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Entrevista



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“Algunas veces, las vidas largas significan soledad”. José Saramago cumple 85 años en medio de homenajes y exposiciones
Por: Juan Cruz (Madrid – 16/11/2007)

(A los 85 años, que cumple hoy, a José Saramago le han descubierto otra vida. A él se le había olvidado, pero su mujer, Pilar del Río, la encontró en un montón de maletas que él había arrinconado, como un recuerdo cerrado, en su casa de Lisboa. Hasta ahora.)
El próximo 23 de noviembre, en la Fundación César Manrique de Lanzarote, se podrá ver el contenido de esa vida desconocida del autor de El hombre duplicado. Y hoy, en el Auditorio del Centro Cultural Conde Duque, en Madrid, recibirá un homenaje al que él asistirá después de una convalecencia provocada por una gripe que incubó en Argentina y que estos días se le manifestó en Madrid. Ese homenaje se repetirá en Lisboa el próximo día 18.
Volvió de Argentina el último sábado. Lo que vio allí, en homenaje a los desaparecidos, le produjo “una inmensa emoción”. Más de un kilómetro de nombres y nombres de los desaparecidos, esculpidos en piedra. “No hay nada más. Sobriedad de la piedra. Ese color oscuro”.
Lloró en silencio en ese parque. “No vale la pena que lleves flores, simplemente mira. Cada una de esas piedras y cada nombre escrito en ellas es algo que se ha perdido para ser evocado. Junto al mar. Con una sobriedad intensa. Allí, donde está este Parque de la Memoria, fue descubierto el cuerpo de un chico de 14 años que había sido empalado. Ahora va a haber allí una escultura que va a representarlo; cuando sube la marea, la figura desaparece… Y luego vuelve, como una resurrección”.
Afectado aún por esa visión, Saramago afronta una semana en la que él mismo va a asistir al reencuentro con quien fue. A los 85 años le espera otro Saramago. “Y es curioso que ese hombre de mi juventud venga cuando cumplo 85 años”, explica. Una edad “a la que se llega con suerte”. “Algunas veces, las vidas largas significan soledad”, añade. Pero en su caso, “con salud suficiente para estar haciendo cosas”, esa edad llega con una novela en camino (El viaje del elefante) y con una actividad que no cesa.
Esa vida desconocida le ha sorprendido a Saramago “porque revela que en esos tiempos en que siempre pensé que no había hecho nada escribí como un verdadero loco”. La Fundación César Manrique muestra, bajo la dirección de Fernando Gómez Aguilera, “cantidad de papeles, cuentos, una novela no terminada… Han descubierto una vida mía que estaba soterrada y de la que yo no me acordaba”.
La novela recuperada es Tierra del pecado; Saramago la dejó inconclusa, “y dejarla inacabada era una forma de autocrítica; pensé que no valía la pena, y la dejé ahí, arrinconada. Fue una especie de acto de humildad. Yo pensaba: no puedo seguir escribiendo libros si yo mismo sé que no vale la pena hacerlos. Pero seguí escribiendo, vaya que si seguí. Lo que ellos han encontrado es algo asombroso; no sé cuándo escribí todo eso; yo pensaba que después de Tierra de pecado me había detenido, y lo cierto es que continué y continué. Ahora se ve que el pasado que tengo no es el pasado que creí haber tenido”.
Eran textos de un chico de 19 años, que venía de una familia analfabeta. Saramago no les ve “tanta calidad”, pero sí la fuerza que ya en ese momento le hacía decir con toda tranquilidad “yo quiero ser un escritor”. Una convicción que acabó por convertirse en una especie de compromiso: “Estaba aquí para escribir, esa era mi vocación. Lo tenía tan claro que escribía, y ahí está esa novela incompleta”.
No la ha leído, no ha leído ninguno de esos papeles. “Me los enseñaron Pilar y Fernando, pero los dejo para verlos como los verá cualquiera, en la Fundación”, comenta. Pilar los encontró, dice ella, “en cajas que habían estado viajando por distintas mudanzas, desde su primer matrimonio. Cuando terminó su segundo matrimonio se quedaron en una buhardilla. Y en el tercero, que es nuestro caso, vinieron a Lanzarote, donde vivimos desde 1993. Pero eran cajas que jamás se habían revisado”.
-Saramago, ¿y no tuvo curiosidad por saber qué había dentro?
-No.
-¿Por qué?
-Si yo no tuve curiosidad, ¿cómo voy a saber por qué no tenía curiosidad?
Saramago no espera encontrar allí “maravillas”. Son, dice, “divertimentos de un chico de 18 o 19 años, sin estudios académicos, sin universidad. Salvo las lecturas de las bibliotecas yo no sabía nada más”. Pero había, dice él, “un hilo rojo” que se ha mantenido desde entonces en toda su obra. “Ese hilo rojo sería para mí”, dice, “un sentido de responsabilidad con respecto a la escritura. Escribiendo mejor o peor, yo sabía cuál era mi tarea. Sin ninguna reserva, era un escritor”.
Escritor, ¿eso qué es? “Una manera de entender el mundo, una forma de asistir a un universo que entonces empezaba a manifestarse con una serie de cambios que requerían de mi coherencia de pensamiento y de acción. Y ahí he estado, uniendo esas convicciones con mi experiencia, aprendiendo con las equivocaciones”.
El convento en el cuartel
A Saramago le hace mucha ilusión escuchar cómo suena en el viejo cuartel del Conde Duque la música de Scarlatti, que es la música de Memorial del convento. La leyenda dice que fue ese libro el que llevaba bajo el brazo su mujer, Pilar del Río, cuando le fue a buscar a Lisboa, como lectora apasionada. Luego cruzaron la delgada línea sentimental y se hicieron marido y mujer.
Así que esta noche esa música, que también se escuchará el 18 de noviembre en Lisboa, se combinará con la lectura que haga el actor Juan Echanove de trozos del libro que viajó a Lisboa y con las interpretaciones de Elina Mustonen (clave), Sirkka Lampinaki (soprano) y Lili Dahlberg (bailarina), dirigidos todos por Lisbeth Landefort.
Es una ocasión muy especial para el escritor; se la han preparado sus editores, Alfaguara, la Fundación José Saramago (que se reunirá la semana próxima en Lanzarote) y Radio 3, y él la aprecia como algo muy especial: “Yo no me he acostumbrado a que la gente me quiera, así que estos son momentos muy impactantes para mí en lo que se refiere a las emociones”.
Lo que le gusta, sobre todo, es que no sea un simple happy birthday, sino algo mucho más creativo. La Fundación César Manrique ha reconstruido sus edades, hasta llegar a esta época, en la que él busca “dentro de la piedra”. Antes fueron las épocas de La semilla, El periodo formativo, La estatua. “Y ahora estoy, por así decirlo, en la época de la piedra. La piedra no sabe que es piedra. Hasta El Evangelio según Jesucristo yo he estado describiendo una estatua. A partir de entonces traté de introducirme en la piedra. En estos libros míos recientes interrogo y me interrogan; ésa es la diferencia”.
(fuente: www.elpais.es)



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