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Placeres del parque



Placeres del parque (fragmento)
Apunte de Doris Lessing

Un hombre de edad mayor se hallaba con su cara muy próxima a la reja de la jaula de las aves. Todo en relación a él era amarillento y seco, como un hongo en un viejo tronco, al tiempo que su espalda se mostraba llena de la vitalidad propia de la indignación. En la jaula viven flamencos y grullas, pero lo que él miraba era un ave de corral, un joven gallo colorido como una puesta de sol, sentado en un tronco lustroso y levantando sus alas en el acto de estallar cacareando su canto triunfal. Todo en él era iridiscente, negro, oro y escarlata. “Tú, cállate”, lo amenazó el hombre a través de la reja. El gallo respondió con un “quiquiriquí”, o más bien con un “cocorocó”, y el hombre dijo, “¿Por qué estás tan satisfecho de ti mismo?”, a lo cual el gallo respondió con un nuevo cacareo, elevándose unas pocas pulgadas y volviendo a acomodarse. “Solo cállate” dijo el hombre. La gente lo miraba con humor y lo señalaba con el dedo. Él se dio cuenta y les dio la espalda, sacando pecho y lanzando miradas feroces. Entonces decidió marcharse, un-dos, un-dos, a través de los árboles. El gallo remeció sus barbas escarlatas y descendió elegantemente de su tronco.
(Traducción de Bartolomé Leal)



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