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Carta a Miguel Esquirol

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Carta a Miguel Esquirol
Por: Michael Gamarra

Estimado Miguel Esquirol:
Gracias por ese mensaje, que aunque masivo y provenir de alguien a quien no conozco personalmente, tiene el valioso toque del contacto entre un ser humano y otro, lo cual lamentablemente hoy, a una parte grande de la humanidad se le está paulatinamente incitando a perder. El “progreso”, el mismo que en los años 30 motivó al genio de Charles Chaplin producir aquel impactante film “Tiempos Modernos”, parece querer en el tercer milenio conducirnos a una raza de Robots, en la que todos pensaremos y actuaremos de igual forma, despreciando los colores de la diversidad, y encasillándonos en un gris monótono. frío y rígido, totalmente reñido con nuestra condición de seres vivos. Cada día es más frecuente que al llamar por teléfono a una organización, grande o pequeña, nos encontramos conque quien nos habla es una máquina incapaz de distinguir matices y sólo sabe que lo que no es blanco debe ser negro y viceversa.Hacia dónde nos conducirá eso no puedo imaginar. Por otra parte resulta alarmante el incremento del egoísmo que se palpa en todas las esferas, pero en especial en aquellos que cuando han llegado a posiciones destacadas, olvidan por completo la responsabilidad que tienen para con la sociedad que los ha elevado a dicho sitial.Por mi parte, soy de los que cree que todavía, en especial en las culturas iberoamericanas, late un humanismo que no quiere dejarse doblegar por el pragmatismo de estos tiempos.El proteger ese humanismo, mantenerlo y difundirlo al resto del mundo, es una forma de fortalecer la esperanza de que habrá para nuestros descendientes un mundo mejor, sin intolerancia, sin guerras, sin terrorismo, sin sobresaltos.Personalmente he encontrado en la difusión de nuestra lengua y literatura, un camino hacia esa meta, no importa que sea una “estrella inalcanzable”. Gracias nuevamente, y adelante. Sigue escribiendo, Miguel Esquirol. Encontrarás lo que buscas. Con deseos de un exitoso 2008, para ti y todos tus amigos, con un ingrediente importante: buena salud. Cordialmente desde Australia


BUENA LECHE

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¡Alas para el 2008!
Por: Ramón Rocha Monroy

