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Mónica Velásquez gana el Bedregal

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Mónica Velásquez gana el Premio Nacional de Poesía [Bolivia]
El poemario “Hija de Medea”, de Mónica Velásquez Guzmán quien se presentó con el pseudónimo “Malva” obtuvo el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal 2007. La ganadora recibirá el premio de dos mil dólares, una medalla de oro y un diploma de honor.
Los poemarios Lengua Geográfica Prosas, Sacras y Songo Rimarej, obtuvieron menciones sin establecer jerarquías entre ellos.
El Viceministerio de Desarrollo de Culturas, en coordinación con la Prefectura de La Paz, Plural Editores y la familia Conitzer Bedregal, convocan anualmente a este premio, que tiene como objetivo la promoción de autores nacionales y la difusión de autores bolivianos.
A esta versión 2007 se presentaron setenta y dos obras llegadas de todo el país. El jurado estuvo a cargo Zacarías Alavi, docente de lingüística de la UMSA, Jessica Freudental docente de literatura de la UMSA, Armando Soriano poeta y novelista y como presidente del jurado Benjamín Chávez ganador premio nacional de poesía 2006.
Mónica Velásquez es Licenciada en Letras por la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz) y doctora en literatura hispanoamericana por El Colegio de México, México, 2004. Actualmente es docente de la Universidad Mayor de San Andrés y de la Universidad Católica Boliviana. Ha publicado los poemarios: Tres nombres para un lugar, 1995; Fronteras de doble filo, 1998 y El viento que doblega en los naufragios, 2004. Y, como compiladora, la Antología de poesía boliviana del Siglo XX: Ordenar la danza, 2004, además de varios ensayos de crítica y teoría literaria.
Fuente: www.opinion.com.bo


Texto inédito de Jaime Saenz

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El atardecer sombrío
Por: Jaime Saenz

Flota una melodía muy antigua en las glándulas. Los trazos llanos y sombríos del recuerdo hallan una húmeda, asombrosa, conmovedora estratificación en el ser, que anda, anda anda, sin consuelo, a través de la rotonda que es el panorama, el clima, la vivencia a la que ama.
Esa niebla morada, ese hálito sombrío que circunda las cosas, ha trasminado mi ser y mi sentir; y ahora soy una pobre vaguedad que recuerda, siente y sueña vaguedades.
Súbitamente, se tuerce la mirada hacia la izquierda, y un impulso de irse le viene a uno en medio de éste, que cree uno es un plenilunio. Pero la vaguedad de la tarde, el desconsuelo de la calle inclinada, y el andar suave hacia la tristeza inventada por el sentido-de-circunstancia de las cosas, hacen que uno haga el andar más pausado, y que no vea con más profundidad el paisaje y las gentes que adornan tan graciosamente el paisaje: uno va, otro viene, con un sentido tan alegórico. Luego, cuando se ha llegado a la máxima concepción de la blanca, rasa soledad, hay siempre una luz lejana, un grito, un presentimiento que le hace concebir algo nuevo, quizá una felicidad fuera de uno; un bienestar no orgánico, nada biológico; un bienestar, por así decirlo, fuera de uno mismo, un bienestar que le da uno a otro ser. Uno concibe, candorosamente, esta mecánica sin fin por tan sólo ver, fugitivamente, a un caminante de la calle que le clava la mirada triste. No se puede memorizar su paso, ni su objetivo, ni nada en él, pese a que constituye un objetivo vital de la existencia.
Un solo dato tengo para reconstruir el ser de este fugitivo caminante que se ha esfumado entre la nieve algodonosa de este atardecer: sus pasos. Unos pasos lentos, cansados, de pies que han andado mucho. Es corpulento, o así me lo parece. Su traje ha de ser raído y, tal vez, abigarrado, como hecho de otros muchos trajes. Su cabeza oscila a cada paso, y unas veces parece minúscula —hasta perderse casi— y otras enorme, con una cabellera gastada, casi con el sentido del sentido de la colina. No sé a dónde va, ni de dónde viene; pero tengo el profundo y remoto secreto de sus pasos. No es rara la vez en que, cuando me acoge el sueño aferrador (dulce también), se me presenta en el negro panorama la figura extraordinaria de sus pasos. Cuando esto ocurre, mi pobre hálito se cubre de un clima húmedo, de una mancha, de una melodía remota, como delineada por el violín que habría podido tener durante mi niñez.
* Texto inédito de Jaime Saenz que publicará la revista La Mariposa Mundial. Fue hallado junto a otros papeles escritos durante la década del 40
Fuente: www.laprensa.com.bo


