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El peso de las palabras



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El peso de las palabras
Por: Pedro Shimose

Sin ánimo de incordiar, traigo a colación un ya añejo artículo literario sobre el escritor estadounidense Philip Roth (PR), publicado en el suplemento cultural Brújula de EL DEBER (14/01/06). El artículo se titula La vida en todas partes y en él hay un párrafo cuyo estilo, me parece, puede ser mejorado. Su autor escribe: “Indudablemente, PR se ha constituido como uno (sic) de los grandes escritores del siglo XX. Sus ficciones (…) son referentes obligatorios (sic) de la literatura en lengua inglesa”. Esa fraseología oscurece el estilo del escritor. Si algo es indudable, ¿por qué decirlo, entonces? Y si “se ha constituido como uno de los grandes escritores del siglo XX”, basta con decir sencillamente que ‘es’ uno de los grandes escritores del siglo XX. En cuanto a su obra narrativa, no hace falta decir con grandilocuencia que “son referentes obligatorios, etc.” Pienso que bastaba con escribir: “Philip Roth es uno de los grandes escritores en lengua inglesa. Sus ficciones (…) son antológicas”. Todo en beneficio de la brevedad y la claridad.
Un comentarista escribe: “Nos encanta el protocolo (…) con ritos, con ceremonias, con actos, con besamanos, con el zafarrancho (sic) propio de nuestro retorcido macaneo” (La Prensa, 19/10/07). ‘Zafarrancho’ es un término marinero. Significa licenciar a parte de una embarcación para dejarla dispuesta a determinada faena. Por eso suele decirse “tocar a zafarrancho de combate”. El periodista quiso decir, quizá, “con toda la parafernalia propia de nuestro retorcido macaneo”, bolivianismo acertadísimo y apropiado para el tema en cuestión.
Leo: “Un gran aguacero se largó este (sic) mediodía en Santa Cruz” (ED, 01/11/07). Quizás sería mejor escribir de este otro modo: “Un fuerte aguacero cayó al mediodía en Santa Cruz”. Es más sencillo. Vuelco página y doy con la siguiente noticia: “Se hace cada vez más difícil hallar sosiego en el país que, peligrosamente, va de conflicto en conflicto, uno más peor que el otro”. El superlativo del adjetivo ‘malo’ es ‘peor’ y el de ‘peor’ es ‘pésimo’, de modo que bastaba decir “uno peor que otro”.
Una politóloga escribe: “Me empeño en posicionar (sic) la propuesta de…” (ED, 01/11/07). ¿Y por qué no decir, sencillamente: “Me empeño en ‘situar’ la propuesta de…?”. También me llama la atención otro artículo que empieza así: “Ha dejado pensando (sic) el caso conocido de dos niños intoxicados por fármacos ansiolíticos” (La Razón, 26/10/07). Sería mejor decir: “Da que pensar el caso de dos niños intoxicados por fármacos ansiolíticos”. O quizás: “Es preciso recordar el caso de dos niños…”, pero jamás “ha dejado pensando”.
A veces aparecen frases algo crípticas como la de un economista que afirma: “…no se aprovechó el espectacular contexto comercial y financiero mundial que está enfrentando (sic) Bolivia” (La Razón, 30/09/07). ¿Enfrentando? ¿Acaso el autor quiso decir que el Gobierno de Bolivia no aprovechó la situación favorable del comercio y las finanzas mundiales?
Prosigo con el repaso de la prensa y leo: “No somos ajenos para (sic) el mundo que nos rodea” (La Razón, 30/11/07). Debería decirse: “No somos ajenos ‘al’ mundo que nos rodea”. Respecto a las últimas trifulcas sobre la capitalidad se escribe: “Una concentración (…) manifestó su solidaridad a (sic) los chuquisaqueños” (ED, 27/11/07). Debería decirse, sin menoscabo de la buena prosa: “Una concentración (…) manifestó su solidaridad ‘con’ los chuquisaqueños”. En otro momento leo: “…y tome a la democracia con (sic) beneficio de inventario” (La Razón, 27/11/07). Debería decirse: “…y tome a la democracia ‘a’ beneficio de inventario”. Sigo leyendo: “…medidas drásticas acompañadas por (sic) propaganda que la muestran…”. Quedaría mejor: “…medidas drásticas acompañadas ‘de’ propaganda que la muestran…”.
Guardo más gazapos en mi alforja, pero me falta aliento. Otro día proseguiremos con estas janucheras de lector viejo.
Fuente: El Deber // Madrid, 07/12/2007



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