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Critica a Norte de Edmundo Paz Soldán

La filuda brújula del capitán
Por: Bartolomé Leal

(A propósito de “Norte”, cuentos de Edmundo Paz Soldán)
Está demás decir que Edmundo es el mayor escritor boliviano del momento, y en este año en que recién cumple 40, no nos queda sino esperar las grandes obras que vendrán. Todo escritor es antes que nada una persona de un tiempo y un suelo, un cielo y un inconsciente colectivo… El transterrado perspicaz no se queda por ello en la nostalgia, en la patria natal, en las frustraciones o en los logros. Sabe cuánto hay allí de inversión (en ambos sentidos).
Por ello Edmundo observa, en los cuentos de Norte, al país que lo cobija, con la paciencia y lucidez de quien no se siente un pasajero de un mundo ajeno, sino un protagonista, algo marginal y peregrino tal vez, pero no indiferente al compromiso; un testigo que no tiene por qué rendir culto a los mitos de otros, sino dar esa mirada distante, irónica, acre, que ha generado tan buena literatura. Y tan buenos relatos: me permito recordar, al precio de ser arbitrario, a Robbe-Grillet, a Conrad, a Daudet, a Hemingway.
Es mezcla de visión que bordea el mejor documental, junto con una cierta ternura ante hechos o factores que tal vez los gringos no perciben, es uno de los encantos de esta recopilación de 16 cuentos de Edmundo Paz Soldán. Cada cuento es un mundo aparte, donde hay de él mismo y de los demás.
Como aficionado a los cuentos me gustan varias cosas de Norte: la opción por un elemento unificador: admirable, por ejemplo, la percepción de la locura yanqui en “Anaheim, California”; la libertad que los cuentos mismos muestran al no limitarse formalmente (el a menudo deplorable minicuento), sino que se desenvuelven con el cuerpo apropiado según lo que se relata; el odio al cliché (tan bien expresado en “En el cementerio” y “Fotografías en el fin de semana”) y el cuidado por el lenguaje, esa concepción del cuento como un poema, donde cada palabra contiene sentido; la sensación de que todo lo que uno escribe ha sido escrito antes (“The Masks of Nothingness) y total, para qué, la muerte es nuestro destino (“En Durant y Telegraph” y “Tiburón”). También destaco la multiplicidad de voces narrativas, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, ex esposas y periodistas, estudiantes universitarios y vividores…
Mi preferido, lo confieso, es el cuento “Faulkner”, donde Edmundo expresa tan bien la búsqueda de un tiempo y un suelo, un cielo y un inconsciente colectivo, que produjeron a un escritor amado como pocos, el que mejor ha expresado la fuerza de la sangre antigua que todos llevamos por dentro y por fuera, y la deuda con ella, ineludible, que arrastramos a lo largo de la vida.
(Fuente: www.ecdotica.com)


La Mariposa continúa su vuelo

Un nuevo número de La Mariposa Mundial
Por: Randal Machaca

Toda revista rompe el solipsismo en el que suele encerrarse la literatura de un país. De ahí que una edad de oro hemerográfica sea ese momento en que imaginación e innovación avancen en sabroso desparpajo y empuje hacia algo que muchas veces suele desconocerse.
La historia o historias de una revista son cosa compleja y al mismo tiempo cosa apasionante. Decía Panbière: “las revistas son trenes. Sistema de cruzamientos y alternativas, salidas y llegadas, que comprimen la historia de la literatura y hasta la suplantan”. Pero no sólo eso, las revistas están ahí para llenar los intersticios entre los libros, como veía Alfonso Reyes. Y no se crea que solamente para llenar un vacío —esto suele suponerse mucho—, sino al contrario, muchas veces para vaciar un llenado, que es cuando se tornan adversas, incisivas y fundadoras de algo nuevo.
Una revista inventa su historia eslabonándose con ella misma (cada número dialoga con los anteriores, con los por venir) y también con otras revistas y libros y generaciones de escritores. Una revista es un acontecimiento y un surcado distinto en la forma. Como diría Sheridan, estos híbridos son nuestros preciados puentes de papel.
En Bolivia muy pocos pasean por estos puentes, aunque muchos se hayan dedicado a construirlos a lo largo del tiempo. Prueba de ello es la grata aparición del número 16/17 de la revista de literatura La Mariposa Mundial. Dicen que se la vio remontar hacia Cochabamba, luego a Lima, luego a Quito y más allá. Dicen que es un número que hay que leer de pe a pa y con decoro. Dicen que hay poco escritor boliviano, en buena hora, y que por sus páginas se mueven a sus anchas los escritos de Roger Munier, Simone Weil, Danielle Serréra, Djuna Barnes, Denisse Levertov, Bram van Velde, Eavan Boland, Celan, entre otros, y para colmo una no menos sugerente Separata sobre un cuaderno desconocido de James Joyce.
[Tomado de www: http://www.laprensa.com.bo/fondonegro]


Un ensayo de Cachín Antezana sobre la Revista Mariposa Mundial

Los vuelos de una mariposa
Por:Luis H. Antezana

Una revista literaria es un foro o, si se prefiere, un corrillo. Como su nombre lo indica, una revista es (fue), sobre todo, un espacio de lecturas (“revisiones”) compartidas. Hay innumerables formatos de revistas, pero, a la larga, eso de pasarle revista a lo que sucedió o sucede parece ser la característica dominante de este tipo de publicaciones. Pero, hay revisiones y revisiones. Algunas revisiones pueden, a veces, inaugurar visiones.
La Mariposa Mundial es una revista literaria y, antes, fue un bar -estilo El Averno que inaugura la película Cuestión de fe de Marcos Loayza. Revista o bar, de todas maneras, un espacio circunstancialmente compartido y, después de unos tragos (unas lecturas), una manera de perderse en los caminos… de la literatura boliviana, en particular, y de la universal, en general.
Por lo de revista o bar, los espacios compartidos no son, necesariamente, lugares de encuentro, a veces, son más pasadizos que estancias. Por su oferta, La Mariposa Mundial está llena de pasadizos y, felizmente, tiende a dispersar a sus adeptos y/o a los curiosos. Localmente, ofrece otros (lejanos) o nuevos (cercanos) horizontes de literatura y, a los ajenos -que quizá ya frecuentan los lejanos- les lleva o trae -aquí no importa la dirección (también llamada «sentido»)- la literatura boliviana.
Quizá, una revista literaria es, como La Mariposa Mundial, un vehículo, quizá; pero, un vehículo de esos que sólo aceptan pasajeros que embarcan con “[u]n pasaje de ida a ninguna parte” -como decía una definición del blues deslizada en Black, Brown and Beige de Duke Ellington. No es arbitrario que, junto a algunos «clásicos», la Global Lepidoptera -como la rebautizaron Johnson y Gander-, frecuente insectos raros de la literatura, esos, precisamente, que con su obra fueron a cualquier parte, en general, para mejor no volver. Para los lectores lejanos, esa «ninguna o cualquier parte» a la que pueden llegar es, seguramente y vía La Mariposa, la mencionada literatura boliviana y ahí, con ella y en ella, podrán encontrar, sobre todo, también sus bichos raros.
De hecho, como revista y editorial, La Mariposa Mundial no deja de renovar -revisar- esa literatura, subrayando sus olvidos u omisiones, frecuentando sus otros caminos. Y, muy probablemente, uno de los aportes de esta revista a la literatura boliviana sea su capacidad de vincular las zonas marginales de la literatura boliviana con las de la universal -salvo, reitero “algunos clásicos”; a los que dicho sea de paso, a su manera, también se encarga de marginalizar, sea por contagio. Así, el bar -perdón: la revista- entreteje marginalidades locales y universales como, en rigor, es lo que hace todo bar -perdón: toda revista- que se respete.
Ahora bien, por sus peculiaridades, la literatura boliviana en general es, casi a priori, marginal. Dicho sea explícitamente: se la conoce muy poco; obviamente, menos fuera que dentro. Quizá, sea por ahí, frecuentando fronteras, donde esa literatura (local) encuentre su globalidad: no es tan absurdo pensar que un aparapita podría frecuentar, por ejemplo, un Merzbau o dialogar con Malausseneen Villeneuve. Pero, dejemos las cosas ahí, porque nos podríamos meter en honduras comparativas que, mejor, las exploren los (nuevos) lectores, cada uno por los caminos que prefiere recorrer.
Para irme, subrayaría esto último: en eso que llamamos “literatura”, habrían muchos ríos que no van a dar al mar. La Mariposa Mundial gusta de frecuentar ese estuario, articulando lo local (Bolivia) con lo universal.
PS: Recordaba, pensando en mariposas, que, camino a Bermejo, en una caída de agua que tuvimos que atravesar a pie (por si el carro se resbalaba), encontré un montón de mariposas, diría, ahogadas. Entre ellas, había una cuyas alas tenían una calavera a la Saenz. La tengo todavía, entre las páginas de Felipe Delgado. Se las puede ver entre las mariposas difundidas en una colección de estampillas (bolivianas) dedicadas a la especie: las calaveritas en las alas son inconfundibles (el contraste es, desde ya, blanco y negro).
[Este texto fue publicado en el número 15 de La Mariposa Mundial].


