Ecdotica en twitter

Siguenos en @ecdotica

Donaciones

Ayudanos a difundir libros gratuitos

En la cama

en-la-cama.jpg

Un motel, un hombre y una mujer
Por: Claudio Ferrufino-Coqueugniot

En la cama, Matías Bize/Chile, 2005. Un motel; un hombre y una mujer que se conocen en una fiesta (lo sabemos después) y deciden tener un encuentro. Comparten horas en las cuales, bajo el pretexto del sexo, comienzan a hablar sobre ellos y, aunque de manera remota, se ilusionan con el inicio de una relación que el texto hará imposible.
Nada más sencillo que el argumento de este filme. Ahí radica su dificultad, porque dos personas de género opuesto -desconocidas entre sí, además- encerradas en un ambiente cursi como el de los moteles ¿qué pueden ofrecer de extraordinario a ellos mismos y al espectador? Poco. Esta orfandad se atenúa, sin embargo, en la película de Matías Bize, con la soberbia actuación, y el no menos soberbio cuerpo, de la interesante Blanca Lewin (en el papel de Daniela) y, para las mujeres sin duda, lo mismo con Gonzalo Valenzuela (Bruno). El sexo tan real que parece casi explícito es el hilo que mantiene vivos los 85 minutos de la cinta. Se pierde cuando un débil guión improvisa conversaciones triviales y hasta absurdas. Pero, ¿qué más absurdo que la situación en sí, de dos individuos que se atraen por casualidad y que deciden darse un gusto? Bize no se equivoca, no podía haber puesto en labios de sus personajes alta discusión filosófica; es más bien un milagro que no hablasen del clima, del tiempo, de que hace frío o estará lloviendo. El ser humano se complica en relación al placer. Luego de un terceto de coitos bien logrados el nexo entre dos desconocidos sólo puede esfumarse. Este tipo de aventura sexual debiera ser eso, una expedición al mundo animal a la vez que bosquejo dentro de la sensualidad y punto. Nada de conversación, de que papá esto y abuelita lo otro. Sobre todo no en una situación compleja y decisiva como la de los personajes, con un futuro cercano ya definido -que no menciono para no destruir la incógnita- y quizá irrevocable. Más que penetrar en el alma humana, el director nos acerca a su estupidez (la humana). Mientras los sentidos priman, la película es buena, intensa. Cuando se intensifica el drama de la trivialidad, abruma. Mas no lo digo en el sentido de crítica, lo repito, Matías Bize lidia con algo concreto, el imperecedero impulso de las personas de hablar necedades en una situación “delicada”.
Alivianando en algo lo nihilista de mi acercamiento, “En la cama” es un aleccionador encuentro con el cuerpo; a pesar del barroquismo del entorno -un motel que se presta- que los rodea, el filme sobrevive en base a sudor y prendas íntimas. ¿Las conversaciones? Usuales, diríamos, e intrascendentes como son en la realidad.
Fuente: www.lostiempos.com

Entrevista a Josep Barnadas

rene-moreno-1.jpg

Josep M. Barnadas y el patriarca de las letras bolivianas
Texto: Redacción ¡OH!

