Apóyennos, crean en lo que hacemos que, así como el artista necesita del aplauso de su público, nosotros necesitamos de lectores, muchos, para continuar este proyecto.
Por último, el blog seguirá siendo el espacio para las noticias del mundo literario en español. Así que aquellos que quieren mandarnos su nota, no duden en enviárnosla que con gusto la publicaremos, claro, si esta no va en contra de nuestros básicos principios que es no meternos en temas de pornografía, política o religión a quienes no daremos cobijo en este espacio que es literario, cultural (tan simple como eso). Incluiremos, en la medida que nos sea posible, otros temas como: cine, video, teatro lo que nos interesa mucho difundir y seguir.
Trataremos de estar permanentemente actualizando nuestro sitio (ese, un compromiso con quienes nos siguen y leen!).
Sus comentarios, así como sugerencias, serán bienvenidos. Como alguna vez leí en un letrero de una tienda en la cancha de Cochabamba: Pase, su pregunta no molesta.
administrador@ecdotica.com


Las páginas no escritas de Jaime Saenz

Las páginas no escritas de Jaime Saenz
Por Alex Ayala Ugarte

(En el artículo de Ayala, los lectores encontrarán unas cuantas anécdotas sobre la vida del poeta paceño Jaime Saenz (La Paz, 1921 – 1986) que acrecientan su fama, ya que sus acólitos, que somos muchos, y seguimos sumando, no nos perdemos detalles de su obra y vida, ambas íntimamente relacionadas. Para mí, por ejemplo, el sublime poema Recorrer esta distancia está inspirado, de alguna forma, en sus dos delirium tremens.
Estoy separado de mi por la distancia en que yo me encuentro;
el muerto está separado de la muerte por una gran distancia.
Pienso recorrer esta distancia descansando en algún lugar.
El propio Saenz contaba en la entrevista de que le hizo Alfonso Prudencio Claure (Paulovich) en 1967 recogida en el libro Apariencias (que, a propósito, tiene las ilustraciones de Pedro Shimose), literalmente dice Saenz sobre sus dos delirium tremens: “Creí que era una sardina metida en una lata y desde allí, tenía conciencia de que mis parientes y mis amigos me buscaban desesperadamente lo que nos vuelve a recordar Ayala en este su artículo que a continuación replicamos y está tomado del Semanario Pulso. Del viernes 24 al jueves 30 de agosto de 2007. Año 8. Número 412
).
“Es para quedarse perplejo. El saco ha existido como tal desde tiempos pretéritos, pero ha ido desapareciendo poco a poco, según los remiendos han cundido para conformar de nuevo un saco”. Nadie mejor que el mismo Jaime Saenz para describir la chaqueta del aparadita, tan llena de zurcidos, como la vida del novelista. Saenz comprendía en toda su profundidad el alma de ese misterio ser que carga cosas, que puebla esta ciudad, que la lleva a cuestas, entendía su naturaleza callejera. “Sin embargo, él no era una persona marginal, sino que marginaba a la sociedad”. Las palabras que me dijo hace ya un tiempo Bernardo Saenz, sobrino vivo del escritor, lo describen perfectamente. Pero mejor lo hacen sus páginas no escritas, aquellas que él mismo escribía al aire con sus gestos, con sus batallas personales, con vasos de alcohol servido bajo las estrellas.
Saenz era casi un místico, era su barba larga y mal recortada, era un ser extravagante –salvo para la escritura-, era también en parte su tía Esther, que lo cuidaba; era capaz de encoger la cabeza ante un cuadro de su casa por considerarlo maldito, de romper un paraguas por la mitad después de ser abierto en un lugar cerrado, de volver a bajar las gradas de un edificio por haber terminado esta tarea con el pie izquierdo y de aglutinar a sus amigos en torno a los “Talleres Krupp” para discutir sobre música y literatura.
Hoy, para una aproximación más fiel a su figura, me dispongo a desempolvar parte de sus vivencias, que recopilé durante varias conversaciones años atrás con sus cuates, familiares y conocidos.
Lobo estepario
“En la universidad nos hacía escribir ensayos sobre la muerte. Sacaba su calavera y comenzaba a hablar con voz profunda, muy blanco él, por que de día no salía. Una vez me contaron que se quedó dos horas sin decir nada, observando la lluvia, mientras sus alumnos esperaban que dictara su taller de escritura creativa”. Jaime Iturri, quien fue por un tiempo uno de sus alumnos, tenía aún la imagen de su perfil de lobo estepario, de animal nocturno que no tomaba nunca el sol, que tomaba luna.
Cuando no salía de noche, estaba en casa, pero en penumbra. Así me lo confesó el periodista Chacho Arraya, quien con 16 años conoció a Saenz en su propia guarida. “Su pieza era grande, oscura, con cortinas cerradas. Era al mismo tiempo dormitorio y antro literario. Le gustaba tener todo cerca: sus libros, sus fotografías, sus cigarros, sus bebidas… y ponía melodías que le recordaban a su esposa, una alemana que lo abandonó llevándose a su hijo, y a quien escribía cartas que después no mandaba a ningún sitio. Simplemente o las rompía o las guardaba. Yo pasaba tardes enteras en su casa. Casi nunca comía, sus manos eran huesudas y dormía de día”.
No era amante de la buena mesa, pero sí de los buenos tragos, al menos durante 15 años, entre 1945 y 1960, época en la que Saenz sufrió dos delirium tremens en los que llegó a creerse hasta que era una sardina en lata. “Él tenía siempre su botellita de singan sobre la mesa y, cuando se acordaba, se servía una tapita de aguardiente. Luego, si se inspiraba, recitaba versos, se sentaba junto a la máquina de escribir y nos pedía cortésmente que nos retirásemos”, me contó Arraya.