Esta mañana, una criatura alada me envió desde el cielo un sobre que entró por la ventana abierta de mi dormitorio. Tenía un sello postal extraño: era la vera imagen de Julio Cortázar, consagrada por el Consejo de Cronopios de una República nueva que se llama Harmonía Libertaria. Ya tuve noticias de este país maravilloso en harmonialibertaria.blogspot.com, que tod@s podríamos consultar con provecho. En fin, abrí el sobre y contenía la siguiente carta:
Queridísim@s:
Este año sentimos una comezón constante en los omoplatos. Al principio parecían dos picaduras que no nos dejaban dormir, que picaban, ardían, dolían y nos obligaban a pasar las yemas de los dedos en busca del origen de la comezón.
No sé si algun@ de nosotr@s fue al médico para averiguar el origen; yo sólo recuerdo que enfrenté dos espejos y al ver mi espalda me sorprendió ver que me crecían dos pequeñas astas de novillo, pero pobladas de un suave vellón como la pelusa de los pollitos o de los duraznos. Lo que al principio debió parecer un fenómeno aislado se convirtió en una especie de epidemia, en una mutación genética que nos arrastró a tod@s a una nueva realidad, a una nueva República cuyo símbolo mayor son las alas. Alas para volar, alas para imaginar, alas para huir, alas para encontrar, alas para amar, alas para reír, alas para ser iguales. Alas.
Apenas aprendimos a remontar vuelo, las cosas de este mundo nos parecieron tan pequeñas… particularmente, claro, las diferencias sociales, las discusiones políticas, los odios y rencores, las rupturas, los divorcios, la curiosa costumbre de llorar, la penosa costumbre de hacer sufrir, el absurdo sentimiento de la envidia, la compulsión por el trabajo, la avaricia disfrazada de eficiencia empresarial, la acumulación de riquezas, los celos, las ironías y sarcasmos, las palabras crueles, los sobreentendidos, los prejuicios, las indirectas… Pero lo que nos pareció más pero más absurdo fue el acaparamiento de tierras. ¿Para qué disputarse decenas, centenas, miles, cientos de miles de hectáreas si ahora éramos dueños del cielo del Planeta? ¿Para qué si no hay forma de parcelar el cielo, de luchar por él como se lucha por una hectárea, por un metro cuadrado de tierra? ¡El cielo es propiedad comunitaria, pertenece a tod@s pero nadie se lo disputa!
Ya sabemos que las alas duelen cuando están creciendo, llegan con sangre, llegan con miedos e incertidumbre, como los sueños. Pero no soñar es malo. Como decía alguien y repetía Cortázar, hay que soñar, pero a condición de realizar minuciosamente nuestros sueños. Lo contrario es tener miedo a la libertad, pero nosotr@s, como decía el finado Alfredo Medrano, plata y miedo nunca vamos a tener. Vamos a soñar a pierna suelta, a tambor batiente. Vamos a dormir como las piedras cuando las bate el viento. Vamos a remontarnos de este mundo mezquino para seguir construyendo un mundo libre, sin hambre, sin niños tristes, sin seres codiciosos, sin astucias, sin triquiñuelas, sin chijchicas o xixicas. Para eso aprendimos a volar, para hacer fintas, sombreritos, caños, paredes, amagues, cachañas, tecniquitas y toda clase de suertes de ese oficio mayor y el más humano: el juego.


Kikin teatro gana el Bertolt Brecht de teatro

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El Kikin de Diego Aramburo
Por: Mabel Franco

