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Sobre Matilde Cazasola

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“Ser artista engloba toda una existencia o una razón de ser”
Por: Beatriz Rossells

Poeta, compositora, intérprete en canto y guitarra, Matilde Casazola constituye una de las figuras más importantes de la creación musical popular en Bolivia por la calidad de la conjunción poética y musical de su obra. Su cueca De regreso capturó el corazón de los bolivianos ausentes y de los doblemente ausentes, los exiliados.
Nació en Sucre (Chuquisaca) y creció en una casa con jazmines y huerta poblada de olorosas plantas caseras. Escribió poemas desde niña y se aferró a la guitarra en la adolescencia, está muy claro que recibió una positiva influencia del hogar de intelectuales del que procede. Jaime Mendoza —el multifacético escritor y médico que defendió la tesis del Macizo boliviano y que es autor de la novela En las tierras de Potosí— fue abuelo de Matilde Casazola.
Dice la creadora: “Me defino como artista si debo definirme de alguna manera. El ser artista engloba toda una existencia, una razón de ser”.
Pequeña, frágil, con aire de niña preocupada, tras una fachada sobria y lentes graves, esconde un alma fina y una exquisita sensibilidad que le ha permitido penetrar en las formas más profundas del sentimiento de pertenencia a una tierra. Varias de sus canciones reviven los rincones de Sucre, la guitarra de ligero aire moruno, el rumor de los arroyos, la tristeza suave del atardecer, los aires templados que corren por los balcones y las esquinas, y tantas vivencias únicas que hacen la historia de una ciudad de un pueblo mestizados por el aporte de dos culturas.
Catorce libros de poemas publicados, 10 discos, e innumerables canciones y versos testimonian un impresionante trabajo entregado al país.
En la trilogía de bailecitos Como un fueguito, El contraste y Mi dueño, Matilde ha plasmado el requiebro gentil de la conquista y la dulce melancolía de la desilusión, que caracterizan el bailecito chuquisaqueño —expresión de toda una filosofía popular del amor y de la vida— a cuyo encanto no escaparon poetas como Nicolás Ortiz Pacheco y Claudio Peñaranda, quienes unieron sus versos a la música de destacados compositores o a la inspiración del pueblo.

Para querer bien
hay que arriesgarse.
La vida o la muerte
entera darse.
(El contraste, bailecito)

Como despertar de un sueño
así fue nacer, mi dueño.
Como ir a buscar el centro
de un ardiente sol y encontrar
al fin del tiempo
que también vivir fue un
sueño.
(Mi dueño, bailecito)

De las muchas vetas que incluye su obra musical, la dedicada al amor, como matriz de la vida, ocupa un lugar especial:

Yo sigo andando y andando
pero no hay cuando regrese
y el tiempo sigue jugando
con mi esperanza de verte
Tal vez cuando esté llegando
no me dé tiempo la muerte.
(Tiempo, yaraví)

La matriz humana en Matilde Casazola se manifiesta en el reconocimiento espontáneo del dolor, tal como se da en la cotidianidad de la vida; el dolor que nace del mar de amores, el dolor incurable, el que se mitiga con el abrazo fraterno o el dolor sordo y terrible de la impotencia social. Así, sus canciones no naufragan en el lamento estéril o en la compasión mesurada; ellas otorgan el apoyo inviolable de la solidaridad, fundado en una gran dosis de esperanza y amor, que desborda los límites del lenguaje literario y sólo puede comunicarse a través del signo musical, y una lúcida comprensión de las posibilidades humanas para realizar cambios colectivos.
El sello de autenticidad de las sencillas estrofas que siguen resulta de la coherencia de una vida personal despojada de aparato, consustanciada con el humilde hombre de la calle y dueña de una responsabilidad artística e intelectual sin abdicaciones.

He oído muchos pájaros
cantar
he visto muchos soles
alumbrar
y he visto muchos hombres
arrastrándose en la senda,
cansados de pelear.
……………………….
Yo les dijera: -Hermano,
espérame
contigo pan de arcano
partiré,
Te juro que una estrella aún
palpita en la tiniebla,
resucita tu fe.
(La estrella, canción)

Y sobresale aquella veta que la muestra como una peregrina del mundo, de expresión universal. De ahí que su obra resuma la congoja y el temor existencial provenientes del eterno enigma del ser humano. El viaje y el retorno —metáforas que condensan la necesidad de explicar la precariedad de la existencia— aparecen frecuentemente como leit motiv de sus canciones:

¿Adónde vamos en barcos
de tiempo?
Siempre lejos.
(Distancia, canción)

Fuente: La Razón


Recordando a Modesta Sanginés

Modesta Sanginés, una mujer que se adelantó a su época
(El 26 de febrero se recuerda el 176 aniversario del nacimiento de la compositora paceña. La periodista Patricia Montaño acaba de publicar un libro que reconstruye la vida de esta mujer)
“Cuando falleció Modesta Sanginés, el año 1887, aún no había nacido el feminismo en el mundo”, afirma la periodista Patricia Montaño Durán, que reconstruyó la vida de una de las mujeres valientes que pasó por la sociedad boliviana y que hoy es casi una desconocida.
Se puede comprender su aporte, añade Montaño, ´echando un vistazo a la patriarcal sociedad paceña del siglo XIX, en tiempos en que la mujer no era considerada ´ciudadano´ y por lo tanto no tenía derecho al voto, ni a ejercer una función pública y menos a ser elegida´. A decir de Rossana Barragán, en cuanto a derechos, ´la mujer de aquellos días estaba en igualdad de condiciones que los menores de edad, los indígenas y los alienados mentales´.
La educación, que ya era restringida para los varones, lo estaba mucho más para las mujeres. Según Rafael Reyeros, los padres preferían que sus hijas ignorasen la escritura porque la consideraban ´casi como un arte de hechicería´. Y las estadísticas citadas por José María Dalence indican que del millón y tercio de habitantes, sólo 100 mil tenían acceso a la educación y, en 1846, sólo había cuatro colegios para mujeres en todo el país con un total de 68 alumnas.
Este panorama gris para el género femenino, estaba apoyado en la ley. Por ejemplo, el Art. 31 del Código Civil boliviano —que había tomado como modelo el código napoleónico—, decía: ´El marido debe protección a su mujer y ésta obediencia al marido. La mujer casada no tiene otro domicilio que el de su marido. Está obligada a habitar con él y a seguirle donde él juzgue conveniente residir. El marido está obligado a recibirla en su casa y a darle restricciones en la vida civil y económica. La mujer no puede dar, enajenar, hipotecar, ni adquirir por título gratuito u oneroso sin la concurrencia del marido al acto o sin su consentimiento o ratificación por escrito´.
Una fisura en esa norma fue aprovechada por Modesta Sanginés para escapar y realizar así con cierta libertad su obra creadora y benefactora, concluye Montaño. ´Si bien el Código establecía una cadena de prohibiciones para las mujeres casadas, no regulaba la vida de las solteras y por lo tanto, les permitía velar por sí mismas´.
Permanecer soltera fue la elección de Sanginés, decisión que ´pudo tomar por su carácter fuerte e independiente, por su seguridad en sí misma y porque era la única posibilidad que tenía de ser libre, aunque \’libre\’ dentro de los limitados términos de la época, pero al menos, no pasar a ser propiedad de un esposo´.
El camino de la soltería estaba, sin embargo, sembrado de inconvenientes. Primero, había que rechazar ´buenos partidos´; el más notable de ellos, Adolfo Ballivián, hijo del vencedor de Ingavi, con quien compartía el amor por la música y quien sería más tarde Presidente de Bolivia. En segundo lugar, enfrentar a una sociedad en la que no había lugar para las mujeres sin marido y, por si fuera poco, decidir tras la muerte de sus padres, no vivir bajo el techo de su hermano, sino comprar su casa propia.
Transgredió las costumbres, pero no la ley y menos la religión. Como periodista, Sanginés fue directora del periódico Jardincito de María que luego se convirtió en Semanario Católico y del cual llegó a publicar 267 números. Si bien escribió leyendas y algo de poesía, su creación literaria está inscrita fundamentalmente en el ámbito periodístico y esto ocurrió más de medio siglo antes de que el periodismo femenino surgiera en el país con Feminiflor.
Sin embargo, la cima alcanzada por Modesta Sanginés estuvo en el ámbito de la creación musical. Por esta razón, el teatro de la Casa de la Cultura lleva su nombre. La compositora figuró junto a destacados compositores de la época —todos varones—, como Norberto Luna, Benedetto Vincenti o Eloy Salmón. Como en el periodismo, también se alió con la Iglesia en su faceta musical escribiendo varias composiciones de carácter religioso.
Otra faceta suya fue la beneficencia. ´Extendió su mano caritativa a los desamparados, a los huérfanos y a los pobres, pero ante todo, siempre defendió a las mujeres´, explica la biógrafa. ´Se indignó tanto ante la miseria y necesidad de atención en salud para las mujeres, que hizo construir y equipó con su propio dinero una sala de hospital limpia y elegante para ellas. En su testamento las favoreció sobre los varones, principalmente dejó herencia para sus sobrinas Adela y Angelita Sanginés´.
Legó, asimismo, joyas y dinero para un buen grupo de mujeres entre primas, sobrinas, amigas y empleadas. Llama la atención como ejemplo, la cláusula 17 de su testamento, que refleja su opinión sobre algunos varones y dice textualmente: ´Dejo mil pesos a doña Petrona Torres de Valdez para que con ese dinero a réditos eduque a su hija menor y cuando esté en su mayoría se los dé a dicha su hija y que su esposo, mi primo Plácido Valdez, no tenga que intervenir en dicho dinero, así lo mando para que conste´.
Sanginés falleció en 1887 a los 54 años. Sus restos descansan en el mausoleo familiar, en el Cementerio General de La Paz, pero no tiene lápida, porque seguramente sus parientes dieron vuelta la suya para usarla en beneficio de otro miembro de la familia sin que nadie reclamara a su favor, porque ella no tuvo hijos y por lo tanto, no tiene descendientes directos. Modesta Sanginés, precursora de la equidad de género.
Patricia Montaño Durán. Fundappac y Konrad Adenauer Stiftung. La Paz, 2007.
http://www.la-razon.com/versiones/20080224_006192/nota_269_553253.htm


