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En la cama

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Un motel, un hombre y una mujer
Por: Claudio Ferrufino-Coqueugniot

En la cama, Matías Bize/Chile, 2005. Un motel; un hombre y una mujer que se conocen en una fiesta (lo sabemos después) y deciden tener un encuentro. Comparten horas en las cuales, bajo el pretexto del sexo, comienzan a hablar sobre ellos y, aunque de manera remota, se ilusionan con el inicio de una relación que el texto hará imposible.
Nada más sencillo que el argumento de este filme. Ahí radica su dificultad, porque dos personas de género opuesto -desconocidas entre sí, además- encerradas en un ambiente cursi como el de los moteles ¿qué pueden ofrecer de extraordinario a ellos mismos y al espectador? Poco. Esta orfandad se atenúa, sin embargo, en la película de Matías Bize, con la soberbia actuación, y el no menos soberbio cuerpo, de la interesante Blanca Lewin (en el papel de Daniela) y, para las mujeres sin duda, lo mismo con Gonzalo Valenzuela (Bruno). El sexo tan real que parece casi explícito es el hilo que mantiene vivos los 85 minutos de la cinta. Se pierde cuando un débil guión improvisa conversaciones triviales y hasta absurdas. Pero, ¿qué más absurdo que la situación en sí, de dos individuos que se atraen por casualidad y que deciden darse un gusto? Bize no se equivoca, no podía haber puesto en labios de sus personajes alta discusión filosófica; es más bien un milagro que no hablasen del clima, del tiempo, de que hace frío o estará lloviendo. El ser humano se complica en relación al placer. Luego de un terceto de coitos bien logrados el nexo entre dos desconocidos sólo puede esfumarse. Este tipo de aventura sexual debiera ser eso, una expedición al mundo animal a la vez que bosquejo dentro de la sensualidad y punto. Nada de conversación, de que papá esto y abuelita lo otro. Sobre todo no en una situación compleja y decisiva como la de los personajes, con un futuro cercano ya definido -que no menciono para no destruir la incógnita- y quizá irrevocable. Más que penetrar en el alma humana, el director nos acerca a su estupidez (la humana). Mientras los sentidos priman, la película es buena, intensa. Cuando se intensifica el drama de la trivialidad, abruma. Mas no lo digo en el sentido de crítica, lo repito, Matías Bize lidia con algo concreto, el imperecedero impulso de las personas de hablar necedades en una situación “delicada”.
Alivianando en algo lo nihilista de mi acercamiento, “En la cama” es un aleccionador encuentro con el cuerpo; a pesar del barroquismo del entorno -un motel que se presta- que los rodea, el filme sobrevive en base a sudor y prendas íntimas. ¿Las conversaciones? Usuales, diríamos, e intrascendentes como son en la realidad.
Fuente: www.lostiempos.com


Entrevista a Josep Barnadas

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Josep M. Barnadas y el patriarca de las letras bolivianas
Texto: Redacción ¡OH!

¡OH! conversó con Barnadas sobre este importante evento en memoria del gran “documentalista, bibliógrafo, historiador, sociólogo, crítico literario y biógrafo”.
¡OH!: ¿Por qué es Gabriel René Moreno una de las figuras más destacadas en el ámbito de la literatura boliviana?
Hablar del valor de Moreno en las letras bolivianas exige, naturalmente, precisar de lo que se está hablando. Moreno no fue ni novelista, ni poeta, ni dramaturgo o cuentista. Para incluir la prosa moreniana en la ‘literatura’ hay que delimitar con criterio amplio el concepto; haciéndolo así, creo que sí se puede incluirlo en la literatura de Bolivia: para empezar, su estilo todavía en nuestros días se deja leer con fruición; habla de lo que hable: tiene una frescura, una ‘chispa’, un sentido del humor, que lo hace digno de antología.
Pero los principales quilates de Moreno en la cultura histórica boliviana se sitúan en otros parajes. Considero que hizo méritos para ganarse un lugar perenne en dicha cultura en diferentes áreas. Como gran historiador nos dejó Últimos días coloniales en el Alto Perú, imponente fresco de toda la época de la Colonia que precedió a los ‘sucesos’ del 25 de mayo de 1809 en La Plata o Chuquisaca; pero también dejó Anales de la prensa boliviana. Las matanzas de Yánez, pionera investigación sobre aquella masacre paceña basada en la lectura de lo que dijo de ella la prensa local. Como bibliógrafo compuso la Biblioteca Boliviana y sus dos suplementos y el Ensayo de un catálogo general de los periódicos de Bolivia. Como documentalista sentó cátedra con su Catálogo del Archivo de Mojos y Chiquitos. Como sociólogo, aunque no dedicó una obra específica a esa disciplina, sus análisis y pesquisas andan dispersas por cualquier rincón de sus otros escritos. Hemos de ver, pues, a Moreno en una dimensión múltiple. Y está plenamente justificado el título que se le ha dado de ‘Patriarca de las letras bolivianas’.
¡OH!: ¿En qué medida contribuyó Gabriel René Moreno a la educación boliviana?
Al haber pasado prácticamente toda su vida adulta (desde que se graduó de bachiller en Sucre) en Chile, no pudo tener ninguna intervención en la educación del país. Y en Chile, durante algún tiempo sí enseñó Literatura en el Instituto Nacional (institución de la que fue casi toda su vida bibliotecario).
¡OH!: Haber estado alejado de su tierra natal, ¿influyó de alguna manera en su pensamiento?
Naturalmente, la distancia que lo separaba de su tierra natal tuvo que influir en configurar su punto de vista sobre lo que sucedía en Bolivia y, también, sobre sus causas. Además, el no estar implicado en las pequeñas luchas y peleas de tipo político (luchas y peleas de las que muy difícilmente se podía liberar quien residía aquí) le daba una mayor libertad y limpieza de visión. En resumen, la distancia suele favorecer una visión más objetiva y, sobre todo, más ajustada a la real dimensión de las cosas.
¡OH!: Sus opiniones fueron blanco de críticas que le atribuían un escaso conocimiento de la realidad nacional, por haber estado alejado de su tierra. ¿Qué opina al respecto?
Tengo la impresión de que ese tipo de fundamentación de las críticas, si existió, no fue el más frecuente o el que tuvo mayor peso. Habría que distinguir entre los que le criticaron algo durante su vida y los que lo hicieron después de su muerte. En vida de Moreno realmente fueron pocos los que criticaron su obra (dejemos de lado el episodio de las ‘bases chilenas’ que el presidente Daza le obligó a traerle de Santiago a Arica); y la mayor parte de esos críticos estaba movida por intereses políticos. Después de su muerte si arrastró una serie de lugares comunes que le echaron en cara su ‘orientalismo’ (hoy diríamos ‘cambismo’), su pobre valoración de la población indígena andina; finalmente, lo que se consideraba su racismo.
¡OH!: ¿Cómo definiría Ud. a Gabriel René Moreno en este sentido?
Moreno fue ni más ni menos ‘racista’ que la mayor y más influyente parte de la élite boliviana de su época. Por tanto, sólo se podría imaginar que su conflicto con el país consistió en esto si admitimos que los ‘racistas’ occidentales lo único que les sobraba del ‘racismo de Moreno es que fuera de Moreno: es decir, un cruceño que no se mordía la lengua a la hora de mostrar y afear las vergüenzas bolivianas; y que para mayor culpa, residía en Chile; y que cayó la ingenuidad de obedecer la orden del presidente Daza de ser transportador de las ‘bases chilenas’.
Pero es que Moreno, no sólo compartía la ‘teoría’ de sus conciudadanos bolivianos, sino que unos y otros no hacían sino repetir lo que habían recibido de Europa, pasado por las submetrópolis hispanoamericanas (Buenos Aires, Lima, Santiago de Chile).
De ahí que me parezca particularmente odioso seguir repitiendo de memoria la cantinela del ‘Moreno racista’.
CRUCEÑO DE GRANDES PASIONES
¡OH!: Hombre de muchas profesiones ¿Cuál sería su pasión o vocación?
Su pasión que se apoderó de su vida fue dar a su país conciencia de su pasado, lejano y cercano. Para ello se puso a salvar los papeles del gobierno que se estaban pudriendo en rincones del Palacio presidencial de Sucre. Para ello se lanzó a acopiar y catalogar los impresos que se relacionaban con el pasado boliviano. Para ello esculpió algunos episodios que consideraba particularmente relevantes. Y hay que destacar que en esa agudísima conciencia de la necesidad en que están los pueblos de no dejar perder su memoria colectiva, jugó un papel decisivo y pionero: cuando en 1871 volvió por primera vez a Sucre, decidido ya a ‘documentarse’, eran muy pocos los que compartían su obsesión; pero, además, Moreno fue prácticamente el único que situó esa preocupación en el centro de su vida; y a ella sacrificó todas sus fuerzas y su tiempo. Y en este aspecto no tuvo competidor.
¡OH!: ¿Por qué se lo considera un erudito de su época?
Por la talla que alcanzó y el respeto que se ganó con su obra. No debería escandalizar a nadie ni debería nadie sacar consecuencias sesgadas, comprobar que –hasta cierto punto- aquella talla y ese respeto se manifestaron con mayor contundencia entre los eruditos de otros países que entre los bolivianos. Supuesta la realidad vigente, ya se podía vaticinar que sería así: cuando Bolivia empezaba a organizarse en la segunda mitad del siglo XIX (y aun esto entre muchísimas y grandísimas dificultades), en otros países andaban más adelantados y, por ello, estaban mejor situados para apreciar y valorar la obra de Moreno. En la práctica, para recibirlo como un verdadero ‘colega’: un igual con quien se puede entablar debate o emprender batallas comunes.
¡OH!: ¿Cuáles considera sus hechos más notables?
Obviamente, lo fundamental es que –desde Chile- jamás dejara de poner temática boliviana en el centro de su esfuerzo cotidiano. Que, ni siquiera después del ‘trauma de 1880’, flaqueara en sus opciones; y así, cuando retornó a Santiago de Chile en 1883, reemprendiera su tarea en el punto que la había dejado en 1779, cuando la invasión que Chile cometió contra Bolivia le obligó a salir de aquel país. Son pocos los bolivianos que, como dice el Evangelio, habiendo puesto la mano en el arado, no reconsideren su decisión y caigan bajo las dudas que plantea la realidad bravía: Moreno fue uno de ellos.
¡OH!: ¿En torno a qué temas girará su conferencia en homenaje a G. René Moreno en el Centenario de su muerte?
Como no puede ser de otra manera, trataré de hacer ver, por un lado los aspectos que nos han salido en esta conversión; pero por otro, trataré de mostrar lo que los bolivianos hemos hecho con su obra: cómo se ha reconstruido y valorado su vida y su obra; cómo se ha ido evolucionando de la condena a la consagración como el valor más sólido, más permanente que el país puede encontrar en todo su siglo XIX. Creo que el centenario de su muerte es una buena ocasión para ello.
Fuente: www.lostiempos.com