(El grupo cochabambino acaba de imponerse en el concurso nacional Bertolt Brecht de teatro.)
Kikinteatro va dejando una impronta en la actividad escénica de Cochabamba. Si se habla de teatro en esa capital, ahí está, en primer lugar, el grupo cuyo nombre apela a una partícula quechua —kikin— para describir la amplitud de conceptos que maneja su director, Diego Aramburo. ´Dependiendo del contexto en el que se use la palabra, kikinteatro puede significar como el teatro o el teatro mismo´, explica el llajtamasi radicado en La Paz.
Si en los inicios del proyecto kikin, en los 90, la primera acepción tranquilizaba a Aramburo —´pues yo quería hacer cine desde que estaba en el colegio´—, hoy, él y sus actores optan claramente por la segunda. ´Estamos haciendo teatro, aunque con la certeza de que las fronteras con las otras artes no son rígidas´ y se pueden traspasar.
El Kikinteatro acaba de ganar el X Festival nacional Bertolt Brecht que se organiza en Cochabamba, con la obra Romeo y Julieta, una adaptación libre del clásico de Shakespeare.
La noticia se dio a conocer el anterior domingo, apenas unos días después del preestreno que se hizo en Patiño de La Paz y en pleno ajuste de la relación de la obra con el espectador. Porque la cercanía de ambos es vital para la puesta que ahonda en el ser adolescente de los personajes. Algo que permite a Aramburo dramaturgo hallar similitudes con una Bolivia también adolescente, según él la ve, sumida en una confrontación tan inútil como destructiva.
Aramburo empezó a hacer teatro en la escuela y con grupos de amigos. Como adolescente, se acercó a Peter Travesí e integró el elenco juvenil de Tra-la-la. Pero lo que quería hacer era audiovisuales. Así que envió su solicitud a Cuba antes de salir bachiller. No obtuvo la beca, porque el 89 fue un año difícil para la isla, luego de la caída del muro de Berlín y otros cambios mundiales.
Mientras esperaba, escribió una obra y la montó con aficionados. ´Como no sabía nada de teatro, era más fácil hacerlo´, bromea. Al mismo tiempo, postuló a otra beca en la Alianza Francesa y esta entidad le puso en contacto con actores nacionales y extranjeros. Así, ´la gente y la vida me fueron llevando al teatro´.
Lo propio pasaría en Sao Paulo (Brasil) a donde fue a estudiar cine y terminó en el escenario, con beca incluida. Desde allí envió una carta a Grotowski, que aún vivía, sin sospechar que desde la escuela de este maestro, en Italia, le responderían invitándole a acudir a probar suerte.
Con estas señales, el joven Aramburo decidió asumir el teatro como profesión. Y nació Kikinteatro, un espacio para la experimentación de donde han salido actores y actrices, como Glenda Rodríguez, y una dramaturga como Claudia Eid (El masticadero, premio Dirección destacada del Bertolt Brecht por La partida de Petra y Bodas de sangre). Lo que no es poco decir.
Aramburo ha viajado mucho. ´Moverse te permite abrir la cabeza´, dice. Estuvo becado en Canadá y se fue a Francia —donde hizo de director asistente de Hubert Colas en la obra Macbeth—. ´Esto es parte de lo que me ha dado el teatro: poder hablar de Bolivia´ allí donde no se sabía nada o se tenía una imagen romántica y hasta folklórica.
Otra recompensa que reconoce el teatrista es la satisfacción de sentir que la gente, el público, de Cochabamba y de los festivales de Santa Cruz y La Paz, ha aceptado seguir las propuestas, a veces muy conceptuales, como fue el caso de Cuento del amor, con una consecuencia no siempre a la par de la crítica nacional.
La prueba del reconocimiento está en que siete de sus obras han sido premiadas en el país. Una de ellas, Crudo, ha recorrido Latinoamérica con excelente crítica de los especialistas de diarios como Página 12 de Buenos Aires y El Tiempo de Bogotá.
Pero, ¿qué le ha dado Aramburo al teatro? ´Creo, espero, estar aportando a una visión boliviana de entender las artes. Bolivia desborda cultura y por eso se da poca atención a la producción artística. A este debate me interesa aportar: cómo es producir, pensar el arte, consumirlo´. Y, ´a estas alturas en que se ha logrado una madurez en la técnica, lo prioritario es el concepto, esto me preocupa´.
Otro aporte ´es la construcción de una obra a través de muchos montajes, una identidad detrás de toda la producción´. Lo que, podría añadirse, le ha dado identidad a Kikinteatro. Sus obras pueden ser, para el punto de vista de la crítica, una muy buena y otra no tanto. Pero es un hecho que hay un sello propio. Este año, Aramburo ha confirmado la solvencia de su mirada y factura con dos obras. La primera, una puesta de Happy Days, de Samuel Beckett (agosto, La Paz), con una impresionante actuación de Patricia García, y la segunda, con la puesta en marcha de Romeo y Julieta, actuada por Lía Michel (premio de actuación) y Jorge Alanis.
Sobre esta última obra, el jurado del Bertolt Brecht ha destacado la ´búsqueda continua de una interpelación al público, la propuesta escénica y los códigos y elementos utilizados, la adaptación a un contexto contemporáneo y la dirección de actores´. Y ha ponderado la coherencia de la propuesta dramatúrgica entre el texto y la puesta en escena, destacándose la construcción estética con una adecuada utilización de los elementos plásticos´, así como ´el nivel de compromiso de los actores con sus roles´.
El premio consiste en el auspicio de una gira por las principales ciudades del país. Así que la historia de los amantes adolescentes, con su carga de obsesiones, excesos, caprichos y contradicciones que les ha aportado la mirada de Aramburo, estará en La Paz, seguramente también en el marco del Festival Internacional de Teatro (Fitaz) que se realizará el 2008.
LOS BERTOLT BRECHT 07
Romeo y Julieta • Primer lugar. Reconocimiento a la actriz Lía Michel y menciones por su escenografía y adaptación de la obra (Diego Aramburo).
Otros • Dirección destacada, Claudia Eid (La partida de Petra y Bodas de sangre); actor, Alejandro Marañón; escenografía (Bodas de Sangre); Dramaturgia (La partida de Petra). Menciones: Saúl Alí (actor de Macabro, La Paz), Cynthia Díaz (actriz de Usted me obligó a hacerlo, La Paz).
Fuente: La Razón


