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Nota a Carlos Valverde



Carlos Valverde: “Ya soy un escritor”
Por: Sergio de la Zerda

Bien valdría hacer la apuesta. ¿Cuántos lectores tendría Carlos Valverde Bravo si no saldría en televisión? Nadie nunca lo sabrá. El hecho es que, como ningún otro, el escritor y comunicador cruceño se la pasó firmando montones de sus novelas, salió en otras tantas fotos con sus admiradores y recibió acalorados aplausos, cuando no exagerados elogios. Y todo eso nada menos que en la Feria Internacional del Libro de Cochabamba, el pasado miércoles, a donde llegó para presentar su más reciente novela, De los amores de la vida y los compromisos de la muerte (Ed. El País/2007).
Abundando en indicadores cuantitativos, se podrá decir también que, como pocas, sus anteriores novelas (Siempre será la primera vez y Andrea) tienen y tendrán varias ediciones, y que el nuevo título quedará como uno de los más vendidos de la Feria local.
Otra vez una pregunta: ¿Por qué? Mi amigo Santiago ensaya rápidamente una respuesta: Valverde es una moda, tiene el programa nacional de TV más exitoso después de El Pentágono; si bien sus libros son muy comprados, son poco leídos y hay más una fascinación por el personaje que por su trabajo.
Puede ser el caso. Pero, asimismo, habrá que decir que Valverde es nomás el reflejo de la visibilización de Santa Cruz a todo nivel en este lado del país. Es el primer camba que sale a nivel nacional y que -muchos no se explican cómo- roba largos minutos de atención del televidente colla, ávido y curioso de saber qué siempre piensan esos extraños seres autonomistas del oriente.
¿Y qué tiene que ver eso con la literatura?, replica Santiago. Le expongo mi teoría: las obras de Valverde son el complemento de la visibilización. Allí uno se entera, a veces con sorpresa, que el carnaval cruceño y otras expresiones culturales del oriente habían nomás tenido su historia; uno se adentra en el acelerado crecimiento de la “ciudad de los anillos”, se entera de las perversiones logieras y aspiraciones políticas de la sociedad en cuestión.
Algo de lo anterior se ve ya en el principio de De los amores de la vida, ambientada en la feudal sociedad camba de hasta hace no mucho, románticamente inspirada en el abuelo del autor, Ubaldo Bravo, quien logró la hazaña de tener 42 hijos.
Habrá que valorar también que las novelas eróticas del calvo personaje cincuentón sí cumplen su cometido: excitan. Y que el opinador es uno de los pocos hombres de la tele (¿el único?) que tiene alguna cultura superior: es buen lector, “rockero a muerte” y hasta adelanta que en breve hará teatro.
Pero, con todo, habrá que subrayar, usando las mismas palabras soeces que el cruceño -y he ahí el acuerdo con Santiago- que sus libros no tienen prolijidad de estilo ni a veces corrección, que nos emputa últimamente su defensa de la recalcitrante derecha cruceña y sucrense, que nos jode que no mida con la misma vara a los fascistas de este país.
-¿A qué se debe su momentáneo alejamiento del género erótico?
Lo que pasa es que sentí que valía la pena escribir este libro. Se trata de la vida de mi abuelo dentro del realismo mágico. Hay cosas que por supuesto no han ocurrido y que son parte de la fantasía que uno escribe, pero tengo un libro que ya comencé a escribir en el que hay muchísimo erotismo. A mí me gusta mucho lo erótico, es el género que más me cautiva para escribir porque, finalmente, siento que, si a mí me llega va a llegar, a la demás gente también, ya que son sensaciones que le pueden ocurrir a cualquiera. No voy a dejar el género erótico, incluso en este nuevo libro encuentras, en la forma de cómo se usa el Cantar de los cantares, formas de seducción. Este tal vez sea un libro más elaborado en el sentido de que se buscaron fuentes como la Biblia para encontrar en el Cantar de los cantares lo que quise decir y las formas de seducción. Si vos te fijas, la vida de Ubaldo tiene mucho erotismo.
-Dijo que estaba realmente contento con su actual escritura. En ese sentido, ¿cuál la diferencia con sus otros trabajos?
Los otros cuatro libros también me encantaron. Lo que pasa es que, cuando nos reunimos todos los nietos de mi abuelo, él es un referente vivo. Fue un hombre que nos contagiaba mucho espíritu y entusiasmo por la vida y las cosas. Era un tipo fuera de serie, entonces, el poder publicar un libro que yo sé que tiene cosas de él, en lo afectivo me llega más que otras ocasiones. Sin embargo, cuando publico siempre me pongo contento.
-En una anterior entrevista nos decía que no se asume todavía como escritor. ¿El éxito de ventas de sus obras y la gente que convoca le han hecho cambiar de opinión?