¡OH! conversó con Barnadas sobre este importante evento en memoria del gran “documentalista, bibliógrafo, historiador, sociólogo, crítico literario y biógrafo”.
¡OH!: ¿Por qué es Gabriel René Moreno una de las figuras más destacadas en el ámbito de la literatura boliviana?
Hablar del valor de Moreno en las letras bolivianas exige, naturalmente, precisar de lo que se está hablando. Moreno no fue ni novelista, ni poeta, ni dramaturgo o cuentista. Para incluir la prosa moreniana en la ‘literatura’ hay que delimitar con criterio amplio el concepto; haciéndolo así, creo que sí se puede incluirlo en la literatura de Bolivia: para empezar, su estilo todavía en nuestros días se deja leer con fruición; habla de lo que hable: tiene una frescura, una ‘chispa’, un sentido del humor, que lo hace digno de antología.
Pero los principales quilates de Moreno en la cultura histórica boliviana se sitúan en otros parajes. Considero que hizo méritos para ganarse un lugar perenne en dicha cultura en diferentes áreas. Como gran historiador nos dejó Últimos días coloniales en el Alto Perú, imponente fresco de toda la época de la Colonia que precedió a los ‘sucesos’ del 25 de mayo de 1809 en La Plata o Chuquisaca; pero también dejó Anales de la prensa boliviana. Las matanzas de Yánez, pionera investigación sobre aquella masacre paceña basada en la lectura de lo que dijo de ella la prensa local. Como bibliógrafo compuso la Biblioteca Boliviana y sus dos suplementos y el Ensayo de un catálogo general de los periódicos de Bolivia. Como documentalista sentó cátedra con su Catálogo del Archivo de Mojos y Chiquitos. Como sociólogo, aunque no dedicó una obra específica a esa disciplina, sus análisis y pesquisas andan dispersas por cualquier rincón de sus otros escritos. Hemos de ver, pues, a Moreno en una dimensión múltiple. Y está plenamente justificado el título que se le ha dado de ‘Patriarca de las letras bolivianas’.
¡OH!: ¿En qué medida contribuyó Gabriel René Moreno a la educación boliviana?
Al haber pasado prácticamente toda su vida adulta (desde que se graduó de bachiller en Sucre) en Chile, no pudo tener ninguna intervención en la educación del país. Y en Chile, durante algún tiempo sí enseñó Literatura en el Instituto Nacional (institución de la que fue casi toda su vida bibliotecario).
¡OH!: Haber estado alejado de su tierra natal, ¿influyó de alguna manera en su pensamiento?
Naturalmente, la distancia que lo separaba de su tierra natal tuvo que influir en configurar su punto de vista sobre lo que sucedía en Bolivia y, también, sobre sus causas. Además, el no estar implicado en las pequeñas luchas y peleas de tipo político (luchas y peleas de las que muy difícilmente se podía liberar quien residía aquí) le daba una mayor libertad y limpieza de visión. En resumen, la distancia suele favorecer una visión más objetiva y, sobre todo, más ajustada a la real dimensión de las cosas.
¡OH!: Sus opiniones fueron blanco de críticas que le atribuían un escaso conocimiento de la realidad nacional, por haber estado alejado de su tierra. ¿Qué opina al respecto?
Tengo la impresión de que ese tipo de fundamentación de las críticas, si existió, no fue el más frecuente o el que tuvo mayor peso. Habría que distinguir entre los que le criticaron algo durante su vida y los que lo hicieron después de su muerte. En vida de Moreno realmente fueron pocos los que criticaron su obra (dejemos de lado el episodio de las ‘bases chilenas’ que el presidente Daza le obligó a traerle de Santiago a Arica); y la mayor parte de esos críticos estaba movida por intereses políticos. Después de su muerte si arrastró una serie de lugares comunes que le echaron en cara su ‘orientalismo’ (hoy diríamos ‘cambismo’), su pobre valoración de la población indígena andina; finalmente, lo que se consideraba su racismo.
¡OH!: ¿Cómo definiría Ud. a Gabriel René Moreno en este sentido?
Moreno fue ni más ni menos ‘racista’ que la mayor y más influyente parte de la élite boliviana de su época. Por tanto, sólo se podría imaginar que su conflicto con el país consistió en esto si admitimos que los ‘racistas’ occidentales lo único que les sobraba del ‘racismo de Moreno es que fuera de Moreno: es decir, un cruceño que no se mordía la lengua a la hora de mostrar y afear las vergüenzas bolivianas; y que para mayor culpa, residía en Chile; y que cayó la ingenuidad de obedecer la orden del presidente Daza de ser transportador de las ‘bases chilenas’.
Pero es que Moreno, no sólo compartía la ‘teoría’ de sus conciudadanos bolivianos, sino que unos y otros no hacían sino repetir lo que habían recibido de Europa, pasado por las submetrópolis hispanoamericanas (Buenos Aires, Lima, Santiago de Chile).
De ahí que me parezca particularmente odioso seguir repitiendo de memoria la cantinela del ‘Moreno racista’.
CRUCEÑO DE GRANDES PASIONES
¡OH!: Hombre de muchas profesiones ¿Cuál sería su pasión o vocación?
Su pasión que se apoderó de su vida fue dar a su país conciencia de su pasado, lejano y cercano. Para ello se puso a salvar los papeles del gobierno que se estaban pudriendo en rincones del Palacio presidencial de Sucre. Para ello se lanzó a acopiar y catalogar los impresos que se relacionaban con el pasado boliviano. Para ello esculpió algunos episodios que consideraba particularmente relevantes. Y hay que destacar que en esa agudísima conciencia de la necesidad en que están los pueblos de no dejar perder su memoria colectiva, jugó un papel decisivo y pionero: cuando en 1871 volvió por primera vez a Sucre, decidido ya a ‘documentarse’, eran muy pocos los que compartían su obsesión; pero, además, Moreno fue prácticamente el único que situó esa preocupación en el centro de su vida; y a ella sacrificó todas sus fuerzas y su tiempo. Y en este aspecto no tuvo competidor.
¡OH!: ¿Por qué se lo considera un erudito de su época?
Por la talla que alcanzó y el respeto que se ganó con su obra. No debería escandalizar a nadie ni debería nadie sacar consecuencias sesgadas, comprobar que –hasta cierto punto- aquella talla y ese respeto se manifestaron con mayor contundencia entre los eruditos de otros países que entre los bolivianos. Supuesta la realidad vigente, ya se podía vaticinar que sería así: cuando Bolivia empezaba a organizarse en la segunda mitad del siglo XIX (y aun esto entre muchísimas y grandísimas dificultades), en otros países andaban más adelantados y, por ello, estaban mejor situados para apreciar y valorar la obra de Moreno. En la práctica, para recibirlo como un verdadero ‘colega’: un igual con quien se puede entablar debate o emprender batallas comunes.
¡OH!: ¿Cuáles considera sus hechos más notables?
Obviamente, lo fundamental es que –desde Chile- jamás dejara de poner temática boliviana en el centro de su esfuerzo cotidiano. Que, ni siquiera después del ‘trauma de 1880’, flaqueara en sus opciones; y así, cuando retornó a Santiago de Chile en 1883, reemprendiera su tarea en el punto que la había dejado en 1779, cuando la invasión que Chile cometió contra Bolivia le obligó a salir de aquel país. Son pocos los bolivianos que, como dice el Evangelio, habiendo puesto la mano en el arado, no reconsideren su decisión y caigan bajo las dudas que plantea la realidad bravía: Moreno fue uno de ellos.
¡OH!: ¿En torno a qué temas girará su conferencia en homenaje a G. René Moreno en el Centenario de su muerte?
Como no puede ser de otra manera, trataré de hacer ver, por un lado los aspectos que nos han salido en esta conversión; pero por otro, trataré de mostrar lo que los bolivianos hemos hecho con su obra: cómo se ha reconstruido y valorado su vida y su obra; cómo se ha ido evolucionando de la condena a la consagración como el valor más sólido, más permanente que el país puede encontrar en todo su siglo XIX. Creo que el centenario de su muerte es una buena ocasión para ello.
Fuente: www.lostiempos.com