Príncipe y una mente brillante

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Príncipe y una mente brillante
Por: Marcelo Suárez Ramírez

(La vasta obra de Gabriel René Moreno le ha valido ser considerado El príncipe de las letras bolivianas y uno de los más altos valores de la literatura y la historiografía hispanoamericana.)
El próximo lunes [5 de mayo] no será un día cualquiera, pues se recordarán los 100 años de la muerte de Gabriel René Moreno, considerado el Príncipe de las letras bolivianas y una ilustre personalidad que generó pensamiento y cultura gracias a una mente brillante y un profundo sentido de la investigación.
Al margen de bibliógrafo y literato, René Moreno hizo del ensayo, la escritura, el periodismo, la abogacía, la sociología, la biografía, la historia, la crítica y la publicidad sus armas de trabajo en el área de las ciencias sociales, aspectos que lo catapultaron dentro de este ámbito como uno de los eruditos de la época.
René Moreno señaló los vicios de la sociedad boliviana y profundizó en su censura respecto a la obra de indios y mestizos en la estructuración nacional, manifestando cierta tendenciosidad al estudiar la obra del criollo y de la Colonia. A raíz de esto se ganó detractores en las esferas de la política y círculos literarios que lo catalogaron de racista.
Aunque esas acusaciones no tuvieron el respaldo suficiente para ser comprobadas, le afectaron personalmente y mancharon en cierta forma una labor excepcional. No obstante, tal como lo señaló el historiador Alcides Parejas, la calidad de su obra prevaleció por encima de todo. “Afortunadamente se está valorando en su real dimensión la obra de René Moreno y eso se debe en gran parte a la escuela historiográfica cruceña, que continuaron hombres como los hermanos Vázquez-Machicado y Enrique Finot”, afirmó Parejas.
Su obra cumbre
Últimos días coloniales en el Alto Perú es, fundamentalmente, la obra de un historiador-investigador y prosista, empeñado en escudriñar los aspectos más sutiles del pasado colonial boliviano. Como expresión estético-literaria, la obra figura como una de las joyas más preciadas de la literatura boliviana e iberoamericana”, asegura el historiador René Arze, que junto a Alberto Vázquez se han encargado de publicar las obras completas de Gabriel René Moreno.
Arze también indicó que, desde una perspectiva meramente historiográfica, Últimos días… es la historia precursora de las mentalidades de aquella época pre-independentista. “En el examen que hizo del siglo XVIII y principios del XIX, René Moreno llegó a recrear en sus páginas un periodo histórico caracterizado por profundas contradicciones. Los protagonistas, sus intrigas y confrontaciones en la lucha por el poder, el ambiente social e intelectual, el complejo entramado de aquella época y el escenario de la ciudad de La Plata, constituyen las partes más relevantes de la obra”, aseguró.
Su nombre hoy
Durante la contienda por el Pacífico con Chile, el presidente Hilarión Daza encargó a René Moreno llevar hasta La Paz las bases chilenas para un acuerdo entre los dos países, por el que Bolivia se comprometía a apartarse de la conflagración a cambio de que Chile respetara nuestra soberanía. Cuando Daza tuvo en sus manos los documentos, acusó al escritor de traidor y vendido a Chile. “Fue injustificado en ese entonces, como lo es ahora, calificar de traidor a Gabriel René Moreno, pues de lo que más escribió fue de Bolivia, por más que hubiera pasado gran parte de su vida en Chile”, dijo Parejas.
No pocos intelectuales de las recientes generaciones han ampliado saludablemente sus horizontes para escudriñar, con genuina preocupación, el pasado y el presente del país sin prescindir de las diversas visiones autocríticas de generaciones pasadas. Arze afirma que la historiografía es, esencialmente, acumulación de saberes y es por esta razón que aunque discrepemos con Gabriel René Moreno no podemos prescindir de sus aportes a la posteridad. “Si en Argentina se ponen de pie por Borges, en Chile por Neruda y en Perú por Vallejo, pongámonos de pie también nosotros por el legado que nos dejó Gabriel René Moreno y que merece ser recogido por las generaciones futuras”, finalizó.
Su obra es monumental
Gustavo Prado Robles | Director del Iles (Uagrm)
La obra de Gabriel René Moreno es el resultado de la labor paciente, sistemática e ingeniosa de un bibliógrafo y de un historiador talentoso que decidió consagrar su vida a rastrear, catalogar y estudiar libros, folletos, periódicos y documentos relevantes para escribir la historia del país. Últimos días coloniales en el Alto Perú es, sin duda, su trabajo más notable, pero también escribió excelentes ensayos sobre varios episodios de la convulsionada vida política del país en las primeras décadas de la República, como Matanzas de Yáñez, Daza y las bases chilenas y El general Ballivián, entre otros. René Moreno también publicó gruesos e ilustrativos catálogos con documentos y notas bibliográficas, históricas y biográficas sobre Bolivia, Perú y Argentina. Parte apreciable de los escritos de René Moreno sobre una diversidad de temas literarios e históricos apareció en folletos y en revistas académicas chilenas.
Es el bibliógrafo boliviano más notable del siglo XIX y un acucioso catalogador de documentos, libros, folletos, periódicos y hojas sueltas. Su catálogo de libros y folletos de la Biblioteca boliviana, que publicó en 1879 y complementó con dos entregas posteriores, es admirable por su metodología y cobertura. Su Archivo de Mojos y Chiquitos, publicado en 1888, contiene fuentes y comentarios valiosísimos para la investigación histórica del oriente boliviano. Su ensayo sobre los periódicos de Bolivia, que cubre el periodo 1825-1905, es una guía de enorme utilidad para los estudiosos del siglo XIX. Merece ser recordado como un intelectual cruceño con espíritu universal que amó profundamente al país; como un hombre que dedicó su vida a coleccionar, ordenar y glosar materiales impresos indispensables para escribir la historia de Bolivia.
Moreniano
- Nació el 7 de noviembre de 1836 en la población de San Lorenzo de la Barranca en Santa Cruz de la Sierra. Fue hijo de Gabriel José Moreno y Sinforosa del Rivero de Moreno.
- Estudió la primaria y la secundaria en Santa Cruz y en el colegio Junín de Sucre. Sus estudios superiores los realizó en el colegio San Luis y en el Instituto Nacional de Santiago de Chile.
- Se tituló de abogado en la Universidad Nacional de Chile en 1868 y posteriormente se dedicó a la docencia dando clases de aritmética e historia de América en el colegio San Luis.
- Fue nombrado secretario de la Legación de Bolivia en Santiago entre los años 1873 y 1874, y ejerció el periodismo a través de su trabajo en los periódicos El Mercurio y El Imparcial.
- Posteriormente asumió la dirección de la Biblioteca y cátedra de Literatura del Instituto Nacional de Santiago, ocupación que tuvo hasta el final de sus días.
- Sus principales obras son: Introducción al estudio de los poetas bolivianos, Matanzas de Yáñez, Elementos de literatura preceptiva, Estudios de literatura boliviana, Biblioteca Boliviana, Daza y las bases chilenas de 1879, Poetas bolivianos: Biografía de Néstor Galindo y Últimos días coloniales en el Alto Perú: Documentos inéditos de 1808.
- Falleció el 28 de abril de 1808 en Valparaíso, Chile. Sus restos fueron trasladados a Santa Cruz de la Sierra y depositados en el Colegio Nacional Florida.
Fuente: www.eldeber.com.bo


Los escritos inéditos de René Moreno

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Los escritos inéditos de René Moreno
Por: René Arze Aguirre