Sonidos de la noche

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El “sin sabor” de la obra de José AntonioValdivia
“Hambre”, es la palabra que define bien lo que se pretende explicar en estas líneas. Así como las ganas de comer que despierta el exquisito olor de un trozo de carne a la parrilla, exactamente así, un libro despierta ciertos sentidos, una obra capaz de robarse la atención entera y permitir vivir junto a ella todo lo escrito en cada una de sus páginas.
Partiendo de esta reacción básica y natural en un lector, Los sonidos de la Noche, novela recientemente publicada de José Antonio Valdivia, pese a su singular y poético nombre, de sonidos no tiene nada y de ruido mucho. Escrita en primera persona, esta obra presenta un protagonista: ¿el Ulises moderno? Alias el “Navegante”. Este sujeto presenta su vida anterior a su papel de escritor, como una de las mejores vidas, viene de padres especiales, la madre la “más bella flor del valle”, los abuelos ni que decir, es tanta la maravilla de los personajes primarios que de hecho el nieto (el navegante) heredo sin más el talento de escritor del abuelo.
Y así sin más, recién llegado a una ciudad X presenta sus relatos que inmediatamente son publicados en una revista femenina logrando tal éxito que empieza a adquirir remuneración económica y fama de escritor. La fama de ser el “¿nuevo Carver, Chévoj o Cheveer?”, así al menos, dice que hablan de él la crítica y, claro, su público femenino.
Pero la fama no llega sólo a eso, si no que una futura Miss se va a vivir en la misma casa del “celebre escritor” porque resulta que es la sobrina de la casera y que además lo admira.
De tal modo su cielo de “súper héroe” se amplía, que le da a la afamada fans el título de “Penélope”, (la de Ulises) y es tal el encanto de la chica por este personaje que “nació estrella” que al tercer día de apenas llegar y conocerlo le da su “virginidad”.
Pero claro que no será la única. Un ego tan alto y masculino necesita de más y sale a escena otra mujer loca por él, bautizada como Lorelei. ¿Distinguen alguna gran hazaña?
¿Existe una historia? ¿Dónde? No la veo. Hasta Corin Tellado en sus novelas rosa tiene más originalidad creativa y al menos responde a lo básico de todo relato: Introducción, nudo y desenlace.
Tomando en cuenta sus otros escritos, no se puede decir que Valdivia no sepa escribir, lo que no sabe es “hilar fino”, no basta la utilización de palabras bonitas, un tanto poéticas que en este caso, tienden a cansar, a confundir a experimentar la tentación de darle un “mejor uso” a esas páginas tan llenas de “vana gloria”.
Aún no se como pude transitar en ellas. En conclusión Sonidos de la Noche es una difícil lectura que lejos de producir hambre, produce nauseas y los “ruidos” dolor de cabeza. Particularmente prefiero al verdadero Homero.
Fuente: Los Tiempos