Borracho, Saenz era capaz de inventar una buena frase. Por esta razón, la escritura de su novela más reconocida –Felipe Delgado- resultó al principió todo un calvario, hasta que la promesa de abandonar la bebida hecha a una niña, a su sobrina Marcia, le rescató del infierno.
“Fue durante una Navidad en los 60. Era diciembre y mi tío continuó bebiendo hasta el 31 –me confesó su sobrino Bernardo-. Ese día llegó a la casa con una botella de singani. ‘He venido a despedir el año y a despedirme del alcohol’, dijo. Se bebió hasta la última gota, la borrachera fue espantosa, pero 19 años más tarde no había tomado un solo trago. Tenía su pisco o su singani en casa, eso sí, pero te invitaba y él no tomaba. Lo sacaba, llenaba una tapita, la acercaba a los labios, la olía y decía: ¿Quién será más fuerte, el diablo o yo? Después vertía el alcohol otra vez en su botella”.
No volvió a beber hasta sus últimos días. Según su sobrino, “estaba tranquilo, esperando una muerte a la que había temido tanto tiempo. Así, en 1986, pidió a la gente a su alrededor que lo dejara solo. Más tarde, llegó el cura y tras la absolución Jaime pidió a la tía Esther dos piscos con su voz aguardentosa para compartir con el sacerdote. ‘Este es el brindis más importante de mi vida. Ha llegado el instante de brindar por la hora de mi muerte’, declamó. Al cabo de dos horas murió”.
Relojero y soñador
Con todo, la memoria de los familiares y los amigos de Jaime Saenz va más allá de los delirios etílicos del autor. Personas cercanas a él, como Alfonso Barrero, escucharon directamente de su boca durante mucho tiempo los anhelos y sueños. “En una ocasión –me relató Barrero-, nos llevó al altiplano por la noche. No nos dejó mirar arriba en todo el camino. Luego nos tumbamos en el suelo y recién nos dejó abrir los ojos. El firmamento nos envolvía por completo. Él llamaba a eso ‘caerse al cielo, y por eso ideó durante años la construcción de un monumento conmemorativo al altiplano”.
No pudo cumplir el deseo de verlo en pie, tampoco el de arreglar el reloj de la Plaza Uyuni, como ansiaba, aunque si dedicó horas y horas arreglar otros relojes. Así me lo aseguró Barrero en una conversación íntima y relajada que transcurrió en su casa al compás de los días que se fueron. “Tenía todo tipo de herramientas de relojero. Manipulaba los relojes con maestría hasta que conseguía hacerlos funcionar de nuevo. Cuando estaba en esa tarea, Saenz era un tipo que parecía más humano, más de carne y hueso, separado de cierto malditismo que lo perseguía siempre”.
Pese a que en esos momentos el escritor parecía más hombre que leyenda, ni siquiera en relación a los relojes lograba separarse de su alma de supersticioso, como se puede constatar retornando de nuevo a la charla que tuve con Barrero: “Una vez dejamos un reloj a medias y salimos con su tía a dar una vuelta en mi auto, al que el poeta llamaba ‘la alfombra mágica. Tuvimos un percance, nos salimos de la calzada y pudimos haber muerto. A mí se me paró el reloj justo a la hora en que ocurrió el accidente, pero la sorpresa fue que el que estábamos arreglando marcaba esa misma hora. Jaime aseguró que si antes de meternos en el coche no hubiéramos abierto ese reloj, alguien habría fallecido”.
Saenz era también amante de una camarita de fotos, con la que hacía tomas por toda la ciudad y con la que, según Barrero, inmortalizó una increíble noche de San Juan. “El ruido fue espantoso. Saenz llevaba siempre un pequeño revólver para defenderse –de ahí una de sus frases famosas: Quisiera morir de un balazo en el paladar, proyectil calibre 38, eso no falla-. Durante la velada, Guillermo Bedregal, uno de sus amigos poetas, se puso a jugar con el arma y, pensando que estaba descargada, se apuntó a la boca y en algún momento pensó incluso en hacer la broma y disparar. Pero cuando más tarde le pegó un balazo a un cometa que por casualidad cruzó su vista y comprobó que estaba cargada, bien cargada, casi se muere de la impresión. El disparó retumbó en toda la cuadra”.
Un tintero, una pluma
Ni Bedregal murió a causa de un proyectil ni Saenz, pero su entierro fue casi tan surrealista como su vida. “Con su cuerpo aún caliente, llegó el doctor Cayo Rivera –el único ser humano, según sus amigos, al que obedecía-. Jaime le había pedido un sinfín de veces que cuando muriera le cortaran la cabeza para que no existiera la posibilidad de ser enterrado vivo. Finalmente, tan sólo se le seccionó la yugular”, me relató su sobrino Bernardo mientras ordenaba los recuerdos en la mesa de su despacho. Para meterle al ataúd le quitaron los zapatos, pues tenía unos pies realmente enormes. Unos minutos después se produjo la última despedida, que fue al más puro estilo Jaime Saenz. Según Bernardo, “un tintero y una pluma de escritor surgieron por los palazos sobre las sobre la tierra donde fue enterrado”.
Hasta aquí llegan estas letras que Saenz nunca escribió, pero que las palabras de otros han escrito por él. Yo, por mi parte, me quedo con una peculiar imagen que el filósofo Cachín Antezana le llamó siempre la atención cuando todavía estaba vivo: “Cuando fumaba partía en dos todos sus cigarrillos, decía que así fumaba menos”.


