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Señales y prejuicios: apuntes para una ponencia

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Señales y prejuicios: apuntes para una ponencia
Por: Rodrigo Hasbún

1.
Acaba de morir un amigo querido. En un accidente de tránsito, mientras conducía por una carretera rápida de Estados Unidos, país al que se mudó hace un par de años. Algunos dicen que lo atropellaron. La versión que predomina, sin embargo, es la del accidente. Nadie me ha contado aún los pormenores. De todas maneras ya son imágenes dolorosas, punzantes, que no voy a poder quitarme nunca. Lo último que tengo ganas de hacer es escribir una ponencia. Lo último que quisiera, este domingo bullicioso, es hablar de literatura.
2.
Afuera, en las calles de la ciudad, los universitarios ensayan sus bailes. Falta poco para la entrada. Los universitarios bolivianos son grandes bailarines. ¿Qué son los escritores bolivianos? ¿Qué son los jóvenes escritores bolivianos? ¿Algo nos distingue de los que vinieron antes? ¿Qué nos distingue de los que vinieron antes?
3.
La idea de las generaciones, a los escritores les resulta incómoda, atenta contra su individualidad, escribo para obligarme a entrar en materia. Nosotros mismos, en el encuentro, seguramente nos dedicaremos durante dos días a negar una posible nueva generación. ¿Qué parámetros la definirían? Además de ciertas circunstancias comunes demasiado generales, ¿hay algo más? ¿Nuestros territorios se parecen? ¿En nuestra escritura, en nuestras búsquedas personales, se establece alguna hermandad? ¿Nos rebelamos todos contra algo? ¿Venimos de un mismo lugar? ¿Ambicionamos cosas parecidas? ¿Qué nos ha marcado? ¿Qué nos une? Y más importante aún: ¿Quiénes son los escritores que los demás invitados al encuentro admiran? ¿Qué música oyen? ¿Qué películas no pueden dejar de ver una y otra vez? ¿Algo de eso nos hace habitantes de una misma patria? ¿De una misma patria verdadera? ¿De una misma generación verdadera?
4.
Me paro y miro por la ventana. Las calles más céntricas de la ciudad están cerradas para que los universitarios ensayen sus danzas. Sí, los universitarios bolivianos son bailarines excepcionales. Pero resulta agotador mirarlos durante mucho rato. Así que giro hacia la estantería en busca de algún libro que me ayude a armar la ponencia, aunque lo último que desee en este momento sea armarla. Saco Respiración artificial. Lo hojeo, releo pedazos, encuentro unas líneas que pueden servirme.
5.“¿Cuándo aparece en la literatura argentina la idea de estilo, la idea de escribir bien como valor que distingue a las buenas obras?”, se pregunta Renzi, ese personaje entrañable de Ricardo Piglia, uno de los narradores latinoamericanos más valiosos de las últimas décadas. “Por de pronto es una noción tardía”, responde él mismo. “Aparece recién cuando la literatura consigue su autonomía y se independiza de la política. La aparición de la idea de estilo es un dato clave: la literatura ha comenzado a ser juzgada a partir de valores específicos, de valores, digamos, puramente literarios y no, como sucedía en el XIX, por sus valores políticos o sociales.” ¿La idea de estilo, esa idea de escribir bien como valor que distingue a las buenas obras, funciona acá, en Bolivia? Más allá de lo que se diga, ¿funciona en serio? ¿Por qué nunca se menciona en ninguna parte? ¿Por qué reseñas y críticas suelen darle tanta importancia únicamente a la referencia, al retrato? Al hacerlo, reseñistas y críticos perpetúan una lectura mezquina y miserable, ampliamente difundida en nuestro país, donde el escritor, a veces sin darse cuenta, lo que es aún peor, está acostumbrado a asumir tareas ajenas, sociológicas o antropológicas o lingüísticas.
¿Qué pasa ahora? ¿Cómo asimilan esas distinciones evidentes los jóvenes escritores bolivianos? ¿Las asimilan? ¿Cuánto se nota en sus libros?
6.
Que se premie siguiendo criterios temáticos y no literarios, y que el jurado lo exponga tan orgullosamente: pésima señal.
7.