El General y sus Presidentes

Hans Kundt y Ernst Röhm, dos alemanes en la vida de Bolivia
(La Guerra del Chaco es vista desde nuevas fuentes gracias al trabajo de Robert Brockmann, quien además reconstruye el paso por el país de Ernst Röhm, un aguerrido nacionalsocialista.)
De niño, Robert Brockmann escuchaba decir a su padre, cada vez que aparecía alguna información sobre Ernst Röhm, miembro del Tercer Reich en Alemania: “Ése estuvo en Bolivia”. Así que, desde sus 13 años, quien se dedicaría años más tarde a la labor periodística —fue Subdirector de La Razón— comenzó a reunir papeles sobre ese personaje vinculado con Adolf Hitler, quien terminó ordenando que se le fusile, el 30 de junio de 1934, durante la Noche de los Cuchillos Largos.
El 2004, Brockmann leyó, en unos ensayos de Charles Arnade, referencias sobre la presencia de Röhm en el país. El antiguo interés revivió y, luego de contactarse con el investigador estadounidense, comenzó a armar un rompecabezas que derivaría en un libro de historia. Libro que, siguiendo la pista de Röhm, condujo al autor hacia la figura de otro alemán, Hans Kundt, que terminó constituyéndose en el pilar de las indagaciones del periodista historiador.
La anterior semana, Plural Editores entregó el libro con el título El general y sus presidentes. Vida y tiempos de Hans Kundt, Ernst Röhm y siete presidentes de Bolivia, 1911-1939.
Visitas al Archivo y Biblioteca Nacional, en Sucre; revisión de la prensa nacional e internacional de la primera mitad del siglo XX, indagaciones minuciosas en la Internet… las fuentes primarias y secundarias remiten en el libro a 500 referencias. Así que el método y el contenido de El general… son indudablemente de corte histórico; pero “la escritura es periodística; me he esforzado para que la lectura sea un placer, casi como una novela”.
Entre varios descubrimientos que permite la labor de Brockmann, por ejemplo sobre el periodo previo a la Guerra del Chaco, lo que se hace evidente es que tanto Röhm como Kundt jugaron papeles decisivos para la historia del país. Colegas y hasta amigos —Kundt habría posibilitado la llegada del influyente militar, cabeza de las SA (camisas pardas), el brazo armado del Nacional-Socialismo—, terminaron enfrentados en 1930. La causa fue el intento de prórroga del presidente Hernando Siles, a quien Kundt servía, y la oposición militar que se articuló en Oruro. Brockmann ha encontrado en esta última fracción la mano de Röhm. Y destaca algo que la historia ha olvidado: lo sangrienta que fue la asonada. La caída en desgracia de Siles afectó a Kundt, que tuvo que huir del país. Y a Röhm le llamó Hitler que veía peligrar su posición y necesitaba del aguerrido personaje.
De este último, de quien se sabía era homosexual, el autor reproduce correspondencia relacionada con Bolivia, con lujo de detalles sobre sus amantes. Lejos estaba entonces el personaje de sospechar que su homosexualidad ayudaría luego a Hitler —a quien tuteaba, como nadie más se atrevía— a justificar su asesinato.
De Kundt se volvería a saber en Bolivia, cuando la Guerra del Chaco se hizo cuesta arriba para las fuerzas bolivianas. El mismo pueblo que le había echado antes exigiría su retorno.
Este capítulo es profundizado por Brockmann, quien confiesa su aspiración: “quiero que mi libro sea un referente sobre la guerra, pues hay mucha nueva información, con fuentes no consideradas hasta ahora” y que echan luces sobre responsabilidades que, en general, han pesado únicamente sobre el alemán que llegó a comandar las fuerzas militares bolivianas.
Más allá del valor que tiene reconstruir la historia, Brockmann se encuentra con que facetas fundamentales que él ha investigado se parecen muchísimo a lo que pasa hoy en el país. Y extrae una conclusión debidamente documentada: los bolivianos no toleran prorroguismos ni periodos demasiado largos en el poder. El general y sus presidentes. Vida y tiempos de Hans Kundt, Ernst Röhm y siete presidentes de Bolivia, 1911-1939. Plural Editores y Embajada de Alemania en Bolivia. La Paz, 2007. 470 páginas.
Fuente: La Razón




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