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Un cuento de Fernando Sorrentino

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Fábula edificante
Por: Fernando Sorrentino

Éste era un mendigo muy honesto.
Un día golpeó a las puertas de una rica mansión. Salió el mayordomo y le preguntó:
—¿Qué desea, buen hombre?
El mendigo respondió:
—Una limosnita, por amor de Dios.
—Voy a consultar con la señora.
El mayordomo consultó con la señora, y ésta, que era muy avara, le contestó:
—Jeremías, dele a ese buen hombre un pan. Sólo uno. Y, en lo posible, que sea de ayer.
Jeremías —que estaba secretamente enamorado de su ama— buscó, para complacerla, un pan viejo, duro como una piedra, y se lo entregó al mendigo.
—Toma, buen hombre —dijo, ahora tuteándolo.
—Que Dios se lo pague —respondió el mendigo.
Jeremías cerró el pesado portón de roble, y el mendigo se alejó con el pan bajo el brazo. Llegó al terreno baldío donde solía pasar los días y las noches. Se sentó a la sombra de un árbol y empezó a comer el pan. De pronto mordió algo duro y sintió cómo una de sus muelas se hacía pedazos. Cuál no sería su sorpresa cuando rescató, junto con los fragmentos de su muela, un fino anillo de oro, perlas y diamantes.
—Qué suerte —se dijo—. Lo venderé y tendré dinero por mucho tiempo.
Pero en seguida prevaleció su honestidad:
—No —agregó—. Buscaré a su dueño y se lo devolveré.
En el interior del anillo estaban grabadas las iniciales J. X. Ni corto ni perezoso, el mendigo se dirigió a un almacén y pidió la guía de teléfonos. Comprobó que, en todo el pueblo, sólo existía una familia cuyo apellido comenzase con X: la familia Xofaina.
Lleno de alborozo por poder llevar a la práctica su honradez, partió rumbo a la casa de la familia Xofaina. Grande fue su asombro al ver que se trataba de la misma rica mansión donde le habían dado el pan con el anillo. Golpeó a las puertas. Salió Jeremías y le preguntó:
—¿Qué desea, buen hombre?
El mendigo respondió:
—He encontrado este anillo dentro del pan que usted tuviera la bondad de darme hace un rato.
Jeremías tomó el anillo y dijo:
—Voy a consultar con la señora.
Consultó con la señora, y ésta, feliz y cantarina, exclamó:
—¡Afortunada de mí! ¡Hétenos aquí con el anillo que yo había perdido la semana pasada, mientras amasaba el pan! Éstas son mis iniciales, J. X., que corresponden a mi nombre y apellido: Josermina Xofaina.
Después de un instante de reflexión, añadió:
—Jeremías, ve y dale a ese buen hombre, como recompensa, lo que él quiera. Siempre que no sea muy caro.
Jeremías, tuteado por su ama, volvió a la puerta y díjole al mendigo, recayendo en el tuteo:
—Buen hombre, dime qué deseas como recompensa por tu buena acción.
El mendigo contestó:
—Sólo un pan para saciar mi hambre.
Jeremías —que seguía enamorado de su ama— buscó, para complacerla, un pan viejo, duro como una piedra, y se lo entregó al mendigo:
—Toma, buen hombre.
—Que Dios se lo pague.
Jeremías cerró el pesado portón de roble, y el mendigo se alejó con el pan bajo el brazo. Llegó al terreno baldío donde solía pasar los días y las noches. Se sentó a la sombra de un árbol y empezó a comer el pan. De pronto mordió algo duro y sintió cómo otra de sus muelas se hacía pedazos. Cuál no sería su sorpresa cuando rescató, junto con los fragmentos de esta su segunda muela rota, otro fino anillo de oro, perlas y diamantes.
Una vez más advirtió las iniciales J.X. Una vez más devolvió el anillo a Josermina Xofaina y recibió como recompensa un tercer pan duro, donde encontró un tercer anillo que volvió a devolver y por el cual obtuvo, en recompensa, un cuarto pan duro, donde…
Desde ese día venturoso hasta el infausto de su muerte, el mendigo vivió feliz y sin estrecheces económicas. Sólo debía devolver diariamente el anillo que encontraba dentro del pan.
[De En defensa propia, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982.]