Príncipe y una mente brillante

cien.jpg

Príncipe y una mente brillante
Por: Marcelo Suárez Ramírez

(La vasta obra de Gabriel René Moreno le ha valido ser considerado El príncipe de las letras bolivianas y uno de los más altos valores de la literatura y la historiografía hispanoamericana.)
El próximo lunes [5 de mayo] no será un día cualquiera, pues se recordarán los 100 años de la muerte de Gabriel René Moreno, considerado el Príncipe de las letras bolivianas y una ilustre personalidad que generó pensamiento y cultura gracias a una mente brillante y un profundo sentido de la investigación.
Al margen de bibliógrafo y literato, René Moreno hizo del ensayo, la escritura, el periodismo, la abogacía, la sociología, la biografía, la historia, la crítica y la publicidad sus armas de trabajo en el área de las ciencias sociales, aspectos que lo catapultaron dentro de este ámbito como uno de los eruditos de la época.
René Moreno señaló los vicios de la sociedad boliviana y profundizó en su censura respecto a la obra de indios y mestizos en la estructuración nacional, manifestando cierta tendenciosidad al estudiar la obra del criollo y de la Colonia. A raíz de esto se ganó detractores en las esferas de la política y círculos literarios que lo catalogaron de racista.
Aunque esas acusaciones no tuvieron el respaldo suficiente para ser comprobadas, le afectaron personalmente y mancharon en cierta forma una labor excepcional. No obstante, tal como lo señaló el historiador Alcides Parejas, la calidad de su obra prevaleció por encima de todo. “Afortunadamente se está valorando en su real dimensión la obra de René Moreno y eso se debe en gran parte a la escuela historiográfica cruceña, que continuaron hombres como los hermanos Vázquez-Machicado y Enrique Finot”, afirmó Parejas.
Su obra cumbre
Últimos días coloniales en el Alto Perú es, fundamentalmente, la obra de un historiador-investigador y prosista, empeñado en escudriñar los aspectos más sutiles del pasado colonial boliviano. Como expresión estético-literaria, la obra figura como una de las joyas más preciadas de la literatura boliviana e iberoamericana”, asegura el historiador René Arze, que junto a Alberto Vázquez se han encargado de publicar las obras completas de Gabriel René Moreno.
Arze también indicó que, desde una perspectiva meramente historiográfica, Últimos días… es la historia precursora de las mentalidades de aquella época pre-independentista. “En el examen que hizo del siglo XVIII y principios del XIX, René Moreno llegó a recrear en sus páginas un periodo histórico caracterizado por profundas contradicciones. Los protagonistas, sus intrigas y confrontaciones en la lucha por el poder, el ambiente social e intelectual, el complejo entramado de aquella época y el escenario de la ciudad de La Plata, constituyen las partes más relevantes de la obra”, aseguró.
Su nombre hoy
Durante la contienda por el Pacífico con Chile, el presidente Hilarión Daza encargó a René Moreno llevar hasta La Paz las bases chilenas para un acuerdo entre los dos países, por el que Bolivia se comprometía a apartarse de la conflagración a cambio de que Chile respetara nuestra soberanía. Cuando Daza tuvo en sus manos los documentos, acusó al escritor de traidor y vendido a Chile. “Fue injustificado en ese entonces, como lo es ahora, calificar de traidor a Gabriel René Moreno, pues de lo que más escribió fue de Bolivia, por más que hubiera pasado gran parte de su vida en Chile”, dijo Parejas.
No pocos intelectuales de las recientes generaciones han ampliado saludablemente sus horizontes para escudriñar, con genuina preocupación, el pasado y el presente del país sin prescindir de las diversas visiones autocríticas de generaciones pasadas. Arze afirma que la historiografía es, esencialmente, acumulación de saberes y es por esta razón que aunque discrepemos con Gabriel René Moreno no podemos prescindir de sus aportes a la posteridad. “Si en Argentina se ponen de pie por Borges, en Chile por Neruda y en Perú por Vallejo, pongámonos de pie también nosotros por el legado que nos dejó Gabriel René Moreno y que merece ser recogido por las generaciones futuras”, finalizó.
Su obra es monumental
Gustavo Prado Robles | Director del Iles (Uagrm)
La obra de Gabriel René Moreno es el resultado de la labor paciente, sistemática e ingeniosa de un bibliógrafo y de un historiador talentoso que decidió consagrar su vida a rastrear, catalogar y estudiar libros, folletos, periódicos y documentos relevantes para escribir la historia del país. Últimos días coloniales en el Alto Perú es, sin duda, su trabajo más notable, pero también escribió excelentes ensayos sobre varios episodios de la convulsionada vida política del país en las primeras décadas de la República, como Matanzas de Yáñez, Daza y las bases chilenas y El general Ballivián, entre otros. René Moreno también publicó gruesos e ilustrativos catálogos con documentos y notas bibliográficas, históricas y biográficas sobre Bolivia, Perú y Argentina. Parte apreciable de los escritos de René Moreno sobre una diversidad de temas literarios e históricos apareció en folletos y en revistas académicas chilenas.
Es el bibliógrafo boliviano más notable del siglo XIX y un acucioso catalogador de documentos, libros, folletos, periódicos y hojas sueltas. Su catálogo de libros y folletos de la Biblioteca boliviana, que publicó en 1879 y complementó con dos entregas posteriores, es admirable por su metodología y cobertura. Su Archivo de Mojos y Chiquitos, publicado en 1888, contiene fuentes y comentarios valiosísimos para la investigación histórica del oriente boliviano. Su ensayo sobre los periódicos de Bolivia, que cubre el periodo 1825-1905, es una guía de enorme utilidad para los estudiosos del siglo XIX. Merece ser recordado como un intelectual cruceño con espíritu universal que amó profundamente al país; como un hombre que dedicó su vida a coleccionar, ordenar y glosar materiales impresos indispensables para escribir la historia de Bolivia.
Moreniano
- Nació el 7 de noviembre de 1836 en la población de San Lorenzo de la Barranca en Santa Cruz de la Sierra. Fue hijo de Gabriel José Moreno y Sinforosa del Rivero de Moreno.
- Estudió la primaria y la secundaria en Santa Cruz y en el colegio Junín de Sucre. Sus estudios superiores los realizó en el colegio San Luis y en el Instituto Nacional de Santiago de Chile.
- Se tituló de abogado en la Universidad Nacional de Chile en 1868 y posteriormente se dedicó a la docencia dando clases de aritmética e historia de América en el colegio San Luis.
- Fue nombrado secretario de la Legación de Bolivia en Santiago entre los años 1873 y 1874, y ejerció el periodismo a través de su trabajo en los periódicos El Mercurio y El Imparcial.
- Posteriormente asumió la dirección de la Biblioteca y cátedra de Literatura del Instituto Nacional de Santiago, ocupación que tuvo hasta el final de sus días.
- Sus principales obras son: Introducción al estudio de los poetas bolivianos, Matanzas de Yáñez, Elementos de literatura preceptiva, Estudios de literatura boliviana, Biblioteca Boliviana, Daza y las bases chilenas de 1879, Poetas bolivianos: Biografía de Néstor Galindo y Últimos días coloniales en el Alto Perú: Documentos inéditos de 1808.
- Falleció el 28 de abril de 1808 en Valparaíso, Chile. Sus restos fueron trasladados a Santa Cruz de la Sierra y depositados en el Colegio Nacional Florida.
Fuente: www.eldeber.com.bo