Pésima señal que se dé por sentado que la complejidad de una sociedad determina la naturaleza de la literatura que se practica en ella, otro prejuicio demasiado expandido, otra justificación inútil. Pienso en Sudáfrica o en Israel, por ejemplo, sociedades igual o más complejas que la nuestra. Pienso en Coetzee y en Amos Oz, sudafricano e israelí, felizmente liberados de cualquier obligación o responsabilidad, escribiendo historias muy íntimas que nosotros al otro lado del mundo agradecemos. Historias ancladas en sus sociedades pero que en realidad tratan de otra cosa, de lo que sentimos y pensamos todos en cualquier parte, la pérdida y los afectos y el terror, la necesidad de entender algo y la necesidad de olvidar, el arrepentimiento, la redención, las sombras extenuantes del amor y de la muerte. ¿Por qué no hay escritores del tamaño de Coetzee o de Amos Oz aquí? ¿Los habrá alguna vez? ¿Qué se necesita? ¿Qué sobra?
8.
Voy a la cocina, me preparo un café, vuelvo. La bulla sigue ahí, los universitarios siguen ahí. La sonrisa de mi amigo, su mirada inquietantemente fija, su buen humor, su alegría desbordante a pesar de la vida difícil que llevó, siguen ahí. Algunos recuerdos falsos, su auto deshecho, su cuerpo irreconocible, siguen ahí. Mi falta de ganas y mi confusión y mi tristeza siguen ahí. Releo algunos de los apuntes que he escrito. ¿Me servirán para armar la ponencia? ¿Por dónde debería seguir? ¿Y el apunte anterior quedó claro? ¿Eso de que una sociedad compleja no exige a sus escritores abordarla necesariamente? ¿Eso de que la gran literatura, aunque aborde a su sociedad, explora otro tipo de territorios, más interiores e inasibles, más permanentes? ¿Y cómo unir eso a la idea que plantea Piglia? Sus libros son la mejor respuesta. Los libros de Coetzee y Oz son la mejor respuesta.
9.
Los libros fascinantes de Saer, que miro de reojo en este momento, en la estantería, son la mejor respuesta. Varios están ambientados en el campo. Algunos de sus personajes, incluso, son humildes habitantes de provincia. Pero ahí no hay una sola pizca de costumbrismo agobiante. Por la distancia que se impone el escritor. Por lo que le exige y no le exige a la literatura. Y porque la mirada de Saer, como la de todo gran escritor, además de estar puesta en el ser humano, en su fragilidad y en su grandeza, lo está también en el lenguaje, en la narración, en una voluntad estilística y formal muy acentuada. Y porque Saer tiene claro que la literatura no debe explicar ni justificar nada.
Las mismas preguntas de unos apuntes atrás: ¿Qué pasa ahora? ¿Cómo asimilan esas distinciones evidentes los jóvenes escritores bolivianos? ¿Las asimilan? ¿Cuánto se nota en su escritura? Y algunas nuevas: ¿Cuánto riesgo hay? ¿Cuánta osadía? ¿Cuánto rigor? ¿Cuánto habrá? ¿Adónde apuntamos? ¿Cómo persistiremos?
10.
Es el primer domingo después de la muerte de mi amigo. Debería ir a tomarme un café, sentarme en una mesa oculta, dedicarme durante horas a desenterrar momentos ahora un poco olvidados. Revivirlos, volver a habitarlos.
Intento imaginarlo en su auto, minutos antes del accidente. Intento imaginarlo una hora antes. ¿Qué hacía? ¿Dónde estaba? Aparece optimista, como siempre. Feliz. Sin tener ni la menor idea de lo que lo espera a la vuelta de la esquina. No debería hablar de mi amigo aquí. Pero ahora mismo me cuesta pensar en cualquier otra cosa.
11.
Debería condensar estos apuntes. Debería ser más directo, apuntar contra lo que repudio, disparar. Mencionar esas críticas o reseñas que se entretienen hablando de la clase social del autor y de detalles así, todos extraliterarios, mientras naufragan en torpes y obsoletas lecturas ideológicas. Mencionar esas otras críticas o reseñas vergonzosamente mal escritas, plagadas de errores elementales. Señalar que las ideas no tienen valor ni sentido mientras no haya detrás una obra que las respalde. Leyendo a cualquier de los escritores invitados al encuentro ya tengo un panorama de qué piensan sobre la literatura, cómo la conciben, qué esperan de ella. Lo que luego digan ellos mismos no importa tanto. Estos apuntes no importan tanto. Debería abandonar estos apuntes.
12.
Me pongo zapatos y una chamarra. Apago la máquina. Decido salir. A encontrarme con Mauricio, ese amigo querido al que ya nunca volveré a ver.
Noviembre, 2007.