Merecido homenaje a dos grandes compositores de la música boliviana

El camba y El Carretero
Por: Marcelo Suárez Ramírez

(Con mucha justicia, Sobodaycom distinguió a Godofredo Núñez y a Nicolás Menacho con la orden de Maestro de la composición de la Época de Oro. La ocasión es propicia para rememorar la obra de dos grandes exponentes de la música oriental)
Trago patrón y El choco guatoco. Dos piezas que bien pueden ser consideradas como esenciales a la hora de elaborar una lista entre las más representativas del cancionero del oriente boliviano y cuyos respectivos autores, Godofredo Núñez y Nicolás Menacho, también merecen estar en el sitial de los más grandes de nuestra música. Ambos recibieron en días pasados dos reconocimientos más que merecidos por su trayectoria artística. La iniciativa correspondió a la Sociedad Boliviana de Autores y Compositores (Sobodaycom), que les confirió la orden de Maestro de la composición de la Época de Oro. Los entrevistamos para conocer su opinión sobre estas distinciones y recordar esa época dorada de la que fueron protagonistas de lujo.
NOBLE CORAZÓN
Los reveses de la vida y el ineludible paso del tiempo han marcado considerablemente a don Godofredo Núñez Chávez; sin embargo, algo permanece inalterable en él y es su natural don por la música. A pesar de que ha superado los 80 años, este ilustre compositor montereño mantiene intacta su esencia melódica, que le permitió convertirse en uno de los artistas más prolíficos de la historia boliviana, con más de 500 canciones escritas.
Luego de hacerle entrega del reconocimiento, el representante regional de Sobodaycom, Wálter Áñez, coordinó el encuentro con Núñez. Eso facilitó las cosas, puesto que don Godofredo se caracterizó en los últimos años por ser una persona un poco reacia a conceder entrevistas aunque al final siempre terminaba cediendo, tal como ocurrió en una anterior nota que se le realizó para este suplemento hace seis años.
Al igual que en aquella ocasión, el insigne músico aducía cansancio, no obstante, con la mediación de Áñez esta vez logró levantarse de su cama para conversar un rato acompañado de su inseparable compañera: la guitarra. Vestido con una bata de dormir, con la confianza de quien es dueño de casa, se acerca a su sala, busca un asiento que le de comodidad y comienza arrancándole las primeras notas al instrumento, para demostrarnos que su habilidad está intacta, prueba de ello es la canción que acaba de componer hace un par de meses y que habla de su Santa Cruz querida, ésa que siempre la llevó en el fondo de su corazón, aunque hubiera vivido más de 20 años en La Paz o viajado por todo el mundo, dando a conocer su arte.
“Santa Cruz, musa de mi inspiración/manantial de belleza angelical/viento y sol es tu caricia estival/ noble tierra de una estirpe, prenda tropical”, dice parte de la letra del tema inédito, que Áñez quiere incluir en un próximo disco del Trío Oriental, junto con otras nueve composiciones de don Godofredo.
No obstante, el momento también le trae malos recuerdos; primero, porque esa guitarra que tiene es una que le prestaron luego de que le robaran la suya hace varios años, junto con su equipo de música. Y es que la mala fortuna persiguió desde entonces a don Godofredo, que vive sólo en su domicilio del barrio Hamacas (su esposa falleció hace 15 años y sus hijos viven en Estados Unidos), donde recibe cada vez menos visitas agradables, pues hace poco fue nuevamente víctima de los antisociales, que ingresaron y le arrebataron una importante cantidad de dinero, luego de agredirlo físicamente.
A pesar de todo, él espera que su situación cambie, pues hay la posibilidad de que se mude a un condominio. Hasta que eso se concrete, la música continuará actuando como bálsamo para curar sus heridas, mientras en nuestra mente y corazón siguen grabadas canciones como El Camba, Cachafaz, En la fiesta de Porongo y Jumechi.
SUBITE A MI CARRETÓN
Don Nicolás Menacho Tarabillo, con su acostumbrada hospitalidad, abrió la puerta de su casa para la entrevista y comenzó agradeciendo a Sobodaycom por la distinción, como también al Instituto de Bellas Artes, que esta semana le entregó otro reconocimiento junto a otros célebres compositores locales.
Esta vez no hubo música de por medio, aunque la conversación sí giró en torno a ella, sobre todo a la situación de la música oriental en la actualidad. El autor de Cortando el sur mostró su preocupación por diversos aspectos, como el plagio de canciones populares, la piratería, la falta de originalidad en los nuevos músicos y lo peligroso de fusionar ritmos modernos (como el reggaeton) con música oriental.
“Yo no les pido ni el pago ni les niego la autorización a nadie para que graben mi música, lo que sí recomiendo, cuando me dicen que van a grabar una canción mía en otro ritmo o con otro estilo, es que me hagan conocer por qué medio lo publicarán y dónde, pero sobre todo les pido que no alteren la melodía original ni el aire del tema. El que hace una variación de la armonía puede mantener algunos elementos de la canción, pero como compositor siempre he defendido que se mantengan las formas musicales propias de nuestra región, imagínese si por fusionar tanto terminamos por perder el taquirari, la chobena o el carnaval original”, aseguró.
Llega el momento de hablar de la inspiración y en ese sentido don Nicolás es muy claro, ésta puede llegar en cualquier instante pero también se puede crear el escenario propicio para ello. Buena parte de las canciones que han dado realce a la obra de Nicolás Menacho han sido fruto de la observación de cosas simples como ver los carretones que cruzaban el río Piraí, en cuyas orillas nació y creció (hoy por esa zona se encuentra el barrio Brígida). “El carretero tiene su origen cuando yo observaba en mi niñez y juventud a los carretones que cruzaban el río. Esa figura del hombre del campo que llega con su carga a cuestas para vender sus productos al pueblo, junto con todas sus ilusiones, son aspectos que definitivamente a uno lo inspiran”, mencionó. De allí vienen esos versos que dicen: “Con dulces trinos canta el ruiseñor/por el camino se va el carretón/cargado de mil ensueños de amor/reflejos de la ilusión”.
Versos inmortales, si los hay.
El Camba
Letra y música: Godofredo Núñez
Vengo del rancho del motacú
donde silba el sayubú,
en jasayeses traigo urucú
pa’ vender en Santa Cruz.
En mi churuño traigo somó
para invitarle al patrón,
y en este tari traigo el alcohol,
pa’ ablandarle el corazón.
Y de borracho yo le diré
arrégleme mi cuentita patrón,
no quiero más trabajar por aquí,
quiero irme para el poblao.
Y el patrón, enojao, dirá
agárrenme a ese camba, por favor;
tírenle dos arrobitas no más,
y que se mande mudar.
Viva Santa Cruz, mi tierra natal,
quiero pasear por el arenal.
¡Oh! mi Santa Cruz,
la Reina Oriental
me gusta bailar en el carnaval.
El Trasnochador
Yo soy el trasnochador
tunando en la oscuridad
y en esta noche de amor
voy buscando la luz
de tu dulce mirar,
porque el pasado se fue
llevándose la canción
y el corazón, en aquellas
románticas noches que no olvidaré.
La guitarra es un rojo clavel,
perfumando el secreto jardín
de las horas vividas ayer
cuando estabas tan cerca de mí
Sólo queda el aroma
de un grato placer
y el rubor de la luna de abril
Por eso sigo mi bien
tunante y trasnochador
huyéndole a mi dolor,
perdido el placer
perdido el amor.
(Raúl Otero Reiche/Nicolás Menacho)
Cortando El Sur
Todos le dicen jumechi

Acerca de Jumechi, don Godofredo comenta las circunstancias en que compuso la canción:
“Estaba en La Paz, cursando música clásica. Al salir de una clase para ir a la Universidad Mayor de San Andrés, recuerdo que unos amigos me tenían que ir a buscar, pero como no llegaban me fui a pie, era casi un kilómetro de caminata. En ese trayecto me llega una melodía a la cabeza. Cuando de repente aparecen mis amigos y me gritan para que los acompañe. Pero yo no quería perder la inspiración así que comencé a silbar y me hice el opa. Ellos creyeron que estaba enojado y no era así, cuando llegué a la universidad escribí inmediatamente la canción”. Así como ese tema, el músico compuso otras canciones en un paisaje diferente al de su querida Santa Cruz.
[Fuente: www.eldeber.com.bo/brujula]


