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La trascendencia cultural y la vigencia crean los clásicos bolivianos



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La trascendencia cultural y la vigencia crean los clásicos bolivianos
Por: Martín Zelaya Sánchez

(Nataniel Aguirre, Franz Tamayo, Adela Zamudio, por un lado, Jaime Saenz, Oscar Cerruto y Ricardo Jaimes Freire, por otro, destacan en la lista de escritores nacionales canónicos)
“No debemos olvidar –nos dice Luis H. Antezana- que la noción de “clásico” se aplica en general a todas las artes. (Hasta, dicho sea de paso, el fútbol: Bolívar vs. The Strongest es un clásico). Se dice que, en literatura, un clásico es un libro que se conoce sin necesidad de haberlo leído, en otras palabras, es un valor cultural socialmente instituido”.
Los libros y autores que en Bolivia gozan de este epíteto son, -según se deja entrever por la opinión del filólogo orureño y de los literatos y académicos Omar Rocha y Cleverth Cárdenas- los que marcaron un giro temático o estilístico (Oscar Cerruto o Marcelo Quiroga Santa Cruz), y también son los que casi todos conocen, pero muy pocos leen, en lo que se asemejan, además, a los clásicos a nivel mundial.
Pero a la hora de hablar de este punto, llama la atención el toparnos con dos “tipos” de clásicos, los que todo el mundo conoce, los que trascienden del campo de las letras y se hacen patrimonio de dominio público (Nataniel Aguirre, y sus Heroínas de la Coronilla, Franz Tamayo, que está en un billete y nomina a la Casa de la Cultura de La Paz, como lo hacen también Adela Zamudio y Raúl Otero Reich, en Cochabamba y Santa Cruz, respectivamente), y los que descubre y trata aún de instaurar la academia: Ricardo Jaimes Freire, Arturo Borda, Jaime Saenz y Oscar Cerruto, entre otros.
Por otro lado, en Bolivia, hasta los años 80, todos los libros y autores considerados clásicos, formaban parte de la currícula de lecturas en los colegios, que, por consiguiente, pasó a ser algo así como una referencia a la hora de hacer clasificaciones. Pero desde la última década del siglo pasado, la arbitrariedad de los maestros que pasó a comandar la selección de lecturas de sus alumnos (la última lista oficial del Ministerio de Educación data de 1975) rompió este esquema al punto de que hoy en día, los más leídos en las aulas son los textos de autoayuda.
Factores
Para Cárdenas, “hay un factor que es básico para transformar un libro en clásico: su etiquetación en un contexto histórico y literario exacto. Se trata de ese tipo de textos bisagra que marcan una época, una tendencia una corriente literaria y se constituyen en referentes”.
Es aquí donde el docente de la Carrera de Literatura menciona a Cerco de Penumbras, de Oscar Cerruto, que hace 50 años, significó “el cambio de una época” en la temática y estilo de las letras nacionales.
“Otro factor determinante –interviene Rocha- es la disponibilidad, existen autores que son muy conocidos, no leídos porque no se tiene acceso a su obra, menciono como ejemplo a René Bascopé Aspiazu y Arturo Borda, si bien se sabe en el medio que su obra es importante, no se tienen acceso a ella porque son textos imposibles de encontrar, incluso en el famoso pasaje Huarina”.
En la introducción de su Hacia una Historia crítica de la literatura en Bolivia, Blanca Wiethuchter y Alba María Paz Soldán, señalan que “para construir una historia de la literatura en Bolivia, se propuso una nueva lectura de las obras y de las relaciones que establecen entre ellas, para lograr una perspectiva histórica propiamente literaria y no solamente una enumeración de obras o un aval para el canon establecido (…) En ese camino, pudimos actualizar obras y autores que habían quedado en el olvido, sobre todo en los de la crítica de los últimos 30 años”.
Es decir: el tiempo es un importante incidente a la hora de configurar los elegidos. Rocha acota: “esto es muy dinámico y depende de factores externos. Hoy las exigencias de recepción son distintas a las de otros años, se incorporan obras, nombres, se diluyen otras y otros. El peligro de los clásicos de esta época es que se mezclan con el proceso capitalista de superproducción y consumo; parece contradictorio, pero los objetos se reemplazan sin que se haya producido una real operación de sustitución, pasa en la música y pasa en la literatura, pasa en el arte en general, tenemos que estar atentos”.
La vigencia, que según Cárdenas “posibilita al texto ser leído una y otra vez, al grado de producir diversos estudios, y la aceptación del público, pues para Rocha “si una obra no es vendida ni conocida es muy difícil que pueda convertirse en un clásico” son otros puntos a tomar en cuenta.



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