III Concurso Andino Manuela Saenz 2007-08

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III Concurso Andino Manuela Sáenz, Edición 2007-08 (Comunidad Andina)
14 de abril de 2008
La Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, y el Parlamento Andino, Capítulo Ecuador, dan continuidad al “Concurso Andino Manuela Sáenz”, con el propósito de estimular la creación y la investigación, en dos categorías: jóvenes colegiales y universitarios de las naciones andinas. Para esta tercera edición del premio se convoca la categoría de ENSAYO, en torno a la figura del principal lugarteniente de Bolívar, Mariscal Antonio José de Sucre. La participación de Sucre en las campañas libertadoras de la Nueva Granada, Quito y Perú; la fundación y organización de la República Boliviana; las relaciones con el Libertador y otros líderes de la gesta emancipadora, el crimen de Berruecos y sus consecuencias para el futuro político de la Gran Colombia son aspectos que hacen del Mariscal un personaje clave para comprender los orígenes y el destino de nuestras nacionalidades.
El ensayo debe apuntar a resaltar y reinterpretar el lugar histórico de Sucre, su significado político, y la proyección actual de sus gestas en el escenario latinoamericano.
Bases
1. Podrán concursar autores nacionales residentes de cualquiera de los cinco países miembros de la Comunidad Andina, con obras escritas en castellano, inéditas, que no hayan obtenido otro premio y cuyos derechos no se hayan cedido a ningún editor en el mundo.
2. Se han creado dos categorías de participación: Categoría 1: estudiantes colegiales de quinto y sexto cursos de secundaria. Categoría 2: estudiantes universitarios y jóvenes investigadores que no hayan cumplido 30 años a la fecha de la convocatoria del concurso.
3. Los trabajos presentados al concurso deberán tener de 8 a 10 páginas, para la Categoría 1; de 15 a 20 páginas, para la Categoría 2. Los ensayos deben ajustarse al formato A4 (tamaño carta), escritos en una sola cara de la página, a doble espacio, con tipo de letra 12.
4. Los trabajos deberán presentarse por triplicado y en la portada de los manuscritos deberá constar el título del ensayo y el seudónimo. Se adjuntará un sobre cerrado, que contendrá en su interior el nombre, la fotocopia del documento de identidad o acreditativo de la nacionalidad, la dirección, el teléfono del autor, dirección electrónica y un breve currículum de no más de 10 líneas. En el anverso del sobre se consignará el seudónimo y el título del ensayo.
5. Los trabajos deberán remitirse por triplicado a: Concurso Andino Manuela Sáenz, Universidad Andina Simón Bolívar, Toledo N22-80, Quito, Ecuador. 6. No se aceptarán originales mal presentados o ilegibles, ni remitidos por correo electrónico.
7. El lanzamiento del concurso se realizará el día viernes 27 de julio, en el marco de la Fiesta de Bolívar 2007. El plazo de admisión de originales terminará el 14 de abril de 2008. Sólo se aceptarán los envíos que, con fecha postal dentro del término de la convocatoria, lleguen a la universidad hasta el 30 de abril de 2008.
8. El premio, en caso de que el autor premiado resida fuera de Ecuador, consistirá en un viaje aéreo redondo a Quito, con estadía pagada por 5 días, y 300 dólares estadounidenses. En caso de que resida en Ecuador, el premio consistirá en un viaje a las islas Galápagos por 4 días, y 300 dólares estadounidenses. El premio es el mismo para cada una de las dos categorías.
9. El jurado podrá otorgar hasta tres menciones de honor.
10. El jurado estará compuesto por 3 destacados intelectuales y expertos de la Comunidad Andina, designados por la Comisión Segunda del Parlamento Andino y la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador. Los nombres de los miembros del jurado serán revelados durante el anuncio del fallo del premio. El veredicto al que arribe el jurado será inapelable.
11. El anuncio de los resultados del concurso tendrá lugar el día 30 de junio de 2008.
12. El jurado podrá declarar desierto el premio o las menciones si, a su juicio, ninguna obra posee la calidad para obtenerlos.
13. Los organizadores no mantendrán correspondencia acerca de los originales presentados y los trabajos que no se premien no serán devueltos.
Los participantes podrán consultar bibliografía relevante sobre el tema y otros referentes importantes en el portal de la Universidad Andina Simón Bolívar: www.uasb.edu.ec.
14. La participación en este premio implica la total aceptación de las presentes bases. Su interpretación o cualquier aspecto no previsto corresponde sólo al jurado.
Mayor información: alicia@uasb.edu.ec • alexandra@uasb.edu.ec • selenia@uasb.edu.ec.
Fuente: www.letralia.com