Ciclo de cine

Vivir el cine: Jean-Luc Godard
Por Maximiliano Barrientos

(Irreverente y visionario, Jean-Luc Godard, el protagonista más aventajado de la Nouvelle Vague y uno de los cineastas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, será homenajeado en un ciclo gratuito de ocho películas que comienza este lunes 1 de octubre a las 19:00 con la proyección de Alphaville en el Centro Cultural Franco Alemán de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia)
Comenzar con una de sus ideas: “El cine consiste en hacer durar un poquito algo excepcional”. Y Jean-Luc Godard, con casi 50 años de carrera y con películas que revolucionaron no sólo la manera de verlo, sino también de vivirlo, prolongó esa sensación, la convirtió en una vivencia. Porque en este director francés de 77 años -fundamental influencia para sucesivas generaciones- la vida y el cine no son dos cosas separadas. Esa membrana que marca la diferencia es tenue y casi invisible y suele romperse a menudo, ya que para él las películas son formas de la experiencia.
Y porque dijo y demostró que el cine es pasión, y así, mucho antes de comenzar a filmar, mientras escribía primero en La Gazette du Cinema y luego en Cahiers du Cinema delimitando tan arbitrariamente su tradición, ya estaba haciendo cine. “Entre escribir y rodar hay tan sólo una diferencia cuantitativa y no cualitativa”, declaró en esa famosa entrevista que Cahiers du Cinema le hizo en el número especial dedicado a la Nouvelle Vague, el movimiento de cineastas franceses que revolucionó el cine a finales de los 50 y de la que Godard fue el más aventajado e irreverente protagonista.
Con casi un centenar de filmes, tiene un sitio privilegiado en ese parnaso del celuloide custodiado por Orson Wells y Alfred Hitchcock, por Michelangelo Antonioni y Andrei Tarkovski. Como una forma de rendirle tributo y de acercar al espectador a su obra, desde el lunes primero de octubre comenzará un ciclo que abarcará ocho de sus más importantes producciones en una retrospectiva que durará todo el mes y que tendrá lugar en el auditorio del Centro Cultural Franco Alemán.
“La calle contra el estudio, la invención o el suceso contra la adaptación literaria de lujo, el relato en primera persona contra el guión, la luz del día contra las sombras y las luces de los focos, el descuido irresponsable y un poco dandi contra la seriedad llena de sosiego y el pesimismo oficial del cine establecido, actores jóvenes y desconocidos contra los monstruos sagrados y ya envejecidos, la idea de que el cine es pasión más que aprendizaje y de que hacer un filme se aprende más mirándolo con los propios ojos que haciendo de ayudante de dirección”, remarcó Serge Daney en 1985, décadas después de que la Nouvelle Vague se haya disuelto y de que sus principales protagonistas: Eric Rohmer, Jacques Rivette, François Truffaut, Claude Chabrol y Jean-Luc Godard habían tomado rumbos diferentes.
Y esa valentía e irreverencia que destacaba Daney como los principios estéticos del movimiento, en Godard llegan a los extremos con películas como Sin aliento, Vivir su vida, Alphaville, Pierrot el loco y Banda aparte, que se proyectarán en el mencionado ciclo.
Cintas cargadas de referencias literarias y musicales, con un ritmo afiebrado que configuró el concepto de cine de autor acentuando fuertemente el estilo y la textura, contraponiéndose a un cine de corte impersonal, estética que imperaba y sigue imperando en los grandes estudios.
El de Godard, a pesar de los distintos periodos y tendencias por las que atravesó, fue un cine intelectual que propuso novedosas formas de narración en las que confluía el discurso filosófico, la poesía visual, la confusión de géneros y en algunos casos, el compromiso político. “Me considero un ensayista, hago ensayos en forma de novelas o novelas en forma de ensayos: sencillamente lo que hago es filmarlos en vez de escribirlos (…). Para mí existe una continuidad muy grande en todas las maneras de expresarse. Todo forma un bloque. La cuestión está en saber coger ese bloque por el lado que a uno le conviene más”, dijo en esa entrevista mencionada más arriba. Demarcando sus territorios, siendo el ideólogo de sus propios filmes, hizo películas que funcionaron como un laboratorio visual y discursivo cuya influencia no se limitó exclusivamente al cine, si no que también alcanzó a la literatura, como se puede detectar en Respiración artificial, la emblemática novela de Ricardo Piglia en la que, siguiendo el mismo procedimiento de los filmes del francés, confunde registros y hace crítica literaria apañándose en el terreno de la ficción.
Después de la Nouvelle Vague Godard tuvo una fuerte influencia política, rodó cintas en 16 mm que emulaban a las que se hacía en la época de la propaganda soviética. Luego de este periodo, experimentó con el video arte, alejándose por años del circuito comercial, pero a mediados de los 80 volvió a rodar en 35 mm. Yo te saludo, María, que también estará en el ciclo, forma parte de ese momento. Finalmente, en la última etapa, cintas como Elogio de amor o Nuestra música lo aproximan al documental y a la poesía. Ambas producciones cerrarán esta retrospectiva dedicada a uno de los más brillantes y polémicos artistas del siglo XX, a quien, muy justamente, se le conoció como el ‘infante terrible’ del cine. A sus casi 80 años, lo sigue siendo.
Cerrar con otra de sus ideas: “La persona a la que filmamos está envejeciendo y morirá. Filmamos, por tanto, un momento de la muerte actuando. La pintura es inmóvil; el cine es interesante porque recoge la vida y el lado mortal de la vida”.
Sus cámaras -agudas, impertinentes, incisivas- estuvieron en los momentos de mayor intimidad, mostrándonos la mortalidad de actores como Jean Paul Belmondo y Ana Karina. Mostrándonos la nuestra. Diciéndonos quiénes somos, a qué le tenemos miedo y por qué cosas estamos dispuestos a jugarnos todo. Mostrándonos porqué no existe una diferencia auténtica entre cine y vida. Porqué ver una y otra vez ciertas películas es como vivir la mejor de las vidas posibles.
CRONOGRAMA DE LAS PELÍCULAS
Lunes primero de octubre……………………………………………. Alphaville
Jueves cuatro de octubre…………………………………………… Vivir su vida
Lunes ocho de octubre……………………………………………… Sin aliento
Jueves once de octubre ………………………………………………Banda aparte
Lunes quince de octubre………………………………………………Pierrot el loco
Jueves 18 de octubre………………………………………….. Yo te saludo María
Lunes veintidós de octubre……………………………………………Elogio de amor
Jueves 25 de octubre……………………………………………. Nuestra música
Todas las películas se proyectarán a las 19:00


Crítica a Fantasmas Asesinos

Fantasmas Asesinos
Por: Miguel Esquirol Ríos

Todo comenzó con un niño muerto, un niño brutalmente asesinado que se convirtió en el detonador de una obsesión. Por un lado esta es la obsesión del personaje de la primera parte, un joven que desea ser escritor como Vargas Llosa, pero al que la literatura parecer le hace más mal que bien, llevándolo por oscuras regiones, colegios fiscales, prostitución y el menosprecio de su familia. En ocasiones los libros se nos pueden entrar tan dentro que empiezan a corroernos por dentro, como insectos alimentándose de un cuerpo en putrefacción. Al parecer este es el efecto que las novelas de Vargas Llosa ocasionan en el personaje Javier Hurato, y la historia del niño muerto es la que quiere salir convertida en novela pero no encuentra un camino o una forma.
Pero también es la obsesión de este escritor que inspirado en una historia real, decidió dedicarle 600 páginas a la historia de este niño muerto. La primera frase de la novela ya predispone a esta obsesión: [/”Hoy fue mi primer día en el colegio Irlandés. Los alumnos más antiguos dicen que acá mataron a un chico hace algunos años”/].
Este niño muerto entonces se convierte en el fantasma que contagia de muerte a todos aquellos que alguna vez se acercaron con él. Al joven intento de escritor, a los policías que investigan el crimen, a los políticos que lo usan como arma, e incluso años después, a las familias de las mujeres obsesionadas por ese niño convertido en santo. Porque ese niño es la clave que encerrará el secreto de la novela, un secreto que sólo puede ser comprendido si uno tiene diez años y nos cuentan que alguien de nuestra edad ha sido violado y brutalmente asesinado. Una vez descubierta esa verdad, el libro se comporta como el reflejo de todos aquellos que quedaron obsesionados o marcados con la historia de ese niño.
[*”Fantasmas Asesinos“*] es una novela policial, aunque tiene la estructura de otro tipo de novelas consideradas más series. Un amplio juego de voces y puntos de vista, cambios de registro, sobretodo aquellos que rodean al corazón de la historia presentados en forma de diario, de conversación por mail y de artículo periodístico. Pero en la construcción de la historia en sí, de los personajes y de la trama detectivesca es claro el subgénero, oscuro y sucio de sangre y barro, que le permitió su nacimiento. Pero incluso como novela negra aportará nuevos elementos, los detectives son aquí miembros del Cuerpo de la policía, la investigación se hace a través de tortura y rachas de suerte en lugar de proceso deductivo, los personajes se mueven por pasiones diversas y no sólo el deseo de resolver el misterio, y un pasado sombrío de torturador y verdugo rodea a aquel que podría considerarse el detective de la novela. Mientras tanto el villano, no se entretiene sólo con un crimen sino que desgrana una diversidad de fechorías, para terminar silencioso y sin quejas en una apestosa celda de la comisaría.
La novela está situada en la ciudad de La Paz que se oculta detrás de la ficción, pero deja entrever callejuelas y patios de colegio, canchones y comisarías, burdeles y edificios. Los personajes son típicamente bolivianos, sin caer en el folklorismo, pero a la vez fácilmente abstraibles a un espacio común donde se encuentren con Sam Spade y Philip Marlowe. El momento histórico donde tanto el asesinato como sus repercusiones tienen lugar está controlado por un dictador que hace las funciones de un presidente con el apodo de “Gusano”, lo que permite una serie de juegos de palabras. Se trata además de un país atemorizado por los fantasmas de la dictadura, y por un sanguinario grupo revolucionario que se hacía llamar “Los Apóstoles”, posiblemente el mayor logro de la novela. Miembros de la iglesia que decidieron tomar las armas y sin mostrar piedad lucharon contra el sistema, tan crueles como el propio sistema contra el que luchan, fueron finalmente exterminados como perros pero su temible sombra sigue acechando a la escena política del país.
Urrelo ha logrado con esta historia sin final feliz y con escenas que llegan a hacer verdadero daño, una excelente novela que a pesar de contar con algunos cabos sueltos y vicios del género, mantiene atrapado al lector al mismo tiempo que horrorizado como aquel que ve el noticiero del medio día sin animar a tragarse la comida que tiene en la boca.


