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Músicos que rebuscan en la intimidad de la poesía

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Músicos que rebuscan en la intimidad de la poesía
Por: Javier Badani Ruiz

Escudriñan su textura, analizan su métrica y se internan en su intimidad textual con el único objetivo de vestirla de melodía. Desde la Edad Media, los músicos se han apropiado de los versos de una poesía para devolverlas a la vida transformadas en una canción. Y este año, ese intenso trabajo de musicalización tocará, a través de dos proyectos distintos, los versos de Adela Zamudio, una de las poetas más importantes de la literatura boliviana, y el trabajo de Benjamín Chávez, Premio Nacional de Poesía 2006.
Bajo el impulso del intelectual Luis ´Cachín´ Antezana —pionero de trabajos multimedia como La Bodega de Jaime Saenz y de La Pascana de Gladys Moreno—, los músicos Óscar García y Juan Carlos Orihuela asumieron el reto de dotar de un nuevo lenguaje musical a cuatro poesías de Zamudio: Epitafio, Nacer hombre, Tristeza y Fin de siglo. Este trabajo engalanará un CD interactivo dedicado a la escritora cochabambina que saldrá próximamente.
Por su parte, el cantautor Luis Rico —que ya trabajó en la poesía de Coco Manto y Marcelo Urioste— tiene previsto iniciar este 2008 la musicalización de los versos del orureño Benjamín Chávez. ´La meta es la de visibilizar el trabajo de los escritores contemporáneos´, explica.
Ambos emprendimientos se suman a la larga lista de trabajos musicales en el país que han musicalizado a poetas de la talla de Óscar Alfaro, Jaime Saenz y Matilde Casazola. Pero la semilla fue sembrada siglos atrás en el Viejo Mundo de la mano de narradores artísticos como los juglares, quienes ponían música a las historias y leyendas orales.
´La poesía nació unida a la música y la música (entonces) servía para que se grabaran en la memoria de los miembros de la comunidad los valores morales´, escribe la española Blasina Cantizano en la investigación ´Poesía y música, relaciones cómplices´.
A partir del siglo XX, los cantautores españoles iniciaron una ola de homenajes a los escritores más importantes de la literatura castellana, poniendo música a sus poemas. Los más prolíficos en esta labor fueron Paco Ibáñez y Joan Manuel Serrat. Este último se centró en los escritos de Antonio Machado (1835-1939), entre ellos, los poemas He andado muchos caminos y La saeta.
La influencia del trabajo de Serrat pronto recaló en sus pares latinoamericanos. ´En Bolivia, los cantautores intentamos seguir sus pasos musicalizando a nuestros poetas. Para ello tuvimos que alejarnos del enraizamiento musical hacia nuestra cultura y apegarnos a la tendencia de la música de autor´, recuerda Luis Rico, quien destaca la labor realizada por el tarijeño Nilo Soruco con la lírica de Óscar Alfaro.
La chuquisaqueña Matilde Casazola es otra de las autoras nacionales cuya obra ha sido musicalizada en más de una ocasión. Entre otros, su talento inspiró al reconocido compositor Cergio Prudencio, quien adaptó orquestalmente el poema Cantar en el camino en ritmo de tango para la película El Atraco, del cineasta Paolo Agazzi.
Además de poeta, cantautora, la artista de 66 años —que hasta ahora no ha puesto música a ninguno de sus versos— asegura que existe grandes diferencias a la hora de encarar la composición de una poesía o trabajar en el texto de una canción.
´Yo hago obra poética y por el otro lado canción y ambas no tienen mucho que ver. Para hacer una canción, el texto debe necesariamente que ser más elástico y debe adaptarse a la música. La poesía, en cambio, tiene en sí misma una musicalidad, un ritmo y un lenguaje que es saboreado por el lector de forma íntima´, señala Casazola, quien musicalizó poemas de Federico García Lorca y César Vallejo, entre otros.
Sin embargo, a pesar de que la poesía posee musicalidad, transponerle melodía a través de los instrumentos musicales y dotarle de una voz es un trabajo que requiere de una ardua labor.