(Con 60 libros editados, su obra es una de las más vastas de los escritores latinoamericanos. A 100 años de su muerte, el historiador René Arze se refiere a las notas bibliográficas inéditas publicadas en 1996 por la Fundación “Humberto Vázquez-Machicado”)
De todo el conjunto monumental correspondiente a la producción bibliográfica de Gabriel René Moreno, ninguno sobresale a todas luces como su obra cumbre: la Biblioteca Peruana. Apuntes para un Catálogo de Impresos (vls. I y II, Santiago, 1896-1897, respectivamente), el producto intelectual bibliográfico más elaborado de su madurez en el que condensó magistralmente su enciclopédica erudición americanista con proyecciones sustanciales sobre Bolivia.
La Biblioteca Peruana constituye para Bolivia una fuente bibliográfica de extraordinaria importancia para el conocimiento pluridisciplinario de nuestro país y de su devenir histórico en múltiples aspectos relacionados con un largo período: los siglos XVI hasta inicios del XX.
Las adiciones bibliográficas y documentales relativas a Bolivia y las copiosas y eruditas notas o apostillas que las acompañan impresas en sus páginas -particularmente en el Vol. III, inédito hasta 1996- son imprescindibles para la comprensión del país.
El Índice Analítico da cuenta precisamente de ello y de muchos otros aspectos relacionados con Bolivia que los lectores pueden captar gracias a su contenido, lamentablemente desconocido o poco y mal mencionado o aprovechado hasta el presente para conocer inapreciables datos insospechados que no han sido tomados en cuenta por la imagen estigmatizada (negativa, cargada de prejuicios) que se tiene de Gabriel René Moreno, nos revela y demuestra en su obra aspectos fundamentales como la salida de Charcas (hoy Bolivia al océano Pacífico) por Atacama en la intendencia de Potosí (actual departamento de Potosí).
En las páginas de la Biblioteca Peruana, René Moreno da a conocer documentos sobre la mita minera de Potosí, institución acuciosamente estudiada y censurada por él, como uno de los ominosos sistemas de trabajo en el régimen colonial. Nada le impidió publicar documentos extensos sobre las rebeliones indígenas en Charcas (como es el caso del cerco de La Paz de 1811, encabezado por el mestizo Juan Manuel de Cáceres) durante el período de la independencia y la intervención, asimismo, de los montoneros indígenas de Charcas en favor de la Batalla de Ayacucho, obstaculizando el triunfo de las tropas realistas.
El método que empleó Gabriel René Moreno en las notas de su monumental obra bibliográfica, abierto a todo tipo de interpolaciones, fue óptimamente aplicado una vez más por él en el ocaso de su vida en sus eruditas Notas Inéditas de la Biblioteca Peruana, que en una cantidad considerable habían quedado postergadas muy a pesar suyo, en la edición de los volúmenes I y II de la Biblioteca Peruana (1896).
Con el fin de justificar la ausencia de estas notas, Gabriel René Moreno escribió años más tarde (1905) las razones por las que no pudo publicar las notas que dejó inéditas. Después de su muerte, las 52 notas inéditas restantes continuaron conservadas en Santiago por un coleccionista chileno, hasta 1937, año en que Humberto Vázquez-Machicado las obtuvo en donación en aquella ciudad, por obra de Antonio Muñiz Barrero.
De regreso a Bolivia con este valioso material, Vázquez-Machicado, sin duda, uno de los más consagrados discípulos de Gabriel René Moreno, albergó desde entonces, sin éxito, el propósito de dar a la luz pública estas notas inéditas, de las cuales sólo preparó la nota 56 (390) que se publicó póstumamente el año 1975 con los auspicios de la Academia Boliviana de la Historia y el Banco Central de Bolivia (La Paz).
Humberto Vázquez-Machicado sabía, como nadie en su época, que la publicación suelta en un volumen independiente de estas notas inéditas equivalía a publicar una obra ininteligible si no se editaban al mismo tiempo para su correcta comprensión los vols. 1 y II de la Biblioteca Peruana y, como complemento indispensable de ella, la parte pertinente a nuestro país: la Biblioteca Boliviana (1879) y los dos suplementos posteriores (1900 y 1908, respectivamente) ambos rarísimos e inaccesibles hasta hace poco, ya rarísimos por este tiempo.
En 1973, 16 años después de la muerte de Humberto Vázquez-Machicado, aquellas cajas, esta vez con 51 notas restantes, pasaron a poder de Alberto M. Vázquez, quien se propuso sacar a luz las notas inéditas y los volúmenes éditos correspondientes a la Biblioteca Peruana (I volumen inédito y II publicados) y a la Biblioteca Boliviana (II vols.) que no pudo publicar don Humberto Vázquez-Machicado. Con este invalorable auspicio del Ing. Vázquez salieron a luz por primera vez en su integridad en La Paz-Sucre entre 1990/ 1996, en seis vols., acompañados de un Índice Analítico (que viene a ser el numero 6) destinado a facilitar el acceso a la información enciclopédica de esta compleja obra moreniana. Nos estamos refiriendo a más de cinco mil eruditas páginas.
Fuente de conocimiento
Monumentales por su contenido y extensión, los escritos bibliográficos de Gabriel René Moreno relativos a Bolivia y al Perú fueron escritos en Santiago de Chile, durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera década del XX, bajo diversas circunstancias, a las cuales hacemos aquí alusión, a fin de ilustrar en forma sucinta la trayectoria de la producción bibliográfica de este ilustre americanista boliviano.
Proyectada originalmente dentro de un vasto plan que revelara en tres volúmenes el copioso material bibliográfico y documental acopiado en Santiago de Chile desde 1871, la Biblioteca Boliviana. Catálogo de la Sección de Libros y Folletos, con 3.529 piezas ordenadas alfabéticamente por títulos y eruditos comentarios, salió a la luz en la Imprenta Gütemberg de Santiago de Chile en julio de 1879, en medio de la emergencia de la guerra en que se vieron envueltos Bolivia, Perú y Chile, durante los años 1879-1883. Este conflicto impidió de manera inexorable la publicación de los dos volúmenes restantes de su proyecto original, correspondiente al catálogo de los impresos sueltos y al inventario de sus manuscritos, de los cuales tenía el bibliógrafo escritos los originales, acopiados los materiales de impresión.
Posteriormente, cuando la conflagración bélica llegó a involucrarlo personalmente hasta el punto de complicarle su permanencia en Santiago, en cuya ausencia se produjo el incendio que devastó parte de su rica colección en 1882, Gabriel René Moreno vio una vez más interrumpido el plan bibliográfico original que se había propuesto llevar a cabo, en momentos difíciles en los que Bolivia no contaba aún con un archivo nacional y disponía tan sólo de una incipiente biblioteca pública.
La importancia de los escritos inéditos
En estos escritos postreros, René Moreno incluyó no sólo el resultado de sus últimas investigaciones sobre la historia boliviano-peruana, sino todas las adiciones y reflexiones posibles de cuanto había impreso en su obra bibliográfica relativa a Bolivia, a la cual añadió dos suplementos (llegando a ser póstuma una de ellas) y un apéndice a las Adiciones de V. Abecia.
La complejidad que plantean los trabajos de René Moreno -con matices permanentemente entrelazados en todo el conjunto de su obra historiográfica, crítica y aún literaria-, revela a todas luces el carácter preliminar que sin duda tienen los ensayos que hasta hoy se han escrito de manera abundante dentro y fuera de Bolivia acerca no sólo de la vida sino de las obras de René Moreno, gran parte de ellas dejadas deliberadamente por él como incógnitas para otras generaciones más sensibles a la religión de los recuerdos.
Últimos Días Coloniales en el Alto Perú, la obra historiográfica cumbre de René Moreno recordada en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB) con una publicación en su centenario, así como sus otras contribuciones a los estudios de la historia de Bolivia, parecen ser consiguientemente, si nos atenemos a lo dicho hasta aquí, fragmentos mayores de un plan historiográfico más vasto, el cual merece ser descubierto a partir del análisis exhaustivo de toda su obra y de sus notas inéditas aludidas.
En una última y todavía poco divulgada obra ‘inédita’ René Moreno nos revela, así, una vez más, sus extraordinarios aportes sobre una variedad apreciable de temas: como es el caso, por ejemplo, de la Independencia de Bolivia, proceso histórico ampliamente abordado en sus anteriores Notas Editas, y que continuó en la mira preferente de sus Notas Inéditas para finalmente ser estudiado por el autor -más allá de los ‘Últimos Días Coloniales’ y de los ‘altos poderes’ que manejaron Charcas hasta la víspera de la Independencia (1808)- como un proceso que, extendido hasta 1825-1840, fue protagonizado en lo que hoy es Bolivia por el abigarrado conjunto de su sociedad peninsular, criolla, mestiza, indígena, negra, etc. Las actuaciones de Bolívar y Sucre, la compleja formación del Estado boliviano y las relaciones de esta nueva nación con Perú y Chile durante los años siguientes, hasta la guerra del Pacífico y las décadas posteriores, fueron, asimismo, objeto de la preferente preocupación que René Moreno imprimió en el conjunto de esta fundamental obra inédita.
Sus rebatibles y a momentos contradictorios y confusos prejuicios étnicos, expresados con diversos matices -motivo por el que merecen ser revisados con detenimiento-, no le impidieron sin embargo en su obra, como nadie en su época, amplias y profundas aportaciones sobre los indios y mestizos, particularmente sobre las relaciones de éstos con los otros componentes de la sociedad charquina y boliviana, a quienes estudió críticamente tanto como a aquéllos.
Tal es, someramente, en suma, parte del contenido de estas páginas inéditas que reunidas han formado un nuevo libro del renombrado historiador y polígrafo, u otro gran fragmento de sus escritos, los cuales están como se sobreentiende indisolublemente ligados a todo el conjunto de su obra. Aún consideradas como una unidad, estas notas inéditas muestran nítidamente -¡y con qué prosa!- una visión enciclopédica por demás singular y profunda de Bolivia, Perú, Chile e Hispanoamérica en general.
Contenido
Biblioteca boliviana

- Volumen I. Contiene la edición facsimilar de la Biblioteca Boliviana. Catálogo de la Sección de libros y Folletos. Publicada por la Imprenta Gütemberg de Santiago de Chile, el año 1879; VIII+880+2. Incluye en la primera parte una advertencia de los editores y un prólogo del historiador boliviano Alberto Crespo R.
- Volumen II. Debido al formato más pequeño de los textos originales, a los cuales se ha recurrido para esta publicación, este volumen ha sido reproducido al tamaño original de la primera edición de la Biblioteca Boliviana (192×113).
Biblioteca peruana-
Volumen I. Apuntes para un catálogo de impresos. La Paz, segunda edición facsimilar 1990, (primera edición facsimilar 1896-1897), 558 p.
- Volumen II. Apuntes para un catálogo de impresos. La Paz, segunda edición facsimilar 1990, 618 p. Apuntes para un catálogo de impresos. La Paz, segunda edición facsimilar 1990.
- Valor. Escrita en base a los materiales de la Biblioteca del Instituto Nacional (en particular de la Colección Beeche; Vol. 1 con 1.816 piezas registradas alfabéticamente por títulos) y de la Biblioteca Nacional de Chile (Vol. II, con 1.658 piezas, ordenadas como en el volumen anterior), la Biblioteca Peruana salió a la luz en la Imprenta Cervantes de Santiago de Chile, entre 1896 y 1897.
Fuente: www.eldeber.com.bo


¿Cómo se debe leer un libro?