Crítica a Contra nadie en la Batalla de Gonzalo Lema

Más allá de la saga familiar
Por: Rosario Q. de Urquieta

(Un análisis de la novela de Gonzalo Lema Contra nadie en la Batalla, según la autora, la obra desarrolla temas que confirman la preocupación recurrente de su autor: el hombre, su existencia, su propia historia, el amor, la soledad, el país, su historia, la política.)
Contra nadie en la Batalla, así titula la última novela presentada al público lector por el escritor Gonzalo Lema. De entrada el título nos provoca una serie de curiosidades desde una pregunta global: ¿Contra quién?,y son varias las respuestas – preguntas: ¿Contra la vida?, ¿contra el amor y el desamor?, ¿contra los hilos invisibles del destino?, ¿contra un poder político, económico y social?, ¿contra un país que parece inviable?, ¿contra una ideología?, y la respuesta, aparentemente, parece darnos el título de la novela: Contra nadie en la batalla.
La novela está dividida en tres partes: I.- La revolución posible y la vida fallida de Carmen Vargas II.- Martina en el mercado de las flores II.- Benjamín Townsend: biografía de un hombre solo.
La ilustración de portada (quizá desconcertante antes de entrar en lectura) presenta a un infante guerrero gladiador en posición de apronte y defensa, ahí un símbolo interesante y significativo que dará crédito y razón a la fábula que narra la novela.
El autor presenta el contenido de su obra como una saga familiar, pero percibimos (con derecho que tiene cada lector) que la intención va más allá: Lema tantea sobre su piel con alfileres finos, punza y finalmente da el corte para dejar expuesta la carne viva y descubrir ahí el origen, las razones, las causas que impulsaron esa necesidad vital de llevar a la palabra escrita su mundo interior, íntimo, fielmente hermanado con el mundo exterior que le tocó vivir. Pensamos que ése es el móvil que conduce al escritor a eternizar su vida en la palabra, salvarla más allá de la muerte. Por ejemplo en la página 82 de la novela que nos ocupa leemos: “Don Gato no dejaba de decir cosas, frases acuñadas que servían como principio rector para desarrollar una vida útil, para poner en funcionamiento el cacumen, para pensar por cuenta propia: “No te olvides de pensar, de imaginar, de leer de escribir. Había que dejar una huella profunda en la vida, hacer sentir el peso, porque al hombre le daba miedo ser mortal y necesitaba trabajar su inmortalidad para morir tranquilo”, así le habla el Gato a Benjamín, (protagonista-autor).
La novela (en las tres partes) desarrolla temas que nos confirman la preocupación recurrente de su autor: el hombre, su existencia, su propia historia, el amor, la soledad, el país, su historia, la política. En esta obra (sobre todo en las anteriores). Lema comparte su meditación sobre las relaciones que existen entre los problemas del conocimiento histórico y los de la existencia humana en la historia. No en vano se ha dicho que la verdad histórica es una creación continua. Ya Nietzsche observó: que los problemas y necesidades del presente determinan la medida y los límites del sentido histórico y la estructuración válida de la imagen del pasado porque toda vida espiritual necesita saber de sus orígenes y tiene que enlazar conscientemente su presente y su futuro con su pasado.
De tal manera, el tiempo, preocupación siempre moderna, se halla presente en el entrecruzamiento entre la visión personal del mundo (microcosmos) que no nace absolutamente virgen ante los ojos del escritor porque siempre hay otro mundo( cosmos) en medio de la contemplación más arrebatada y el sentido temporal que tiene carácter definitorio.
La ciudad de Cochabamba es el escenario central donde transcurre la historia personal que vive el protagonista y su entorno familiar.( aunque también es de importancia significativa los sucesos de Tarija - Entre ríos) Acciones y experiencias enmarcadas en contextos históricos que van desde 1953 Revolución Agraria, 1964 golpe militar para instalar el Gobierno de Restauración Nacional ( donde empieza la novela), 1967 las guerrillas, golpe de García Meza, la democracia pactada : Paz, Banzer, etc. Sin embargo tiempos, espacios y narraciones, en voces polifónicas, responden a una estructura anacrónica.
Desde el inicio de la novela el protagonista-escritor-narrador enlaza los recuerdos condensados en el tiempo: cada suceso, cada persona lleva el peso que hace posible conservar la huella de lo vivido. En este marco de significación, no sólo Benjamín, sino también la madre (Carmen) desmenuzan con tal detalle las circunstancias vivenciales que nos hacen pensar en la minuciosidad del estilo prousiano. El sujeto narrativo se nos presenta tan verificable que se advierten los elementos etopéyicos del retrato moral de su autor enmarcados en los datos de un profundo realismo: exilio de la infancia (situación medular), vicisitudes, torbellinos, carencias, soledad, amores complejos, mutilaciones psicológicas. No hay invención sin elaboración de matices históricos vividos. Nos encontramos ante la realidad. La política ha roto los destinos humanos, las almas se han perdido por esos laberintos absurdos del abandono, de la ausencia, de la fatalidad. Estas experiencias de frustración, frecuentes en la narración de los hechos, originan las tensiones morales que transitan desde la esperanza perdida hasta la ilusión de asirse a lo más fugaz de la existencia con una fidelidad eterna hacia las cosas perdidas: registro de una lucha nunca acabada. En última instancia todo ello responde a su contexto político y humano que se sostiene sobre esa dialéctica total del realismo.
¿Cuál pudiera decirse que es la ideología de este libro? Más que el drama textual nos interesa la acotación de este orbe humano plenamente contemporáneo y realista bajo los aspectos ideológicos que fue concebido. Esta es una etopeya vitalmente sincera, desgarrada. Su ideología se nos muestra como una toma de conciencia sobre la inevitable como dolorosa trasgresión de los valores.
El andamiaje que sostiene el drama humano es el amor. El amor mantiene esa hermosa tensión entre ilusión, entusiasmo y aceptación resignada. Está el amor como primera experiencia ingenua que crecerá hasta llegar al amor plenamente identificado con la sabiduría que da la experiencia, y que siempre vuelve a la carga porque es a la vez virtud y generosidad (Benjamín, sus mujeres que amó o pensó amar).
La presencia del amor, aquí, tiene una raíz ética porque se convierte en una digna tabla de salvación ante los conflictos dramáticos que la vida le ha puesto al protagonista y su entorno humano. Aparentemente la novela no tiene el propósito de darle un espacio importante a la situación de la mujer en el contexto de una sociedad machista que contribuye en el fracaso de una vida; pero la historia de Carmen nos motiva a una lectura feminista: en la primera parte aparece como “el objeto de uso y abuso psicológico y físico”, ya que además de ser despojada, por su entorno varonil, de ilusiones, proyectos sentimentales y materiales que nunca son cristalizados, es víctima de un cáncer. Hasta aquí he procurado aproximarme al libro evitando en lo posible caer en el simple juicio de valor.
[Tomado de http://www.lostiempos.com/lecturas]


Sobre Ch’aqui fulero de Viscarra

Un libro nada fulero
Por:Jaime Nisttahuz

Una defensa cerrada y argumentada del libro póstumo de Víctor Hugo Viscarra, pero además una crítica a ciertos sectores de la intelectualidad
He visto con desagrado que algunos casi escritores quieren descalificar a Víctor Hugo Viscarra como escritor. ¿Envidia por la gran demanda de sus libros, y que engorda sobre todo los bolsillos de quienes los piratean?
No entiendo cómo algo tan estúpido cabe en quienes se supone trabajan con la sesera. El pobre Víctor Hugo no tenía dónde caer muerto. Vivió como un perro callejero. Debería darles vergüenza sentir una envidia tan mezquina.
¿Son plenamente escritores los que se dedican a escribir nada más que sus cuentitos o poemitas? ¿Aquellos incapaces de hilvanar un ensayo, una crítica literaria o un simple artículo sobre la situación social? Si no es así, no sé con qué capacidad pueden menospreciar el trabajo de Viscarra.
En su libro póstumo, Ch’aqui fulero, nuevamente encontramos su sensibilidad para vivir, observar, escuchar, reflexionar, sobre ese submundo de alcohólicos, drogadictos y todos los dejados de la mano de Dios y hasta del diablo.
Lo primero que nos atrae de estos cuentos supuestamente perdidos es la destreza del narrador. No podemos leerlos impunemente y hasta con salteo como la mayoría de los libros. Aunque los temas son sórdidos, su escritura los hace simpáticos.
Han sido escritos con gusto, se leen igualmente con gusto, así sus personajes sean perdedores. ¿No somos en el fondo todos perdedores? ¿No estamos hechos todos para la muerte? Ese sofisma de ganadores y perdedores está bien para mercaderes y politiqueros, no para personas que buscan ser antes que tener.
Su lenguaje no es prestado como el que utilizan algunos “jailoncitos” en sus escritos, es el mismo que hablaba Víctor Hugo cotidianamente. No suena falso. Él era auténtico. In vino veritas. Poseía un mundo propio. No estaba a la caza de temas para poder escribir. Actualmente la escritura de muchos jóvenes, particularmente de los formados o deformados en reductos universitarios, es libresca. Sus libros no huelen a vida, huelen a otros libros, son simples variaciones. Decía Kafka: “De la vida se pueden sacar, con relativa facilidad, muchos libros; pero de los libros, poca, muy poca vida”.
Viscarra era paceñísimo como él solo. Borracho con gracia, no borracho desgraciado, como varios que conozco y de cuyos nombres prefiero no acordarme. Coincido con Lagrava en que el alcohol vuelve a los tristes alegres y a los malévolos imbéciles. ¿Alguno de sus trabajos hubiera ganado algún premio? Lo dudo, como cantan los Panchos. Menos con jurados preconcebidos, vitalicios, como los que veo. A uno de los cuales escuché decir descaradamente: “Deberíamos formar un sindicato”.
Si un cuento no lo podemos leer sin salteo por tedioso, es un pésimo cuento. Resulta aberrante para un género que debe ser como un disparo o un flechazo. Es que así como se nace poeta, creo que se nace cuentista y narrador.
En este Ch’aqui fulero hay cuentos que parecen poemas, como Una tristeza perdida en el silencio. Y muchos de ellos son de antología. Prevalecen en este libro el desparpajo y el desenfado. Un humor vital y necesario para sobrellevar ese vivir al día que tuvo Víctor Hugo Viscarra.
[Tomado de http://www.laprensa.com.bo/fondonegro/]