Salen a la luz textos inéditos de Jaime Saenz

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Salen a la luz textos inéditos y un desconocido amor de Saenz
Por: Martín Zelaya Sánchez

Poemas, prosas, dibujos y fotografías del famoso “baúl” secreto del poeta serán divulgados en marzo. Como regalo, un relato breve nunca antes publicado, gentileza de La Mariposa Mundial
A las diez de la mañana he recibido tu bella carta, en la que me dices no haber recibido sino una mía. Te digo que te he escrito cinco cartas, o seis. Sé que una la has recibido. Eran todas certificadas”.
Un arrebatado Jaime Saenz se vacía ante Mireya. Obsesivo, impulsivo, pero siempre elegante y formal, a sus 28 años. La misteriosa destinataria de esta inédita misiva del vate vive aún en Estados Unidos, lejos de la Cochabamba donde nunca pudo consumar el amor epistolar con el empedernido paceño.
La revista literaria chileno-boliviana Mar con Soroche, en su recién aparecido número cinco, regala estas valiosas cuartillas perdidas, que para los seguidores de Saenz vienen a ser un feliz preludio de un banquete mayor.
Poemas, prosas y fragmentos sueltos de textos inconclusos, además de prólogos y comentarios a otros libros, y una amplia colección de dibujos —sus célebres calaveras y autorretratos, entre otros, desempolvados al fin, a los casi 22 años de su muerte— aparecerán en marzo en el número 18 de la revista La Mariposa Mundial, gracias al afán de los escritores Álvaro Díez Astete, Jaime Taborga y Rodolfo Ortiz, este último director de la revista que en este número estará íntegramente dedicado al autor de Al pasar un cometa.
“Qué bella, bella tu carta del 12 de enero —prosigue el autor más adelante—. Sinceramente me ha llenado de euforia y alegría. Qué bellamente escribes sobre la lluvia. Yo nunca he escrito así sobre la rumorosa lluvia”.
Ricardo Sáenz Hayes (éste sí con tilde) comenta, en el prólogo de La religión del arte, epistolario de Gustave Flaubert, que lo mejor de muchos grandes autores se ve en su correspondencia, las más de las veces publicadas post mortem, pues nadie escribe algo tan personal e íntimo pensando en publicarlo.
El baúl desempolvado
“La Mariposa siempre ha estado muy cerca de Saenz y su obra —cuenta Ortiz—; es más, el mismo nombre de La Mariposa Mundial aparece en la página 100 de La piedra imán (libro de relatos). A lo largo de todos los números se han publicado ya algunos textos inéditos, como el Poema a Micaela, dedicado a la hija de su amigo Alfonso Barrero (“el Sultán de Marruecos”, que por cierto ayudó mucho para el número que preparamos)”.
Sin duda el mayor precedente y referente fue la primera publicación de La Mariposa como editorial, el poemario perdido Café y mosquitero, cuyo mecanuscrito original fue hallado en el pasaje Huarina, emporio de los libros usados.
Luego de varios años de rastreo y contactos, Ortiz logró, además de los textos antes mencionados, establecer la existencia de varios otros inéditos “procedentes de un baúl que guardaba don Arturo Orías, albacea literario de Saenz”.
Entre 1942 y 1955, entre sus 21 y 34 años, el poeta no sólo atravesó un álgido periodo de su vida: se casó con Erika, tuvo a su hija Jourlaine y las perdió a ambas al largarse de improviso a Alemania. También en ese periodo —cuando sufrió dos delirium tremens— tuvo una prolífica producción, sobre todo en verso.
“Es de esa época que se han hallado una serie de textos, unas prosas trabajadas de manera paralela al El escalpelo (poemario de 1955) y algunos poemas que al parecer sobraron de la edición final de este libro. Pero además otros versos que en la revista publicaremos bajo el nombre de Poemas de 1944. Todos estos trabajos proceden de esta etapa de su juventud, cuando aún firmaba con su nombre completo de Jaime Saenz Guzmán Achá”.
Además de este material, Ortiz recopiló una serie de poesías sueltas que se publicaron sólo una vez en algunas revistas del exterior en las décadas del 60 y 70. “Por ejemplo, tres piezas editadas en la ahora inhallable publicación colombiana Eco”.
Por si fuera poco, un valioso material gráfico también saldrá a la luz por primera vez. “Un álbum de calaveritas, con los dibujos que hizo para sus libros, para textos de algunos amigos como regalos y otros hallados en papeles sueltos. Hay además varios autorretratos y dibujos en secuencias y series”.
Fotografías de objetos identificables con el autor, como su saco de aparapita y el gorro de peregrino que usó en una célebre fiesta de disfraces que organizó en su casa, completan el paquete.
Escudriñadores
Buena parte de las joyas que La Mariposa Mundial difundirá reposaban, como ya se dijo, en el “baúl central” que a su muerte Orías dejó en custodia a Guisela Morales, sobrina de Saenz, representante de los herederos y dueños de los derechos de publicación. A ese material tuvo acceso Álvaro Díez Astete, quien logró hacer coincidir papeles y fechas, cotejar etapas y estilos y, finalmente, se hizo de la aquiescencia de Morales a favor de los planes de divulgación de La Mariposa.
Pero no todo estaba en el baúl. Por ejemplo, las prosas de la etapa del El escalpelo las tenía en su poder el cineasta Óscar Soria, quien luego las confió al poeta Jaime Taborga.
Un trabajo más, “él único y último libro completo aún inédito de Jaime Saenz”, una colección de prosas poéticas, todavía espera la mejor oportunidad para entrar en la imprenta. El nombre y los detalles llegarán en el próximo vuelo de la Mariposa.
Fuente: www.laprensa.com.bo


