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Narrando a las ciudades



Narrando a las ciudades
Por:Wilmer Urrelo

La verdad, yo no podría vivir en otro espacio que no sea el urbano. El cemento. El tráfico. La gente caminando apurada. Las marchas reivindicando cualquier huevada. Los petardos estallando en el cielo. “Mañana voy a subir abajo”, canta el Papirri en su Metafísica popular y creo que esa es la mejor manera de entender cómo es esta ciudad: en La Paz, uno más uno no es dos sino tres y hasta diez.
¿Y qué pasa entonces con la literatura boliviana contemporánea? Tengo la impresión que son sólo algunas novelas las que llegaron narrar a La Paz y que la mayor parte consiguieron sólo describirla. El crecimiento de nuestras urbes en todos los aspectos debió darnos hace muchísimo tiempo una o varias novelas que puedan, precisamente, hacer que cualquier ciudadano del mundo sienta como suya a La Paz, desde un porteño hasta un chilango del Distrito Federal: eso es narrar, lo demás es sólo describir. Para esta oportunidad me incliné por dos novelas que, a mi entender, son las que mejor se acercan a ese objetivo: American visa de Juan de Recacoechea y Cuando Sara Chura despierte de Juan Pablo Piñeiro.
Al releerlas pude hallar ciertos aspectos que me llamaron la atención. Uno de ellos es el humor. Mencionaba anteriormente al buen Papirri, que dentro de su Metafísica popular posee un universo casi perfecto del humor paceño, lo cual podría llevarnos a pensar lo siguiente: “dime de qué te ríes y te diré quién eres”. Sentencias como: “Chico, chico, se está quemando el agua; qué burro ese perro o se pintan casas a domicilio” son entre otras las que mejor reflejan las formas de vida dentro de la urbe paceña.
American visa está llena de estas aseveraciones: “Se puede agarrar un enfisema pulmonar y caer en manos de los médicos del Hospital de Clínicas que viene a ser igual que aterrizar en los brazos del famoso Mengele”. Y es que el paceño es así por naturaleza: siempre terminamos haciendo algún chiste (a veces pesadito) de la desgracia ajena. Ahora pasemos a Cuando Sara Chura despierte: “Don Falsoafán se acercó a ver su foto. Cada retrato iba acompañado del nombre de la persona y su profesión. En la del inventor decía Elmer Lorenzo Pochuli, desocupado y en la del Puntocom decía Agapito Diosdado Espejo, ayudante de desocupado”.
La presencia del humor es esporádica, pero diría yo que aparece en el momento justo; en especial cuando los personajes están al borde de algo. En American visa cuando su protagonista tiene que lidiar con los engranajes y murallas para conseguir la visa. En Cuando Sara Chura despierte el humor está presente en todos sus personajes, todos lo usan de una u otra manera.
En las dos la presencia de la Entrada del Gran Poder es decisiva y notable. En American visa esta fiesta aparece tan sólo en las primeras páginas, cuando Mario Álvarez arriba a la ciudad. Mientras que en Cuando Sara Chura despierte trascurre a lo largo de toda la novela y creo que es la que refleja con precisión cómo se comporta un paceño durante el transcurso de la misma.
¿Qué influencia extraña tiene esta entrada en el comportamiento de los personajes de ambas novelas? Personalmente creo que mucho. En el Gran Poder los tímidos se vuelven los más atrevidos, los que parecen pobres a lo largo del año demuestran que en realidad no lo son. Sin duda es una de las fiestas en las que “mejor llega a conocerse a La Paz” o parafraseando a Piñeiro: la fiesta es la mejor manera de conocer a un pueblo.



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