Feria Internacional del Libro de Cochabamba

Feria del libro en Cochabamba
Por: Adolfo Cáceres Romero

(La feria Internacional del Libro de Cochabamba se realizará por primera vez del 10 al 21 de octubre en los salones del Club Social de la calle México)
Así como una Feria Industrial dinamiza la economía de una región, una Feria del Libro no sólo promueve la lectura de obras de la literatura boliviana, sino que incide en el desarrollo cultural del país, por cuanto permite apreciar la situación en la que se encuentran las letras nacionales, con la presencia de escritores y editores de otros ámbitos, además de los locales. Urge efectivizarla, para contactarnos con un potencial ámbito de lectura, más todavía por la ausencia de una crítica especializada. Desde la desaparición de la Editorial los Amigos del Libro, los escritores de Cochabamba acuden a las editoriales de Santa Cruz y La Paz, a fin de publicar sus obras. Alguna vez, Leonardo García Pabón dijo que la literatura boliviana se asfixiaba, que le faltaba aire, por carecer de un espacio vital. Y es lo que ocurre en Cochabamba, actualmente. La feria del pasado año, fue un fiasco para los lectores y escritores de la llajta. Se la hizo tan precipitadamente que muchos de sus eventos parecían improvisados; de modo que la prensa no encontró nada que destacar. Esperamos que ahora no ocurra lo mismo. Otros son sus responsables, con más camino y oficio en el manejo de las expresiones literarias.
La Paz y Santa Cruz se han constituido en dos polos importantes en el quehacer literario y cultural del país, habiendo trascendido sus logros más allá de nuestras fronteras; no es casual que el miércoles 19 se presentara en Santa Cruz de la Sierra el número 70 de la prestigiosa revista argentina “Proa”, fundada en 1922 por Jorge Luís Borges, Macedonio Fernández, Ricardo Güiraldes y otros, en una edición especial con textos de 15 escritores de esa región de Bolivia. “Proa”, en su tercera época, continúa siendo una de las revistas más emblemáticas y especializadas de la literatura hispanoamericana. Sus editores destacan la intensa labor cultural que se desarrolla en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, con un calendario de festivales y entrega de obras que se da a lo largo de todo el año, donde la VIII Feria del Libro fue un verdadero éxito, realzado con la presencia de escritores de otras regiones del país, además de los invitados extranjeros. En La Paz ocurre algo similar, aunque no en la magnitud de las actividades promovidas en Santa Cruz; lógicamente que todo esto beneficia a la literatura nacional. Hacemos votos porque la Feria de octubre se constituya en un auspicioso punto de partida y encuentro, con la presencia de escritores de otras latitudes; con charlas y entregas de obras que nos muestren la creatividad de nuestros poetas, narradores y ensayistas locales.


Entrevista a Wilmer Urrelo

Entrevista a Wilmer Urrello Zarate
Por: Miguel Lundin Peredo

(Wilmer Urrelo Zarate se caracteriza por escribir novelas policiacas.Su primera novela llamada Mundo Negro revelo su talento narrativo y su segunda novela titulada Fantasmas asesinos ha demostrado que su narrativa lo convertira en un escritor admirado y respetado dentro de la literatura policial latinoamericana. En esta entrevista conocemos un poco mas sobre sus devociones personales dentro del mundo de la novela negra.)
¿Te consideras exclusivamente como un escritor de historias policiales?
La verdad que sí, pero acá debo hacer una aclaración: el género no está peleado con otros, es decir, es innegable que se puede insertar dentro de la historia policial cuestiones históricas o “sociales”. Afortunadamente el policial goza de excelente salud y gracias a eso puede optar para lanzarse a tomar sin remordimientos recursos de otros géneros.
¿Cómo llegó a tu mente la idea argumental para escribir tu segunda novela llamada Fantasmas asesinos?
Yo escribo a partir de obsesiones. Este fue un tema que lo vengo arrastrando desde que decidí ser escritor (15 ó 16 años). La historia del niño muerto por esa época estaba muy fresca y me tocó particularmente: fue la edad (10 años o algo por ahí) en que me di cuenta que era vulnerable, que podía morir, que alguien podía hacerme daño. Recién ahora puedo atreverme a decirlo, la historia era como cargar una mochila llena de piedras, en algún momento tenía que dejarla salir y eso ocurrió.
Tu tercer proyecto novelístico relacionado con el fortín Boquerón, ¿es una novela policiaca?
Claro. No tengo muy bien clara aún la estructura, pero sí ciertos ambientes y personajes. Hasta unos días atrás se me ocurrió que Charles Manson podría estar presente, pero lo más seguro es que al momento de escribir (el próximo año) las cosas cambien y a lo mejor Manson pase de largo.
¿Cuál es tu autor favorito de el genero policial?
Hay varios. De Ellroy me gustan ciertas cosas, Soriano también, Paco Ignacio Taibo II es el maestro de maestros.
¿Por qué crees que las novelas policiacas tienen pocos autores dentro de la literatura boliviana?
Por lo obvio: se escribió más sobre temas mineros o del campo por décadas. Los cuates que lo hicieron creyeron que esta era la única manera de “retratar lo social” de Bolivia (lo cual no es y no debe ser una regla común) y aún creen que si uno se va por otro lado (me suenan los nombre de Hasbún y Barrientos) están cometiendo un crimen de lesa humanidad, es decir, sólo comen lo que da dentro de su parcela y nada más. Por fortuna los escritores policiales o los que alguna vez escribieron policial somos un poco inmunes a esas recriminaciones (¡deben tener miedo de que les demos un martillazo o un balazo, jajaja!). Pero contrariamente sí veo que en los últimos años se va leyendo más policial que antes por fortuna para la salud lectora de los bolivianos.
¿A qué asesino en serie de la historia criminal mundial incluirías en una futura novela tuya?
Ya lo dije: tal vez a Manson. Cuando lo veo en las entrevistas que le hicieron por esos años (o las fotos) descubro un brillo en los ojos, algo desconocido y siniestro que te hace confiar en él (no te hablo ya de la sonrisa serena de una de las integrantes de la Familia, Susan Denise Atkis, que ya es un nivel distinto y escabroso de esa historia). Si yo hubiese vivido en California por esos años a lo mejor me dejaba convencer y me unía como un integrante más de la Familia (jajaja).
¿Qué es lo mas importante para vos cuando escribes una nueva novela, el argumento o el perfil psicológico de los personajes de tus historias?
Ambas cosas. El argumento muchas veces cambia al momento de sentarte a escribir la novela y con los personajes me pasa que son ellos lo que, en un momento determinado del manuscrito, empiezan a tomar vida propia, hacen sus cosas solitos, se transforman en otros distintos a los que pensé en un principio.
¿Cuál es tu novela policiaca favorita en la literatura boliviana?
American visa.
¿Qué sensación tienes ahora que sabes que tu obra ha obtenido su justo reconocimiento en el mundo de las letras hispanas?
Es raro, porque el verdadero premio (creo yo) son los comentarios de tus lectores. A Fantasmas… la trataron de novela depravada, enferma, etc. (al autor le tocó la misma dosis); a otros les gustó y sólo me recriminaron la cantidad de páginas. Mucha satisfacción en todo caso que la novela no pase desapercibida, lo cual es, creo yo, la crítica más lapidaria que pueden hacerte.
¿Podrías contarnos un poco de la trama de tu próximo libro?
Es muy complicado y enrevesado. No quiero hacerme bolas antes de tiempo. Perdón.
¿A quién prefieres más como detective favorito: Sherlock Holmes o Hercules Poirot?
A ninguno de los dos. En todo caso voy por la tercera opción: Philip Marlowe.
¿Conoces algún crimen famoso dentro de la historia policiaca boliviana que te encantaría convertir en el detonante de una nueva novela?
La banda de Blas. Me encantaría ver los intersticios de esa especie de familia delicuencial. ¿De qué hablaban antes de asaltar? ¿Cómo era la relación entre ellos?
¿Qué ingredientes se necesitan para escribir una novela policiaca?
Pues no sé. En mi caso creo que el ingrediente principal es meter un par de muertos por aquí y por allá (sin eso no hay motivación, che).