Los escritos inéditos de René Moreno

rene-moreno.jpg

Los escritos inéditos de René Moreno
Por: René Arze Aguirre

(Con 60 libros editados, su obra es una de las más vastas de los escritores latinoamericanos. A 100 años de su muerte, el historiador René Arze se refiere a las notas bibliográficas inéditas publicadas en 1996 por la Fundación “Humberto Vázquez-Machicado”)
De todo el conjunto monumental correspondiente a la producción bibliográfica de Gabriel René Moreno, ninguno sobresale a todas luces como su obra cumbre: la Biblioteca Peruana. Apuntes para un Catálogo de Impresos (vls. I y II, Santiago, 1896-1897, respectivamente), el producto intelectual bibliográfico más elaborado de su madurez en el que condensó magistralmente su enciclopédica erudición americanista con proyecciones sustanciales sobre Bolivia.
La Biblioteca Peruana constituye para Bolivia una fuente bibliográfica de extraordinaria importancia para el conocimiento pluridisciplinario de nuestro país y de su devenir histórico en múltiples aspectos relacionados con un largo período: los siglos XVI hasta inicios del XX.
Las adiciones bibliográficas y documentales relativas a Bolivia y las copiosas y eruditas notas o apostillas que las acompañan impresas en sus páginas -particularmente en el Vol. III, inédito hasta 1996- son imprescindibles para la comprensión del país.
El Índice Analítico da cuenta precisamente de ello y de muchos otros aspectos relacionados con Bolivia que los lectores pueden captar gracias a su contenido, lamentablemente desconocido o poco y mal mencionado o aprovechado hasta el presente para conocer inapreciables datos insospechados que no han sido tomados en cuenta por la imagen estigmatizada (negativa, cargada de prejuicios) que se tiene de Gabriel René Moreno, nos revela y demuestra en su obra aspectos fundamentales como la salida de Charcas (hoy Bolivia al océano Pacífico) por Atacama en la intendencia de Potosí (actual departamento de Potosí).
En las páginas de la Biblioteca Peruana, René Moreno da a conocer documentos sobre la mita minera de Potosí, institución acuciosamente estudiada y censurada por él, como uno de los ominosos sistemas de trabajo en el régimen colonial. Nada le impidió publicar documentos extensos sobre las rebeliones indígenas en Charcas (como es el caso del cerco de La Paz de 1811, encabezado por el mestizo Juan Manuel de Cáceres) durante el período de la independencia y la intervención, asimismo, de los montoneros indígenas de Charcas en favor de la Batalla de Ayacucho, obstaculizando el triunfo de las tropas realistas.
El método que empleó Gabriel René Moreno en las notas de su monumental obra bibliográfica, abierto a todo tipo de interpolaciones, fue óptimamente aplicado una vez más por él en el ocaso de su vida en sus eruditas Notas Inéditas de la Biblioteca Peruana, que en una cantidad considerable habían quedado postergadas muy a pesar suyo, en la edición de los volúmenes I y II de la Biblioteca Peruana (1896).
Con el fin de justificar la ausencia de estas notas, Gabriel René Moreno escribió años más tarde (1905) las razones por las que no pudo publicar las notas que dejó inéditas. Después de su muerte, las 52 notas inéditas restantes continuaron conservadas en Santiago por un coleccionista chileno, hasta 1937, año en que Humberto Vázquez-Machicado las obtuvo en donación en aquella ciudad, por obra de Antonio Muñiz Barrero.
De regreso a Bolivia con este valioso material, Vázquez-Machicado, sin duda, uno de los más consagrados discípulos de Gabriel René Moreno, albergó desde entonces, sin éxito, el propósito de dar a la luz pública estas notas inéditas, de las cuales sólo preparó la nota 56 (390) que se publicó póstumamente el año 1975 con los auspicios de la Academia Boliviana de la Historia y el Banco Central de Bolivia (La Paz).
Humberto Vázquez-Machicado sabía, como nadie en su época, que la publicación suelta en un volumen independiente de estas notas inéditas equivalía a publicar una obra ininteligible si no se editaban al mismo tiempo para su correcta comprensión los vols. 1 y II de la Biblioteca Peruana y, como complemento indispensable de ella, la parte pertinente a nuestro país: la Biblioteca Boliviana (1879) y los dos suplementos posteriores (1900 y 1908, respectivamente) ambos rarísimos e inaccesibles hasta hace poco, ya rarísimos por este tiempo.
En 1973, 16 años después de la muerte de Humberto Vázquez-Machicado, aquellas cajas, esta vez con 51 notas restantes, pasaron a poder de Alberto M. Vázquez, quien se propuso sacar a luz las notas inéditas y los volúmenes éditos correspondientes a la Biblioteca Peruana (I volumen inédito y II publicados) y a la Biblioteca Boliviana (II vols.) que no pudo publicar don Humberto Vázquez-Machicado. Con este invalorable auspicio del Ing. Vázquez salieron a luz por primera vez en su integridad en La Paz-Sucre entre 1990/ 1996, en seis vols., acompañados de un Índice Analítico (que viene a ser el numero 6) destinado a facilitar el acceso a la información enciclopédica de esta compleja obra moreniana. Nos estamos refiriendo a más de cinco mil eruditas páginas.
Fuente de conocimiento
