Sangre nueva para la literatura Paola Andrea Luna (15) y Tiffany Areco (16), ganadoras del premio
Por: Darwin Pinto
Ella, cuando por fin pudo escapar a las garras del insomnio, soñó que “eso”estaba ahí. Varias veces habló en dormida pidiendo que “aquello” se fuera. Incluso, cuando creció, le contaron que una noche la encontraron abrazada a su muñeca favorita, con temor por esa presencia.
De modo que algunos años después, cuando Tiffany Areco Erazo (16) escribió El choboreca del Tajibo, narración corta con la que ganó el primer lugar en la categoría de cuento en el concurso Los jóvenes también contamos, describió casi una experiencia personal, apoyada con investigación sobre esa leyenda oriental.
La poesía de Paola Andrea Luna (15) también es un asunto personal. Tanto es así que obtuvo el primer lugar en su categoría en el mismo concurso con su obra Nosé. Esta montereña, nacida en La Paz, ha hallado en este género de brevedad metafórica tallada en papel, el idioma necesario para expresar, en su total magnitud, lo que la palabra dicha al viento no puede hacer.
Hay veces en que los autores deben justificar por qué escriben lo que escriben, sobre todo, cuando algún periodista se los pregunta: “Siempre me ha gustado escribir, porque imaginariamente puedes visitar nuevos lugares. Empecé a hacerlo desde que tenía 11 años. Escribía cosas muy breves que se quedaban archivadas en casa. Ésta es la primera vez que participo en un concurso”, dice Areco Erazo y agrega que El choboreca del tajibo lo escribió en 48 horas, sólo para participar de esta competencia organizada por EL DEBER y la Mesa Departamental de Concertación por la Lectura y Escritura.
“…A lo lejos, la luna brillaba y cerca del yatí, una sombra espesa se arrastraba con muecas de dolor. La mujer agarró a la niña y entró a su cuarto. La abrazó fuertemente y no la dejó en toda la noche, sintiendo su respiración más calmada. Al día siguiente, junto con los rayos de sol, el árbol del tayí se elevaba majestuosamente, mostrando unas flores tan blancas como las estrellas. La mujer se sentó a observar el nuevo día que comenzaba, cuando una suave voz le habló desde atrás:
-Creo que ya se fue.
La mujer giró para ver a su hija, y con voz pausada preguntó como si hablara con el viento
-¿Cómo sabes?
-Porque pude soñar con flores…”.
En ese fragmento del cuento ganador se descubren ciertas influencias de maestros reconocidos por la autora. Pese a su final netamente garcíamarquiano, se ve también la mano de Allan Poe, Baudelaire y Kafka.
“Me gusta el cuento porque la poesía la relaciono con la felicidad y ese no es un aspecto que me interese. Mis temas se relacionan con mi estado de ánimo, con un sentimiento hasta doloroso, porque mis padres son veterinarios y alguna vez he visto la muerte ahí con algunos animales. Por eso leo la poesía de Baudelaire, es otra cara de ese género. Allan Poe cultiva un estilo de terror elegante, no como el de las películas que de niña yo miraba y me condenaban al insomnio”, afirma esta ex practicante de artes marciales que decidió renunciar al idioma francés porque el inglés la llamaba con más fuerza.
El primer cuento que escribió esta muchacha, que pretende profesionalizarse en ingeniería electrónica, fue a los ocho años para una tarea de la escuela. Hasta ahora ha escrito como 20, de los cuales algunos se han perdido.
En el caso de Paola Andrea Luna, además de poesía, cultiva el cuento, la fábula y sueña con escribir alguna vez una novela. Después del premio, afirma que desea seguir escribiendo y profesionalizarse en ello si es posible, aunque también tiene claro que si no puede encarar la literatura profesionalmente, igual jamás dejará de escribir. Para ella, la poesía atrapa al momento determinado que la inspira.
“Me gusta la poesía clásica, la de Lidia Parada o la de mi abuelo, Aldo Luna, cuyo trabajo figura en una antología poética. A los 13 años leí un poema titulado Homo non Sapiens. Desde entonces escribo para expresar mis emociones, mis ideas, como por ejemplo: sobre la amistad o sobre sentimientos encontrados o darte cuenta cómo la vida va cambiando y no sabés si estarás contento con esos cambios”, dice la ganadora que quedó impresionada con el libro La lista de Schindler, que quiere estudiar comunicación social o psicología, y que en sus ratos libres juega al tenis. Así escribe Luna:
También nosé/ si en un futuro
todo lo que viviré/ me dará frutos
(…) Pero si así fuese
tal vez me dañará
por eso lo único que sé
cuando se cierra una puerta
se abre otra o cuando hay un final existe un comienzo
(fragmento del poema Nose)
Luna agrega que ha escrito cuentos para el colegio y que le gustaría profesionalizarse en la poesía buscando una mayor intensidad y mejor estructura, aunque la ganadora de la categoría de cuento, Areco, agrega que teme estudiar literatura, porque podría cambiarle tal vez su modo de percibir las cosas y de escribirlas.
Así el exceso de TV, el hechizo del Play Station, el MP4 y la Internet, aún no han llegado al territorio mental de algunos adolescentes y jóvenes, como Luna y Areco. Ellas mantienen la capacidad de entender lo que leen, pueden mirarse por dentro, imaginar una historia y plasmar aquello que les bulle en el alma en forma de literatura. Pero sobre todo, tienen muchísimo tiempo para pulir esas habilidades y seguir un paso adelante de los muchos que empiezan la carrera de escribir, de los cuales, la mayoría caerán en el intento.
(Fuente: www.eldeber.com.bo)
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