Cuestionario sobre internet

Este cuestionario mide tu cultura general acerca de Internet, cosas simples como slang, Google y Sitios Sociales tales como Digg o MySpace.

Son 29 preguntas y sólo debes elegir la respuesta correcta. NO VALE HACER TRAMPA: No se vale abrir otra ventana, buscar en Google o Wikipedia, se debe responder el cuestionario sin consultar nada, hay que ser sinceros.

Fuente: Aeromental

Los Jóvenes también contamos

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Sangre nueva para la literatura Paola Andrea Luna (15) y Tiffany Areco (16), ganadoras del premio
Por: Darwin Pinto

Ella, cuando por fin pudo escapar a las garras del insomnio, soñó que “eso”estaba ahí. Varias veces habló en dormida pidiendo que “aquello” se fuera. Incluso, cuando creció, le contaron que una noche la encontraron abrazada a su muñeca favorita, con temor por esa presencia.
De modo que algunos años después, cuando Tiffany Areco Erazo (16) escribió El choboreca del Tajibo, narración corta con la que ganó el primer lugar en la categoría de cuento en el concurso Los jóvenes también contamos, describió casi una experiencia personal, apoyada con investigación sobre esa leyenda oriental.
La poesía de Paola Andrea Luna (15) también es un asunto personal. Tanto es así que obtuvo el primer lugar en su categoría en el mismo concurso con su obra Nosé. Esta montereña, nacida en La Paz, ha hallado en este género de brevedad metafórica tallada en papel, el idioma necesario para expresar, en su total magnitud, lo que la palabra dicha al viento no puede hacer.
Hay veces en que los autores deben justificar por qué escriben lo que escriben, sobre todo, cuando algún periodista se los pregunta: “Siempre me ha gustado escribir, porque imaginariamente puedes visitar nuevos lugares. Empecé a hacerlo desde que tenía 11 años. Escribía cosas muy breves que se quedaban archivadas en casa. Ésta es la primera vez que participo en un concurso”, dice Areco Erazo y agrega que El choboreca del tajibo lo escribió en 48 horas, sólo para participar de esta competencia organizada por EL DEBER y la Mesa Departamental de Concertación por la Lectura y Escritura.
“…A lo lejos, la luna brillaba y cerca del yatí, una sombra espesa se arrastraba con muecas de dolor. La mujer agarró a la niña y entró a su cuarto. La abrazó fuertemente y no la dejó en toda la noche, sintiendo su respiración más calmada. Al día siguiente, junto con los rayos de sol, el árbol del tayí se elevaba majestuosamente, mostrando unas flores tan blancas como las estrellas. La mujer se sentó a observar el nuevo día que comenzaba, cuando una suave voz le habló desde atrás:
-Creo que ya se fue.
La mujer giró para ver a su hija, y con voz pausada preguntó como si hablara con el viento
-¿Cómo sabes?
-Porque pude soñar con flores…”.
En ese fragmento del cuento ganador se descubren ciertas influencias de maestros reconocidos por la autora. Pese a su final netamente garcíamarquiano, se ve también la mano de Allan Poe, Baudelaire y Kafka.