´La poesía es más metafórica que el texto de una canción y tiene una cadencia y métrica que debe mantenerse en la esencia de la canción´, explica Luis Rico, quien tiene como uno de sus proyectos para este año —celebrando sus 40 años de vida artística— la incorporación de música a la obra de los vates contemporáneos del país. Los versos del joven poeta Benjamín Chávez serán los primeros.
El compositor y productor musical Óscar García señala que si bien no existe requisitos, a la hora de elegir un poema para su musicalización es necesario que los versos tengan ritmos bien definidos y que inviten a la música.
´Los textos que son muy largos, que tienen puntos suspensivos o signos de interrogación son difíciles de musicalizar. La poesía es ritmo; el problema está en imponerle uno nuevo. Si se hace mal, se provocará un choque fuerte de ambos ritmos que será perceptible para el oyente´.
Otro de los desafíos es el de transponer al lenguaje musical la intencionalidad propuesta en el texto. ´En Nacer hombre (poema de Adela Zamudio) utilizamos un tratamiento textural y rítmico reiterativo cuya base melódica incluye una técnica minimalista que es repetitiva, pero no aburrida´, explica. A esto se sumó el trabajo vocal en diversos planos sonoros realizado por la soprano Carla Casanovas, quien le dio voz al texto de la literata.
Al final, los cuatro poemas de Zamudio tienen un tratamiento musical distinto, delimitado por el discurso textual. En Fin de siglo un aire de cueca fue necesario para dar vida al soneto. En cambio, la brevedad de Epitafio invitó al dominio de la percusión.
´Musicalizar un poema es una sensación única. En este caso nos obligó a redescubrir a Zamudio, una poeta sensacional del siglo XIX, pero que fue olvidada por su posición \’feminista\’, que en realidad era un pensamiento mucho más profundo. Y eso se ve en lo que ella dejó escrito´, manifiesta el también poeta Juan Carlos Orihuela, quien junto a Óscar García y Pablo Muñoz musicalizaron en los años 80, con Cantos Nuevos, la poesía de García Lorca. Una década después, esa experiencia impulsó la aparición de Memoria del destino, trabajo donde se puso melodía a destacados poetas bolivianos.
Una de las claves para encarar la adaptación de una rítmica musical a los textos poéticos es la apropiación de los versos. ´Antes de su musicalización necesito leer una y otra vez el poema, dejar que cada palabra me inspire una melodía. Si no, no lo hago´, dijo a La Razón el cantautor ítalo-argentino Gianfranco Pagliaro, durante su visita al país el 2005. Y esa conexión se hizo sentir en La Paz cuando Pagliaro cantó su adaptación de Balada de Claribel, poema de Franz Tamayo.
Los primeros emprendimientos
En la Edad Media, los juglares —que viene del latín jocularis, bromista— fueron los encargados de difundir la llamada ´mester de juglaria´, un conjunto de poesía épica y lírica.
Los juglares cantaban o recitaban los ´mester´ para recreo de la nobleza, de los reyes y del público en general. Los épicos recitaban, entonces, poesía narrativa, mientras que los líricos se dedicaban a cultivar versos sentimentales y difundir composiciones poéticas como serranillas y coplas que eran compuestas por trovadores.
Personajes de humilde origen, los juglares eran diversos: desde el cantor de tabernas hasta el adornado con paños costosos que subía a los palacios y acompañaba a los nobles en sus viajes.
La poesía adquirió después, durante el siglo XIX, una nueva funcionalidad a través del lied (canción), utilizado en la música clásica europea. Acompañado de un piano, el intérprete daba vida al texto literario a través de su voz. Uno de los compositores que impulsó el lied fue Franz Schubert, quien escogió los selectos escritos de Johann Wolfgang von Goethe, Wilhelm Müller y Friedrich Schiller para insertar tramas imaginarias a sus obras. Con datos de www.recmusic.org