Crítica a Misteria pavoria. Cuento de terror de Velia Calvimontes

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Miedo y espanto en la obra de Velia Calvimontes
Por: Víctor Montoya

[(n. del e.)Esta reseña ya fue publicada con anterioridad en ecdotica, pero lamentablemente omitimos el nombre de quien la escribió: Víctor Montoya. El mismo nos manda nuevamente el artículo en su versión completa y le pedimos disculpas por la omisión]
El libro “Misteria pavoria. Cuentos de terror”, publicado por la editorial colombiana Panamericana e ilustrado por Luz Stella Rodríguez, es una verdadera cajita de sorpresas. Se trata de una obra compuesta por cinco cuentos de espanto y aparecidos, reunidos bajo un título sugestivo que atrapa de inmediato la atención del lector. La narrativa de Velia Calvimontes, avalada por un estilo limpio de ripios, hace gala de un lenguaje sencillo y ofrece una lectura amena a los lectores de todas las edades.
Los cuentos, que destacan por el buen manejo del hilo discursivo, nos relatan las historias de muertos, almas en pena y personajes del mundo esotérico, poniendo en boca de sus personajes palabras apropiadas y recreando situaciones sobrecogedoras, como en los cuentos “A dedo” y “El fraile encapuchado”. Los relatos más tétricos discurren en ámbitos insólitos, que van desde un cementerio hasta el patio trasero de una casona de antaño. No faltan los gallos y caballos, el tañido de la campana, el llanto de los difuntos, el lamento de los condenados, el viento y la tormenta, que son también personajes secundarios. Todo esto recuerda a esos seres que estando muertos, según la tradición y creencia popular, retornan al reino de los vivos para vengarse de sus enemigos y ajustar cuentas con sus deudores. Son cuentos de la más pura tradición oral que los niños bolivianos, hasta el día de hoy, se siguen contando sentados en un ruedo y bajo el resplandor de la luna.
Así ocurría en las tabernas coloniales, donde se daban cita truhanes y cuenteros, músicos y ciudadanos de vida alegre, en afán de confabular los sucesos más inverosímiles que imaginarse pueda. Los parroquianos, blandiendo el verbo cual espada de doble filo, abordaban temas de miedo y espanto, con una imaginación desbordante y acaso proclive a las supersticiones. Muchos de esos relatos llegaron con los colonizadores que se asentaron en la Villa Imperial de Potosí una vez descubiertos los ricos yacimientos de plata. De ahí que Velia Calvimontes, en su cuento “Un aullido en el cementerio”, ambientando en el siglo XVII, nos recuerda que las naves llegadas de allende los mares, además de traer noticias del Viejo Mundo, venían cargadas de historias que fascinaban a propios y extraños
Las consejas coloniales, atravesadas por personaje que aparecían y desaparecían de un modo misterioso y sin ninguna explicación lógica, se mezclaban con la chismografía sobre la vida privada de los habitantes de las urbes, sobre todo, de las familias consideradas poderosas, donde aparentemente sucedían hechos increíbles y macabros, como ocurre en “Un aullido en el cementerio”, cuyo argumento gira en torno a un hombre que, siendo en vida rico pero avaro, se condena a poco de ser sepultado. Las beatas dicen que se trata de un castigo por haberle negado al cura una contribución para reparar la campana de la iglesia. Los vecinos saben también que los aullidos lastimeros son de don Crisanto, quien, presa de su avaricia, no encuentra paz en su tumba. Mientras esto se comenta de boca en boca, los jóvenes parroquianos, reunidos en la taberna y en plan de desafío, hacen apuestas por quien se atreva a entrar en el cementerio a medianoche y, en señal de su valentía, dejar un puñal sobre la tumba de don Crisanto; un reto que no pocos rechazan atravesado por un temor que les recorre el espinazo. Sin embargo, como en todo cuento bien contado, no falta uno que, luciendo espada al cinto y aspecto de valiente mancebo, se atreve a probar su bravura. Entra en el camposanto, se acerca a la tumba de don Crisanto y, en el justo instante en que va a clavar el puñal en el lugar preciso, se le aparece el muerto envuelto en un manto oscuro. El mancebo se lleva tal susto que cae fulminado por un ataque al corazón. A la mañana siguiente, sus amigos que apostaron por él, lo encuentran con el rostro ensangrentado y sin un hálito de vida.
En el cuento “Las tres vueltas del gallo”, escrito con un halo de misterio y contextualizado en una casona colonial de la ciudad de Sucre, nos transporta al mundo fascinante de Eliza, la joven protagonista, quien cuida de sus hermanas menores hasta altas horas de la noche, mientras su madre trabaja como empleada doméstica. Eliza, luego de acostar a sus hermanas, se reúne con un grupo de amigas que se transmiten cuentos de espanto y aparecidos. Una de esas noches, al retornar a su hogar, cruza ante su mirada atónica un gallo de alas desplegadas. El animal se acerca a una tapia y, dando tres vueltas, escarba la tierra. Luego desaparece con el mismo misterio con el que aparece. Eliza le relata a su madre lo acaecido, pero ésta guarda silencio y espera la mejor oportunidad para cerciorarse personalmente del hecho, hasta que llega la festividad de la Virgen de Guadalupe. Entonces, en tanto el pueblo asiste a la celebración, madre e hija deciden revelar el misterio que representa el gallo y, justo allí donde éste escarbaba la tierra, encuentran enterrada una petaca de cuero que contiene joyas y monedas de oro y de plata.
En “El fraile encapuchado”, donde el suspenso y la curiosidad se apoderan del lector, se recrea un suceso que se arrastra desde la época colonial en Potosí, donde años más tarde, en el patio de una escuela, Elvira avista a un fraile con el rostro cubierto por la capucha de su hábito. La protagonista, como suele suceder en las historias de aparecidos, se queda helada y con el grito atascado en la garganta. No obstante, y sin salir de su asombro ante tal aparición, guarda el secreto por un tiempo. No se lo cuenta al cura de la parroquia ni a su marido. Primero decide comprobar que la aparición del fantasma no es una aberración de su mente sino un caso real. Para comprobarlo, un día arroja una piedra contra el hábito del fraile; la piedra atraviesa la vestidura y deja un impacto en la pared a modo de señal. Sólo entonces Elvira decide revelarle el secreto a su marido, quien, a pesar del miedo que se le mete entre pecho y espalda, no tiene más remedio que ayudarle a descifrar el misterio de aquella extraña aparición.
Una noche acuden al lugar donde el fraile hacia acto de presencia. Abren a fuerza de pico un boquete en la pared de adobe, se deslizan por él y, apenas iluminados por la luz mortecina de la luna, distinguen a sus pies una entrada que conduce hacia un sótano. Para continuar su pesquisa, se arman de velas y mecheros. Una vez en el fondo del sótano, quedan deslumbrados ante una abundante riqueza junto a “una docena de ropajes de altos prelados de la iglesia cubiertos de pedrería”. Durante tres largas noches, Elvira y su marido acarrean a su casa el tesoro escondido, y, una vez convertidos en ciudadanos prósperos, abandonan Potosí para disfrutar de su fortuna en una ciudad valluna. Hasta aquí, todo parece tener un final feliz como en los clásicos cuentos de hadas, pero no, en “El fraile encapuchado” los sueños se tornan en pesadillas; primero se desvanece la dicha en la familia de la pareja, y después Elvira, la protagonista principal, acaba enloquecida por haber visto y tocado lo que no debía.
En “La muerte azul”, inspirado en un acápite del libro “Exploración Fawcett” del explorador inglés Robert Fawcett, nos arrima a finales del siglo XIX y al peligroso trayecto entre La Paz y los Yungas; un recorrido que los aventureros, arrieros y errantes hacían a lomo de bestias. En este territorio, cubierto de niebla, precipitaciones y vegetación exuberante, el protagonismo recae en un jinete buscador de fortunas, quien, en procura de pasar la noche, pide hospedaje en un aposento. El posadero le niega arguyendo que todos los cuartos están ocupados, mas el forastero, pistola al cinto y sin darse por vencido, solicita el último que queda, justo aquél donde todo quien entra no sale con vida. Aquí valga destacar que la sola descripción del cuarto, como en las historias de crímenes y terror, constituye un excelente recurso literario que le permite al lector ubicarse en un contexto escalofriante.
Entrada la noche, y mientras afuera la tormenta ruge como bestia herida, en el cuarto de la muerte, donde descansa el forastero, se oye el estampido de un disparo. El dueño de la posada, que apenas alcanzó a cerrar los ojos, salta de la cama y se dirige al temible lugar, donde el forastero sigue con vida, aunque visiblemente pálido. Ante semejante realidad, el posadero no se lo puede creer, pero el protagonista del cuento se encarga de explicarle que estando en la cama, todavía despierto, vio que por el orificio del cielo raso descendía una gigantesca tarántula, que era la causante de las muertes que se producían en ese cuarto, donde todos aparecían al nacer el día con la cara y el cuello azules.
“Misteria pavoria. Cuentos de terror” (2005) es una obra breve que tiene la propiedad de suspender al lector en el terror de la imaginación, con narraciones que descubren un mundo de misterios y se sumergen en el subconsciente colectivo, lejos del maniqueísmo didáctico y las normas de moralización, tan propias en la mayoría de los libros destinados a los jóvenes y niños.
Velia Calvimontes Salinas (Cochabamba, Bolivia, 1935). Escritora y profesora de idiomas. Figura destacada de la narrativa infantil y juvenil. Según reveló en una entrevista, desde niña supo que sería escritora pero no fue sino hasta 1963, cuando residía en Chicago, Estados Unidos, que empezó a escribir. Debutó con su libro “Y el mundo sigue girando…” (1975). Obtuvo premios nacionales e internacionales. Entre sus obras destacan: “Abre la tapa y destapa un cuento” (1991), “La ronda de los niños” (1991), “El uniforme” (1993), “Amigo de papel” (1995), “Lágrimas y risas” (1995), “Cuentos de la vida” (1997), “En busca de hogar” (2002), “Sabor a Navidad” (2005), “Nueve noches y un día” (2007), “El niño de la pérgola” (2007) y la serie de libros sobre Babirusa que, desde el año en que empezó a publicarse (1993), se ha convertido en una referente de la literatura infantil boliviana, como “Papelucho”, la clásica obra de Marcela Paz, es un referente del cuento infantil chileno.
Fuente: www.ecdotica.com por gentileza de Víctor Montoya