Monumentales por su contenido y extensión, los escritos bibliográficos de Gabriel René Moreno relativos a Bolivia y al Perú fueron escritos en Santiago de Chile, durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera década del XX, bajo diversas circunstancias, a las cuales hacemos aquí alusión, a fin de ilustrar en forma sucinta la trayectoria de la producción bibliográfica de este ilustre americanista boliviano.
Proyectada originalmente dentro de un vasto plan que revelara en tres volúmenes el copioso material bibliográfico y documental acopiado en Santiago de Chile desde 1871, la Biblioteca Boliviana. Catálogo de la Sección de Libros y Folletos, con 3.529 piezas ordenadas alfabéticamente por títulos y eruditos comentarios, salió a la luz en la Imprenta Gütemberg de Santiago de Chile en julio de 1879, en medio de la emergencia de la guerra en que se vieron envueltos Bolivia, Perú y Chile, durante los años 1879-1883. Este conflicto impidió de manera inexorable la publicación de los dos volúmenes restantes de su proyecto original, correspondiente al catálogo de los impresos sueltos y al inventario de sus manuscritos, de los cuales tenía el bibliógrafo escritos los originales, acopiados los materiales de impresión.
Posteriormente, cuando la conflagración bélica llegó a involucrarlo personalmente hasta el punto de complicarle su permanencia en Santiago, en cuya ausencia se produjo el incendio que devastó parte de su rica colección en 1882, Gabriel René Moreno vio una vez más interrumpido el plan bibliográfico original que se había propuesto llevar a cabo, en momentos difíciles en los que Bolivia no contaba aún con un archivo nacional y disponía tan sólo de una incipiente biblioteca pública.
La importancia de los escritos inéditos
En estos escritos postreros, René Moreno incluyó no sólo el resultado de sus últimas investigaciones sobre la historia boliviano-peruana, sino todas las adiciones y reflexiones posibles de cuanto había impreso en su obra bibliográfica relativa a Bolivia, a la cual añadió dos suplementos (llegando a ser póstuma una de ellas) y un apéndice a las Adiciones de V. Abecia.
La complejidad que plantean los trabajos de René Moreno -con matices permanentemente entrelazados en todo el conjunto de su obra historiográfica, crítica y aún literaria-, revela a todas luces el carácter preliminar que sin duda tienen los ensayos que hasta hoy se han escrito de manera abundante dentro y fuera de Bolivia acerca no sólo de la vida sino de las obras de René Moreno, gran parte de ellas dejadas deliberadamente por él como incógnitas para otras generaciones más sensibles a la religión de los recuerdos.
Últimos Días Coloniales en el Alto Perú, la obra historiográfica cumbre de René Moreno recordada en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB) con una publicación en su centenario, así como sus otras contribuciones a los estudios de la historia de Bolivia, parecen ser consiguientemente, si nos atenemos a lo dicho hasta aquí, fragmentos mayores de un plan historiográfico más vasto, el cual merece ser descubierto a partir del análisis exhaustivo de toda su obra y de sus notas inéditas aludidas.
En una última y todavía poco divulgada obra ‘inédita’ René Moreno nos revela, así, una vez más, sus extraordinarios aportes sobre una variedad apreciable de temas: como es el caso, por ejemplo, de la Independencia de Bolivia, proceso histórico ampliamente abordado en sus anteriores Notas Editas, y que continuó en la mira preferente de sus Notas Inéditas para finalmente ser estudiado por el autor -más allá de los ‘Últimos Días Coloniales’ y de los ‘altos poderes’ que manejaron Charcas hasta la víspera de la Independencia (1808)- como un proceso que, extendido hasta 1825-1840, fue protagonizado en lo que hoy es Bolivia por el abigarrado conjunto de su sociedad peninsular, criolla, mestiza, indígena, negra, etc. Las actuaciones de Bolívar y Sucre, la compleja formación del Estado boliviano y las relaciones de esta nueva nación con Perú y Chile durante los años siguientes, hasta la guerra del Pacífico y las décadas posteriores, fueron, asimismo, objeto de la preferente preocupación que René Moreno imprimió en el conjunto de esta fundamental obra inédita.
Sus rebatibles y a momentos contradictorios y confusos prejuicios étnicos, expresados con diversos matices -motivo por el que merecen ser revisados con detenimiento-, no le impidieron sin embargo en su obra, como nadie en su época, amplias y profundas aportaciones sobre los indios y mestizos, particularmente sobre las relaciones de éstos con los otros componentes de la sociedad charquina y boliviana, a quienes estudió críticamente tanto como a aquéllos.
Tal es, someramente, en suma, parte del contenido de estas páginas inéditas que reunidas han formado un nuevo libro del renombrado historiador y polígrafo, u otro gran fragmento de sus escritos, los cuales están como se sobreentiende indisolublemente ligados a todo el conjunto de su obra. Aún consideradas como una unidad, estas notas inéditas muestran nítidamente -¡y con qué prosa!- una visión enciclopédica por demás singular y profunda de Bolivia, Perú, Chile e Hispanoamérica en general.
Contenido
Biblioteca boliviana