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¿Cómo se debe leer un libro?
Por: Ramón Rocha Monroy

Debo a la conjunción de la revista La Mariposa Mundial y mis visitas frecuentes a la Librería Plural (Nataniel Aguirre, primera cuadra, Cochabamba) la lectura de una conferencia de la escritora inglesa Virginia Woolf de la cual copié el título de esta columna.
¿Cómo leer un libro? En los primeros párrafos, esa gran mujer que tenía sobrados méritos para ganar el Premio Nobel, y no lo ganó, manifiesta su intención central: “Admitir autoridades en nuestras bibliotecas, por más pieles y togas que tengan, y permitirles decirnos cómo leer, qué leer, qué valor darle a lo que leemos, es destruir el espíritu de libertad que es el alma de esos santuarios. En todos los demás sitios pueden limitarnos leyes y convenciones; allí no tenemos ninguna.” Yo añadiría lo mismo sobre el acto de escribir.
Quizá el encanto de una biblioteca personal radica en que no tiene la clasificación mortuoria de la biblioteca del erudito embutido en sus casillas. Dice Virginia Woolf: “Poemas y novelas, memorias y libros de historia, diccionarios y libros oficiales, libros escritos en todos los idiomas por hombres y mujeres de todas las índoles, razas y edades, se codean unos con otros en los estantes. Y afuera rebuzna el burro, las mujeres charlan junto al pozo, los potros galopan por los campos. ¿Por dónde debemos empezar? ¿Cómo poner orden en este multitudinario caos para obtener, de ese modo, el mayor y más profundo placer de lo que leemos?
Claro: afuera transcurre la vida con sus cantos de sirena, mientras el acto de leer significa hurtarse de ese flujo vital para vivir vidas vicarias y, para peor, inventadas por otros.
En ese caos, ¿qué criterios nos llevan a leer una novela y no un libro de poesía, un ensayo y no un libro de historia? Dice la Woolf que escogemos “pidiéndole a la novela que sea verdadera, a la poesía que sea falsa, a la biografía que sea halagadora, a los libros de historia que reafirmen nuestros prejuicios. Si pudiéramos suprimir todos esos preconceptos al leer, sería un comienzo admirable”.
Este comentario enlaza con una epifanía que tuve hace algún tiempo: ¡Qué hermosas son las mujeres que leen! Se abstraen, miran soñadoras, sonríen o ríen solas, juegan con un bucle de sus divinos cabellos o encienden un cigarrillo con una sensualidad felina. Quizá obran así porque se acercan a un libro sin prejuicios, con el bagaje conceptual debidamente oculto en el desván y con la languidez del disfrute. En cambio los hombres, hay que ver la pose de sabios, de críticos; la tensión que les arruga el entrecejo; la suspicacia y los gestos de desdén que hacen cuando el libro no ratifica sus prejuicios.
Aquí viene otra vez la Woolf en nuestro auxilio con un consejo supremo para leer un libro: “No le den órdenes a su autor, traten de convertirse en él. Sean su colega de trabajo y su cómplice. Si se quedan a un lado, y escatiman y critican en principio, están impidiéndose obtener de lo que leen el valor más pleno posible.”
Leer para escribir
Advertíamos citando a la escritora inglesa Virginia Woolf que el acto de leer es un acto de libertad y que no deberíamos admitir que nadie, por más autoridad que tenga, nos diga qué y cómo leer. A continuación conjeturamos que ese consejo debería ampliarse a cómo escribir. Hay miles de consejos de los más grandes escritores sobre el arte de escribir; lo bueno es que no son leyes divinas ni científicas, sino consejos que uno bien puede ignorarlos porque uno puede hacer exactamente lo contrario de un consejo y tiene posibilidades parejas de acertar. ¿Nos dicen que hay que disfrutar de ciertas comodidades financieras y existenciales para escribir? No las tuvieron Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Rousseau, Voltaire, Dostoievski, Poe, Lautréamont, Faulkner, Borges, García Márquez, Cortázar o Alfredo Medrano. De modo que es bueno escribir con plena libertad, a condición de admitir humildemente que se trata de un oficio centrado en la corrección incesante y no en la segregación o evacuación inicial, que a ratos parecería limitarse a un acto fisiológico.
Un error frecuente del escritor es opacar a sus personajes transmitiéndoles sus prejuicios ideológicos o existenciales, usándolos como títeres para que repitan lo que él quisiera decir si lo escucharan. Hay que ponerse en el pellejo de cada uno de los personajes, entender su lógica, la motivación de sus acciones e ideas, y no tomar partido por ninguno de ellos. Es muy eficaz subrayar en cada personaje la complejidad del alma humana y no encasillar a los personajes endilgándoles el rígido papel del héroe, de la heroína, del villano, del bufón, de tantos estereotipos que son útiles como referencias, pero jamás como moldes para crear buenos personajes.
Enlazando el acto de leer con el de escribir, Virginia Woolf dice que escribir una novela “es algo tan proyectado y controlado como un edificio, pero las palabras son menos palpables que los ladrillos; leer es un proceso más largo y complejo que mirar.” Para valorar lo que uno lee, Virginia propone intentar escribir. “Recuerden para ello –dice—algún hecho que les haya dejado una impresión nítida: cuando se cruzaron en la esquina, quizá, con dos personas que estaban conversando. Un árbol se sacudía, una luz de la calle se agitaba, el tono de la charla era alegre, pero trágico también; toda visión, toda una concepción, parecía contenida en ese momento.” Cuando intenten convertir esa emoción inicial en escritura, aprenderán a valorar las astucias, el oficio, la técnica, los desvelos contenidos en las obras que leen. “Entonces irán de sus confusas y desordenadas páginas a las páginas iniciales de algún gran novelista (…) Ahora podrán apreciar mejor su maestría. No es meramente que estemos en presencia de una persona distinta (…) sino que estamos viviendo un mundo distinto.” Y previene que un gran escritor crea una realidad y respeta con lógica estricta las leyes de su punto de vista. “Jamás nos confunden, como con tanta frecuencia lo hacen los escritores menores, al introducir dos tipos de realidad en el mismo libro”.
El acto de leer nos puebla de sombras fugaces, pero es necesario hacerlas reposar, dejar que las plumas alborotadas en nuestra imaginación se asienten y se conviertan “en una sola sombra sólida y duradera”. Entonces “el libro regresará, pero de otra manera”. Si hemos leído con simpatía, tratándonos de ubicarnos en los calzones del escritor o (ahh) de la escritora, ahora que hemos dejado reposar la lectura podemos ser ya no amigos sino jueces. Aquí Virginia asume su máxima severidad: “¿No son criminales esos libros que han derrochado nuestro tiempo y nuestra benevolencia? (…) Seamos entonces severos en nuestros juicios, comparemos cada libro con los mejores de su clase. (…) Hasta la última y más insignificante de las novelas tiene derecho a ser juzgada de acuerdo con la mejor. Y lo mismo con la poesía.”
Los libros –dice Virginia—”sólo pueden ayudarnos si vamos a ellos cargados de preguntas y sugerencias ganadas honradamente en el curso de nuestras lecturas. No pueden hacer nada por nosotros si nos amontonamos bajo su autoridad y nos echamos como ovejas a la sombra de un seto. Sólo podemos entender sus preceptos cuando entran en conflicto con los nuestros y los vencen.”
La responsabilidad del lector
Virginia Woolf insiste en que tenemos responsabilidades e importancia como lectores. “Las pautas que fijamos y los juicios que emitimos se infiltran en el aire y se vuelven parte de la atmósfera en la cual el escritor respira mientras trabaja. Se crea una influencia que los afecta, aun cuando nunca encuentre su cauce en la imprenta. Y esa influencia, si estuviera bien construida, si fuera vigorosa, individual y sincera, podría ser de gran valor…”
Virginia es severa con la escasez de tiempo de los críticos y reseñadores. Frente a ellos “los libros pasan a juicio como una procesión de animales en una galería de tiro, y el crítico sólo tiene un segundo para cargar, apuntar y disparar, y bien puede ser perdonado si confunde conejos con tigres, águilas con halcones, o si directamente yerra el tiro y le acierta a una pacífica vaca que pasta en un campo vecino.”
El crítico o el reseñador suele dejarse llevar por juicios ajenos, por una lectura en diagonal, por el prólogo de una autoridad o el contenido de la solapa o la contratapa, cuando no por la amistad o enemistad con el autor, que se traduce en un comentario displicente que influye en el lector potencial y en las ventas. El lector libre está menos presionado, y en ello radica la importancia de su lectura. “Si el autor sintiera que detrás del errático fuego de la prensa hay otra clase de crítica, la opinión de la gente que lee por amor a la lectura, lenta y no profesionalmente, y que juzga con gran tolerancia, y sin embargo con gran severidad, ¿no podría eso mejorar la calidad de su trabajo?”Esta mujer entrañable, cuya vida y obra conocemos cada vez más por obra del cine, consideraba que la lectura es de aquellos placeres que “encierran su propio fin”. “A veces he soñado, al menos que cuando el Día del Juicio amanezca y los grandes conquistadores y abogados y hombres de estado vayan a recibir sus recompensas –sus coronas, sus laureles, sus nombres grabados indeleblemente en mármol imperecedero–, el Todopoderoso se dirigirá a Pedro y dirá, no sin una cierta envidia cuando nos vea venir con libros bajo nuestros brazos, “Mira, esos no necesitan ninguna recompensa. No tenemos nada que darles aquí. Les gustaba leer”.
Un consejo final: compren la revista literaria “La Mariposa Mundial”, que ya va por el número 16/17, a Bs. 25, en Librería Plural.
Fuente: www.ecdotica.com