Robbe-Grillet ha muerto

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Robbe-Grillet ha muerto
Por: Pedro Shimose

El ingeniero agrónomo, cineasta y escritor francés Alain Robbe-Grillet (Brest, 18/08/1922–Caen, 18/02/2008) perteneció al movimiento narrativo que él mismo bautizó con el nombre de ‘nueva novela’ (Pour un nouveau roman /1963, ensayos). Fue considerado el cabecilla del grupo integrado por Claude Simon (1913-2005 / Premio Nobel 1985), Marguerite Duras (1914-1996) y Michel Butor (1926). Con ellos coincidió una escritora de origen ruso –Nathalie Sarraute (1900-1999)– que debería ser considerada la matriarca de la escuela porque, con carácter precursor, se les había anticipado al publicar sus novelas Tropismos (1939) y Retrato de un desconocido (1947), con prólogo de Vladimir Nabokov, ruso blanco exiliado como ella. Jean-Paul Sartre le dedicó cálidos elogios. Sarraute publicó La era del recelo (1956), libro de ensayos críticos que afianzó los planteamientos teóricos de la nueva tendencia narrativa.
La nueva novela, también llamada ‘escritura objetivista’, ‘antinovela’ y ‘novela experimental’, nació enfrentada al realismo tradicional, el psicologismo, el sociologismo y la literatura popular. Era una narrativa exigente, morosa, descriptiva hasta el hartazgo, desbordada de intelectualismo, ajena al lenguaje cotidiano. En una de las novelas de Robbe- Grillet –La celosía, en versión española (el título en francés es ambiguo; ‘jalousie’ significa indistintamente celos y celosía)–, un hombre movido por los celos espía a su mujer con total impavidez, sin que suceda nada.
Este espíritu de renovación del arte de novelar tenía mucho que ver con la idea de que la novela decimonónica había muerto. Ortega y Gasset había anunciado, en 1925, la muerte de la novela y la deshumanización del arte. Alentados por las vanguardias, la ciencia (la teoría de la relatividad), la filosofía (la fenomenología de Husserl) y la técnica cinematográfica, los escritores del ‘nouveau roman’ instauraron un nuevo modo de concebir la novela.
Robbe-Grillet escribió nueve novelas y dirigió nueve películas escritas por él, una extensa autobiografía (El espejo que vuelve, 3 vols., 1984-1994), un libro de ensayos críticos Por un nouveau roman, (1963) e Instantáneas (1962), prosas. Las novelas de Robbe-Grillet: Les gommes (1953, publicada en español con el título de La doble muerte del profesor Dupont), Le voyeur (1955, El mirón), La jalousie (1957, La celosía), Dans le laberynthe (1959, En el laberinto), La maison de rendez-vous (1965, La casa de citas), Proyecto para una revolución en Nueva York (1970), Topología de una ciudad fantasma (1976), Reanudación (2001) y Una novela sentimental (2007) fueron publicadas por editoriales argentinas y españolas. Varias novelas suyas fueron traducidas al castellano por el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias (Premio Nobel 1967).
El poeta Julio de la Vega, lector asiduo de la revista Les Cahiers du Cinéma, nos trajo noticias de la ‘nueva ola’ francesa y comentó El año pasado en Marienbad (1961), película extraordinaria escrita por Robbe-Grillet y dirigida por Alain Resnais. El guionista fue candidato al Oscar de Hollywood.
Escritor cerebral y austero, esquivo y solitario, nada efusivo, quienes le trataron en la intimidad dicen que era amable y locuaz, dotado de un gran sentido del humor. Vladimir Nabokov declaró, más de una vez, que admiraba el talento del escritor francés y decía que le gustaban su lucidez de pensamiento, la pureza y la poesía de su prosa, “el espejismo en el espejo”.
Alain Robbe-Grillet ha muerto, pero su obra renovadora sigue viva. En los años 60 y 70 se proyectó en las novelas del mexicano Salvador Elizondo (+), del cubano Severo Sarduy (+), de los argentinos Juan José Saer (+) y Néstor Sánchez, y de los españoles Andrés Bosch (+), Jorge Cela Trulock y Manuel García Viñó. Algo le deben, hoy, el sueco-alemán Peter Weiss, el estadounidense Paul Auster y el argentino César Aira. // Madrid, 29/02/2008.
Fuente: www.eldeber.com.bo