- Volumen I. Contiene la edición facsimilar de la Biblioteca Boliviana. Catálogo de la Sección de libros y Folletos. Publicada por la Imprenta Gütemberg de Santiago de Chile, el año 1879; VIII+880+2. Incluye en la primera parte una advertencia de los editores y un prólogo del historiador boliviano Alberto Crespo R.
- Volumen II. Debido al formato más pequeño de los textos originales, a los cuales se ha recurrido para esta publicación, este volumen ha sido reproducido al tamaño original de la primera edición de la Biblioteca Boliviana (192×113).
Biblioteca peruana-
Volumen I. Apuntes para un catálogo de impresos. La Paz, segunda edición facsimilar 1990, (primera edición facsimilar 1896-1897), 558 p.
- Volumen II. Apuntes para un catálogo de impresos. La Paz, segunda edición facsimilar 1990, 618 p. Apuntes para un catálogo de impresos. La Paz, segunda edición facsimilar 1990.
- Valor. Escrita en base a los materiales de la Biblioteca del Instituto Nacional (en particular de la Colección Beeche; Vol. 1 con 1.816 piezas registradas alfabéticamente por títulos) y de la Biblioteca Nacional de Chile (Vol. II, con 1.658 piezas, ordenadas como en el volumen anterior), la Biblioteca Peruana salió a la luz en la Imprenta Cervantes de Santiago de Chile, entre 1896 y 1897.
Fuente: www.eldeber.com.bo

