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La saeta rubia



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La saeta rubia
Por: Pedro Shimose

Los periodistas españoles lo apodaron ‘la saeta rubia’ porque él, entonces, era choco y veloz como una flecha. Hoy, a sus 81 años, luce una calva venerable y los pelos que le quedan son completamente blancos; camina con dificultad por la edad y por una antigua lesión de espalda, apoyándose en un bastón que, cuando se entusiasma, lo enarbola en señal de júbilo como en sus mejores días de gloria.
Alfredo Di Stéfano (Buenos Aires, 04/07/1926) fue objeto, en Madrid, el domingo 17, de un homenaje tributado por la FIFA y la UEFA, al cual se unió la flor y nata del fútbol mundial. Al acto asistieron alrededor de 800 personalidades vinculadas al deporte, la prensa, el arte (estuvo Plácido Domingo), la diplomacia y la política. Estuvieron sus colegas Kopa, Platini, Gento, Santamaría, Eusebio, Müller, Schuster, Santillana, Butragueño, Zidane y un largo etcétera.
Fue notoria la ausencia de Pelé y Maradona. La prensa española informó de que Di Stéfano vetó la participación de estos dos futbolistas legendarios, porque la filosofía vital de la saeta rubia es diametralmente opuesta a las de estos dos campeones. Nadie ignora que Di Stéfano pertenece a la vieja escuela que concebía el fútbol como un deporte noble, romántico, propio de caballeros, respetuoso del ‘fair play’ (juego limpio), y como una escuela donde se enseña compañerismo, dignidad y generosidad. A Pelé le reprocha el haber convertido su imagen de futbolista triunfador como una marca comercial, mediática, es decir, símbolo del fútbol como negocio. Respecto a Maradona, le choca su frivolidad, sus malas maneras (Di Stéfano nunca aprobó ‘la mano de Dios’) y, sobre todo, su vida disoluta, mal ejemplo para la juventud en general y para los deportistas novatos que sueñan con el éxito.
En el fondo, Di Stéfano es un campesino invulnerable a la fama y al dinero. El periodista español Matías Prats opinó que Di Stéfano era “un profesional cien por cien, libre de vanidad y engreimiento”. Hace seis años, don Alfredo le confesó a Inocencio F. Arias, diplomático español (inició su carrera en Bolivia), periodista, ex dirigente del Real Madrid y excelente escritor, que el padre le inculcó una moral de trabajo, honradez, dignidad, responsabilidad y autenticidad. Por eso, a pesar de vivir 55 años en España, sigue hablando como porteño y sigue fiel a sus amigos de siempre y a su país de origen. “Aún me gusta el campo… El olor a tierra mojada, me encanta”, dice. En el jardín de su chalé madrileño hay una pelota esculpida en bronce, en cuya peana se lee la inscripción ‘Gracias, vieja’. Así se titula, precisamente, su autobiografía publicada en la editorial Aguilar, hace seis años, creo.
Hace 50 años no había televisión en Bolivia y la radio era, en aquel entonces, la reina de la comunicación de masas. No veíamos, pero oíamos los relatos de los partidos de fútbol en la voz de locutores deportivos de primer orden como los argentinos Borocotó, Fioravanti y Valenti. Daba gusto escucharlos porque eran maestros del buen decir y porque aderezaban sus crónicas orales con citas literarias, llenas de humor y poesía, y digresiones filosóficas dichas con toda naturalidad, sin pedantería. Nos imaginábamos las jugadas que luego veríamos reproducidas en fotos de las revistas argentinas. Gracias a El Gráfico, Goles y Litoral conocimos las hazañas de aquellas delanteras míticas de ‘la máquina’, de River Plate: Moreno, Pedernera, Di Stéfano, Labruna y Loustau; la de ‘Millonarios’ con Pedernera y Di Stéfano como directores de orquesta; y la del Real Madrid: Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento. Hay un aspecto de la vida de Di Stéfano que deseo señalar. Fue actor de cine. Trabajó como actor principal en cuatro películas de gran importancia documental, porque inmortalizan momentos estelares de partidos filmados con medios exiguos: Once pares de botas (1954), Saeta rubia (1956), La batalla del domingo (1963) y Sinfonía española (1964). // Madrid, 22/02/2008.
Fuente: El Deber



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