LOS VERSOS

´Nacer hombre´
Adela Zamudio
Cuánto trabajo ella pasa
Por corregir la torpeza
De su esposo, y en la casa,
(Permitidme que
me asombre).
Tan inepto como fatuo.
Sigue él siendo la cabeza.
¡Porque es hombre!
Fragmento del poema musicalizado por Orihuela y García.

´La saeta´
Antonio Machado

¿Quién me presta una escalera, para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el nazareno?
¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en
las manos, siempre
por desenclavar!
Fragmento de la pieza trabajada por Joan Manuel Serrat.

“Balada de Claribel”
Franz Tamayo

En la desolada tarde,
Claribel,
Al calor de un sol que no arde, Claribel,
me vuelve el amante alarde
Aunque todo dice
´es tarde Claribel´.
Lleva en sus alas el viento, Claribel, tu nombre como
un lamento, Claribel…
Obra musicalizada por Pagliaro.

´Idilio muerto´
César Vallejo

Que estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí; ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita la sangre, como flojo cognac, dentro de mí
Dónde estarán sus manos que en actitud contrita planchaban en las tardes
blancuras por venir…
Fragmento de la obra
musicalizada por Casazola.
Fuente: www.la-razon.com


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Cien años del nacimiento de Fernando Diez de Medina
Hace casi una semana se recordó el nacimiento del escritor Fernando Diez de Medina (La Paz, 14/01/1908– 21/09/1990). Miembro de la llamada Generación del Centenario, bautizada por él como ‘Generación de la fe’, pertenece a una dinastía de bolivianos ilustres, según comenta en un artículo publicado por El Deber, el escritor Pedro Shimose.
Desde el memorialista Tadeo Diez de Medina (siglo XVIII) hasta el periodista Raúl Diez de Medina (siglo XX), pasando por el historiador Lucio Diez de Medina, el arqueólogo Federico Diez de Medina y el diplomático e internacionalista Eduardo Diez de Medina –padre del escritor–, los Diez de Medina prestaron servicios distinguidos a la cultura boliviana.
Periodista, polemista, conferencista. Por espacio de más de sesenta años practicó el periodismo cotidiano o eventual. Fue reportero, crítico, redactor, columnista y editorialista en varios diarios de Bolivia. Emprendió numerosas campañas cívicas y de reforma social. Esta labor persistente no se puede evaluar porque en su mayor parte fue anónima y no está recogida en ningún libro.
Como polemista impugnó ideas de Papini, Toynbee, Madariaga, Assis de Chateaubriand, Menéndez Pidal, L.A. Sánchez, Arnade, Rodó y otros. En Bolivia refutó conceptos de Tamayo, Arguedas, Canelas, Céspedes, Espada, Arze Quiroga, aparte de muchas intervenciones periodísticas sobre temas políticos y literarios.
Dictó más de 50 conferencias, políticas unas, otras de carácter cultural, en las principales universidades y teatros del país, así como en Lima, Nueva York, Madrid, Génova, Roma y en entidades culturales. Algunas conferencias fueron dadas en las minas y las cinco que dictó sobre la reivindicación marítima de Bolivia, reproducidas en diarios y libros.
Publicaciones
Diez de Medina colaboró en muchos diarios y revistas de Francia, Italia, España, Estados Unidos, México, Cuba, Venezuela, Colombia, Ecuador, Argentina, Chile, Perú y Uruguay. Principalmente en “Cuadernos Hispanoamericanos” y “Mundo Hispánico” de Madrid; “Bolívar” y “El Tiempo” de Bogotá; “Cuadernos Americanos” de México; “Revista Nacional de Cultura” y “El Nacional” de Caracas; “Américas” de Washington; “Cuadernos” de París y con mayor asiduidad en “La Nación” y en “La Prensa” de Buenos Aires. Figura en más de 30 historias, diccionarios de literatura y antologías en diversos idiomas.
Su producción intelectual ha sido ampliamente comentada por escritores de prestigio y publicaciones en Europa y de las tres Américas. Las críticas a sus libros pasan de varios centenares en el país y el exterior.
Capítulos de sus libros se tradujeron al francés, italiano, alemán, inglés, danés y portugués.
En la política
De 1948 a 1951 fundó y dirigió el Grupo Cívico “Pachakuti”, que inspirado en ideas vernáculas, postuló una democracia responsable, la revolución integral y justicia económica para las mayorías postergadas.
Perteneció al Movimiento Nacionalista Revolucionario durante cinco años, como invitado en 1955 y fue expulsado “por desviacionismo” en 1960, por haber pedido amnistía general, freno a la violencia y la moralización del partido.
Sólo actuó durante cuatro años en las postrimerías del primer período de Paz Estenssoro, durante el gobierno de Siles Zuazo y otros cuatro años durante el gobierno del General Barrientos Ortuño.
“Fernando Diez de Medina es recordado y juzgado más por su agitada y controvertida actividad política que por su vasta, importante y dispar obra literaria. Entusiasta, fantasioso y audaz, su vida fue una sucesión de experiencias fallidas en oficios ajenos a la literatura”, dice Shimose, en el mencionado artículo.
Espoleado por un ambicioso proyecto vital, escribió 40 libros. Abarcó todos los géneros literarios posibles –desde el poema hasta el manifiesto polémico–, pero su fuerte fue el ensayo literario. Sus ensayos políticos son discursos moralizantes escritos con afectación y estilo sentencioso. Su crítica impresionista de la literatura boliviana se halla condensada en el libro Literatura boliviana (La Paz, 1953/Madrid, 1954), escribe Shimose.
Fuente: www.lostiempos.com