Miguel de Cervantes según Gary Daher Canedo

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Los seis dientes de Cervantes
Por:Gary Daher Canedo

Cómo era Miguel de Cervantes? Según David Huerta, “Cervantes fue un hombre tolerante y comprensivo, y esos rasgos de su personalidad y de su obra forman parte para siempre de su grandeza. No fue un virulento antisemita, como Quevedo; descreyó del mito de la pureza de sangre y de la obtusa insistencia de los ‘castellanos viejos’ en su innata superioridad; ni siquiera alimentó resentimiento alguno contra los árabes, que lo tuvieron preso en Argel durante cinco penosos años (1575-1580), y sintió viva simpatía por los italianos —lo que resulta muy natural— y aun por los ingleses, contra lo que pudiera creerse, según se lee en La española inglesa”.
Sabemos de la tremenda gloria de Cervantes, no la del Cervantes de carne y hueso, sino diríase la del Cervantes trascendente (para el que su parte humana es solamente una sombra), el que nos acompaña a través de su portentosa obra. Circunstancias éstas en las que uno se pregunta: ¿Qué es entonces, pues, esa gloria? ¿Qué hace un nombre deambulando sin su cuerpo?
El hombre, Miguel de Cervantes, sufrió penurias económicas, aventuras terribles, y día a día de miserias emocionales en un ambiente sórdido de pleitos, y familia de clase media baja, complicada en un sinnúmero de enredos, mientras las insuficiencias físicas lo agobiaban, murió con su hábito de franciscano y con la cara descubierta. Dicen que lo enterraron en la calle Cantarranas (ya solamente este detalle podría llevarnos a escribir un ensayo), pero nadie sabe dónde fueron a dar sus huesos. Ese hombre, el cuerpo concreto y su alma agobiada, hace parte de la circunstancia del pasado, es decir, hacen otra cosa.
La retahíla de pequeños fracasos domésticos y profesionales, las temporadas en cautiverio, la cárcel, la afrenta pública, fueron parte de los días. Sin renta, con una incapacidad nata de atraerse los favores de mecenas o protectores; y una especie de mala fortuna que lo persiguió durante toda su vida. Dicen los cronistas que, al final, algún reconocimiento público llegó como suave lluvia. Pero el cuerpo ya estaba gastado, y el arca doméstica no se recuperó jamás.
En el prólogo que él mismo realiza a sus Novelas ejemplares leemos una descripción que hace de su persona, pero principalmente de su cuerpo, donde los dientes son pieza principal y, se diría, simbólica. Cervantes tenía en el momento en que se sentó a escribir su retrato, y podemos inferir que por mucho tiempo porque no lo coloca como rasgo circunstancial, sino más bien definitorio, muy pocos dientes. Apenas seis. Es decir, una “boca saqueada”, como diría de sí mismo Quevedo. Parece prueba contundente de sus aprietos físicos: Cervantes no tiene para comer ni dinero ni dientes. Ese Cervantes, el que podía haber sido nuestro amigo, de tardes de café y acaso citas de bellos sonetos garcilacianos, nunca conoció lo que le deparaba el destino, al otro Cervantes, al fantasma de sí mismo, que vive la eternidad de lo clásico, y la modernidad permanente de la controversia.
Declaro, entonces, mi admiración por el otro, el hombre que en medio de la dureza de sus días se esforzó por concluir una obra, apenas como un servidor de voces más profundas y, en algún momento, acaso ajenas.
“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño.
Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria”.
Fuente: www.laprensa.com.bo/fondonegro


Entrevista a Mónica Velásquez

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“La poesía es la firma en que habito el mundo”
Por: Martín Zelaya Sánchez