La saeta rubia

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La saeta rubia
Por: Pedro Shimose

Los periodistas españoles lo apodaron ‘la saeta rubia’ porque él, entonces, era choco y veloz como una flecha. Hoy, a sus 81 años, luce una calva venerable y los pelos que le quedan son completamente blancos; camina con dificultad por la edad y por una antigua lesión de espalda, apoyándose en un bastón que, cuando se entusiasma, lo enarbola en señal de júbilo como en sus mejores días de gloria.
Alfredo Di Stéfano (Buenos Aires, 04/07/1926) fue objeto, en Madrid, el domingo 17, de un homenaje tributado por la FIFA y la UEFA, al cual se unió la flor y nata del fútbol mundial. Al acto asistieron alrededor de 800 personalidades vinculadas al deporte, la prensa, el arte (estuvo Plácido Domingo), la diplomacia y la política. Estuvieron sus colegas Kopa, Platini, Gento, Santamaría, Eusebio, Müller, Schuster, Santillana, Butragueño, Zidane y un largo etcétera.
Fue notoria la ausencia de Pelé y Maradona. La prensa española informó de que Di Stéfano vetó la participación de estos dos futbolistas legendarios, porque la filosofía vital de la saeta rubia es diametralmente opuesta a las de estos dos campeones. Nadie ignora que Di Stéfano pertenece a la vieja escuela que concebía el fútbol como un deporte noble, romántico, propio de caballeros, respetuoso del ‘fair play’ (juego limpio), y como una escuela donde se enseña compañerismo, dignidad y generosidad. A Pelé le reprocha el haber convertido su imagen de futbolista triunfador como una marca comercial, mediática, es decir, símbolo del fútbol como negocio. Respecto a Maradona, le choca su frivolidad, sus malas maneras (Di Stéfano nunca aprobó ‘la mano de Dios’) y, sobre todo, su vida disoluta, mal ejemplo para la juventud en general y para los deportistas novatos que sueñan con el éxito.
En el fondo, Di Stéfano es un campesino invulnerable a la fama y al dinero. El periodista español Matías Prats opinó que Di Stéfano era “un profesional cien por cien, libre de vanidad y engreimiento”. Hace seis años, don Alfredo le confesó a Inocencio F. Arias, diplomático español (inició su carrera en Bolivia), periodista, ex dirigente del Real Madrid y excelente escritor, que el padre le inculcó una moral de trabajo, honradez, dignidad, responsabilidad y autenticidad. Por eso, a pesar de vivir 55 años en España, sigue hablando como porteño y sigue fiel a sus amigos de siempre y a su país de origen. “Aún me gusta el campo… El olor a tierra mojada, me encanta”, dice. En el jardín de su chalé madrileño hay una pelota esculpida en bronce, en cuya peana se lee la inscripción ‘Gracias, vieja’. Así se titula, precisamente, su autobiografía publicada en la editorial Aguilar, hace seis años, creo.
Hace 50 años no había televisión en Bolivia y la radio era, en aquel entonces, la reina de la comunicación de masas. No veíamos, pero oíamos los relatos de los partidos de fútbol en la voz de locutores deportivos de primer orden como los argentinos Borocotó, Fioravanti y Valenti. Daba gusto escucharlos porque eran maestros del buen decir y porque aderezaban sus crónicas orales con citas literarias, llenas de humor y poesía, y digresiones filosóficas dichas con toda naturalidad, sin pedantería. Nos imaginábamos las jugadas que luego veríamos reproducidas en fotos de las revistas argentinas. Gracias a El Gráfico, Goles y Litoral conocimos las hazañas de aquellas delanteras míticas de ‘la máquina’, de River Plate: Moreno, Pedernera, Di Stéfano, Labruna y Loustau; la de ‘Millonarios’ con Pedernera y Di Stéfano como directores de orquesta; y la del Real Madrid: Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento. Hay un aspecto de la vida de Di Stéfano que deseo señalar. Fue actor de cine. Trabajó como actor principal en cuatro películas de gran importancia documental, porque inmortalizan momentos estelares de partidos filmados con medios exiguos: Once pares de botas (1954), Saeta rubia (1956), La batalla del domingo (1963) y Sinfonía española (1964). // Madrid, 22/02/2008.
Fuente: El Deber