¿Cómo se debe leer un libro?

ramon-rocha-monroy.jpg

¿Cómo se debe leer un libro?
Por: Ramón Rocha Monroy

Debo a la conjunción de la revista La Mariposa Mundial y mis visitas frecuentes a la Librería Plural (Nataniel Aguirre, primera cuadra, Cochabamba) la lectura de una conferencia de la escritora inglesa Virginia Woolf de la cual copié el título de esta columna.
¿Cómo leer un libro? En los primeros párrafos, esa gran mujer que tenía sobrados méritos para ganar el Premio Nobel, y no lo ganó, manifiesta su intención central: “Admitir autoridades en nuestras bibliotecas, por más pieles y togas que tengan, y permitirles decirnos cómo leer, qué leer, qué valor darle a lo que leemos, es destruir el espíritu de libertad que es el alma de esos santuarios. En todos los demás sitios pueden limitarnos leyes y convenciones; allí no tenemos ninguna.” Yo añadiría lo mismo sobre el acto de escribir.
Quizá el encanto de una biblioteca personal radica en que no tiene la clasificación mortuoria de la biblioteca del erudito embutido en sus casillas. Dice Virginia Woolf: “Poemas y novelas, memorias y libros de historia, diccionarios y libros oficiales, libros escritos en todos los idiomas por hombres y mujeres de todas las índoles, razas y edades, se codean unos con otros en los estantes. Y afuera rebuzna el burro, las mujeres charlan junto al pozo, los potros galopan por los campos. ¿Por dónde debemos empezar? ¿Cómo poner orden en este multitudinario caos para obtener, de ese modo, el mayor y más profundo placer de lo que leemos?
Claro: afuera transcurre la vida con sus cantos de sirena, mientras el acto de leer significa hurtarse de ese flujo vital para vivir vidas vicarias y, para peor, inventadas por otros.
En ese caos, ¿qué criterios nos llevan a leer una novela y no un libro de poesía, un ensayo y no un libro de historia? Dice la Woolf que escogemos “pidiéndole a la novela que sea verdadera, a la poesía que sea falsa, a la biografía que sea halagadora, a los libros de historia que reafirmen nuestros prejuicios. Si pudiéramos suprimir todos esos preconceptos al leer, sería un comienzo admirable”.
Este comentario enlaza con una epifanía que tuve hace algún tiempo: ¡Qué hermosas son las mujeres que leen! Se abstraen, miran soñadoras, sonríen o ríen solas, juegan con un bucle de sus divinos cabellos o encienden un cigarrillo con una sensualidad felina. Quizá obran así porque se acercan a un libro sin prejuicios, con el bagaje conceptual debidamente oculto en el desván y con la languidez del disfrute. En cambio los hombres, hay que ver la pose de sabios, de críticos; la tensión que les arruga el entrecejo; la suspicacia y los gestos de desdén que hacen cuando el libro no ratifica sus prejuicios.
Aquí viene otra vez la Woolf en nuestro auxilio con un consejo supremo para leer un libro: “No le den órdenes a su autor, traten de convertirse en él. Sean su colega de trabajo y su cómplice. Si se quedan a un lado, y escatiman y critican en principio, están impidiéndose obtener de lo que leen el valor más pleno posible.”
Leer para escribir
Advertíamos citando a la escritora inglesa Virginia Woolf que el acto de leer es un acto de libertad y que no deberíamos admitir que nadie, por más autoridad que tenga, nos diga qué y cómo leer. A continuación conjeturamos que ese consejo debería ampliarse a cómo escribir. Hay miles de consejos de los más grandes escritores sobre el arte de escribir; lo bueno es que no son leyes divinas ni científicas, sino consejos que uno bien puede ignorarlos porque uno puede hacer exactamente lo contrario de un consejo y tiene posibilidades parejas de acertar. ¿Nos dicen que hay que disfrutar de ciertas comodidades financieras y existenciales para escribir? No las tuvieron Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Rousseau, Voltaire, Dostoievski, Poe, Lautréamont, Faulkner, Borges, García Márquez, Cortázar o Alfredo Medrano. De modo que es bueno escribir con plena libertad, a condición de admitir humildemente que se trata de un oficio centrado en la corrección incesante y no en la segregación o evacuación inicial, que a ratos parecería limitarse a un acto fisiológico.
Un error frecuente del escritor es opacar a sus personajes transmitiéndoles sus prejuicios ideológicos o existenciales, usándolos como títeres para que repitan lo que él quisiera decir si lo escucharan. Hay que ponerse en el pellejo de cada uno de los personajes, entender su lógica, la motivación de sus acciones e ideas, y no tomar partido por ninguno de ellos. Es muy eficaz subrayar en cada personaje la complejidad del alma humana y no encasillar a los personajes endilgándoles el rígido papel del héroe, de la heroína, del villano, del bufón, de tantos estereotipos que son útiles como referencias, pero jamás como moldes para crear buenos personajes.