Sobre los libros electrónicos

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Unión de Editores siente “pena” por mercado latino
Buenos Aires | Efe

El mercado editorial latinoamericano da “pena” porque no está invirtiendo en las ediciones electrónicas, aunque “mejoró mucho”, opinó la presidenta de la Unión Internacional de Editores (UIE), la argentina Ana María Cabanellas.
En una entrevista difundida ayer por la edición electrónica del diario bonaerense Clarín, Cabanellas también criticó a los fabricantes de hardware y a “gigantes como Google” por la demora que sufre la promoción del “e-book” (libro electrónico).
“Aunque mejoró mucho, me da pena el mercado editorial de nuestros países porque no estamos invirtiendo en las ediciones electrónicas, en los e-books. La edición electrónica en Latinoamérica no está llevada adelante por los editores”, reflexionó.
Según la primera mujer que llegó a presidir la UIE, “muchos son piratas lamentablemente o gente que viene de otros sectores”, por lo que “hay un espacio y no se trabaja en los e-books por la desconfianza en cuanto a la piratería”.
En otro orden, evaluó que un “problema” que conspira contra el desarrollo del libro electrónico “son los fabricantes de hardware que quieren imponer enseguida nuevos modelos de sus equipos que no son compatibles con los software” con los que venían trabajando.


Un cuento de Fernando Sorrentino

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Fábula edificante
Por: Fernando Sorrentino

Éste era un mendigo muy honesto.
Un día golpeó a las puertas de una rica mansión. Salió el mayordomo y le preguntó:
—¿Qué desea, buen hombre?
El mendigo respondió:
—Una limosnita, por amor de Dios.
—Voy a consultar con la señora.
El mayordomo consultó con la señora, y ésta, que era muy avara, le contestó:
—Jeremías, dele a ese buen hombre un pan. Sólo uno. Y, en lo posible, que sea de ayer.
Jeremías —que estaba secretamente enamorado de su ama— buscó, para complacerla, un pan viejo, duro como una piedra, y se lo entregó al mendigo.
—Toma, buen hombre —dijo, ahora tuteándolo.
—Que Dios se lo pague —respondió el mendigo.
Jeremías cerró el pesado portón de roble, y el mendigo se alejó con el pan bajo el brazo. Llegó al terreno baldío donde solía pasar los días y las noches. Se sentó a la sombra de un árbol y empezó a comer el pan. De pronto mordió algo duro y sintió cómo una de sus muelas se hacía pedazos. Cuál no sería su sorpresa cuando rescató, junto con los fragmentos de su muela, un fino anillo de oro, perlas y diamantes.
—Qué suerte —se dijo—. Lo venderé y tendré dinero por mucho tiempo.
Pero en seguida prevaleció su honestidad:
—No —agregó—. Buscaré a su dueño y se lo devolveré.
En el interior del anillo estaban grabadas las iniciales J. X. Ni corto ni perezoso, el mendigo se dirigió a un almacén y pidió la guía de teléfonos. Comprobó que, en todo el pueblo, sólo existía una familia cuyo apellido comenzase con X: la familia Xofaina.
Lleno de alborozo por poder llevar a la práctica su honradez, partió rumbo a la casa de la familia Xofaina. Grande fue su asombro al ver que se trataba de la misma rica mansión donde le habían dado el pan con el anillo. Golpeó a las puertas. Salió Jeremías y le preguntó:
—¿Qué desea, buen hombre?
El mendigo respondió:
—He encontrado este anillo dentro del pan que usted tuviera la bondad de darme hace un rato.
Jeremías tomó el anillo y dijo:
—Voy a consultar con la señora.
Consultó con la señora, y ésta, feliz y cantarina, exclamó:
—¡Afortunada de mí! ¡Hétenos aquí con el anillo que yo había perdido la semana pasada, mientras amasaba el pan! Éstas son mis iniciales, J. X., que corresponden a mi nombre y apellido: Josermina Xofaina.
Después de un instante de reflexión, añadió:
—Jeremías, ve y dale a ese buen hombre, como recompensa, lo que él quiera. Siempre que no sea muy caro.
Jeremías, tuteado por su ama, volvió a la puerta y díjole al mendigo, recayendo en el tuteo:
—Buen hombre, dime qué deseas como recompensa por tu buena acción.
El mendigo contestó:
—Sólo un pan para saciar mi hambre.
Jeremías —que seguía enamorado de su ama— buscó, para complacerla, un pan viejo, duro como una piedra, y se lo entregó al mendigo:
—Toma, buen hombre.
—Que Dios se lo pague.
Jeremías cerró el pesado portón de roble, y el mendigo se alejó con el pan bajo el brazo. Llegó al terreno baldío donde solía pasar los días y las noches. Se sentó a la sombra de un árbol y empezó a comer el pan. De pronto mordió algo duro y sintió cómo otra de sus muelas se hacía pedazos. Cuál no sería su sorpresa cuando rescató, junto con los fragmentos de esta su segunda muela rota, otro fino anillo de oro, perlas y diamantes.
Una vez más advirtió las iniciales J.X. Una vez más devolvió el anillo a Josermina Xofaina y recibió como recompensa un tercer pan duro, donde encontró un tercer anillo que volvió a devolver y por el cual obtuvo, en recompensa, un cuarto pan duro, donde…
Desde ese día venturoso hasta el infausto de su muerte, el mendigo vivió feliz y sin estrecheces económicas. Sólo debía devolver diariamente el anillo que encontraba dentro del pan.
[De En defensa propia, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982.]


III Concurso Andino Manuela Saenz 2007-08

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III Concurso Andino Manuela Sáenz, Edición 2007-08 (Comunidad Andina)
14 de abril de 2008
La Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, y el Parlamento Andino, Capítulo Ecuador, dan continuidad al “Concurso Andino Manuela Sáenz”, con el propósito de estimular la creación y la investigación, en dos categorías: jóvenes colegiales y universitarios de las naciones andinas. Para esta tercera edición del premio se convoca la categoría de ENSAYO, en torno a la figura del principal lugarteniente de Bolívar, Mariscal Antonio José de Sucre. La participación de Sucre en las campañas libertadoras de la Nueva Granada, Quito y Perú; la fundación y organización de la República Boliviana; las relaciones con el Libertador y otros líderes de la gesta emancipadora, el crimen de Berruecos y sus consecuencias para el futuro político de la Gran Colombia son aspectos que hacen del Mariscal un personaje clave para comprender los orígenes y el destino de nuestras nacionalidades.
El ensayo debe apuntar a resaltar y reinterpretar el lugar histórico de Sucre, su significado político, y la proyección actual de sus gestas en el escenario latinoamericano.
Bases
1. Podrán concursar autores nacionales residentes de cualquiera de los cinco países miembros de la Comunidad Andina, con obras escritas en castellano, inéditas, que no hayan obtenido otro premio y cuyos derechos no se hayan cedido a ningún editor en el mundo.
2. Se han creado dos categorías de participación: Categoría 1: estudiantes colegiales de quinto y sexto cursos de secundaria. Categoría 2: estudiantes universitarios y jóvenes investigadores que no hayan cumplido 30 años a la fecha de la convocatoria del concurso.
3. Los trabajos presentados al concurso deberán tener de 8 a 10 páginas, para la Categoría 1; de 15 a 20 páginas, para la Categoría 2. Los ensayos deben ajustarse al formato A4 (tamaño carta), escritos en una sola cara de la página, a doble espacio, con tipo de letra 12.
4. Los trabajos deberán presentarse por triplicado y en la portada de los manuscritos deberá constar el título del ensayo y el seudónimo. Se adjuntará un sobre cerrado, que contendrá en su interior el nombre, la fotocopia del documento de identidad o acreditativo de la nacionalidad, la dirección, el teléfono del autor, dirección electrónica y un breve currículum de no más de 10 líneas. En el anverso del sobre se consignará el seudónimo y el título del ensayo.
5. Los trabajos deberán remitirse por triplicado a: Concurso Andino Manuela Sáenz, Universidad Andina Simón Bolívar, Toledo N22-80, Quito, Ecuador. 6. No se aceptarán originales mal presentados o ilegibles, ni remitidos por correo electrónico.
7. El lanzamiento del concurso se realizará el día viernes 27 de julio, en el marco de la Fiesta de Bolívar 2007. El plazo de admisión de originales terminará el 14 de abril de 2008. Sólo se aceptarán los envíos que, con fecha postal dentro del término de la convocatoria, lleguen a la universidad hasta el 30 de abril de 2008.
8. El premio, en caso de que el autor premiado resida fuera de Ecuador, consistirá en un viaje aéreo redondo a Quito, con estadía pagada por 5 días, y 300 dólares estadounidenses. En caso de que resida en Ecuador, el premio consistirá en un viaje a las islas Galápagos por 4 días, y 300 dólares estadounidenses. El premio es el mismo para cada una de las dos categorías.
9. El jurado podrá otorgar hasta tres menciones de honor.
10. El jurado estará compuesto por 3 destacados intelectuales y expertos de la Comunidad Andina, designados por la Comisión Segunda del Parlamento Andino y la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador. Los nombres de los miembros del jurado serán revelados durante el anuncio del fallo del premio. El veredicto al que arribe el jurado será inapelable.
11. El anuncio de los resultados del concurso tendrá lugar el día 30 de junio de 2008.
12. El jurado podrá declarar desierto el premio o las menciones si, a su juicio, ninguna obra posee la calidad para obtenerlos.
13. Los organizadores no mantendrán correspondencia acerca de los originales presentados y los trabajos que no se premien no serán devueltos.
Los participantes podrán consultar bibliografía relevante sobre el tema y otros referentes importantes en el portal de la Universidad Andina Simón Bolívar: www.uasb.edu.ec.
14. La participación en este premio implica la total aceptación de las presentes bases. Su interpretación o cualquier aspecto no previsto corresponde sólo al jurado.
Mayor información: alicia@uasb.edu.ec • alexandra@uasb.edu.ec • selenia@uasb.edu.ec.
Fuente: www.letralia.com


