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Crítica a Viento frío



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Novela negra sobre fondo blanco
Por:Hugo Montes Ruiz

Viento frío es uno de esos libritos que atrapan al lector desde la primera línea, de esos que es imperativo leer “de un tirón”. Está a caballo entre la novela breve y el relato extenso: cierta profundidad en el tratamiento y la definición psicológica del personaje principal lo acercan al género de la novela, pero tiene a la vez la austeridad y el carácter compacto propios del relato. Además, no todo lo planteado en la obra alcanza el desenlace típicamente novelístico y, en cambio, se apuesta por el arrollador poder de sugerencia de los relatos bien logrados.
Aunque el original ha sido escrito por un francés residente en nuestro país, la traducción permite vislumbrar el estilo recio y personal de Magnier. Tal vez los diálogos no sean siempre todo lo verosímiles que cabría esperar del evidente conocimiento que demuestra el autor sobre el medio. Pero no importa, porque las situaciones sí son creíbles.
Es irrelevante saber si la novela está inspirada en algún hecho real concreto: todos sabemos que las actividades del contrabando —incluidos los ajustes de cuentas entre contrabandistas— son el elemento subyacente de innumerables hechos de violencia que sacuden la cada vez más precaria tranquilidad de determinadas regiones fronterizas de Bolivia, y que a menudo arrastran a poblaciones enteras a comportarse como cómplices de las bandas.
Viento frío pone el dedo en la llaga al tocar un tema tabú. Afortunadamente, el autor ha sabido resistir la tentación de ofrecer una explicación socioeconómica o antropológica del fenómeno del contrabando. Sencillamente lo toma como parte de una realidad insoslayable que establece el trasfondo de una trama que él construye con solvencia limitándose a presentar los “hechos crudos” sin más.
Pero quizá el verdadero telón de fondo de la novela sea la inmensidad del Salar, al que el tratamiento de Magnier eleva prácticamente a la jerarquía de personaje: bien podría ser el Salar el que narra los hechos en primera persona. Sobre un escenario tan formidable, resulta sorprendentemente fácil y natural “ver” la acción a través de imágenes poderosas que, al menos para quienes han estado allí, adquieren una cualidad casi cinematográfica.
En efecto, la historia fluye con frescura, gracias a un lenguaje directo —y hasta se diría ascético— aparentemente al servicio del relato desde el punto de vista de José, el personaje principal. No obstante, pinceladas y trazos enérgicos sobre otros personajes marcan una especie de contrapunto en el ritmo de la narración.
Sin embargo, no debemos dejarnos engañar: no se trata sólo de la narración superficial de cosas que pasan a la gente del Salar. Viento frío contiene elementos que reclaman una lectura más profunda. El drama de seres insignificantes y miserables se proyecta a la categoría de tragedia en virtud de su tensión dinámica con lo inevitable, con el Destino. Ése es su camino hacia lo universal.
Fuente: www.laprensa.com.bo



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