Mirá, ya sería petulante si digo que no. Ya soy un escritor. Además, pienso seguir escribiendo, entonces sí soy escritor. No vivo de eso, pero da más que sólo para chicles. Osea, encima de todo, hasta he ganado plata. No me puedo quejar, sé que hay muchos que sí se quejan, pero yo encima he ganado plata. No te olvides que Andrea va para la tercera edición, Siempre será las primera vez va para la cuarta edición, entonces eso genera un dinero para que uno se de algún gusto. Ya me asumo como escritor.
-¿De dónde viene la vena teatral que piensa aprovechar?
En los últimos cinco años debo haber visto, sin exagerar, sesenta obras de teatro. Viajo siempre de vacación a la Argentina, o cuando voy allá por alguna otra cosa, siempre voy al teatro. Y siempre me gustó el teatro. A René Hohenstein se le ocurrió invitarme a participar de la obra Justo lo mejor de mi vida, que yo fui el que se la presentó. Él decidió invitarme a participar. La única condición que le puse es que primero me pruebe. Si él vio que puedo, entonces voy, porque ni a él ni a mí nos gusta hacer papelones. No me iba a poner si no lo hacía bien. Soy un hombre de disciplina porque, con todo el trabajo que tengo tuve que ensayar tres veces por semana dos horas diarias, y luego diariamente, no falté nunca. Eso muestra que tengo interés y que me gusta. Te cuento que la obra salió bien, ya hicimos cuatro presentaciones con gente amiga y a todas las personas que la vieron les pareció interesante. A mí me llamó la atención ver gente que incluso lloró en la obra, puesto que tiene partes conmovedoras. Cuando la traigamos el próximo año acá, el público dirá.
-Dijo que tiene pánico escénico ¿cómo es eso posible siendo teniendo un programa de TV?
Es fácil hablar en un micrófono, en una pantalla de televisión. Lo que es difícil es hablar ante un montón de gente. Además, nunca me gustó hablar en público. Yo puedo escribir, puedo hablar en un canal de televisión, en radio, pero no me gustan las multitudes. Tengo mucho respeto por la gente y en la televisión te pueden cambiar. No soy precisamente un tipo diplomático para hablar ni para decir cosas. Por ahí uno puede decir algo que puede desagradar a alguien sin motivo porque vino a escucharte. Tengo temor de ese tipo de cosas, pero una vez que entro a la conversación, me voy relajando y disfruto las conversaciones. Esta forma de presentar libros por ejemplo me parece mejor que la de alguien que se sienta a presentar tu libro. Es mejor conversar con la gente y que te pregunte para vos le puedas contestar. No necesariamente tienes que darle gusto a alguien, tienes que decir lo que piensas y siempre te va a ir bien.
-¿Y ya que se ha definido como “rockero a muerte”, no ha pensado también entrar en el terreno musical?
Estoy aprendiendo a tocar armónica. Le corregí a un muchacho algunas canciones que hizo, pero no es lo mío, la música me gusta para escucharla. Lo que pasa es que además soy muy pretencioso porque soy del viejo rock pesado de los 70, de grupos como Pink Floyd, Deep Purple, Uriah Heep, Black Sabath, que todavía los sigo escuchando. Lo más grande que me ha pasado es haber visto a Roger Waters.
-Hablando de su programa televisivo, ¿cómo puede en un momento hablar bien del Che Guevara y rato después criticar duramente al gobierno?
El gobierno mató al Che. El homenaje al Che le hizo un flaco favor. Lo comercializaron al Che. Siempre he sostenido que el Che nunca fue un buen estratega militar, pero era un hombre con un corazón impresionante, además con una sensibilidad social y un coraje guerrero. Creo que el gobierno, con la presentación que hubo en Vallegrande, terminó matando al Che. Mi protesta fue para el gobierno y no para el Che. Yo sigo sosteniendo que el Che es un valor al que hay que respetar no por guerrero, sino por lo que pensaba y decía. El verdadero valor de la Revolución Cubana fue el líder máximo que es Fidel Castro.
-Dicen que Valverde quiere estar bien con dios y el diablo al mismo tiempo…
Yo no creo en dios. No tengo problema con que digan eso.
-¿Intenta en sus intervenciones mediáticas lograr una suerte de equilibrio?
No. Si el gobierno hace algo que para todo el mundo está bien, yo no voy a ser un cerrado para decir que está mal. Y, si el gobierno lo hace mal, por más que mis amigos que están en el gobierno digan que está bien, si para mí está mal, está mal. ¿Quién es el que actúa toda la vida bien o toda la vida mal, para que uno sólo pueda marcar una faceta de su vida? Todos tenemos nuestras altas y bajas, nuestras buenas y nuestras malas. Lo que yo marco es lo que, desde mi concepto, es malo. Pero eso de que yo quiero quedar bien con dios y con el diablo… No creo en dios y no intento quedar bien con nadie más que no sea mi conciencia.
[Fuente: www.opinion.com.bo]



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