En desagravio de Gary [Daher]

En desagravio de Gary
Por Martín Zelaya Sánchez

(Creemos que equivocarse es moneda común en los seres humanos, lo que no es, es pedir disculpas por nuestros errores. Recientemente el escritor peruano Bryce Echenique pidió disculpas por los plagios cometidos, lo que es, para nosotros, suficiente. Es así que el editor del suplemento literario Fondo Negro de La Prensa, Martín Zelaya, pide disculpas por lo errores, dice involuntarios, cometidos en un artículo del escritor, se dice nacional, Gary Daher. Pero pedir disculpas es un acto en extremo difícil. Los que no me creen y que son hijos, intenten pedirle disculpas a sus padres por las travesuras de infancia, y por las que seguimos haciendo. Moneda común del ser humano es andar con nuestro orgullo a cuestas y errores y no sacarlos a relucir pretendiendo que nadie se ha dado cuenta. Aquí, en ecdotica, publicamos la nota de Gary Daher, la que tomamos de Fondo Negro y las cartas de algunos enfurecidos lectores que le decían de todo a Gary. Gary, con la sensibilidad que le caracteriza, además de honestidad, por que, simplemente los poetas son así, de verdad, honestos, por que es a través de ésta que nos cuentan el mundo, su particular formar de verlo/entenderlo, nos mandó una carta, que también publicamos y su artículo completo, lo que ha provocado, como corresponde una nota de desagravio, que publicamos a continuación).
La letra “r” está muy lejos de la “n” en el teclado, y ello empeora aún más la errata. Es desagravio a gary daher Canedo hay que explicar algo que ya fue explicado en su oportunidad y en privado al afectado y que, por malas interpretaciones y elucubraciones poco afortunadas, causó más de un mal entendido y entredicho, según se puede leer en algunos blogs literarios.
Dos errores fueron cometidos en la edición de Fondo Negro del 24 de junio; los dos, lamentablemente, afectaron a Gary. El oficioso duendecillo que suele rondar de cuando en cuando las redacciones periodísticas, y que sobrepasa incluso a redactores, editores y correctores (para qué explicar que alguien que debió hacer copy y paste con el titular del artículo referido prefirió transcribir éste, con la consabida falla), se interpuso esta vez para que saliera la palabra “arillos” en lugar de la correcta y original “anillos”, en el artículo La huella y los anillos en que el autor esboza una mirada sobre la literatura cruceña. Primero.
Por falta de verificación de datos, e imperdonable confianza en una –ahora evidente– mala memoria, el que suscribe creyó saber que Daher era paceño, y en lugar de reconfirmarlo, como era su deber, simplemente lo deslizó en el pie de página, a manera de identificar al autor. Segundo.
Y tercero. Los recortes en el texto original que tan gentilmente el poeta y novelista envió fueron exclusivamente por motivos de espacio, en uso del derecho reservado a los editores, y en ningún momento hicieron variar el sentido global del trabajo (”se ha suprimido –se queja el autor– el hecho de que los nombres fueron sugeridos por el escritor Roberto Alifano, amanuense de Borges, y Jorge Martínez, cónsul de Argentina en Bolivia, pues éste era un ejercicio de un texto panorámico destinado a la revista PROA de Buenos Aires”).
Jamás fue ni será intención de Fondo Negro manipular o tergiversar las colaboraciones, ni mucho menos generar controversia como ésta, tan penosas en estos momentos en que en el país es tan difícil hablar de regiones e identificaciones.
Revisando con cuidado, como debí hacerlo desde un principio, las anteriores publicaciones de Gary, observo su destacable posición de identificarse como boliviano y punto. ¿Acaso no somos todos sobre todo eso, bolivianos? es cuanto asumo, acepto y difundo –ojala no demasiado tarde– en buena fe de rectificación.