La tarde redonda del Joven Marías

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La tarde redonda del joven Marías
Por: Juan Cruz - Madrid - 27/04/2008

(El novelista madrileño ocupa el sillón ‘R’ de la Academia de la Lengua con una defensa encendida del oficio de escritor)
Cuando Ian Michael, el profesor de Oxford que escribe novelas españolas con el seudónimo de David Serafin, me dijo anoche, al entrar en el salón de actos de la Academia, que esperaba que “nuestro Rey” se hubiera vestido bien para la ocasión, me pasó por la cabeza la idea de que a lo mejor Don Juan Carlos asistiría a esta inauguración de Javier Marías como miembro de la Real Academia Española de la Lengua.
Pero, claro, en seguida caí en la cuenta: Ian Michael esperaba la entrada de su Rey, y su Rey es el Red de la Isla de Redonda, Xavier Marias, o Javier Marías, soberano de un territorio literario y real que él ha convertido en símbolo y metáfora de un conjunto de personas que ya se consideran amigos y por tanto súbditos del autor de Negra espalda del tiempo.
Así que Ian Michael esperaba al Rey de Redonda, y allí estuvo Javier Marías, risueño, metido dentro de su impecable traje de académico, caminando hacia un estrado que su padre, el filósofo Julián Marías, ocupó durante más de cuarenta años y en el que él, desde anoche, tiene el mismo sitio que tuvo Fernando Lázaro Carreter, a quien el nuevo académico dedicó el homenaje que se merece el recordado filólogo por su ingente labor a favor de la modernidad de la Academia, continuada sin desmayo por Víctor García de la Concha.
Iba a ser una tarde redonda para Javier, y para muchísimos de los amigos que acudieron a la sede de Felipe IV a cumplir con un rito que es mucho más simbólico, y más cálido, que una simple sesión solemne. Fernando Savater, que estaba allí, en las primeras filas, hizo con la palabra Redonda, o redonda, el juego de palabras que siempre dibuja con la cálida maestría de un amigo que nunca envejece: “¡Será una tarde redonda para Javier!”.
Lo hubiera sido del todo del todo si el Real Madrid, el equipo de Javier, hubiera ganado –ya— la liga; pero fue una tarde grande, hermosa y central en la biografía de Marías, por muchísimas razones. Le respondió Francisco Rico a su discurso sobre la dificultad de contar, y Rico, que sufrió de carraspera como si estuviera al principio de un examen de alto grado, y aun así hizo gozar de su esgrima, situó a Javier en el inicio de esa autobiografía. Le conoció en casa de Juan Benet, en la calle Pisuerga, 7, de Madrid; allí iba Javier cuando aún era un adolescente, y allí se fue fraguando su primera relación seria y constante con la literatura.
Y de ahí, de aquel entonces, proviene una manera de ser, la de Javier Marías. Esa referencia a Benet, que él inició en su discurso de ingreso y que luego corroboraría Rico en su respuesta, tenía un correlato en la sala, en la presencia de los hijos y la hermana de Juan, en Jaime Salinas, en Antonio Martínez Sarrión, en Javier Pradera, en todos aquellos que, sentados ahora en los sillones rojos del salón de actos, asistían al encuentro del discípulo con la historia de sus mayores, los que no están y los que siguen estando.
Javier Marías es un escritor total, un escritor de memoria y un escritor de fábulas y de memorias; su reflexión sobre lo que hay detrás de la ficción (o de la literatura) tiene que ver con el inicio de aquella educación sentimental que tuvo en su padre un gozne espiritual muy bien trabado, muy hondo, y que guarda de Benet una autoexigencia que cambió –lo dijo bien Rico, en su discurso—la manera de ser de la literatura de los 70, que aun hoy marca una novedad en la actitud literaria española.
En la esgrima que se lanzaron el nuevo académico y el académico veterano había esa complicidad, ese juego dialéctico que Benet propició y que subyace en la inteligencia literaria de Javier Marías como una herencia que es también la herencia íntima de una actitud. Allí estaban, escuchándole, conocedores de toda esa historia, gente como Emilio Lledó, o como Gregorio Salvador, o como Álvaro Pombo, o como Arturo Pérez-Reverte, colegas suyos de la Academia y éste último cómplice de aventuras y de guiños a través de las empresas periodísticas que más les han juntado; y allí estaba la Academia, recibiendo a Marías. Le dijo Rico: “¿Qué puede darte en adelante la Academia?” Y se respondió el ilustre petrarquista, recuperando el aliento de una pertinaz carraspera: “Mirarás de otro modo la negra espalda del tiempo”. Lo que es seguro es que la Academia ha visto entrar, esta tarde redonda para Javier Marías (¡más redonda hubiera sido si el Madrid ya hubiera ganado la Liga) un escritor de veras, hondo, decisivo, que nace de la exigencia de una generación que ahora le contempla como si aun fuera, en efecto, y lo es, el joven Marías.
Fuente: http://www.elpais.com/articulo/cultura/tarde/redonda/joven/Marias/elpepucul/20080427elpepucul_1/Tes


Teoría del caos

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Teoría del caos o el efecto mariposa
Por: Pedro Shimose

No hablo de religión ni de poesía. Hablo de ciencia. En 1963, un matemático y meteorólogo estadounidense publicó un ensayo titulado Previsibilidad: ¿puede el aleteo de una mariposa en Brasil desencadenar un tornado en Texas?. Nadie le dio pelota y todos sonrieron. Nueve años después, en 1972, su teoría se hizo famosa al extremo de que algunos científicos consideran que la revolución científica del siglo XX se debe a tres personalidades: Max Planck y su teoría de la mecánica cuántica, Albert Einstein y su teoría de la relatividad, y Edward Norton Lorenz y su teoría del caos, más conocida como el ‘efecto mariposa’. Su incidencia en nuestras vidas se ha extendido hasta en el arte. ¿De qué hablamos cuando hablamos del efecto mariposa?
Su descubridor acaba de fallecer. Edward Norton Lorenz (West Hartford, Connecticut/EEUU, 23/05/1917–Massachussets /EEUU, 16/04/2008), padre de la teoría del caos –conocida popularmente como el efecto mariposa– fue premiado por las academias de Ciencias de Estados Unidos, Suecia, Reino Unido y Japón. Los científicos japoneses dijeron que Lorenz descubrió el ‘caos determinista’, principio que “ha influenciado profundamente en numerosas ciencias básicas, provocando uno de los más dramáticos cambios en la visión que la humanidad tenía de la naturaleza desde Isaac Newton”.
Empecemos por decir que el descubrimiento de Lorenz fue un chiripazo, un hallazgo fortuito, producto del azar, una auténtica ‘serendipia’. Un día de 1961 se encontraba repitiendo unas simulaciones meteorológicas en una computadora rudimentaria. Notó que, a pesar de que la máquina y el modelo eran los mismos, las proyecciones divergían y seguían caminos opuestos, es decir, los resultados eran completamente diferentes si un factor causal aparentemente insignificante las interfería. Por lo tanto, predecir el tiempo climático con exactitud es imposible, porque un simple error o una simple alteración de los elementos causales (dirección del viento, humedad o temperatura) modifica cualquier previsión calculada con antelación. Con su teoría del efecto mariposa, el científico Lorenz le viene a dar la razón –tres siglos después– al filósofo y científico Pascal, que afirma que la nariz de Cleopatra decidió el futuro del imperio romano.
Lorenz debió ser condecorado en Bolivia porque su ‘teoría del caos’ es muy boliviana. ¿Puede el aleteo de una mariposa en Venezuela desencadenar un terremoto político en Bolivia? La respuesta es afirmativa. Más afirmativa aún si ese aleteo de la mariposa va acompañado de maletines enigmáticos.
Si nos ceñimos al parte meteorológico, sin dar pelota a los discursos oficiales, diremos que el tiempo en Bolivia no termina de escampar. Sigue lloviendo ron y petróleo bolivarianos. Mientras el cielo amenaza tormenta, Hugo Chávez nos ha prometido enviar 250.000 barriles de petróleo al mes. Lo que no ha dicho es cuándo ni cómo. ¿El transporte se hará en buques petroleros o por oleoducto? Venezuela no está al lado.
Muchas mariposas han tenido que aletear, al mismo tiempo, en Caracas, para producir en nuestro país un caos fenomenal. De hoy en adelante deberíamos adoptar como propia la teoría de Lorenz. Desde la fundación de la República nos debatimos en la confusión y el desorden por el aleteo de alguna mariposa.
En la Teogonía de Hesíodo se dice que en un principio era el Caos, en el que coexistían la Noche y las Tinieblas. En la teoría del caos de Lorenz se habla de aleteos de mariposas, lo que nos induce a preguntarnos: ¿por qué un país sencillo ha propiciado un Gobierno de complejidad infinita? La respuesta es simple: el aleteo de alguna mariposa. // Madrid, 25/04/2008.
Funete: www.eldeber.com.bo


New York, un cuento inédito de Bartolomé Leal en la Biblioteca de ecdotica

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Día internacional del libro: Un cuento inédito de Bartolomé Leal
www.ecdotica.com

Ayer se celebró el Día Internacional del Libro. Mucho se ha dicho y mucho se puede encontrar sobre esta fecha, pero esa no es la idea de www.ecdotica.com que ha decidido celebrar a su estilo. Y que mejor forma que regalando a nuestros lectores un cuento inédito del chileno Bartolomé Leal que se titula Nueva York. Es un relato corto, trágico, a la vez de triste. Lo pueden encontrar en la biblioteca gratuita http://www.ecdotica.com/libros-gratis/, así que esperamos que disfruten su lectura. Si les gustó, lo recomiendan, lo bajan, lo imprimen, lo circulen, lo difundan, que todo está bien.


Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán

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The World of Kavinika
Literary Games. Monday, April 21, 2008

(Recogemos un artículo sobre el nuevo libro Los vivos y los muertos en el que se encuentra inmerso el escritor Edmundo Paz Soldán . El artículo, lamentablemente, está en inglés, pero empezamos con esta nota a seguir el trabajo de Paz Sodán. La autora de la nota es Kavinika quien en la actualidad vive en Madrid, España)
As tomorrow is La Noche del Libro in Madrid, I’ve been reflecting on my role as a reader. The act of reading for me is a sublime pleasure, one born out of my love of riddles and tendency to uncover secrets. Friends say I’m a terrible reader because I have the habit of skipping to the end of every novel before I even get half way through it. I do finish the work, but I can’t help jumping around from part to part, testing myself to see what I’ve figured out along the way. I relish the challenge of solving the riddle, even before its solution is placed before me. I desire to decode each secret before it’s revealed, perhaps to see how “clever” I am.
I am presently reading a friend’s manuscript, a soon-to-be published novel titled Los Vivos y los Muertos by Edmundo Paz Soldán. The act of reading the manuscript is a privilege, a secret in itself, one that I will uncover before most others. I’ve yet to finish, but if it holds up, it will be his best work to date. Pained, paranoid and fearful characters mark the body of his fiction, but this novel is different. As in previous works where there was distance between the characters’ experiences and the reader, in this novel, the pain can be touched. The sense of loss is everywhere. Children die; a husband feels that he is the cause of his family’s sadness and thus abandons them; a wife leaves her husband for another man; friends must try to make meaning out a senseless world when classmates are raped and murdered. The story resonates with me because it is loosely based on events that happened in a city near where I live. Paz Soldán uses the deceased daughter of one of my friends as the basis for a character in the novel. It is, in essence, very personal, perhaps too personal.
The emptiness in Los Vivos y los Muertos belongs to the characters, but also to me. Too long I had been fearful of loss, and that fear changed me, as loss itself changes each of the characters. I find myself, once again, skipping around in this novel, realizing that the act of reading, the search for answers, is, ultimately, a search for one’s self. The riddles in literature are no different really than the riddles of life. When we love a work, even if it’s seemingly different from our own experiences, it is because it appeals to a personal longing, a daydream, or a fear.
The secret to be uncovered in Los Vivos y los Muertos is implicit, more of a question really. The answer lies within the reader, for I am forced to ask myself how to make sense of what I once had, what I will never have again, and how I contributed to its end. The only way to answer such a question is to take responsibility for one’s own role, to forgive one’s self, and to accept that we are all human, prone to making mistakes, for even when we have the best of intentions or tremendous potential, we cannot control the actions of others, and sometimes it is hard to control ourselves.
I hope that Paz Soldán found a part of himself while writing this novel, as I have uncovered a secret part of me within it.
Fuente: http://www.ravingsfromthelunaticfringe.blogspot.com/


Dos relatos de dos bolivianos en “Ser abuelo”

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Un internacional “Ser abuelo” incluye relatos de 2 bolivianos
(El Club abuelos lanzó desde España un certamen literario internacional. En la antología resultante, de 11 tomos, figuran los cuentos de Érika Bruzonic y Víctor Montoya).
Club abuelos, un grupo literario español que agrupa a personas que tienen nietos y que escriben de todo, menos sobre ellos, organizaron un concurso internacional. Mucha gente envió sus obras en cuento y poesía, con el tema único de los abuelos. Dos bolivianos —Érika Bruzonic y Víctor Montoya— han sido incluidos en la antología resultante que tiene 11 tomos.
Los responsables de que los libros lleguen a los lectores son Literandos Editores, otro grupo de escritores unidos para ayudar a quienes no tienen acceso a las grandes editoriales. La base se encuentra en Israel y Argentina, mientras que la edición se hace en España, explica Enrique Epelbon, de Literandos.
Bruzonic, radicada en La Paz, escribió el cuento Sobre Sara, que en un fragmento dice:
“Mientras mamá trabajaba, Sara era la que me bañaba por las mañanas y peinaba pacientemente cada rizo, cada onda de mi cabellera rubia y rebelde. Luego me sentaba al sol, me daba de comer huevos pasados por agua con trozos pequeños de pan que ella mojaba en la yema y me contaba cuentos y siempre estaba ocupada. Cocinaba, lavaba, planchaba, limpiaba la casa hasta dejarla “como un anís” —nunca entendí esa expresión tan suya. Me cosía vestidos “de diario” para que no echara a perder mi “ropa buena” al jugar. También me enseñó a leer apenas cumplí tres años. Hoy, treinta años después, continúa ocupada: cocina, lava, plancha. También cuida de mí. Sus llamadas semanales son un ritual.
—Hola, hija. ¿Estás ocupada?
—Hmmmm, sí. ¿Por qué?
Sí. ¿Por qué también yo estoy siempre ocupada cuando ella me llama?
—Es que he comprado manzanas —te gustan tanto— y quería llevarte algunas ahora…
—Bueno, tampoco estaba haciendo gran cosa. Te espero”.
Víctor Montoya, boliviano residente en Suecia, escribió sobre un abuelo minero. El relato titulado El castigo del Tío comienza de esta manera:
“—Las desgracias nunca vienen solas— dijo mi abuelo. Se alisó los bigotes, se pasó la mano por la frente y prosiguió—Hay quienes dicen que mi enfermedad es el castigo del diablo. Yo reaccioné como pateado por una corriente eléctrica. Recogí el aliento y pregunté en tono de admiración:
—¿Y quién es el diablo?
—Es el Tío de la mina. El dueño de los minerales y el amo de los mineros…
Me quedé callado y pensativo.
Mi abuelo era de complexión delgada y estatura mediana; tenía los bigotes espesos y aspecto de patriarca; la camisa gris hacía juego con sus canas y los botones con sus ojos claros, pequeños pero vivaces
—Los mineros son supersticiosos— dijo, echándome una mirada furtiva—. Le temen al Tío más que al capataz de la mina (…)
Me senté (…) y esperé que mi abuelo continuara hablando. Pero pasó el tiempo y no dijo nada, hasta que le pregunté si acaso era cierto que él vio el espíritu del Tío…”.
La antología tiene dos tomos de poesía y nueve de relatos. Los impulsores del concurso han agradecido al más de centenar de participantes, incluidos en la publicación o no, “que con mucho nivel han sabido trasladar con la palabra escrita la nobleza y la gratitud hacia los abuelos, como así aquellos que escribieron sobre los nietos, figuras inseparables”. Ser abuelo. Varios autores. Club Abuelos. Literandos Editores. Los textos se pueden revisar en http://freewebs.com/literandos/
Fuente: www.la-razon.com


Poesía rebelde

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Cien años de poesía rebelde
Por: Lupe Cajías