Miguel de Cervantes según Gary Daher Canedo

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Los seis dientes de Cervantes
Por:Gary Daher Canedo

Cómo era Miguel de Cervantes? Según David Huerta, “Cervantes fue un hombre tolerante y comprensivo, y esos rasgos de su personalidad y de su obra forman parte para siempre de su grandeza. No fue un virulento antisemita, como Quevedo; descreyó del mito de la pureza de sangre y de la obtusa insistencia de los ‘castellanos viejos’ en su innata superioridad; ni siquiera alimentó resentimiento alguno contra los árabes, que lo tuvieron preso en Argel durante cinco penosos años (1575-1580), y sintió viva simpatía por los italianos —lo que resulta muy natural— y aun por los ingleses, contra lo que pudiera creerse, según se lee en La española inglesa”.
Sabemos de la tremenda gloria de Cervantes, no la del Cervantes de carne y hueso, sino diríase la del Cervantes trascendente (para el que su parte humana es solamente una sombra), el que nos acompaña a través de su portentosa obra. Circunstancias éstas en las que uno se pregunta: ¿Qué es entonces, pues, esa gloria? ¿Qué hace un nombre deambulando sin su cuerpo?
El hombre, Miguel de Cervantes, sufrió penurias económicas, aventuras terribles, y día a día de miserias emocionales en un ambiente sórdido de pleitos, y familia de clase media baja, complicada en un sinnúmero de enredos, mientras las insuficiencias físicas lo agobiaban, murió con su hábito de franciscano y con la cara descubierta. Dicen que lo enterraron en la calle Cantarranas (ya solamente este detalle podría llevarnos a escribir un ensayo), pero nadie sabe dónde fueron a dar sus huesos. Ese hombre, el cuerpo concreto y su alma agobiada, hace parte de la circunstancia del pasado, es decir, hacen otra cosa.
La retahíla de pequeños fracasos domésticos y profesionales, las temporadas en cautiverio, la cárcel, la afrenta pública, fueron parte de los días. Sin renta, con una incapacidad nata de atraerse los favores de mecenas o protectores; y una especie de mala fortuna que lo persiguió durante toda su vida. Dicen los cronistas que, al final, algún reconocimiento público llegó como suave lluvia. Pero el cuerpo ya estaba gastado, y el arca doméstica no se recuperó jamás.
En el prólogo que él mismo realiza a sus Novelas ejemplares leemos una descripción que hace de su persona, pero principalmente de su cuerpo, donde los dientes son pieza principal y, se diría, simbólica. Cervantes tenía en el momento en que se sentó a escribir su retrato, y podemos inferir que por mucho tiempo porque no lo coloca como rasgo circunstancial, sino más bien definitorio, muy pocos dientes. Apenas seis. Es decir, una “boca saqueada”, como diría de sí mismo Quevedo. Parece prueba contundente de sus aprietos físicos: Cervantes no tiene para comer ni dinero ni dientes. Ese Cervantes, el que podía haber sido nuestro amigo, de tardes de café y acaso citas de bellos sonetos garcilacianos, nunca conoció lo que le deparaba el destino, al otro Cervantes, al fantasma de sí mismo, que vive la eternidad de lo clásico, y la modernidad permanente de la controversia.
Declaro, entonces, mi admiración por el otro, el hombre que en medio de la dureza de sus días se esforzó por concluir una obra, apenas como un servidor de voces más profundas y, en algún momento, acaso ajenas.
“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño.
Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria”.
Fuente: www.laprensa.com.bo/fondonegro


Entrevista a Mónica Velásquez

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“La poesía es la firma en que habito el mundo”
Por: Martín Zelaya Sánchez

En verdad robo tiempo para ver a los que quiero y a los que no puedo dejar de visitar”. Mónica Velásquez, poetisa y académica paceña, es la nueva Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal. Entre la escritura, siempre de versos, la lectura —devora todo poemario que cae en sus manos— y su actividad como docente en la Carrera de Literatura, Mónica le saca tiempo al tiempo para el siempre necesario respiro de los libros, y para responder unas pocas preguntas.
El fallo dictado por el jurado la noche del jueves señala que “se encontró un trabajo de alto nivel en el tratamiento del lenguaje, y con imágenes muy bien trabajadas, lo que junto con la temática forman un mundo poético sólido y profundo”.
Hija de Medea, la obra galardonada, consta de 40 poemas breves, todos bajo el eje temático del conocido mito de la mujer que mató a sus hijos. De este trabajo, de su proceso de creación, de sus lecturas y el mundo poético habla Velásquez, una joven escritora devota de Dostoievski, y convencida del alto nivel de la poesía boliviana.
—¿Qué significa para ti haber ganado el Premio Nacional de Poesía?
—Es una oportunidad de mayor difusión, una especie de “te vemos y valoramos lo que haces” que siempre cae bien al proceso creador, pues es una respuesta a las palabras que una lanza sin saber a qué puerto llegan o cómo las leen los demás. Es también, lo reconozco y lo aprecio, un buen incentivo económico que seguro lo emplearé para ver a mi pueblo mexicano, siempre al borde de mi nostalgia.
—¿Por qué decidiste postularte al concurso?
—Fue justamente por los dos tipos de motivaciones que comenté antes, por lo económico y por el reto de ver cómo leían los demás este proyecto, reto que aún queda pendiente del veredicto mayor, que es el de los lectores.
—Háblanos sobre tu poemario: temática, estilo, el porqué del nombre, y qué te motivo a trabajar en él.
—Son cerca de 40 poemas centrados en un libro unitario que empecé a escribir paralelamente a mi tercer libro, El viento de los náufragos, y que he estado siguiendo y corrigiendo los últimos tres años. Yo estoy muy feliz con ese libro, siento que por fin logré domesticar un poco el fugitivo lenguaje y llevarlo adonde yo quería. Siento que con él acaba una etapa de mi escritura, algo muere y algo nace, habrá que seguir en la tarea de nombrar y de recibir de la palabra los sobresaltos que destrozan toda certeza.
El tema del libro es el mito de Medea, asesina de sus hijos y —yo creo— que también de sí misma, en el mismo gesto. Basándome en la versión de Séneca más que en la de Eurípides, decidí —pluma en mano— adentrarme en una de las historias más fascinantes por su carga de horror y de pasión. Ver los rostros menos luminosos de la maternidad, la paternidad y el hijazgo fue un verdadero milagro en la escritura de este libro.
—¿Cuál es el eje temático o hilo conductor que une a los poemas del libro?
—Todos los poemas son instantes de una misma historia, del proceso que transita de la ira al perdón y del silencio mortuorio al silencio vivo en las palabras pendientes. La voz que habla en los poemas es una hija de Medea vuelta desde la muerte para resolver su historia familiar y personal que se resuelve en un lenguaje desgarrado.
—¿Varía esta producción de tus anteriores escritos?
—Como decía, siento que es una especie de tránsito entre lo que escribí y lo que escribiré. Hay constantes y comprensiones que estaban antes como pregunta y ahora son una clara intuición. Diría que este libro es como llegar al nombre verdadero que he estado buscando desde mi primer poemario.
—¿Qué es para vos la poesía?
—Todo. Es la firma en que habito el mundo, me cuestiono, amo y estallo, me comunico con los demás y conmigo de manera valiente y es el mejor hogar que conozco.
—¿Cómo evalúas el panorama y el nivel de la poesía boliviana?
—Muy alto. Siempre he sido una ávida lectora de nuestra poesía y es una tradición en la que agradezco hallarme. Poetas como Camargo, Cerruto, Saenz, Wiethüchter, Orihuela… ¿qué palabra podría resumir ese camino abierto y al que he nacido…? Posiblemente la crítica admiración, la complicidad, el cariño para ésos que me hicieron un lugar en el mundo y en la palabra.
—¿Qué géneros literarios lees más y por qué?
—Más que nada leo poesía de todas partes. Leo también ensayos críticos y teóricos sobre poesía o sobre literatura en general. Muchas de esas lecturas son las que compartiré en clase con mis alumnos.
—Menciona tus autores y libros (nacionales y extranjeros) favoritos, en diversos géneros.
—Pizarnik, Wiethüchter, Camargo, Dikinson, Plath, Lezama… Diamela Eltit, Clarice Lispector y siempre Dostoievski…
http://www.laprensa.com.bo/fondonegro/24-02-08/edicion.php