Jedi Fiction in a Conacine Edition

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Uno de los propósitos por la que decidimos crear www.ecdotica.com era el de dar espacio a aquellos que no pueden publicar sus libros debido a los elevados costos que representa la impresión. Cuántos grandes escritores no tendrán sus textos escondidos, que no los hayan publicado. No todos tienen un Max Brody, como Kafka, para publicarlos.
Hasta le fecha, en nuestra biblioteca gratuita: www.ecdotica.com/libros-gratis/ hemos publicado cuentos de Edmundo Paz Soldán, Maximiliano Barrientos (entre otros).
Ahora publicamos el texto de un escritor (no se si es boliviano que vive en Suecia) que se llama Miguel Lundin Peredo quien nos regala uno de sus cuentos denominado Jedi Fiction in a Conacine Edition. Cumplimos nuestro sueño, publicamos a alguien que posiblemente no tenga posibilidad de publicar de otra forma. Lo presentamos a nuestros lectores, quienes serán los únicos que podrán juzgarlo, literariamente, claro.
Queremos seguir publicando a aquellos que no tienen voz, que no encuentran alternativas para publicar sus textos. Descárgenlo, leanlo, coméntelo, lo que sea, que esta bien. Una página, una de las más visitadas en Bolivia www.aeromental.com ha enlazado a su página el cuento, por lo que les agradecemos.


Sobre Felipe Delgado de Jaime Saenz

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Algunos apuntes sobre Felipe Delgado
Por:Adolfo Cárdenas

