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¿Por qué no te callas?



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¿Por qué no te callas?
Por: Pedro Shimose

Investido Presidente de Venezuela, en 1998, el coronel Hugo Chávez suscitó el siguiente comentario del recientemente fallecido presidente Luis Herrera Campins: “¡A comprarse alpargatas que lo que viene es bailar joropo!”. En otras palabras, quiso decir que con Chávez empezaba el populismo chévere.
Allí donde va, Chávez arma la gorda. El socialista democrático venezolano Teodoro Petkoff cuenta que el comunista José Vicente Rangel –partidario de Chávez– escribió, en el curso de la campaña electoral de 1998, un artículo titulado Por la boca muere el pez, en el que “alertaba a Chávez acerca de su habla camorrera y balandra” (propia de matones y delincuentes). Cuando Rangel llegó al poder del bracete de Chávez –militar golpista reconvertido en demócrata– excusó a su jefe diciendo: “Ése es su estilo”. Rangel llegó a ser el segundo hombre importante del régimen bolivariano, pero renunció a su cargo siete años después, cansado del ‘estilo’ de su caudillo parlanchín y bochinchero.
Con su estilo mitinero, el coronel Chávez va por el mundo exhibiendo sus malas maneras, su rechazo olímpico de protocolos y normas de cortesía, diciendo lo que piensa sin pizca de diplomacia y con desprecio del arte de la discreción. ¿Puede un político impertinente, metepata y desprovisto de sutileza sentirse ofendido y agraviado porque el rey de España lo invitara a callar? Puede, pero no debería. El Presidente bolivariano olvidó que no estaba en su programa ¡Aló, Presidente!, desde el cual ha insultado a los presidentes Bush, Fox, Uribe, García y Aznar, se ha mofado de Condoleezza Rice y ha arremetido contra la monarquía inglesa y contra los empresarios españoles. Al Presidente del Perú lo llamó ‘pícaro, corrupto y ladrón’. Calificó al diplomático chileno José Miguel Insulza, actual secretario general de la OEA, de ‘pendejo’. (En Venezuela, pendejo significa tonto, idiota, estúpido). “Debería renunciar a la secretaría general (de la OEA) el insulso doctor Insulza”, dijo y se preguntó: “¿Qué quiere ser ahora? ¿Un virrey del imperio? Venezuela es libre, doctor Insulza… Vaya que bien pendejo es el doctor Insulza, un verdadero pendejo, de la pe a la o”. También aconsejó a Insulza que “no se meta con Venezuela, porque no permitiremos a nadie que se meta en nuestros asuntos internos”.
El otro día, Chávez no se dio cuenta de que estaba en Chile, país anfitrión de la XVII Cumbre Iberoamericana. Fiel a su estilo, se entrometió en los asuntos internos de Chile. Habló de la política exterior chilena respecto al alegato boliviano por una salida al Pacífico (¿no habrá perjudicado las gestiones del primo Evo Morales sobre tan delicado tema?) y le enmendó la plana a la presidenta Bachelet, criticando públicamente la agenda de la Cumbre centrada en el tema de la ‘cohesión social’ y censurando la política neoliberal de la socialdemocracia chilena.
Es conocida la afición de algunos presidentes iberoamericanos a entonar en público canciones mexicanas. Al ecuatoriano Abdalá Bucaram, al peruano Alan García y al venezolano Carlos Andrés Pérez les encanta la canción ranchera El rey, de José Alfredo Jiménez. A Hugo Chávez también: “Con dinero y sin dinero, / hago siempre lo que quiero / y mi palabra es la ley. / No tengo trono ni reina, / ni nadie que me comprenda / ¡pero sigo siendo el rey!”. Queda patente que, en el fondo, nuestros republicanos añoran la monarquía, siempre que los reyes sean ellos. Y cuando la atacan es por pura envidia. Después del altercado de la Cumbre, Chávez da la impresión de que ignora lo que es una monarquía constitucional. De hecho, Chávez –sin ser rey– tiene más poder en la República Bolivariana de Venezuela que don Juan Carlos en el Reino de España. El rey Juan Carlos es jefe del Estado, pero no gobierna. Para eso están el Presidente y sus ministros.
El presidente Chávez abandonó Santiago de Chile sin entender estas sutilezas, muy satisfecho de ser fiel a su estilo chabacano, que hasta a un rey sacó de sus casillas.
(Fuente: www.eldeber.com.bo)



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