La chaskañawi

La chaskañawi
Por: Miguel Esquirol

La chaskañawi (1945) es la célebre novela de Carlos Medinacelli que cuenta la historia de Adolfo, señorito estudiante de leyes en Sucre que regresa a su pueblo, San Javier de Chirica, donde conocerá a la Chaskañawi, una hermosa y vital chola que le cambiará la biografía que se había propuesto, dedicada a los estudios y a la meditación.
Entre alcoholes (chicha, singani, yungueños, cerveza, cockteles y vino patero) y diversos platitos (picantes y sajtas sobre todo), se da la bienvenida a Adolfo a su pequeño pueblo al que ha regresado después de pasar los estudios de leyes en Sucre. Y no sólo entre amigos y borracheras pasa aquellos días, sino que poco a poco los amores lo van entrelazando y pronto tiene que decidir entre la preciosa y seductora Claudina, chola de amplias curvas, ojos como estrellas y una fuerza femenina a la que nadie se le puede enfrentar, o la relación bien vista con Julia, pálida señorita que se comporta como una mujer de su clase tiene que hacerlo, y perdona una tras otra las barbaridades, infidelidades y excesos que comete Adolfo.
Pronto este se verá perdido, diferente a la personalidad seria y decente con la que había llegado, envuelto en brazos de cholitas e imillas, despertándose en camas ajenas y siendo el objeto de habladurías y chismes en su pueblo que se alimenta de ese tipo de historias.
Pero no es sólo las razones que distancian a esas mujeres, la personalidad, la clase social, la pollera. Ambas están muy seguras de su posición y de los límites que Adolfo no tiene que cruzar, pero mientras la segunda se comporta con la seriedad de su posición, presionando a Adolfo con armas que la sociedad a puesto a su disposición, Claudina decide rechazarlo de entrada conociendo la distancia que los separa y negando lo que cualquiera de los dos pueda sentir. Mientras una lo fuerza al matrimonio, la otra lo rechaza.
Pero no es sólo a esto a lo que se tiene que enfrentar Adolfo. La lucha real se da entre su educación occidental [/el positivismo Comtiano y el materialismo más brutal
de los Haeckel y los Buchner, … el virus del Racionalismo y la irreligiosidad ‘fin de civilizacion’ de Europa/] con el llamamiento de la tierra, de su propia patria.
El padre de Adolfo ha muerto, y con él desaparece su última relación con las ingenuas creencias patriarcales de sus padres. Sus antepasados valientes, miembros de la lucha de la independencia, llenos de ideales nobles se enfrentan a la situación de Adolfo: desencantada y cansada de la vida. La sociedad “burguesa”, las grandes familias de San Javier de Chirica, no pueden luchar al final con la vitalidad de las cholas, los colores brillantes de sus ropajes, la alegría de sus fiestas y bailes, y la pujanza de sus negocios, de sus tierras.
Adolfo se verá enfrentando a esa distancia de la sociedad que un día fue grandiosa y que fundó el país, contra aquella nueva fuerza renovadora que reniega de toda influencia europea, pero que ya no es tampoco indígena. Ese nuevo tipo de mujer, con ojos de estrellas, de luminosas polleras, orgullosa y que a pesar de todo sabe su posición, es la que puede encumbrar nuevamente el pueblo y con ella a todo el país.
Adolfo el intelectual decidirá finalmente renunciar a sus estudios, a su clase social, a su familia y amigos. En la escena final el campesino se enfrenta al contador de minas, el uno joven y activo, mientras que el otro cansado, enfermo y envejecido. Los amigos se encuentran finalmente y desde la visión del recién llegado se puede ver la plenitud viva del campo, en frente de su propio pueblo mortecino y callado.
[Tomado de: http://elforastero.blogalia.com//historias/51711 con permiso de Miguel Esquirol]




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