“Me gusta el cuento porque la poesía la relaciono con la felicidad y ese no es un aspecto que me interese. Mis temas se relacionan con mi estado de ánimo, con un sentimiento hasta doloroso, porque mis padres son veterinarios y alguna vez he visto la muerte ahí con algunos animales. Por eso leo la poesía de Baudelaire, es otra cara de ese género. Allan Poe cultiva un estilo de terror elegante, no como el de las películas que de niña yo miraba y me condenaban al insomnio”, afirma esta ex practicante de artes marciales que decidió renunciar al idioma francés porque el inglés la llamaba con más fuerza.
El primer cuento que escribió esta muchacha, que pretende profesionalizarse en ingeniería electrónica, fue a los ocho años para una tarea de la escuela. Hasta ahora ha escrito como 20, de los cuales algunos se han perdido.
En el caso de Paola Andrea Luna, además de poesía, cultiva el cuento, la fábula y sueña con escribir alguna vez una novela. Después del premio, afirma que desea seguir escribiendo y profesionalizarse en ello si es posible, aunque también tiene claro que si no puede encarar la literatura profesionalmente, igual jamás dejará de escribir. Para ella, la poesía atrapa al momento determinado que la inspira.
“Me gusta la poesía clásica, la de Lidia Parada o la de mi abuelo, Aldo Luna, cuyo trabajo figura en una antología poética. A los 13 años leí un poema titulado Homo non Sapiens. Desde entonces escribo para expresar mis emociones, mis ideas, como por ejemplo: sobre la amistad o sobre sentimientos encontrados o darte cuenta cómo la vida va cambiando y no sabés si estarás contento con esos cambios”, dice la ganadora que quedó impresionada con el libro La lista de Schindler, que quiere estudiar comunicación social o psicología, y que en sus ratos libres juega al tenis. Así escribe Luna:
También nosé/ si en un futuro
todo lo que viviré/ me dará frutos
(…) Pero si así fuese
tal vez me dañará
por eso lo único que sé
cuando se cierra una puerta
se abre otra o cuando hay un final existe un comienzo
(fragmento del poema Nose)
Luna agrega que ha escrito cuentos para el colegio y que le gustaría profesionalizarse en la poesía buscando una mayor intensidad y mejor estructura, aunque la ganadora de la categoría de cuento, Areco, agrega que teme estudiar literatura, porque podría cambiarle tal vez su modo de percibir las cosas y de escribirlas.
Así el exceso de TV, el hechizo del Play Station, el MP4 y la Internet, aún no han llegado al territorio mental de algunos adolescentes y jóvenes, como Luna y Areco. Ellas mantienen la capacidad de entender lo que leen, pueden mirarse por dentro, imaginar una historia y plasmar aquello que les bulle en el alma en forma de literatura. Pero sobre todo, tienen muchísimo tiempo para pulir esas habilidades y seguir un paso adelante de los muchos que empiezan la carrera de escribir, de los cuales, la mayoría caerán en el intento.
(Fuente: www.eldeber.com.bo)