Esa manía del Che: escribirlo todo

Esa manía del Che: escribirlo todo
Al escritor mexicano Paco Ignacio Taibo le cayeron unos raros manuscritos del Che. El hallazgo de los poemas copiados por Guevara en la selva boliviana llevó al escritor, biógrafo de Pancho Villa y del guerrillero argentino, a preguntarse cuántas cosas sobre el rosarino permanecen en las sombras. Copiaba los versos para no cargar los libros
Se trata de 69 poemas de Neruda, Vallejo, Felipe, que el guerrillero transcribía mientras escribía su conocido diario de campaña
Página/12
A Paco Ignacio Taibo le gusta provocar hasta con la ropa que usa. Tiene una remera negra que dice: “A quemarropa, soy leyenda”. El escritor, que no toma alcohol ni café, cuenta que bebe cinco litros de cola por día. “Si al Che le gustaba la Coca Cola, ¿por qué a mí no?”, dice mientras firma ejemplares de El cuaderno verde del Che (Seix Barral), una antología integrada por sesenta y nueve poemas de Pablo Neruda, Nicolás Guillén, León Felipe y César Vallejo, copiados por Guevara en la selva boliviana y prologada por Taibo II. El libro fue encontrado por tres oficiales y un agente de la CIA en la mochila del Che, pocas horas antes de que fuera ejecutado en la escuela de La Higuera, junto con su diario, doce rollos de película, una veintena de mapas corregidos con lápices de colores, una radio portátil que hacía tiempo que no funcionaba y un par de agendas.
¿Cómo llegó este cuaderno a manos de Taibo II? Una mañana de agosto de 2002, el editor Jesús Anaya, le puso sobre la mesa un paquete de fotocopias. “¿Puedes autentificar la letra?”, le preguntó. Cuando el biógrafo de Ernesto Guevara y Pancho Villa ojeó las páginas, sintió un escalofrío. Parecían textos escritos de puño y letra del Che. Taibo II comparó la letra con diversos documentos escritos por el argentino: No había dudas, era la letra del Che. La mayoría de los poemas encontrados en esa libreta habrían sido copiados durante la campaña boliviana.
Taibo II tenía un montón de pruebas indirectas de la existencia del cuaderno verde a partir de la documentación que consultó cuando escribió la biografía del Che. “Pero ¿por qué nadie en la guerrilla sabía que el Che estaba copiando un libro de poesía?”, se pregunta el escritor en la entrevista con Página/12. “Ni (Harry Antonio Villegas) Tamayo ni (Regis) Debray sabían de la existencia de este libro de poesía. Es uno de los pocos momentos privados que el Che tenía. El diario era un registro político del momento. Y en contrapunto con ese diario estaba este extraño libro”.
No son pocas las preguntas que aún generan esos sesenta y nueve poemas copiados por el Che, respetando sangrías, punto y coma y entre paréntesis. “No es una selección que uno se esperaría. Si vas a citar a Vallejo, ¿por qué el de Trilce, el más oscuro y hermético, y no el de la Guerra Civil Española y de masas?”, plantea Taibo.
-¿Por qué publicó el cuaderno?
-El cuaderno verde del Che es un documento y la selección de poemas muestra al personaje, no sólo a los poetas. El libro se vuelve una puerta abierta para todos los adolescentes latinoamericanos que a través del Che van a llegar a Neruda, Vallejo, Guillén y Felipe. El otro día iba por la calle y un chico me preguntó: ¿Neruda es tan chingón como dice el Che? “Más”, le dije, y se fue a comprar un libro de Neruda.
-¿El Che hubiera querido que se publicara?
-No, era un libro de uso, el Che no hubiera querido que se publicara, ni sus diarios. Cuando el Che publicó, lo hizo después de trabajar obsesivamente el lenguaje. De hecho, su libro Pasajes de la guerra revolucionaria está supertrabajado.
-¿Cómo un hombre de acción tuvo tanta obsesión por el lenguaje?
-Porque esos son los hombres de acción de verdad. Cuando compones el cuadro del Che, encuentras cosas que no se corresponden con los estereotipos del héroe militar. Encuentras un vagabundo, un antijerárquico, un irreverente, un igualitario, un amante de la poesía.
-¿Qué desmitificaciones del Che podrían aparecer tras esta lectura?
-Es un libro que compensa las imágenes construidas. Juraría que quedan dos diarios, pero no lo puedo afirmar porque no los he visto. Quedarían el diario de México y el diario del Ministerio de Industria.
-¿Dónde estarían estos diarios?
-Partamos del supuesto de que el Che escribió diarios toda su vida: escribe el diario de juventud, el diario de viaje de motocicleta, el diario del segundo viaje, escribe los diarios de la Revolución Cubana y escribe diarios en Bolivia. Entonces la pregunta es ¿por qué en esos momentos de su vida no hay diarios? El Che era grafómano, tenía una pasión por poner en papel todo lo que vivía. Esos diarios existen, pero ¿por qué razones no fueron aún publicados? El diario de México narra en detalle su relación con su primera mujer, Hilda Gadea, algo que a la viuda actual del Che no le debe gustar demasiado. Y posiblemente en su diario del Ministerio de Industria, el Che debe hacer pomada a un montón de personajes de la Revolución que aún están vivos. Yo entiendo que no los quieran publicar; el Che no los escribió para publicarlos, eran diarios privados, pero también entiendo que son documentos históricos que deberían hacerse públicos.
-¿Propuso a la familia publicar?
-Sí y me mandaron a la mierda.
-¿El Che copió los poemas para no cargar con los libros?
-Evidentemente. Me acuerdo que Tamayo me contaba que el gran sufrimiento cuando el Che iba en vanguardia era quién cargaba la mochila. Odiaban esa mochila porque pesaba como piedra.
El escritor confiesa que algún día tendrá que hacer un ensayo sobre el idioma del Che. “Hablaba un argentino muy teñido de cubanismos y de mexicanismos, al que había incorporado palabras bolivianas y peruanas”, opina.
Taibo revela que el Che estaba fascinado por el mundo indígena. “¿qué puedes hacer para desconcertar a un argentino? Llévalo a Machu Picchu y dile: ‘Colega: esto eres tú, pero no te habías enterado porque tu país no te permite entenderlo”.
[Tomado de http://www.eldeber.com.bo/brujula/2007-09-15/nota.php?id=070914224218]