En verdad robo tiempo para ver a los que quiero y a los que no puedo dejar de visitar”. Mónica Velásquez, poetisa y académica paceña, es la nueva Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal. Entre la escritura, siempre de versos, la lectura —devora todo poemario que cae en sus manos— y su actividad como docente en la Carrera de Literatura, Mónica le saca tiempo al tiempo para el siempre necesario respiro de los libros, y para responder unas pocas preguntas.
El fallo dictado por el jurado la noche del jueves señala que “se encontró un trabajo de alto nivel en el tratamiento del lenguaje, y con imágenes muy bien trabajadas, lo que junto con la temática forman un mundo poético sólido y profundo”.
Hija de Medea, la obra galardonada, consta de 40 poemas breves, todos bajo el eje temático del conocido mito de la mujer que mató a sus hijos. De este trabajo, de su proceso de creación, de sus lecturas y el mundo poético habla Velásquez, una joven escritora devota de Dostoievski, y convencida del alto nivel de la poesía boliviana.
—¿Qué significa para ti haber ganado el Premio Nacional de Poesía?
—Es una oportunidad de mayor difusión, una especie de “te vemos y valoramos lo que haces” que siempre cae bien al proceso creador, pues es una respuesta a las palabras que una lanza sin saber a qué puerto llegan o cómo las leen los demás. Es también, lo reconozco y lo aprecio, un buen incentivo económico que seguro lo emplearé para ver a mi pueblo mexicano, siempre al borde de mi nostalgia.
—¿Por qué decidiste postularte al concurso?
—Fue justamente por los dos tipos de motivaciones que comenté antes, por lo económico y por el reto de ver cómo leían los demás este proyecto, reto que aún queda pendiente del veredicto mayor, que es el de los lectores.
—Háblanos sobre tu poemario: temática, estilo, el porqué del nombre, y qué te motivo a trabajar en él.
—Son cerca de 40 poemas centrados en un libro unitario que empecé a escribir paralelamente a mi tercer libro, El viento de los náufragos, y que he estado siguiendo y corrigiendo los últimos tres años. Yo estoy muy feliz con ese libro, siento que por fin logré domesticar un poco el fugitivo lenguaje y llevarlo adonde yo quería. Siento que con él acaba una etapa de mi escritura, algo muere y algo nace, habrá que seguir en la tarea de nombrar y de recibir de la palabra los sobresaltos que destrozan toda certeza.
El tema del libro es el mito de Medea, asesina de sus hijos y —yo creo— que también de sí misma, en el mismo gesto. Basándome en la versión de Séneca más que en la de Eurípides, decidí —pluma en mano— adentrarme en una de las historias más fascinantes por su carga de horror y de pasión. Ver los rostros menos luminosos de la maternidad, la paternidad y el hijazgo fue un verdadero milagro en la escritura de este libro.
—¿Cuál es el eje temático o hilo conductor que une a los poemas del libro?
—Todos los poemas son instantes de una misma historia, del proceso que transita de la ira al perdón y del silencio mortuorio al silencio vivo en las palabras pendientes. La voz que habla en los poemas es una hija de Medea vuelta desde la muerte para resolver su historia familiar y personal que se resuelve en un lenguaje desgarrado.
—¿Varía esta producción de tus anteriores escritos?
—Como decía, siento que es una especie de tránsito entre lo que escribí y lo que escribiré. Hay constantes y comprensiones que estaban antes como pregunta y ahora son una clara intuición. Diría que este libro es como llegar al nombre verdadero que he estado buscando desde mi primer poemario.
—¿Qué es para vos la poesía?
—Todo. Es la firma en que habito el mundo, me cuestiono, amo y estallo, me comunico con los demás y conmigo de manera valiente y es el mejor hogar que conozco.
—¿Cómo evalúas el panorama y el nivel de la poesía boliviana?
—Muy alto. Siempre he sido una ávida lectora de nuestra poesía y es una tradición en la que agradezco hallarme. Poetas como Camargo, Cerruto, Saenz, Wiethüchter, Orihuela… ¿qué palabra podría resumir ese camino abierto y al que he nacido…? Posiblemente la crítica admiración, la complicidad, el cariño para ésos que me hicieron un lugar en el mundo y en la palabra.
—¿Qué géneros literarios lees más y por qué?
—Más que nada leo poesía de todas partes. Leo también ensayos críticos y teóricos sobre poesía o sobre literatura en general. Muchas de esas lecturas son las que compartiré en clase con mis alumnos.
—Menciona tus autores y libros (nacionales y extranjeros) favoritos, en diversos géneros.
—Pizarnik, Wiethüchter, Camargo, Dikinson, Plath, Lezama… Diamela Eltit, Clarice Lispector y siempre Dostoievski…
http://www.laprensa.com.bo/fondonegro/24-02-08/edicion.php


Critica a Palacio Quemado en El Mercurio de Chile

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Feliz de revolcarme en el pantano
Por: Camilo Marks

