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Víctor Hugo Viscarra



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En busca del atroz legado de Viscarra (II)
Por: Rafael Romero Arze

Tampoco sería justo olvidar a esos Tombos, Tombillos (s. Carabinero, policía uniformado) que han convertido a esas niñas en sus Tomberas (s. Prostituta que acostumbra acostarse con carabineros). Muchas veces se ha escuchado que la policía trabaja con los delincuentes. No es un invento popular o un mito urbano. Es la realidad que denuncia Viscarra y describe detalle a detalle esos encuentros. Este octubre de los corrientes, en la ciudad de El Alto, los vecinos de Río Seco sacaron tres chalecos de policías dentro de un lenocinio; según versión policial, esos uniformes pertenecen a los de seguridad física (Tombos) y que está en proceso de investigación.
Ese hecho real muestra que Viscarra dibuja el infierno de la sociedad boliviana. No solo de la ciudad de El Alto, sino que también de Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra y otras ciudades menores. El mundo viscarriano existe, es real, visible, oscuro y eterno. Nadie dice y hace nada, porque no se atreven a enfrentarse a esa cotidianidad perversa de vinculación intrínseca entre los mundos marginales e hipócritas de nuestra actual sociedad.
En definitiva, la obra de Víctor Hugo Viscarra, ha contribuido a la [re]construcción de una formación social regional boliviana, por lo menos de un sector, lo marginal. Explicando la asimetría económica, política y social de nuestro entorno. Esa estructura histórica es única, debido a la creación e invención de relatos embriagados de violencia, injusticia, sangre y aberraciones sexuales. Los nombres de los personajes viscarrianos deambulan eternamente en la pobreza, sin un peso en el bolsillo y con una gran conciencia de fechorías, se dan habilidades para conseguir Chocolate (s. (i) Bebida compuesta de alcohol y té (ii) Castigo físico a que se somete a los detenidos en la policía (iii) Mulato) para Chispearse (v. Embriagarse) y Chimentear (v. Comentar, chismear) sus penas en la Chirola (s. Celdas policiales).
Ahora bien, éste podría ser un fragmento de un relato cotidiano en Coba, construido de manera arbitrariamente:
Artillero Firme observa la agonía del Artillero Pesado que bebe el Alcoholatum del diablo.
El alcohólico manguero observa la agonía del alcohólico empedernido que liba el alcohol puro y barato del diablo.
Capote de Carabichi va a Carburar por el Comer de la Tortillera.
La Suerte de Carabinero va a Funcionar por el Soborno de la Lesbiana.
En sí, son dos oraciones sueltas que, si bien se hace la debida contextualización -dependiendo el sistema-, pues ellas dicen algo del mundo. Por ejemplo, en el primero, ambos son alcohólicos, uno menos y otro más. El alcohol puro, es aquel que utilizan los mineros al momento de usar en los rituales de la mina a favor del Tío (diablo andino). De esa manera, despojándonos de sapiencias intelectuales, se puede intentar interpretar y jugar con el Coba. En el segundo caso, se lo puede entender como un código de “santo y seña”, donde solo una comunidad de hablantes puede comprender dicho axioma. Entonces, el Coba, es un instrumento de comunicación que permite interactuar entre una determinada comunidad. En cierta manera, es una invención social, cultural e histórica que hace un determinado grupo, y es aceptada socialmente.
Viscarra murió por su propio Acoholatum, fue uno de los pocos escritores a quien se le hizo un homenaje en vida. Sin embargo, cuando falleció, sólo unos cuantos fueron a despedirlo y enterrarlo en un nicho común y corriente del cementerio general de La Paz. Tan común es su tumba, que su nombre está pintado con tinta oscura; en su alrededor epitafios artesanales le rinden pleitesía a un hombre que nunca salio de la oscuridad del Coba; denunció ese mundo oscuro e invisible de la sociedad boliviana, donde parece que todo vuelve nuevamente a la oscuridad de la insensibilidad social de las personas y las cosas.
(Fuente: www.lostiempos.com)



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