Una lectura más de la emblemática novela de Jaime Saenz, que hace algunos meses fue reeditada por primera vez después de 28 años
Al hablar con varias personas, inscritas obviamente en el tramo del consumo literario, y preguntar específicamente sobre el peso de la obra de Saenz en la literatura contemporánea, he encontrado cierta reticencia sobre el tema en cuanto a acercamientos o alejamientos alrededor de ella.
Algunos convienen en que es un gran poeta, pero… Otros pretenden que sus referencias están dirigidas a un espacio muy particular como es la ciudad de La Paz y que en ese sentido concitan el interés de la paceñidad tan sólo. Alguien dijo: “Felipe Delgado es como el bizcocho de Alasita: mucha masa y pocas pasas…”.
Y todavía alguno más pretendía que el imaginario Saenziano no correspondía al de la ciudad de La Paz en su contemporaneidad, seguido todo esto de un largo etcétera de justificaciones sobre la no lectura o no comprensión de esta novela en particular.
Explicar dichas actitudes no es inédito ni original, por el contrario, entran de hecho en las confrontaciones entre lo que se ha dado en llamar los Saenzianos y los no Saenzianos, y que circunvalan alrededor de lo formal o lo contextual en el aparente marco de un primer nivel de lectura, es decir, la comprensión de la historia narrada en apariencia sin recurrir a los simbolismos que ella pueda conllevar.
A mi entender, Felipe Delgado, alter ego de su autor, es el Caronte que guía a quien quiera seguirlo a través de territorios que destilan la bruma propia de la noche, más no aquella de las luces de neón, sino la que nos adentra en la sordidez de los callejones del inconsciente.
En este sentido, ¿cuál es la ciudad que plantea Saenz? En apariencia es La Paz como puede serlo Praga o Cochabamba, aunque en realidad el artista nos habla de una ciudad interior, de la perfecta desconocida, de aquella que se rechaza por motivos de salud mental porque si bien —y como es de reconocimiento estético— el artista —lo repito— puede transitar impunemente dichos territorios sin el temor de perderse para siempre entre sus recovecos, acaso el viajero pierda la pista y en algún momento se hunda para siempre en aquellos laberintos.
Ése es el desafío de un escritor que no busca la vulgaridad de la gloria vana y que, por el contrario, convoca a quien quiera seguirlo en un ritual que aparentemente es solamente la noche, el frío, el alcohol o el estado alterado, pero que en profundidad se constituye en mero vehículo, mero ayudante en el tránsito hacia las profundidades del terror primordial. Esas geografías son sólo conocidas por los iniciados en la reflexión sobre los grandes temas de la literatura y el pensamiento filosófico, vale decir la banalidad de la vida como ruido mundano, el esfuerzo por entender la muerte desde la finitud o lo insustancial de la compañía del prójimo a veces tan próximo.
Quizá ésta es la explicación de por qué Felipe Delgado jamás será una novela de consumo masivo, convirtiéndose en todo caso en un texto de culto para quienes quieran entender que esta ciudad es la noche de otras ciudades en las que se puedan respirar aires más displicentes. Esta ciudad comprendida por escritores de mi generación tales como Humberto Quino o René Bascopé o los inmediatamente posteriores como Juan Carlos Orihuela o Rubén Vargas, entre otros, y para quienes el poema perfecto sólo deviene del alarido.
Luego de balbucear apenas algo de lo mucho, luego del vano intento de descifrar esta novela con sus portentosos claro-oscuros, es que no queda nada más que intentar definirla con las propias palabras de Saenz cuando dice:
En las profundidades del mundo existen espacios muy grandes / Un vacío presidido por el propio vacío / que es causa del terror primordial del pensamiento y del eco.
Existen honduras inimaginables, concavidades ante cuya fascinación, ante cuyo encantamiento / seguramente uno se quedaría muerto.
Ruidos que seguramente uno desearía escuchar, formas y visiones que uno desearía mirar / cosas que seguramente uno desearía tocar, revelaciones que seguramente uno desearía conocer / quién sabe con qué secreto deseo, de llegar a saber quién sabe qué…
Fuente: www.laprensa.com.bo


Entrevista a Wolfango Montes

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Wolfango Montes, letras sobre el diván
Por:Darwin Pinto