La canción con contenido, la poesía hecha música surgió en los albores del siglo pasado, de los combates e insurrecciones libertarias populares
Aunque suele creerse que la poesía rebelde, contra el orden social injusto y contra el sistema capitalista, es una novedad de los años 60, en el continente americano los poetas rimaron con la denuncia y la convocatoria al combate hace por lo menos un siglo.
La prensa anarquista de principios del siglo XX, sobre todo la chilena y argentina, es una fuente inagotable de esas poesías, himnos, cantos que la trova popular redactó para informar de algún hecho histórico o de alguna situación conflictiva. Los cantantotes, jilgueros armados de los pueblos en todo el continente, cantaron de plaza en plaza cuentos y cuentas de héroes, líderes, enfrentamientos. Presentamos tres casos que retratan tres momentos históricos de particular significado.
Canto a la pampa
Francisco Pezoa era “un militante libertario chileno, obrero cigarrero y poeta popular. Participó en diversas organizaciones e iniciativas libertarias. Allá por 1904, junto a otros compañeros como Luis Olea y Alejandro Escobar y Carvallo, tomó parte en los intentos de extender la influencia del incipiente movimiento anarquista hacia las provincias del norte salitrero”. Pezoa participó como reportero en periódicos anarcos, como Agitación y en sociedades de estudios ácratas. Como muchos otros fue impactado por la masacre de cientos de obreros, pampinos, en la Escuela de Santa María de Iquique. Utilizando música de la época, fue el primero en denunciar los sucesos. Su poema a La Pampa, publicado en 1908, es himno del proletariado chileno y fue grito de combate durante la Unidad Popular. El tono aprovechaba un canto de moda, La Ausencia. Guitarras, quenas y tambores:
I. Canto la Pampa, la tierra triste, réproba tierra de maldición, que de verdores jamás se viste, ni en lo más bello de la estación; donde las aves nunca gorjean, donde no crece la flor jamás creció, donde riendo nunca serpea, el arroyuelo libre y fugaz, su cristalino bullir se oyó.
II Año tras año por los salares, del desolado Tamarugal, lentos cruzando van por millares, los tristes parias del capital; sudor amargo su sien brotando, llanto sus ojos, sangre sus pies, los infelices van acopiando montones de oro para el burgués
III Hasta que un día, como un lamento, de lo más hondo del corazón, por las callejas del campamento vibró un acento de rebelión; eran los ayes de muchos pechos, de muchas iras era el clamor, la clarinada de los derechos del pobre pueblo trabajador.
IV “Vamos al Puerto, dijeron, vamos, con su resuelto, noble ademán, para pedirles a nuestros amos otro pedazo, no más de pan”. Y en la misérrima caravana al par del hombre marchar se ven, la amante esposa, la madre anciana, y el inocente niño también
V ¡Benditas víctimas que bajaron desde la pampa, llenas de fe, y a su llegada lo que escucharon, voz de metralla tan sólo fue! ¡Baldón eterno para las fieras masacradoras sin compasión! ¡Queden manchadas con sangre obrera como un estigma de maldición!
VI Pido venganza para el valiente que la metralla pulverizó; pido venganza para el doliente, huérfano triste que allí quedó; pido venganza por la que vino tras del amado (por los obreros), su pecho a abrir: pido venganza para el Pampino que como bueno supo morir (que allá en Iquique supo morir).
Villa les gana a los yanquis
Los corridos durante la Revolución Mexicana (1910-1920) fueron difundidos en todo el continente y aún los grupos de jóvenes roqueros los reproducen con variantes musicales. De la música de los agrarios revolucionarios se ha escrito en todos los tiempos. La mayoría de las estrofas son anónimas, quizá de los propios guerreros que en las noches copleaban a la espera de la batalla del próximo día.
Baste un ejemplo, de la burla de los trovadores, acompañados de acordeón, guitarras, guitarrón que registraron cómo el campesino Francisco “Pancho” Villa hizo escapar a los aviadores estadounidenses:
Aquí está ya el valiente, el valiente Pancho Villa, por eso nunca lo podían encontrar
¿Qué pensarían, ay, los americanos, que a nuestro suelo pretenden conquistar?
Si ellos tienen muchísimos cañones, los mexicanos tienen lo principal
Los de a caballo no se podían sentar y los de a pie no podían caminar, Pancho Villa les pasa en aeroplano y desde arriba les dice good bye
Cuando llegan los vecinos a Chihuahua, en las afueras del pueblo de Parral
Pancho Villa les puso una emboscada, de la que ninguno se pudo escapar.
Se los llevaron al desierto de Chihuahua, los encerraron allá en el carrizal, a los vecinos les puso Pancho Villa la paliza más fenomenal.
¿Qué pensarían, ay, los norteamericanos que combatir era un baile de karkin?
Con la cara cubierta de vergüenza se tuvieron que volver a su país.
Yo soy nacido en las tierras de Chihuahua Soy el soldado más fiel del batallón
(1) ¡Viva Villa, qué vivan sus dorados y que viva la Revolución!
Los llaneros colombianos
En los últimos meses los nombres del Casanare, del Guaviare, de Villavicencio han sonado con frecuencia en el mundo entero en relación con la liberación de secuestrados por las guerrillas colombianas. Un extraño paisaje que es a la vez fin de la sabana, llanura que une a Colombia y Venezuela e ingreso a la selva amazónica.
Tierras y ríos infinitos, casi siempre ajenos a las noticias cotidianas. Los conocimos inicialmente con la descripción que de ellos hace el magistral José Eustaquio Rivera en la novela La Vorágine: “Se los tragó la selva”, a los protagonistas que jugaron su corazón al amor y fueron ganados por la violencia. El recorrido de Álvaro Cova y sus compañeros es similar a las manchas de los actuales frentes guerrilleros.
Es además zona de violencia política centenaria, como la describe el propio Rivera y como cuentan los cantos llaneros.
Hace unos años llegó a La Paz un grupo de músicos colombo-venezolanos y tocaron música llanera en la Casa de la Cultura. Poco público para tan bella música; vendieron un disco del que extraigo la letra. Una de las canciones era del inmortal Arnulfo Briceño y describía la violencia de los chulavitas (los paramilitares conservadores de la época) contra los campesinos liberales (foco de la guerrilla comunista de los años 50).
Además de los tributos al líder sin par Guadalupe Salcedo, recordado en obras musicales y de teatro, Dolores cuenta una historia de cada día.
Con guitarra, arpa, percusión, cantan los llaneros:
“Ah, ah, ah, Dolores negra querida, en tus albores marchita, porque segaron tu vida los malditos chulavitas que ensangrentaron los llanos. Ah, ah, ay, pero donde tú caíste, creció la flor del mastranto para que perfumara el aire que respiro cuando canto.
Ah, ah, ay, así eres vida en mi vida. Ah, ah, ay, Dolores nunca habrá paz ni en mi alma ni en estas tierras hasta que mis propias manos que perdieron la inocencia no devuelvan la Violencia.
Ah, ah, ay hasta que muerdan el polvo los agentes del infierno, quienes cobardes masacran mujeres, niños y viejos, tiemblan ante un guerrillero.
Ah, ah, ay, un día yo me iré contigo, Dolores, pero antes quiero vender muy cara mi vida y con Guadalupe Salcedo tumbaremos al gobierno.
Ah, ah, ay y segunda independencia a la Patria le daremos, entonces, Dolores mía, habrá un nuevo sol y un cielo en nuestra Colombia querida, ah, ah, ah”. (3)
Nuevos rumbos
Si bien hay poemas y cantos populares, las letras marcan nuevos rumbos, nuevas situaciones, aunque siempre la guitarra es el instrumento principal.
En el Cono Sur la preocupación de los cantadores se mantiene en torno a las luchas proletarias, a los obreros, siguiendo la línea marcada por compositores como Víctor Jara: amor y guerra se conjuran siempre y la figura feminaza adquiere una tonalidad de batalla y ternura.
En México, los nuevos corridos cuentan (denuncian) los sucesos en torno a las actividades de los “narcos”, y varios compositores han sido asesinados por la mafia. Mientras en Colombia, las historias marcan más los casos de refugiados, de emigrantes a Caracas, de los desplazados. El paisaje no se descuida.
De la poesía y el canto popular en Bolivia habrá que hablar de la influencia del hip hop, cuyos cultores son a veces mejores maestros para difundir la historia, la realidad y la memoria local.
Fuente: www.laprensa.com.bo


Brasas para Fuego en la piel de Nashira Cuba

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Un poco más sobre Fuego en la piel de la polémica Nashira Cuba
Por: Cristóbal Zamudio

El discurso de la moral es el que está más a la mano a la hora de escribir o decir algo sobre el libro Fuego en la Piel de Nashira Cuba. Sin duda numerosos serían los argumentos y no se necesitaría demasiada imaginación para escribir gruesos párrafos. Pero intentemos ir un poco más allá.
Nashira Cuba termina su libro en septiembre del 2007 y lo publica hace menos de un mes, como escritora novel poco se conoce de ella. Sin embargo algunos datos pueden suponerse de la lectura de su texto. Uno de ellos es que casi una niña se incorporó a una comunidad chamánica existente a pocos kilómetros de la ciudad de Cochabamba. La información en Internet al respecto de esta comunidad es polarizada, hay comentarios que la consideran un lugar de vida superior donde no se permite el consumo de drogas de ningún tipo, donde la alimentación es estrictamente vegetariana, existen rutinas y trabajos que permiten una vida en comunidad. Además de ofrecer sus servicios a la sociedad como casa de retiros, donde se imparten enseñanzas.
Sin embargo también existen visitantes que han realizado críticas duras respecto al líder y su forma de vida, sobre todo referidas a la existencia de numerosas mujeres en la comunidad y el tipo de relación que sostiene con ellas. Muchas de las mujeres que viven en esta comunidad son fácilmente identificadas en sus visitas a la ciudad, ya que llaman la atención por su vestimenta exótica que no escatima en mostrar los dones que la naturaleza ha tenido a bien regalarles.
La dedicatoria de Nashira Cuba, así como varios pasajes del texto hace pensar, tal vez equivocadamente, que Nashira vivió varios años en esta comunidad. De ser estos antecedentes certeros se puede deducir que Nashira no es más que el resultado de esa comunidad y sus prácticas. Sus vivencia adolescentes en este espacio por supuesto han marcado notoriamente su manera de concebir y expresar el mundo, de ahí se puede entender su propuesta.
El libro dividido en tres partes tiene en la primera de ellas un notorio énfasis en la experiencias tempranas referidas específicamente al sexo y juegos sexuales en una relación adulto - niña, lejos de ser erotismo los textos pueden interpretarse como una purgación de experiencia infantiles traumáticas, maquilladas de erotismo y literatura que no logran ocultar las huellas profundas, que ha demostrado la ciencia, dejan esas vivencias en todo niño y niña.
La segunda parte sin embargo es casi una provocación en sí misma, hay pocos relatos de sexo explícito, como la misma autora dice es más sugerente, deja mucho a la imaginación, incluso hay invitaciones directas al lector, provocaciones tales como: “consejo: deja de leer y vete a hacer el amor”.
La tercera parte es muy parecida aunque hay textos donde las experiencias sexuales son por momentos dejadas de lado para concentrarse en los sentimientos de abandono, nostalgia y ausencia del ser amado. El texto en su conjunto muestra cierto proceso, de una experiencia netamente corporal al florecimiento de sentimientos, que sin estar ausentes desde el inicio, muestran su profundidad.
No se puede negar que con el ímpetu de la recién abandonada adolescencia, Nashira ha mostrado una propuesta atrevida e innovadora, a diferencia de cualquier otra escritora novel ha estado en la boca de muchos. Su objetivo de provocar ha sido perfectamente logrado. El éxito por supuesto es casi absolutamente fruto de las fotos que permiten apreciar las dotes bien proporcionadas que tiene la suerte de lucir.
En la pocas entrevistas que se le han hecho, una de ellas por el Sr. K culpinak.blogspot.com, la joven escritora mencionó la próxima aparición de dos obras suyas. Sólo queda esperar para ver si la estrategia de marketing lograda con las imágenes puede ser opacada por la producción literaria de los textos por venir.
Fuente: www.ecdotica.com