Enlazando el acto de leer con el de escribir, Virginia Woolf dice que escribir una novela “es algo tan proyectado y controlado como un edificio, pero las palabras son menos palpables que los ladrillos; leer es un proceso más largo y complejo que mirar.” Para valorar lo que uno lee, Virginia propone intentar escribir. “Recuerden para ello –dice—algún hecho que les haya dejado una impresión nítida: cuando se cruzaron en la esquina, quizá, con dos personas que estaban conversando. Un árbol se sacudía, una luz de la calle se agitaba, el tono de la charla era alegre, pero trágico también; toda visión, toda una concepción, parecía contenida en ese momento.” Cuando intenten convertir esa emoción inicial en escritura, aprenderán a valorar las astucias, el oficio, la técnica, los desvelos contenidos en las obras que leen. “Entonces irán de sus confusas y desordenadas páginas a las páginas iniciales de algún gran novelista (…) Ahora podrán apreciar mejor su maestría. No es meramente que estemos en presencia de una persona distinta (…) sino que estamos viviendo un mundo distinto.” Y previene que un gran escritor crea una realidad y respeta con lógica estricta las leyes de su punto de vista. “Jamás nos confunden, como con tanta frecuencia lo hacen los escritores menores, al introducir dos tipos de realidad en el mismo libro”.
El acto de leer nos puebla de sombras fugaces, pero es necesario hacerlas reposar, dejar que las plumas alborotadas en nuestra imaginación se asienten y se conviertan “en una sola sombra sólida y duradera”. Entonces “el libro regresará, pero de otra manera”. Si hemos leído con simpatía, tratándonos de ubicarnos en los calzones del escritor o (ahh) de la escritora, ahora que hemos dejado reposar la lectura podemos ser ya no amigos sino jueces. Aquí Virginia asume su máxima severidad: “¿No son criminales esos libros que han derrochado nuestro tiempo y nuestra benevolencia? (…) Seamos entonces severos en nuestros juicios, comparemos cada libro con los mejores de su clase. (…) Hasta la última y más insignificante de las novelas tiene derecho a ser juzgada de acuerdo con la mejor. Y lo mismo con la poesía.”
Los libros –dice Virginia—”sólo pueden ayudarnos si vamos a ellos cargados de preguntas y sugerencias ganadas honradamente en el curso de nuestras lecturas. No pueden hacer nada por nosotros si nos amontonamos bajo su autoridad y nos echamos como ovejas a la sombra de un seto. Sólo podemos entender sus preceptos cuando entran en conflicto con los nuestros y los vencen.”
La responsabilidad del lector
Virginia Woolf insiste en que tenemos responsabilidades e importancia como lectores. “Las pautas que fijamos y los juicios que emitimos se infiltran en el aire y se vuelven parte de la atmósfera en la cual el escritor respira mientras trabaja. Se crea una influencia que los afecta, aun cuando nunca encuentre su cauce en la imprenta. Y esa influencia, si estuviera bien construida, si fuera vigorosa, individual y sincera, podría ser de gran valor…”
Virginia es severa con la escasez de tiempo de los críticos y reseñadores. Frente a ellos “los libros pasan a juicio como una procesión de animales en una galería de tiro, y el crítico sólo tiene un segundo para cargar, apuntar y disparar, y bien puede ser perdonado si confunde conejos con tigres, águilas con halcones, o si directamente yerra el tiro y le acierta a una pacífica vaca que pasta en un campo vecino.”
El crítico o el reseñador suele dejarse llevar por juicios ajenos, por una lectura en diagonal, por el prólogo de una autoridad o el contenido de la solapa o la contratapa, cuando no por la amistad o enemistad con el autor, que se traduce en un comentario displicente que influye en el lector potencial y en las ventas. El lector libre está menos presionado, y en ello radica la importancia de su lectura. “Si el autor sintiera que detrás del errático fuego de la prensa hay otra clase de crítica, la opinión de la gente que lee por amor a la lectura, lenta y no profesionalmente, y que juzga con gran tolerancia, y sin embargo con gran severidad, ¿no podría eso mejorar la calidad de su trabajo?”Esta mujer entrañable, cuya vida y obra conocemos cada vez más por obra del cine, consideraba que la lectura es de aquellos placeres que “encierran su propio fin”. “A veces he soñado, al menos que cuando el Día del Juicio amanezca y los grandes conquistadores y abogados y hombres de estado vayan a recibir sus recompensas –sus coronas, sus laureles, sus nombres grabados indeleblemente en mármol imperecedero–, el Todopoderoso se dirigirá a Pedro y dirá, no sin una cierta envidia cuando nos vea venir con libros bajo nuestros brazos, “Mira, esos no necesitan ninguna recompensa. No tenemos nada que darles aquí. Les gustaba leer”.
Un consejo final: compren la revista literaria “La Mariposa Mundial”, que ya va por el número 16/17, a Bs. 25, en Librería Plural.
Fuente: www.ecdotica.com



Close
E-mail It