El autor cruceño habla de su más reciente novela publicada y de la que acaba de terminar y aún no ha presentado. También esboza sus pasiones: la novela y la psiquiatría, e indica los pasos para ser escritor y para ser lector
Son las 09.25. Faltan cinco minutos para la hora pactada, pero él ya está listo. Abre la puerta, apretón de manos, y tras andar por un pasillo en el interior de su casa, en el centro de la ciudad de Santa Cruz, nos acomodamos en una sala que tiene la comodidad precisa para charlar sin presiones con el escritor cruceño más leído en la actualidad. Atrás queda el estrés de los micros demorados y el calor de la mañana armada con su garrote de grados centígrados. Entonces, Wolfango Montes invita a sentarse y la grabadora empieza a correr…
—Tu novela Los aimaras están llegando fue la más vendida en la Feria del Libro y una de las más leídas …
—En esa novela coloqué a una familia conservadora cruceña en una situación límite: la hija menor se enamora de un aimara, y eso genera un conflicto.
—¿Se la puede considerar como una metáfora sobre Bolivia?
—Sí. Existen personajes de todos los tipos: el idealista, la chica que “traiciona” a la región, los racistas y los radicales de izquierda de un socialismo indígena.
—¿Cómo eliges los temas?
—El tema me elige. De repente comienzo a sentir una presión… Para esa novela yo había empezado a sentir una preocupación grande por lo que pasa en Bolivia y percibí que llegábamos a una encrucijada histórica. La historia suele ir lenta, pero hay momentos en que todos los procesos se aceleran. En este momento es difícil saber lo que nos depara este 2008. Estas situaciones el político las puede resolver por una acción política, otra gente la ignora, o se preocupa o se enferma, pero el artista debe transformarla, sublimarla para entenderla.
—En situaciones así, ¿los artistas deben aclarar los escenarios?
—No creo que el arte debe estar al servicio de una causa. Cuando ocurrió eso con el realismo socialista fue un fracaso. El artista transforma el problema y le da características estéticas. La persona al entrar en contacto con la sinfonía, el cuadro o el poema, por catarsis se identifica. Creo que T.S. Eliot dijo que los artistas son las antenas de la sociedad.
—¿Los aimaras están llegando es tu primera novela política?
—En Jonás y la ballena rosada toqué temas sociales. En todas mis novelas intento hacer una aventura del alma. Son temas que me interesan y yo siento esa presión íntima para expresarlos. A veces son temas psicológicos o sociales, pero el tema político social es la primera vez.
—¿Qué novela te habría gustado escribir?
En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.
—¿Cuándo decidiste ser escritor?
—Desde muy pequeño viví en un mundo de libros. Así uno termina queriendo ser escritor por imitación. A los 17 años tenía ya una vocación y a esa edad desistí de serlo (risas). Me dije: “¿Será que se puede ser escritor aquí, en un lugar perdido en América del Sur?”.
—¿Y por qué eres psiquiatra?
—Me parece que no podía estudiar otra profesión, porque ahí se juntan una serie de ciencias. Para ser un buen psiquiatra tienes que conocer al ser humano como materia, psique y espíritu. Al mismo tiempo, un buen psiquiatra debe tener una visión filosófica del mundo y una postura en relación con la condición humana. Un buen psiquiatra termina leyendo grandes obras de literatura porque ellas nos enseñan mucho más que un libro de psicología. Era una profesión que me daría más placer que trabajo.
—Entonces la psiquiatría te devolvió a la literatura…
—Sí, me trajo de vuelta y no me siento culpable. Si un cirujano lee a James Joyce dirá: Estoy perdiendo el tiempo (risas). Un psiquiatra no, por el monólogo interior y todo lo demás…
—¿Por qué te quedaste en Brasil?
—No fue una decisión, fueron accidentes de la vida. Me casé allá y comencé a trabajar. Allá se trabaja muy bien en mi profesión. Intenté trabajar aquí un año y medio y tuve dificultades porque antes los psiquiatras no podían competir contra las chupas. Algunos cruceños en aquella época resolvían los problemas bebiendo. Existía una negación del mundo interior. Sin embargo, he percibido que eso acá ya ha cambiado. Yo hablo de una generación que fue obligada a ser activa. Negar el problema interior no era un defecto, fue una generación que construyó la Santa Cruz de ahora. Cuando construyes y te dedicas a la acción, no puedes pararte y pensar mucho en tu mundo interior porque eso te detiene.
—¿Te gusta más ser el psiquiatra Vanucci o el escritor Montes?
—La escritura te toma pocas horas del día y si sólo te dedicas a eso pierdes el contacto con la gente. Un novelista necesita el contacto con las personas. En mi consultorio tengo muchas vidas pasando rápidamente frente a mí, es como si yo viviera 20 ó 30 vidas al mismo tiempo. Eso enriquece al escritor.
—Según tu experiencia, ¿cuáles son los atributos que debe tener un buen escritor?
—Creo que el novelista debe ser una persona que tenga bastante experiencia en la vida y conocimiento del ser humano. Debe ser alguien culto, haber leído mucho. Se aprende a escribir leyendo. Existe el buen escritor que no es un gran hombre y el buen escritor que sí es un gran hombre. En el mundo occidental tenemos ese segundo criterio como modelo y para mí el gran hombre y gran escritor ideal es Goethe.
—Y para ser un buen lector, ¿qué se necesita?
—Los hombres más inteligentes de la humanidad dejaron condensado su pensamiento en libros. Tienes que saber aceptar la grandeza y disfrutarla.
—¿En qué andas trabajando ahora?
—Ya terminé una novela que no sé cuándo la voy a publicar. Se llama La Habana nunca más. Trata sobre la historia de amor entre un escritor boliviano y una poetisa cubana.
—¿Cuál es tu método de trabajo?, tomas apuntes, te enfocas en los principios y finales…
—Tomo apuntes, escribo y reescribo. A veces la historia se dispara y hay que reencauzarla.
—¿Te preocupa el lector o sólo escribes tu historia?
—Tengo respeto por el lector, pero no me dejo dominar por él. Si escribes un libro pensando en el lector, vas a bajar la calidad. El libro está hecho para él, pero durante la construcción hay que dejarse guiar por los demonios internos, por las intuiciones.
Fuente: www.laprensa.com.bo




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