Ensayo

Luis Camnitzer: un palíndromo frente al espejo
Por: Adriano Corrales Arias

Invitado amablemente por el Museo de Diseño y Arte Contemporáneo (MADC) para realizar un análisis sobre la exposición retrospectiva de Luis Camnitzer, inicié por preguntarme acerca del valor de mi limitado intento. El valor real, no conceptual. Pero, debido a mi timidez, es decir, a mi incapacidad de preguntar cuánto me pagarían por ello, he debido quedarme en lo conceptual. Todavía a esta edad me parece corrupto cobrar por el honor de exponer mis consideraciones acerca de la propuesta de un artista de la talla de Camnitzer. ¿Cómo podría dejar pasar esta oportunidad? Y sin embargo, no dejo de cuestionarme: ¿por qué no cobrar? Escuchar, o leer, sin pagar, es robar. No obstante, mantengo mi ambivalencia e ingenuidad, por ello, posiblemente, este “análisis” carezca de validez.
A sabiendas de que “el objeto de arte es un objeto comercial”, decidí asomarme al espejo del “cinismo ético” con la resuelta disposición de recibir alguna paga por la próxima ponencia que me soliciten. (Ya casi expongo una razón de mayor peso para no cobrar en esta ocasión). Porque, vuelvo a interrogarme: ¿si el objeto artístico es una mercancía, el producto del trabajo intelectual también lo sería? El asunto es cómo mantener las ideas puras sin contaminarlas de la vulgaridad que nos propone el mercado. Si la cultura es un proceso colectivo y el trabajo artístico e intelectual apenas incidentes en la biografía del autor, entonces con mucha mayor razón debo exigir un emolumento por mi esfuerzo. Por supuesto, la administración del museo, y ustedes como público, podrían exigirme un rango de “calidad” en esta ponencia. Pero, ¿quién determina la escala de valores de la calidad, el ISO artístico/intelectual?
Cuando ingresé por primera vez a observar la exposición, luego de mirar detenidamente y de tomar algunas notas, decidí abrirme a la siguiente sala del museo. La impresión del cambio fue brusca, por no decir violenta. Al encontrarme en medio de una tienda con la coquetería y el desparpajo de los mercados de artesanía, cafetería - aunque sin café - incluida, se multiplicó el complicado dilema del centro y la periferia. Pasar de Camnitzer a la tienda no es fácil, mejor dicho, lo sería si existiese una buena transición, especialmente luego de mirar la cuadratura del círculo. Pero, bien mirado, de algún modo, y según su propuesta, también es algo “natural”. La cuadratura del círculo. Del arte global al arte local. Autoservicio. “La adquisición es cultura”. Miro-admiro-mío.
Controlado el asombro me dirigí a la funcionaria responsable que cómodamente leía un libro en un escritorio y le balbuceé mis opiniones. Ella me respondió: “bueno, es que todos los museos del mundo poseen una tienda y, además, con la situación económica del museo…”. Esa fue la razón de peso que me inhibió para reclamar un pago por mis servicios intelectuales.
Lo que nos plantea de entrada Camnitzer es un diálogo, un debate, una polémica con nosotros mismos. La ambivalencia entre mercado y revolución, estética y ética, individuo y colectividad, realidad y apariencia, obsolescencia de la palabra y ambigüedad de la imagen, pasado y presente, simulacro e historia, centro y periferia, hegemonía y marginalidad, son las claves de su compleja propuesta que parte de la concatenación de elementos, de la yuxtaposición de significados. Todo ello siempre dispuesto en las coordenadas, o rejillas, del poder.
Así, lo que nos entrega Camnitzer es un isomorfismo, o una mezcla de lenguajes verbales e icónicos, donde el intercambio de mensajes entre esos sistemas, y la transformación de los mismos en el proceso de traslado, nos ofrecen un sistema dialógico, es decir, un diálogo permanente entre los significados de sistemas que aparentemente eran contrarios o contradictorios. Y ya lo sabemos: la comunicación dialógica es la base de la formación de sentido.
Esa dialogía es también una dialéctica que se desconstruye y se eslabona intercambiando significados: lo antiético es lo estético, lo vendible es lo validado como artístico, lo políticamente incorrecto es lo correcto, la víctima puede ser el victimario. Hay una cooptación y un traslape de contenidos y significados que interroga a la realidad mientras el mismo autor se interroga sobre la validez de los objetos producidos, que a su vez nos interrogan como posibles interlocutores de las ideas propuestas: “Desgraciadamente lo único que te queda es la ética”. “Vos explicás y yo no entiendo tu dogma”. “Desgraciadamente yo tengo las balas, aunque no debiera”. “Vos tenés las balas y yo muero”.
Vista así, la realidad es una difracción, un reflejo imperfecto de algo que no sabemos si es real. Nos asomamos al espejo pero en el fondo quien se mira es otro. La opacidad del azogue nos confunde y nos convierte casi en un holograma, en la vaguedad de una frase. No sabemos si somos reales o si somos un simulacro de lo real. Tal vez solamente el argumento de un libreto que alguien ha dispuesto en el entramado de una realidad absolutamente ajena porque no la controlamos. Somos como un libro que nadie escribió. “Las memorias del agua”, “El libro del tiempo”.
El elemento central de la propuesta de Camnitzer (para tratar de ubicarlo en su cronotopo, porque es un centro descentrado) es la argumentación entre centro y periferia, pero siempre en la dinámica del intercambio de significados. Así, la oposición entre centro-periferia también es la oposición entre el ayer y el hoy, “el pasado de las ideas y las ideas del pasado”, donde el centro (el núcleo) se convierte en periferia y viceversa. El artista se propone destruir esa dualidad, o la reconstrucción del todo semiótico por una parte de él, a partir de la creación de un nuevo lenguaje o, mejor dicho, lenguajes. La destrucción de esa totalidad semiótica provoca un proceso acelerado de “recordación” que se sustenta con la firma, por ejemplo.
En el centro están los sistemas semióticos dominantes: autodescripción, metalenguajes, gramáticas. Pero esto cambia cuando la descripción la hace un sujeto externo, o desde la periferia, como el mismo Camnitzer. Porque todo depende del observador. “De la oposición de un observador depende por dónde pasa la frontera de una cultura dada” nos dice Iori Lotman, en quien me apoyo teóricamente para continuar el análisis. (Lotman, Iori M. La semiosfera. I. Semiótica de la cultura y del texto. Ediciones Cátedra, Madrid, 1996).
La interconexión de los elementos del espacio semiótico no es una metáfora sino una realidad. La metáfora consiste en que todo es real y lo real existe porque se metaforiza, se convierte en un simulacro, en un espectáculo. Dicho de otra manera, lo real se deshistoriza y la historia se metaforiza. Así, el dinero es la gran metáfora de la posmodernidad: no existe (lo que hay son rectangulitos de plástico codificados, o cifras cibernéticas), pero, como Dios, está presente en todo lugar, porque todo se vende y se compra a través de esa compleja metáfora del capital. De tal manera que el diálogo deja de ser comunicación y se convierte en transacción. La asimetría coopta al diálogo y lo convierte en un monólogo de la hegemonía: “la estética vende, la ética derrocha”.
He allí la semiosis de la globalización neoliberal: lo que nos es intercambiable como transacción, como intercambio de mercancías, no existe, incluida la institución arte: “el espíritu del arte habita en la firma”. Y quien no consume tampoco existe. Por eso el arte no está concebido para exhibirse públicamente, sino para archivarse en colecciones privadas con el objetivo de que adquiera plusvalía. Y las colecciones están en el centro, o tienden hacia el centro. En otras palabras, la periferia solamente existe para el centro si ésta consume o produce mercancías para consumir, preferiblemente a bajo costo. La periferia es deshechable si no ingresa a las rígidas leyes del mercado.
En la ética del mercado todo se vale. El fin justifica los medios. Hablamos de las ganancias. La economía no importa, pero sí las finanzas. Todo se pone patas arriba, y arriba siempre voy yo. Lo contrario significa lo mismo y lo mismo siempre soy yo. Ética del individualismo feroz. Individualismo de la ética privada o anónima. La comunidad es una masa, el tercer mundo un agujero. Y lo que usted diga puede ser usado en su contra.
Porque la realidad se escribe de una forma pero se lee de otra manera, mejor dicho, de múltiples maneras. Como el palíndromo, que no es que carece de sentido, sino que posee muchos sentidos: en la lectura “normal” el texto es identificado con la esfera “abierta” de la cultura, y en la inversa como la esotérica. Lo esotérico es lo mágico, lo que se nos escapa, lo que no vemos. Es decir, el truco del jugador, del fabulador, del artista. Por eso el artista está en la frontera, entre cielo y tierra, entre la realidad y la irrealidad. Y juega con ella. Y con ella usufructúa.
Como el palíndromo pero en el espejo: es el reflejo de la lectura en dirección opuesta, lo que activa el mecanismo del otro hemisferio cerebral: el reflejo contrario, el texto en la imagen y la imagen en el texto. Una asimetría funcional que “funciona”. Lo correcto deviene en incorrecto y viceversa. Pero el truco está concebido dentro del gran juego conocido como arte, que es una de las salas del Gran Casino de la Cultura. Allí la apuesta ya no es por la recompensa solamente, sino, además, por el reconocimiento. Porque para ingresar al Gran Casino se precisa de la invitación de su Gerencia. Y solamente se invita a los elegidos. Entonces el artista invitado es el gran prestidigitador que a partir de sus cartas, las parejas simétricas y asimétricas, nos invoca y convoca, nos deslumbra y nos provoca, nos interroga y nos golpea, nos juzga y nos babosea. Aunque deba comisionar su trabajo a otros asalariados.
El Gran Casino se mueve por los principios de economía de la semiosis y de semiosis de la economía: un principio invariante de los procesos comunicativos: simetría-asimetría es un mecanismo especular que forma las parejas simétrico-asimétricas y que, al parecer, y según Lotman, está ampliamente difundido en los mecanismos generales de sentido que podríamos decir, es universal. Es lo que el teórico estonio denomina la “Ley de simetría especular”: “Los objetos que se reflejan tienen en su estructura interna planos de simetría y asimetría… los planos de simetría se neutralizan y no se manifiestan en nada, y los de asimetría devienen el rasgo distintivo estructural fundamental”. Esa es la base estructural de la relación, o la comunicación, dialógica.
Lo que no se intercambia no existe. Y si la ética del capital es cínica lo cínico puede ser ético. Es la ética del cinismo o el cinismo de la ética. La pregunta es: ¿Cómo puede producirse arte sin corromperse? O, ¿cómo puedo usar la corrupción sin corromperme? La curvatura del círculo. Preguntas sin respuestas, respuestas sin preguntas. Estamos en la frontera. Lección de óptica. Las barajas son nombres, los nombres fosas comunes. Escuchar sin pagar es robar. La estética vende… ¿Cómo interpretar a Camnitzer sin traicionarlo ni traicionarme? ¿Cómo hacerlo sin contaminarme? ¿Y quién reconoce el esfuerzo? ¿Quién cubre los gastos? Definitivamente este texto no existe. Nadie lo remunera.
[Tomado de http://www.revista.agulha.nom.br/ag59camnitzer.htm. Revista de cultura # 59. Fortaleza, San Pablo. Septiembre / Octubre de 2007]


Sobre Felipe Delgado de Jaime Saenz

Resurrecciones de papel Saenz
Por: Darwin Pinto Cascán

Tras 28 años de la publicación de la novela Felipe Delgado, de Jaime Saenz, editorial Plural reedita esta obra imprescindible para entender a la literatura boliviana del siglo pasado
Va perdido de borracho con cualquier fermento de caña o maíz devorándole el cerebro, llora con la cara al suelo, apreta los puños y de entre sus dientes (amarillos de tabaco) revienta un mierdazo nacido en el harapo de su alma y lo estrella contra el mundo. Camina dando tumbos de ebrio por las desoladas calles paceñas a la mitad de una noche silbante de viento helado que hace remolinos de basura en los rincones donde se acurrucan otros borrachos y otros perros. Busca pelea, rompe a pedradas una ventana, arma escándalo en la vía pública, propina una patada a alguien dormido en el suelo y espera desafiante la llegada de la Policía, mientras en alguna esquina oscura, la muerte agazapada lo acecha para apuñalarlo por la espalda y arrastrarlo de los pelos hasta el barrio de las sombras…”
Ésa era una de las ideas del Paraíso que tenía Jaime Saenz (8/10/21-16/08/86), el escritor que se hundió en los abismos de la bebida para comprender la vida y luego, cuando renunció al licor solo porque le dio la gana, se consagró a la creación literaria, fruto de la cual salió la novela Felipe Delgado, considerada una de las obras capitales de la literatura nacional.
La novela de Saenz, que trata de un paceño que deambula por la ciudad buscando el sentido a su vida, poseído por el demonio del alcohol, convencido de que sólo la muerte lo convertirá en sabio, se publicó en 1979 cuando el autor aún estaba vivo. Desde entonces no salió ninguna otra edición hasta que editorial Plural rompió el silencio de 28 años, reeditándola.
José Antonio Quiroga, director de la editorial Plural, cuenta que se reeditó la obra este año porque era un libro que se había agotado hacía mucho. “Entonces, con los herederos de Jaime Saenz negociamos los derechos no sólo de Felipe Delgado, sino también Los papeles de Narciso Lima, Vidas y muertes y la Piedra imán, entre otras. Se habló con la familia del autor y se hizo un contrato con ellos”, dijo.
Sobre el porqué no se reeditó antes la novela si era tan importante, Quiroga dijo que se debió a que había ejemplares de la primera edición y los herederos de Saenz no se habían puesto de acuerdo en la publicación. “La familia tomó bien la propuesta de reedición, ya que también se publicó en México, Italia y España. Lanzamos 1.000 ejemplares de Felipe Delgado en la Feria del Libro de La Paz el 16 de agosto y dos semanas después salió una versión pirata”, dijo.
La reedición de Felipe Delgado estuvo al cuidado de Leonardo García Pabón. quien escribe sobre el autor: “Jaime Saenz era el hombre que dormía de día y caminaba de noche. Fue el que alegó por las virtudes del alcohol. Su vida de alcohólico creó rechazo en la sociedad paceña de los 50 hasta su renuncia al vicio en los 60. Salvo esporádicas recaídas, Saenz no volvió a beber hasta antes de su muerte en 1986. Su curiosidad por el nazismo fue más bien un rechazo a la sociedad burguesa, una exaltación de lo irracional y lo esotérico como métodos de conocimiento. En cuanto a su sexualidad, no hay duda de la importancia que debió tener el mundo homosexual. Así lo prueba la escritura de Los papeles de Narciso Lima, donde se narra un romance de ese tipo. Saenz nunca se definió como homosexual y su vida amorosa conocida estuvo siempre heterosexualmente orientada. Se casó con una alemana de origen judío y tuvo una hija”. Así las cosas, Felipe Delgado ha resucitado en un cuerpo de papel y Saenz ha vuelto al mundo de los vivos buscando otra vez a quién darle un lapo desde sus páginas.
[Tomado de http://www.eldeber.com.bo/brujula/2007-09-15/nota.php?id=070914224126 ]