Critica a Palacio Quemado en El Mercurio de Chile

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Feliz de revolcarme en el pantano
Por: Camilo Marks

Palacio Quemado es el decimotercer libro de Edmundo Paz Soldán -ha publicado 7 novelas, 5 colecciones de cuentos, una antología, más otra coedición de relatos de escritores jóvenes hispanos-, lo que lo convierte, a los 40 años, en el prosista boliviano más prolífico del momento y, en lo que dice relación con su última obra, un narrador de considerable talento. El título anuncia, desde ya, que se trata de una ficción política, porque el único país del mundo con una casa de gobierno de nombre tan pintoresco y trágico es Bolivia. Asimismo, alrededor del 80 por ciento de la acción transcurre entre los pasillos, los salones, las oficinas, dependencias, pequeñas salas de estar, despachos privados del famoso edificio. Nuestra historia parece menos violenta, lánguida, plácida y domesticada, hasta aburridora si la confrontamos con la sucesión de revoluciones, revueltas, rebeliones permanentes, sismos económicos y populares de nuestros vecinos del norte; sin embargo, tenemos mucho más en común con ellos de lo que creemos, sobre todo en la actualidad. De partida, en La Moneda coexisten numerosos personeros similares a los de Paz Soldán, pues la casta de funcionarios, asesores, especialistas, representada en esta crónica, se asemeja mucho a los grupos que entran y salen del recinto donde se ejerce la presidencia de la república de Chile. En segundo lugar, y descontando la enmarañada complejidad del entramado social altiplánico, el comportamiento de estas asociaciones utilitarias, tanto allá como acá, revela la corrupción creciente, la incompetencia irreversible, la total falta de escrúpulos de quienes ejercen el poder gracias al sufragio universal. Óscar, un historiador que nunca pensó en inscribirse en los registros electorales, que jamás ha votado por nadie, a quien la suerte de su pueblo le importa menos que un bledo, en suma, un oportunista sistemático que se encuentra “feliz de revolcarme en el pantano”, ingresa a trabajar para elrégimen anterior al de Evo Morales, con el fin de confeccionar los discursos del Presidente y el Vicepresidente. Poseedor de un dominio idiomático envidiable, también se ayuda por medio de tratados en inglés, que abundan en citas de Shakespeare, Goethe, Dante, y, ni qué decir tiene, Churchill, Roosevelt, Kennedy, a las que debemos agregar ciertas frases de directores y estrellas de cine. Su labor es anónima, lo que le permite transformar el lenguaje de modo camaleónico: hay parlamentos adaptables a la perpetua enemistad con Chile, aunados de retórica antiimperialista; otros pretenden representar la voz de los que no tienen voz; algunos favorecen la inversión extranjera; no obstante, en determinadas circunstancias es preciso condenarla en pro de la retórica nacionalista, osea, “llevar la cultura occidental al pelotón de fusilamiento” y siempre hay que arreglárselas para apaciguar a los cocaleros, a los aimaras, a losquechuas. La biografía de Óscar lo condujo a ese puesto: su padre fue ministro del general Barrientos y ahora envía furibundas cartas a los diarios; su madre se recluyó en la jardinería y la decoración tras el suicidio de Felipe, el hijo mayor, y su hermana Cecilia, socióloga de profesión, es una vieja prematura que se gana la vida dando clases en universidades privadas.¿Vale la pena correr la misma suerte que ellos? Desde luego que no, y como Óscar se cree muy inteligente, opta por el camino más expedito: estar cerca, lo más cerca posible de quienes se llenan los bolsillos a costa del escuálido erario de la nación fundada en honor a Simón Bolívar. A medio camino, surge Natalia, bella economista y empleada en la cartera de Hacienda. Es difícil que las mujeres salven el planeta o enmienden rumbos administrativos torcidos; empero, habiendo estado alejadas por miles de años de las sórdidas maniobras de la autoridad, resulta creíble que sean las primeras en descubrir el servilismo y el error como formas de existencia, como oficios legítimos para enriquecerse, lucrar y echarse el dinero de todos nosotros al bolsillo. En Palacio Quemado no queda claro si Óscar abre los ojos por cuenta propia, si Natalia le propina un golpe que le hace recuperar la lucidez o si los dos, simultánea o sucesivamente, comienzan a ver la verdad. Por supuesto, ya es tarde para echarse atrás. Como se ve, Palacio Quemado es bastante depresiva, aun cuando su lectura resulta saludable (y muy vigente). El relato presenta numerosos problemas: irrupción de personajes intempestivos sin presentación previa, exceso de información, incomprensible para quienes residen lejos de La Paz, fallas de coordinación o concordancias gramaticales, insólitas en un experto yotros menores. Con todo, es un texto valioso, tanto por los factores que hemos reseñado como por la habilidad narrativa de Paz Soldán.


Mónica Velásquez gana el Bedregal

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Mónica Velásquez gana el Premio Nacional de Poesía [Bolivia]
El poemario “Hija de Medea”, de Mónica Velásquez Guzmán quien se presentó con el pseudónimo “Malva” obtuvo el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal 2007. La ganadora recibirá el premio de dos mil dólares, una medalla de oro y un diploma de honor.
Los poemarios Lengua Geográfica Prosas, Sacras y Songo Rimarej, obtuvieron menciones sin establecer jerarquías entre ellos.
El Viceministerio de Desarrollo de Culturas, en coordinación con la Prefectura de La Paz, Plural Editores y la familia Conitzer Bedregal, convocan anualmente a este premio, que tiene como objetivo la promoción de autores nacionales y la difusión de autores bolivianos.
A esta versión 2007 se presentaron setenta y dos obras llegadas de todo el país. El jurado estuvo a cargo Zacarías Alavi, docente de lingüística de la UMSA, Jessica Freudental docente de literatura de la UMSA, Armando Soriano poeta y novelista y como presidente del jurado Benjamín Chávez ganador premio nacional de poesía 2006.
Mónica Velásquez es Licenciada en Letras por la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz) y doctora en literatura hispanoamericana por El Colegio de México, México, 2004. Actualmente es docente de la Universidad Mayor de San Andrés y de la Universidad Católica Boliviana. Ha publicado los poemarios: Tres nombres para un lugar, 1995; Fronteras de doble filo, 1998 y El viento que doblega en los naufragios, 2004. Y, como compiladora, la Antología de poesía boliviana del Siglo XX: Ordenar la danza, 2004, además de varios ensayos de crítica y teoría literaria.
Fuente: www.opinion.com.bo