Noticias: Nuevos libros en la Biblioteca gratuita

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Biblioteca gratuita
Nuestra Sección de descarga de libros gratuitos ha sido recientemente actualizada, por lo que lo invitamos a que descargue su libro, para que lo lea en su computadora o, si quiere, lo imprima y la lea en casa, en el micro, donde le toque.
Esta sección, como lo anticipamos, es nuestra punta de lanza de lo que propone Ecdótica. Un lugar de acceso gratuito a libros, especialmente a aquellos que ya no tienen derechos de autor, como el clásico Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra que ya está disponible y la promoción de libros de autores noveles que no encuentran espacios para difundir su obra, lo que podrán hacer ahora desde nuestro sitio sin necesidad de invertir grandes recursos, como los necesarios costos de imprenta.
Don Quijote de la Mancha. Autor: Miguel de Cervantes Saavedra
La novela consta de dos partes: la primera, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, fue publicada en 1605; la segunda, El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, en 1615 (título original: Segunda parte del ingenioso cauallero Don Quixote de la Mancha).
Biografía del Libertador Simón Bolívar. Autor: L.C.
El general Bolívar es delgado, y algo menos de una regular estatura. Viste bien, y tiene un modo de andar y presentarse franco y militar. Es jinete muy fuerte y atrevido, y capaz de resistir grandes fatigas. Sus maneras son buenas y su aire sin afectación, pero que no predispone mucho a su favor.
Candido, o El Optimismo Autor: Voltaire
Donde se da cuenta de como fue criado Candido en una hermosa quinta, y como de ella fue echado a patadas.
Descripción geográfica, histórica y estadística de Bolivia. Autor: Alcides De Orbigny
Habiendo nacido con muy particulares disposiciones para las ciencias naturales, De Orbigny debe a los consejos y a las doctas lecciones de un padre, cuyo nombre es digna y honrosamente conocido entre los sabios, el temprano desarrollo de ese instinto poderoso que fue impulsado al estudio de ellas.
Hamlet. Autor: William Shakespeare
Hamlet es una tragedia de venganza, escrita entre 1600 y 1602. Es una de las tragedias más grandes de la historia del teatro y de las más representadas a nivel mundial.
Residencia en la tierra. Autor: Pablo Neruda
Es un libro del poeta chileno Pablo Neruda, considerado por muchos su mejor libro y una de las grandes obras poéticas jamás creadas, sobresale por su hermetismo, los poemas están escritos en un lenguaje muy intimista, propio, sobresalen los poemas “galope muerto”, “colección nocturna”, “ritual de mis piernas” y “walking around”

Referencia y virtualidad en la narrativa boliviana contemporánea. Parte 1/6

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Referencia y virtualidad en la narrativa boliviana contemporánea. Parte 1/6
Por: Benjamin Santisteban