Notas de la presentación de Hoteles

Lugares de paso
Por: Maximiliano Barrientos

(Les pasamos como primicia las notas de Maximiliano Barrientos para la presentación de su libro de cuentos Hoteles. Esto para quienes no podrán acompañarlo esta noche y puedan, de alguna forma, transportarse al lugar de la presentación)
El filósofo esloveno Slavoj Zizek, en Lacrimae Rerum, ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, indicó que una de las principales razones por las que es imposible hacer un remake de Hitchcock (o por qué cada uno de estos remakes termina pareciéndose a una obra de divulgación), radica en que en las películas del director británico, antecediendo a los elementos puramente narrativos que las habitan, hay ciertos motivos o fetiches que no tienen ninguna carga simbólica, pero que son constantes en toda su obra. Elementos como hombres colgando de la terraza de edificios, autos parqueados en la orilla de precipicios, cráneos momificados, mujeres lúcidas y poco atractivas o casas góticas con grandes escaleras. Zizek escribe: “Hitchcock no partía de la trama para luego traducirla en términos audiovisuales cinematográficos. Partía más bien de un conjunto de motivos (habitualmente visuales) que cautivaban su imaginación, que se le imponían como sus ‘sinthoms’, y luego construía una narración que sirviera como pretexto para usarlos…. Estos ‘sinthoms’ proporcionan el aroma específico, la densidad sustancial de las textura cinematográfica de las películas de Hitchcock: sin ellos, nos quedaríamos con una narración formal, sin vida”.
Algo parecido sucede con Hoteles, libro que presento esta noche. Antes de que exista una geografía narrativa que me hubiese gustado explorar o ciertos personajes cuyos perfiles estuviese interesado en detallar, existió una fascinación por ciertos escenarios: estaciones de servicios, hoteles de paso, cafés que abren toda la noche, lavanderías públicas, carreteras solitarias, cementerios de automóviles, carteles de neón de moteles. Visualmente, esos elementos fueron lo suficientemente seductores para acercarme narrativamente a ellos.
Siguiendo a Zizek, estoy tentado a decir que el libro fue un pretexto para explorar estas constantes visuales. Las tres narraciones de largo aliento que conforman el libro transcurren en estos sitios.
Por un lado está esa carga visual como el gran trasfondo de los relatos, pero luego -y después de varias relecturas- apareció otro motivo, mucho menos consciente y que bien podría ser una mera interpretación: el nomadismo. Los personajes del libro siempre se están yendo de alguna parte o ya lo hicieron hace tiempo y recuerdan, o están preguntándose por qué quieren irse o cuáles son las posibilidades reales de la fuga. El viaje como terapia o como utopía de redención, como un intento por romper las rendijas del pasado. El viaje o la forma más radical del viaje, la desaparición, el cambiar de identidad y comenzar en un lugar donde no se conozca a nadie, como un recurso extremo para darse una segunda oportunidad.
Y los personajes de las tres historias, en distintos sentidos y por razones diferentes, buscan la vía de estar lejos. La desaparición como arte. La invisibilidad como condición de posibilidad para la reconciliación con el mundo.
Pero esto es sólo una lectura.
Puede haber otras que la contradigan.
Y claro, son bienvenidas.
Detrás de todas las lecturas quedan los escenarios de tránsitos, los verdaderos fetiches narrativos.
Los dos relatos y la nouvelle que conforma el volumen adoptan personajes de dos cuentos de Los daños. El cantante de rock de Vidas ejemplares y el estudiante universitario que se reencuentra con una novia de colegio en Suerte. También aparecen personajes de una extensa novela que escribí antes de comenzar Hoteles llamada Afuera: los actores de cine para adulto que deciden subirse en un auto y abandonar la ciudad una vez acabado el reality que protagonizaron para Venus.
Las tres historias están unidas por atmósferas similares y por este intento -muchas veces impulsivo- de cortar las conexiones. Quizás, en un nivel muy inconsciente, pretenda ilustrar un mito muy norteamericano: la capacidad de reinvención constante. La posibilidad de que a pesar de toda la acumulación de experiencia -y de las pérdidas que acarrea la experiencia- siempre se puede hacer tabula rasa y aparecer como nuevo. La identidad es voluble y se amolda, se regenera nos dice este mito. Podés tener cuatro divorcios, un historial donde abundan las entradas y salidas a centros de rehabilitación, sin embargo tus posibilidades de comenzar siguen intactas (es un derecho incuestionable). Un mito que para nosotros, latinoamericanos con sensibilidades menos pragmáticas, nos llega a parecer escandaloso.
Y Hoteles, si se lo lee como una fábula del nomadismo, explora las posibilidades y alcances de esta fantasía: la reinvención sin límites. Cómo vivir solo y por qué. Por qué la ruta llega a convertirse en una opción tan seductora y por qué hay sujetos que llegado cierto punto, lo abandonan todo y se van. Historias sobre desapariciones y sobre los lugares de esas desapariciones -los escenarios donde abundan camareras divorciadas y autos oxidados, habitaciones pequeñas con vista a estacionamientos y bares con una iluminación escasa donde siempre se escuchan canciones de Hank Williams o de Marco Antonio Solís-. La poética de esos sitios y de esos abandonos.


Crítica a Hoteles de Maximiliano Barrientos

Viajeros permanentes
Por: Rodrigo Hasbún

[Breve comentario sobre Hoteles de Maximiliano Barrientos que se presentará el día 18 de septiembre en la ciudad de Santa Cruz]
“¿En qué momento perdimos el rumbo?”, le pregunta Claudia a Saúl. “¿Existió un momento? ¿Serías capaz de decir a partir de aquí fuimos diferentes?”
Su relación se desmorona: en el lugar de la felicidad, un lugar fugaz, inasible, ya ha habido daños y fugas. Nos conmueven, a nosotros los lectores, porque también hemos asistido a los buenos momentos, cuando los afectos estaban todavía intactos.
“Recuerden este año”, nos pide el narrador del cuento. “1999, los amigos no se fueron de la ciudad, los comienzos siguen siendo promesas, en el aire flota esa sensación inconfundible de que en la vida todavía no han sucedido las cosas importantes. Es el año en el que nadie se aleja. Todos están donde deberían estar.”
Pero después de ese año vienen muchos otros y todos dejan de estar donde deberían y Claudia y Saúl, casi a pesar suyo, se van alejando, empiezan a perderse. Es el momento más vulnerable y Maximiliano Barrientos explora ese territorio con crueldad y lucidez, no teme mirar de frente.
Lo que quedó atrás, lo que alcanzamos a guardar. Lo que quedó registrado, una de las obsesiones de este primer cuento, y lo que se esfumó para siempre o aún más: lo que ahora mismo empieza a esfumarse delante de nosotros. Algunos están conscientes, algunos lo saben mientras sucede.
Por ejemplo el personaje principal del segundo cuento, un joven profesor universitario que deambula por su ciudad durante todo el día en el que lo vemos. Su novia está de viaje y no sabe si va a volver. Tampoco sabe si quiere que vuelva. En ese recorrido a lo largo de horas lluviosas no puede desprenderse de algunas dudas obsesivas, dudas que recorren todo el libro: “¿Por qué la gente decide aislarse? ¿Por qué decide, por ejemplo, vivir en hoteles? ¿Por qué la gente, en un determinado momento, deja a su familia y emprende el viaje? ¿Por qué la gente deja a otros?”
El joven profesor esboza posibles respuestas y le imagina vidas a los demás, se encuentra con una mujer perturbadoramente hermosa y muy extraña, llama a una ex compañera de colegio que se llama igual que esa mujer y de la que no sabe nada hace diez años y, oyendo las historias que cuentan en la radio hombres y mujeres desde sus casas, desde su intimidad, conduce durante horas.
Los dos actores porno del tercer y último cuento del volumen, casi una nouvelle, acompañados de una niña pequeña, también pasan mucho tiempo en su auto, huyendo, intentando inútilmente volver a comenzar. Al igual que en los dos anteriores, mientras los personajes se mueven y buscan, la verdadera travesía sucede por dentro, el viaje sobre todo es interior.
Y eso hay que agradecérselo a Maximiliano Barrientos. Su valentía para acercarse tanto a los personajes y la fuerza envidiable de su escritura, directa y muy visual, poblada de imágenes memorables, de historias que se multiplican y bifurcan, de ideas lacerantes, de personajes sólidos, viajeros permanentes, turistas en el centro de sus propias emociones.
Un año después de publicar su primer libro, Los daños, Maximiliano lanza ahora Hoteles, un volumen más distanciado y maduro. Uno y otro sin duda son imprescindibles para acercarnos a la nueva narrativa del país.




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