Palacio Quemado es el decimotercer libro de Edmundo Paz Soldán -ha publicado 7 novelas, 5 colecciones de cuentos, una antología, más otra coedición de relatos de escritores jóvenes hispanos-, lo que lo convierte, a los 40 años, en el prosista boliviano más prolífico del momento y, en lo que dice relación con su última obra, un narrador de considerable talento. El título anuncia, desde ya, que se trata de una ficción política, porque el único país del mundo con una casa de gobierno de nombre tan pintoresco y trágico es Bolivia. Asimismo, alrededor del 80 por ciento de la acción transcurre entre los pasillos, los salones, las oficinas, dependencias, pequeñas salas de estar, despachos privados del famoso edificio. Nuestra historia parece menos violenta, lánguida, plácida y domesticada, hasta aburridora si la confrontamos con la sucesión de revoluciones, revueltas, rebeliones permanentes, sismos económicos y populares de nuestros vecinos del norte; sin embargo, tenemos mucho más en común con ellos de lo que creemos, sobre todo en la actualidad. De partida, en La Moneda coexisten numerosos personeros similares a los de Paz Soldán, pues la casta de funcionarios, asesores, especialistas, representada en esta crónica, se asemeja mucho a los grupos que entran y salen del recinto donde se ejerce la presidencia de la república de Chile. En segundo lugar, y descontando la enmarañada complejidad del entramado social altiplánico, el comportamiento de estas asociaciones utilitarias, tanto allá como acá, revela la corrupción creciente, la incompetencia irreversible, la total falta de escrúpulos de quienes ejercen el poder gracias al sufragio universal. Óscar, un historiador que nunca pensó en inscribirse en los registros electorales, que jamás ha votado por nadie, a quien la suerte de su pueblo le importa menos que un bledo, en suma, un oportunista sistemático que se encuentra “feliz de revolcarme en el pantano”, ingresa a trabajar para elrégimen anterior al de Evo Morales, con el fin de confeccionar los discursos del Presidente y el Vicepresidente. Poseedor de un dominio idiomático envidiable, también se ayuda por medio de tratados en inglés, que abundan en citas de Shakespeare, Goethe, Dante, y, ni qué decir tiene, Churchill, Roosevelt, Kennedy, a las que debemos agregar ciertas frases de directores y estrellas de cine. Su labor es anónima, lo que le permite transformar el lenguaje de modo camaleónico: hay parlamentos adaptables a la perpetua enemistad con Chile, aunados de retórica antiimperialista; otros pretenden representar la voz de los que no tienen voz; algunos favorecen la inversión extranjera; no obstante, en determinadas circunstancias es preciso condenarla en pro de la retórica nacionalista, osea, “llevar la cultura occidental al pelotón de fusilamiento” y siempre hay que arreglárselas para apaciguar a los cocaleros, a los aimaras, a losquechuas. La biografía de Óscar lo condujo a ese puesto: su padre fue ministro del general Barrientos y ahora envía furibundas cartas a los diarios; su madre se recluyó en la jardinería y la decoración tras el suicidio de Felipe, el hijo mayor, y su hermana Cecilia, socióloga de profesión, es una vieja prematura que se gana la vida dando clases en universidades privadas.¿Vale la pena correr la misma suerte que ellos? Desde luego que no, y como Óscar se cree muy inteligente, opta por el camino más expedito: estar cerca, lo más cerca posible de quienes se llenan los bolsillos a costa del escuálido erario de la nación fundada en honor a Simón Bolívar. A medio camino, surge Natalia, bella economista y empleada en la cartera de Hacienda. Es difícil que las mujeres salven el planeta o enmienden rumbos administrativos torcidos; empero, habiendo estado alejadas por miles de años de las sórdidas maniobras de la autoridad, resulta creíble que sean las primeras en descubrir el servilismo y el error como formas de existencia, como oficios legítimos para enriquecerse, lucrar y echarse el dinero de todos nosotros al bolsillo. En Palacio Quemado no queda claro si Óscar abre los ojos por cuenta propia, si Natalia le propina un golpe que le hace recuperar la lucidez o si los dos, simultánea o sucesivamente, comienzan a ver la verdad. Por supuesto, ya es tarde para echarse atrás. Como se ve, Palacio Quemado es bastante depresiva, aun cuando su lectura resulta saludable (y muy vigente). El relato presenta numerosos problemas: irrupción de personajes intempestivos sin presentación previa, exceso de información, incomprensible para quienes residen lejos de La Paz, fallas de coordinación o concordancias gramaticales, insólitas en un experto yotros menores. Con todo, es un texto valioso, tanto por los factores que hemos reseñado como por la habilidad narrativa de Paz Soldán.




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