Texto inédito de Jaime Saenz

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El atardecer sombrío
Por: Jaime Saenz

Flota una melodía muy antigua en las glándulas. Los trazos llanos y sombríos del recuerdo hallan una húmeda, asombrosa, conmovedora estratificación en el ser, que anda, anda anda, sin consuelo, a través de la rotonda que es el panorama, el clima, la vivencia a la que ama.
Esa niebla morada, ese hálito sombrío que circunda las cosas, ha trasminado mi ser y mi sentir; y ahora soy una pobre vaguedad que recuerda, siente y sueña vaguedades.
Súbitamente, se tuerce la mirada hacia la izquierda, y un impulso de irse le viene a uno en medio de éste, que cree uno es un plenilunio. Pero la vaguedad de la tarde, el desconsuelo de la calle inclinada, y el andar suave hacia la tristeza inventada por el sentido-de-circunstancia de las cosas, hacen que uno haga el andar más pausado, y que no vea con más profundidad el paisaje y las gentes que adornan tan graciosamente el paisaje: uno va, otro viene, con un sentido tan alegórico. Luego, cuando se ha llegado a la máxima concepción de la blanca, rasa soledad, hay siempre una luz lejana, un grito, un presentimiento que le hace concebir algo nuevo, quizá una felicidad fuera de uno; un bienestar no orgánico, nada biológico; un bienestar, por así decirlo, fuera de uno mismo, un bienestar que le da uno a otro ser. Uno concibe, candorosamente, esta mecánica sin fin por tan sólo ver, fugitivamente, a un caminante de la calle que le clava la mirada triste. No se puede memorizar su paso, ni su objetivo, ni nada en él, pese a que constituye un objetivo vital de la existencia.
Un solo dato tengo para reconstruir el ser de este fugitivo caminante que se ha esfumado entre la nieve algodonosa de este atardecer: sus pasos. Unos pasos lentos, cansados, de pies que han andado mucho. Es corpulento, o así me lo parece. Su traje ha de ser raído y, tal vez, abigarrado, como hecho de otros muchos trajes. Su cabeza oscila a cada paso, y unas veces parece minúscula —hasta perderse casi— y otras enorme, con una cabellera gastada, casi con el sentido del sentido de la colina. No sé a dónde va, ni de dónde viene; pero tengo el profundo y remoto secreto de sus pasos. No es rara la vez en que, cuando me acoge el sueño aferrador (dulce también), se me presenta en el negro panorama la figura extraordinaria de sus pasos. Cuando esto ocurre, mi pobre hálito se cubre de un clima húmedo, de una mancha, de una melodía remota, como delineada por el violín que habría podido tener durante mi niñez.
* Texto inédito de Jaime Saenz que publicará la revista La Mariposa Mundial. Fue hallado junto a otros papeles escritos durante la década del 40
Fuente: www.laprensa.com.bo


Salen a la luz textos inéditos de Jaime Saenz

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Salen a la luz textos inéditos y un desconocido amor de Saenz
Por: Martín Zelaya Sánchez

Poemas, prosas, dibujos y fotografías del famoso “baúl” secreto del poeta serán divulgados en marzo. Como regalo, un relato breve nunca antes publicado, gentileza de La Mariposa Mundial
A las diez de la mañana he recibido tu bella carta, en la que me dices no haber recibido sino una mía. Te digo que te he escrito cinco cartas, o seis. Sé que una la has recibido. Eran todas certificadas”.
Un arrebatado Jaime Saenz se vacía ante Mireya. Obsesivo, impulsivo, pero siempre elegante y formal, a sus 28 años. La misteriosa destinataria de esta inédita misiva del vate vive aún en Estados Unidos, lejos de la Cochabamba donde nunca pudo consumar el amor epistolar con el empedernido paceño.
La revista literaria chileno-boliviana Mar con Soroche, en su recién aparecido número cinco, regala estas valiosas cuartillas perdidas, que para los seguidores de Saenz vienen a ser un feliz preludio de un banquete mayor.
Poemas, prosas y fragmentos sueltos de textos inconclusos, además de prólogos y comentarios a otros libros, y una amplia colección de dibujos —sus célebres calaveras y autorretratos, entre otros, desempolvados al fin, a los casi 22 años de su muerte— aparecerán en marzo en el número 18 de la revista La Mariposa Mundial, gracias al afán de los escritores Álvaro Díez Astete, Jaime Taborga y Rodolfo Ortiz, este último director de la revista que en este número estará íntegramente dedicado al autor de Al pasar un cometa.
“Qué bella, bella tu carta del 12 de enero —prosigue el autor más adelante—. Sinceramente me ha llenado de euforia y alegría. Qué bellamente escribes sobre la lluvia. Yo nunca he escrito así sobre la rumorosa lluvia”.
Ricardo Sáenz Hayes (éste sí con tilde) comenta, en el prólogo de La religión del arte, epistolario de Gustave Flaubert, que lo mejor de muchos grandes autores se ve en su correspondencia, las más de las veces publicadas post mortem, pues nadie escribe algo tan personal e íntimo pensando en publicarlo.
El baúl desempolvado
“La Mariposa siempre ha estado muy cerca de Saenz y su obra —cuenta Ortiz—; es más, el mismo nombre de La Mariposa Mundial aparece en la página 100 de La piedra imán (libro de relatos). A lo largo de todos los números se han publicado ya algunos textos inéditos, como el Poema a Micaela, dedicado a la hija de su amigo Alfonso Barrero (“el Sultán de Marruecos”, que por cierto ayudó mucho para el número que preparamos)”.
Sin duda el mayor precedente y referente fue la primera publicación de La Mariposa como editorial, el poemario perdido Café y mosquitero, cuyo mecanuscrito original fue hallado en el pasaje Huarina, emporio de los libros usados.
Luego de varios años de rastreo y contactos, Ortiz logró, además de los textos antes mencionados, establecer la existencia de varios otros inéditos “procedentes de un baúl que guardaba don Arturo Orías, albacea literario de Saenz”.
Entre 1942 y 1955, entre sus 21 y 34 años, el poeta no sólo atravesó un álgido periodo de su vida: se casó con Erika, tuvo a su hija Jourlaine y las perdió a ambas al largarse de improviso a Alemania. También en ese periodo —cuando sufrió dos delirium tremens— tuvo una prolífica producción, sobre todo en verso.
“Es de esa época que se han hallado una serie de textos, unas prosas trabajadas de manera paralela al El escalpelo (poemario de 1955) y algunos poemas que al parecer sobraron de la edición final de este libro. Pero además otros versos que en la revista publicaremos bajo el nombre de Poemas de 1944. Todos estos trabajos proceden de esta etapa de su juventud, cuando aún firmaba con su nombre completo de Jaime Saenz Guzmán Achá”.
Además de este material, Ortiz recopiló una serie de poesías sueltas que se publicaron sólo una vez en algunas revistas del exterior en las décadas del 60 y 70. “Por ejemplo, tres piezas editadas en la ahora inhallable publicación colombiana Eco”.
Por si fuera poco, un valioso material gráfico también saldrá a la luz por primera vez. “Un álbum de calaveritas, con los dibujos que hizo para sus libros, para textos de algunos amigos como regalos y otros hallados en papeles sueltos. Hay además varios autorretratos y dibujos en secuencias y series”.
Fotografías de objetos identificables con el autor, como su saco de aparapita y el gorro de peregrino que usó en una célebre fiesta de disfraces que organizó en su casa, completan el paquete.
Escudriñadores
Buena parte de las joyas que La Mariposa Mundial difundirá reposaban, como ya se dijo, en el “baúl central” que a su muerte Orías dejó en custodia a Guisela Morales, sobrina de Saenz, representante de los herederos y dueños de los derechos de publicación. A ese material tuvo acceso Álvaro Díez Astete, quien logró hacer coincidir papeles y fechas, cotejar etapas y estilos y, finalmente, se hizo de la aquiescencia de Morales a favor de los planes de divulgación de La Mariposa.
Pero no todo estaba en el baúl. Por ejemplo, las prosas de la etapa del El escalpelo las tenía en su poder el cineasta Óscar Soria, quien luego las confió al poeta Jaime Taborga.
Un trabajo más, “él único y último libro completo aún inédito de Jaime Saenz”, una colección de prosas poéticas, todavía espera la mejor oportunidad para entrar en la imprenta. El nombre y los detalles llegarán en el próximo vuelo de la Mariposa.
Fuente: www.laprensa.com.bo