La ventaja de ser insistente obsesiones

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Las ventajas de ser insistente obsesiones
Por: Ramón Rocha Monroy

En lo más íntimo de un artista suele haber un obsesivo. Esa vocación le permite abstraer de la realidad algunos elementos que alimentan su obsesión. A veces son fobias, a veces personas, animales o cosas que fascinan, es decir, que atraen y repelen al mismo tiempo. Ejemplos hay miles, y probablemente no hay mortal que no tenga obsesiones. Lo que distingue al artista del resto de los mortales es que el artista hace públicas sus obsesiones.
Es muy importante hacer un registro de nuestras obsesiones y manías, de nuestros tics, de nuestro comportamiento a solas. Hay cositas que ni nuestras parejas conocen y que las reservamos en esa zona de soberanía que la queremos inviolable. ¿Qué hacemos en el baño, a solas, en la tina, en la ducha, frente al espejo? ¿Qué hacemos simplemente a solas? Eso lo sabe cada uno y usualmente se avergüenza de que alguien lo pille in fraganti.
Lo bueno es que al escribir uno puede registrar sus obsesiones de un modo anónimo, atribuyéndolas a un personaje ficticio. Así vemos en el Informe sobre ciegos, (‘vemos’, qué verbo más impropio), de Ernesto Sábato, que construye una teoría tenebrosa sobre los ciegos, basada en un silogismo demasiado simple: al demonio le dicen el Príncipe de las Tinieblas; los ciegos viven en tinieblas; ergo, los ciegos son agentes del demonio.
Alguna vez hicimos un documental sobre un tema: las nucas. Hay nucas tristes, nucas soberbias, nucas sensuales, nucas chistosas, nucas. En la película Metrópolis, de Fritz Lang, se ven unas nucas agobiadas, cansadas, tristes en los cientos de obreros que ingresan al trabajo.
Una amiga hizo un documental en México mostrando vientres, vientres, vientres. Y bocas que devoran, devoran, devoran. Le salió muy bueno.
Un tema sensual sobre el cual alguna vez escribí una columna son los tacos femeninos. Cómo realzan el pie, cómo lo convierten en un objeto del deseo. No hay comparación posible con el zapato llano. Sobre todo las sandalias con taco, que desnudan más que cubren un pie femenino, son en conjunto bellísimas esculturas.
Recuerden la película de Subiela: El lado oscuro del corazón, y la manía del protagonista, basada en un verso de Oliverio Girondo. Es una obsesión bien aprovechada. Entre mis papeles encontré una crónica de algo peor: las ratas. Resulta que en una de mis múltiples mudanzas, recalé en una casa antigua que estaba llena de ratas (que ya adivinaban la caída de la Casa Usher, porque luego fue derruida). En esa casa yo era huésped de mi amigo Joel, a quien me lo imaginaba como Noé en el arca (yo durmiendo en el vientre del arca, rodeado de ratas).
Otro tema, entre miles, son las bicicletas. He escrito muchos artículos sobre mis peripecias con la bicicleta.
La lección final es que apenas uno se obsesiona por alguna persona, animal o cosa, y la abstrae del conjunto de la realidad, ese objeto se vuelve ‘físicamente metafísico’, cobra vida propia, baila sobre una pata y nos sugiere mil locuras, todas aprovechables para un buen texto poético o narrativo.
Fuente: http://www.eldeber.com.bo/brujula/2008-02-16/nota.php?id=080215213411




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