(Este ensayo fue escrito para el Encuentro “S. 09 Narrativa Boliviana en el Tercer milenio”, realizado en Sucre y organizado por el Comité Nacional del Bicentenrio del Primer Grito Libertario. Agradecemos a Benjamín Santisteban y Alex Aillón por la generosidad de ambos al permitirnos publicarla en nuestra librería virtual: www.ecdotica.com. Desde ecdotica reconocemos a Benjamín como uno de los críticos literarios más importantes que hay en Bolivia, así que nos sentimos orgullos de contarlo entre nuestros colaboradores, aunque sea por esta única vez.)
La literatura boliviana contemporánea cuenta hoy como nunca con una labor editorial de promoción de nuevos escritores, que empalma inevitablemente con cuestiones de mercado; el mero criterio estético no puede superar los mandamientos del Capital. El objetivo ansiado es comerciar de manera que el riesgo de la promoción de la novedad no supere el de la desaparición del sello editorial. La tensión no es nueva ni peculiar de las editoriales bolivianas; resulta, más bien, la savia inyectada diariamente al oficio de la publicación literaria a escala mundial. Los modos cómo se la enfrenta ilustran aquello que hace que el editor sea buen editor. Uno de ellos, sin embargo, ha devenido preponderante hasta el grado de atentar contra la riqueza del lenguaje literario en la literatura latinoamericana.
El imperativo de universalidad y la anarquía ontológica de la obra literaria
En ese modo confluyen tres fuerzas, sin que haya una seguridad analítica para determinar los grados de culpabilidad. Al comprensible intento editorial de hacer de toda obra un best-seller internacional se adjuntan la universalidad del lenguaje, latente incluso en el acto de habla más idiomático, y el deseo del escritor, modestia aparte, de ser leído por la mayor cantidad posible. En la triple confluencia surge la norma explícita o implícita que manda a que la obra a ser publicada pueda venderse / leerse en cualquier parte del planeta; tiene que tener la capacidad de cruzar fronteras con la rapidez de pasaporte diplomático, lo cual equivale a decir que no debe oponer resistencia a procesos de traducción que la priven de su idiomatismo o que la trasladen a lenguajes extranjeros. Pero “diplomacia” es eufemismo de anulación de las diferencias geográficas, históricas e ideológicas. Se instala aquí una censura o autocensura de una trascendencia y efectividad que rondan matices indetectables: el lenguaje literario publicado debe ser universal, depurado de idiosincrasias que impidan la comprensión y venta en cualquier parte.
Desatender a este imperativo puede significar la reclusión del joven escritor en las estrechas paredes del provincialismo, una antesala del silencio. Para un escritor que se halla en sus comienzos es casi imposible poder publicar una obra cuyo lenguaje enseñe descaradamente la rareza irrepetible; necesita ya tener nombre y poder de negociación si sueña siquiera desafiar al imperativo de la universalidad. El ejemplo de Paco Ignacio Taibo II conviene, ahora que la literatura boliviana se complace en la novela policial, quizá uno de los subgéneros que se presta mejor a la universalización. Un colega suyo, en una reunión de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos (AIEP), le había instado: “Ahora que estás publicando en el mercado internacional, tienes que escribir novelas más universales, más internacionales”. Fácilmente uno se imagina el sentimiento de culpa que tal pedido infundió a Taibo II, escritor comprometido con la realidad política de su país. A “manera de llevar la contraria”, terminó escribiendo una novela

con marcas de complicidad, una novela ilegible para cualquiera que no hubiera vivido, aunque sólo fuera por unos días, bajo la lluvia y el smog del DF, una novela llena de referentes cómplices en el lenguaje, en los micropaisajes, en las bromas. Una novela tan defeña, en suma, que no podría vender jamás en Alemania o
Estados Unidos(1).

Afortunadamente las “marcas de complicidad” pueden ser descifradas hasta cierto punto y lectores totalmente ajenos al Distrito Federal de México comprenden y disfrutan en cierta medida de Sintiendo que el campo de batalla. El lenguaje literario no sólo es el desvelamiento de un mundo singular y hermético, sino también un instrumento de comunicación. En esta segunda función el idiomatismo y el idiolecto más cerrado encuentran su límite y se abren a la posibilidad de compartir el mundo propuesto por el texto. La resistencia a la universalización —a lo que ahora se ha apodado globalización en la literatura— mediante una escritura totalmente idiomática parece fracasar por la esencial naturaleza comunicativa del lenguaje literario. Y es que el escritor no puede desvelar un mundo singular sin, al mismo tiempo, comunicarlo. Sintiendo que el campo de batalla ha acabado siendo publicada por la editorial Txalaparta del país Vasco, que asegura la venta / lectura internacional.
Esta aparente victoria de la universalidad se contrarresta con algo insoslayable: el proceso de traducción a que se somete esa novela no la agota, sea la descodificación de su lenguaje idiomático por la lectura o sea el traslado a otro lenguaje, o ambos. El texto literario excede siempre la total apropiación gracias a su extrañeza radical o anarquía ontológica que le hace irrecuperable. Al ser una singularidad radical, cada obra literaria se cierra sobre sí misma; se separa de su autor y de lo que se llama el “mundo real”.
(1) Taibo II, Paco Ignacio
1997 Sintiendo que en el Campo de Batalla. Nafarroa: Txalaparta



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