La saeta rubia

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La saeta rubia
Por: Pedro Shimose

Los periodistas españoles lo apodaron ‘la saeta rubia’ porque él, entonces, era choco y veloz como una flecha. Hoy, a sus 81 años, luce una calva venerable y los pelos que le quedan son completamente blancos; camina con dificultad por la edad y por una antigua lesión de espalda, apoyándose en un bastón que, cuando se entusiasma, lo enarbola en señal de júbilo como en sus mejores días de gloria.
Alfredo Di Stéfano (Buenos Aires, 04/07/1926) fue objeto, en Madrid, el domingo 17, de un homenaje tributado por la FIFA y la UEFA, al cual se unió la flor y nata del fútbol mundial. Al acto asistieron alrededor de 800 personalidades vinculadas al deporte, la prensa, el arte (estuvo Plácido Domingo), la diplomacia y la política. Estuvieron sus colegas Kopa, Platini, Gento, Santamaría, Eusebio, Müller, Schuster, Santillana, Butragueño, Zidane y un largo etcétera.
Fue notoria la ausencia de Pelé y Maradona. La prensa española informó de que Di Stéfano vetó la participación de estos dos futbolistas legendarios, porque la filosofía vital de la saeta rubia es diametralmente opuesta a las de estos dos campeones. Nadie ignora que Di Stéfano pertenece a la vieja escuela que concebía el fútbol como un deporte noble, romántico, propio de caballeros, respetuoso del ‘fair play’ (juego limpio), y como una escuela donde se enseña compañerismo, dignidad y generosidad. A Pelé le reprocha el haber convertido su imagen de futbolista triunfador como una marca comercial, mediática, es decir, símbolo del fútbol como negocio. Respecto a Maradona, le choca su frivolidad, sus malas maneras (Di Stéfano nunca aprobó ‘la mano de Dios’) y, sobre todo, su vida disoluta, mal ejemplo para la juventud en general y para los deportistas novatos que sueñan con el éxito.
En el fondo, Di Stéfano es un campesino invulnerable a la fama y al dinero. El periodista español Matías Prats opinó que Di Stéfano era “un profesional cien por cien, libre de vanidad y engreimiento”. Hace seis años, don Alfredo le confesó a Inocencio F. Arias, diplomático español (inició su carrera en Bolivia), periodista, ex dirigente del Real Madrid y excelente escritor, que el padre le inculcó una moral de trabajo, honradez, dignidad, responsabilidad y autenticidad. Por eso, a pesar de vivir 55 años en España, sigue hablando como porteño y sigue fiel a sus amigos de siempre y a su país de origen. “Aún me gusta el campo… El olor a tierra mojada, me encanta”, dice. En el jardín de su chalé madrileño hay una pelota esculpida en bronce, en cuya peana se lee la inscripción ‘Gracias, vieja’. Así se titula, precisamente, su autobiografía publicada en la editorial Aguilar, hace seis años, creo.
Hace 50 años no había televisión en Bolivia y la radio era, en aquel entonces, la reina de la comunicación de masas. No veíamos, pero oíamos los relatos de los partidos de fútbol en la voz de locutores deportivos de primer orden como los argentinos Borocotó, Fioravanti y Valenti. Daba gusto escucharlos porque eran maestros del buen decir y porque aderezaban sus crónicas orales con citas literarias, llenas de humor y poesía, y digresiones filosóficas dichas con toda naturalidad, sin pedantería. Nos imaginábamos las jugadas que luego veríamos reproducidas en fotos de las revistas argentinas. Gracias a El Gráfico, Goles y Litoral conocimos las hazañas de aquellas delanteras míticas de ‘la máquina’, de River Plate: Moreno, Pedernera, Di Stéfano, Labruna y Loustau; la de ‘Millonarios’ con Pedernera y Di Stéfano como directores de orquesta; y la del Real Madrid: Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento. Hay un aspecto de la vida de Di Stéfano que deseo señalar. Fue actor de cine. Trabajó como actor principal en cuatro películas de gran importancia documental, porque inmortalizan momentos estelares de partidos filmados con medios exiguos: Once pares de botas (1954), Saeta rubia (1956), La batalla del domingo (1963) y Sinfonía española (1964). // Madrid, 22/02/2008.
Fuente: El Deber


La ventaja de ser insistente obsesiones

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Las ventajas de ser insistente obsesiones
Por: Ramón Rocha Monroy

En lo más íntimo de un artista suele haber un obsesivo. Esa vocación le permite abstraer de la realidad algunos elementos que alimentan su obsesión. A veces son fobias, a veces personas, animales o cosas que fascinan, es decir, que atraen y repelen al mismo tiempo. Ejemplos hay miles, y probablemente no hay mortal que no tenga obsesiones. Lo que distingue al artista del resto de los mortales es que el artista hace públicas sus obsesiones.
Es muy importante hacer un registro de nuestras obsesiones y manías, de nuestros tics, de nuestro comportamiento a solas. Hay cositas que ni nuestras parejas conocen y que las reservamos en esa zona de soberanía que la queremos inviolable. ¿Qué hacemos en el baño, a solas, en la tina, en la ducha, frente al espejo? ¿Qué hacemos simplemente a solas? Eso lo sabe cada uno y usualmente se avergüenza de que alguien lo pille in fraganti.
Lo bueno es que al escribir uno puede registrar sus obsesiones de un modo anónimo, atribuyéndolas a un personaje ficticio. Así vemos en el Informe sobre ciegos, (‘vemos’, qué verbo más impropio), de Ernesto Sábato, que construye una teoría tenebrosa sobre los ciegos, basada en un silogismo demasiado simple: al demonio le dicen el Príncipe de las Tinieblas; los ciegos viven en tinieblas; ergo, los ciegos son agentes del demonio.
Alguna vez hicimos un documental sobre un tema: las nucas. Hay nucas tristes, nucas soberbias, nucas sensuales, nucas chistosas, nucas. En la película Metrópolis, de Fritz Lang, se ven unas nucas agobiadas, cansadas, tristes en los cientos de obreros que ingresan al trabajo.
Una amiga hizo un documental en México mostrando vientres, vientres, vientres. Y bocas que devoran, devoran, devoran. Le salió muy bueno.
Un tema sensual sobre el cual alguna vez escribí una columna son los tacos femeninos. Cómo realzan el pie, cómo lo convierten en un objeto del deseo. No hay comparación posible con el zapato llano. Sobre todo las sandalias con taco, que desnudan más que cubren un pie femenino, son en conjunto bellísimas esculturas.
Recuerden la película de Subiela: El lado oscuro del corazón, y la manía del protagonista, basada en un verso de Oliverio Girondo. Es una obsesión bien aprovechada. Entre mis papeles encontré una crónica de algo peor: las ratas. Resulta que en una de mis múltiples mudanzas, recalé en una casa antigua que estaba llena de ratas (que ya adivinaban la caída de la Casa Usher, porque luego fue derruida). En esa casa yo era huésped de mi amigo Joel, a quien me lo imaginaba como Noé en el arca (yo durmiendo en el vientre del arca, rodeado de ratas).
Otro tema, entre miles, son las bicicletas. He escrito muchos artículos sobre mis peripecias con la bicicleta.
La lección final es que apenas uno se obsesiona por alguna persona, animal o cosa, y la abstrae del conjunto de la realidad, ese objeto se vuelve ‘físicamente metafísico’, cobra vida propia, baila sobre una pata y nos sugiere mil locuras, todas aprovechables para un buen texto poético o narrativo.
Fuente: http://www.eldeber.com.bo/brujula/2008-02-16/nota.php?id=080215213411




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