Tras los pasos de Dylan en Sud América

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Tras los pasos de Dylan
Por: Juan Morris

(En Córdoba, Buenos Aires, Rosario y Punta del Este… Un cronista apunta caprichos y exigencias del viejo BOB en el extremo Sur de la escala latina de su Never Ending Tour.)
Un día antes de que Bob Dylan pisara Buenos Aires, sólo tres personas sabían donde iba a alojarse. “Nos van a avisar sobre la hora”, explicaban los responsables de la organización. Mientras tanto, el hotel encargado de hospedar al músico no ponía vallas en la entrada para no alentar a ningún dylonómano y la seguridad se sentía recién atravesando el lobby del Four Season, con el aliento en la nuca de unos muchachotes de traje y auricular en la oreja que fracasaban en su intento de pasar inadvertidos.
Después de visitar Chile y de que su avión privado aterrizara por un rato en Córdoba para tocar en el Orfeo Superdomo, el jueves 13 de marzo Dylan llegó a Buenos Aires y se alojó en la suite presidencial de la Mansión del hotel. El músico no tuvo exigencias porque de haberlas tenido hubiera implicado que se filtrara a la prensa; así que cuando llegó, en su habitación le esperaba un pequeño stock de aguas Perrier, bandejas de frutas constantemente recargadas por un mayordomo y un menú de almohadas entre las que Bob, antes de dormir, podía elegir si más duras o más blandas, si de plumas o antialérgicas.
Casi siempre comió en su suite. El menú: pastas o ensaladas. Sólo cambió el domingo, el día después del show en Buenos Aires, en el que a eso de las siete y media de la tarde hizo sonar el teléfono del room service y con su voz carrasposa pidió una sopa de vegetales, un wok de salmón y bizcochos de grasa. Su única salida fuera de agenda fue el sábado al mediodía, antes del recital, para hacer un poco de ejercicio en el Almagro Boxing Club, un gimnasio en Díaz Vélez y Yatay, con paredes despintadas, fotitos de viejas glorias pasadas y las radio puesta en los 40 principales. Dylan llegó con un gorrito de lana, anteojos negros y conjuntito de gimnasia, acompañado por su personal trainer y el bajista Tony Garnier. En el lugar estabán filmando un documental sobre las nuevas promesas del box, y Bob pidió que pagaran la cámara. Pedido concedido. “Los chicos no tenían ni idea quien era, tienen 17, 18 años. El tipo vino con su entrenador y otro más, y estuvo mirando un rato las fotos, mirando cómo peleaban los pibes, y después hizo guantes y bolsa. No habló con nadie”, cuenta Fernando Albelo, entrenador del lugar. Así que el viejo Bob, mientras le pegaba a la bolsa, pudo disfrutar de eso que tanto le gusta y, según ha dicho, ya no recordaba cómo era: que nadie le reconozca.
El martes decidió ir por tierra hasta Rosario, para poder ver algo del paisaje local, tocó en el Hipódromo de la ciudad, volvió y el miércoles, bien temprano, dejó el Four Seasons para seguir con su Never Ending Tour en el Hotel Conrad de Punta del Este. Todos esperaban que se alojara allí mismo, en el Conrad (incluso la gente del hotel), pero Bob prefirió quedarse en un lugar donde no fuera localizable. Durmió en el Aqua, un lugar cerca de la playa Mansa, muy onda desing, con pileta panorámica y cañas de bambú, al que no es fácil acceder. Para el camarín pidió comida orgánica y café Starbucks, pero tuvieron que explicarle que no, que su cadena favorita todavía no abrió ninguna sucursal en América Latina (explicación que ya le habían dado en Argentina). Después, distintas fuentes aseguraron que salió a andar en bicicleta por Punta del Este vestido de mujer, aunque resulte incomprobable y, además, qué necesidad: con una gorra y lentes oscuros alcanzaba. Es más fácil imaginárselo dentro de un auto con vidrios polarizados, yendo por la ruta que bordea el mar, con alguna canción sonando en el estéreo, alejándose sin dejar rastros, sin ninguna dirección.
Fuente: Rolling Stone. 10 años. Abril 2008. Año 11. Número 121.


Las memorias de la temperatura

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Las memorias de la temperatura
Por: Chino Navarro (luisrosby@yahoo.com.ar)

Leer a Guillermo Bedregal García es develar el trayecto del ser recorriendo las memorias de la temperatura, el contacto con los seres, con las cosas, en fin, con el mundo. Se revela en la distancia ese tacto en el que las aves y los olores recuperan el movimiento perpetuo donde han quedado detenidos. Sale entonces la ciudad a abrigarnos con la temperatura del frío, transparentando el delirio de las formas para cristalizarse en la densa presencia de sus pasos.
Ningún poeta como Bedregal ha logrado nombrar la temperatura del mundo, ese calor que hiela nuestro corazón en percepciones que arden, ese deseo de ser nada para elevarse a la magnitud de un ser humano, descentrando la máquina de las revelaciones para encontrarse en la elocuencia de una gota de agua perforando el desgastado lecho de lo real. Marinero funámbulo, seducido por el vértigo deseoso del abismo y del azar, Bedregal recorre su vida y su ciudad, “desde la extensión de la altura donde parte a abrazarse a los vacíos que la forjan, para que tú seas tú y yo sea yo, y al mismo tiempo no seamos nada”, como él mismo dice en La ciudad desde la altura
Junto con Edmundo Camargo, Bedregal nos acerca a esa memoria perdida del ser y del mundo, memoria extraviada porque todavía hay un rostro, un espejo que tiraniza nuestros sueños.
Fuente: www.opinion.com
Foto: http://islakokotero.blogsome.com/category/pablo-carranza-giotto/


2046

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2046: del doloroso arte de escribir
Por: Larissa Arancibia Betz (larissa_inc_87@hotmail.com)

-“¿Sabes qué hacían, en la antigüedad, las personas que tenían un secreto que no querían compartir? Hacían un agujero en un árbol, susurraban en el agujero su secreto y lo tapaban con barro. Dejaban su secreto ahí para que nunca nadie lo sepa”. Pero Chow Mo Wan (Tony Leung) ya se ha deshecho (o pretendió hacerlo) de su secreto al final del memorable film In the mood for love, del director Wong Kar-Wai. La literatura es entonces en 2046 una especie de agujero en un árbol. El señor Chow escribe una historia llamada “2046”, sobre un tren (con el mismo nombre), que se dirige a 2046, no importa si éste es un lugar en el tiempo o en el espacio. Chow pretende escribir un cuento futurista, pero en realidad no está haciendo otra cosa que escribir sobre su pasado. La intención no es clara, no sabemos (ni el mismo Chow lo sabe) si lo que quiere es aferrarse al pasado o deshacerse de él. Seguramente, las páginas en las que escribe son el árbol en el que vierte sus memorias, y también sus deseos. 2046 es la historia de un hombre que se inventa una historia ajena, alimentándola de sus propios recuerdos, transformados, reprimidos. A pesar de que usualmente se considere esta película como una segunda parte de In the mood for love (es del mismo director), es perfectamente independiente de ella. Los personajes son innegablemente parecidos, aunque sus rasgos sean contrarios. En 2046 se ve a Chow, protagonista de ambas películas, como un Don Juan despreocupado, envuelto en diferentes amoríos, y cuyas verdaderas intenciones no se manifiestan de manera explícita, sino en la historia que él mismo inventa. “Todo el que llega en el 2046 tiene la misma intención: recuperar recuerdos perdidos. Porque en el 2046 nunca cambia nada, pero nadie sabe si es cierto o no”.
En el fondo, es el amor el que revuelve la memoria, también la de Chow. El amor es cuestión de tiempo, del momento exacto y la persona precisa. Esta no es una de esas películas que cuentan historias tristes o felices de amores perfectos. Cuenta de la desolación de aquellos que no se encontraron, que añoran lo que ya pasó, como expresa la triste interrogante de la hermosa Bai Ling (Zhang Ziyi): “¿Por qué no puede ser como era?”. En 2046 hay de todo un poco, amor, pasión, nostalgia, soledad y un soundtrack que no es para nada chino, pero sí hermoso y conmovedor, como lo son también las imágenes, sean futuristas, se enfoquen en la belleza o en la pura y oscura soledad.
Creo que la historia de fondo, si es que existe, está compuesta de los recuerdos de Chow; parece que es uno más entre quienes nos resignamos al hecho de que no somos más que nuestra memoria, y que la imagen que vemos en nuestro espejo actual, no puede deshacerse de las manchas que existen dentro del mismo espejo.
Chow trabaja escribiendo en un periódico y, en vista de que en realidad no posee más que el don de escribir, vive en gran parte dentro de su historia 2046. El escritor por lo menos tiene el control sobre lo que escribe, es un creador desolado, que comparte con su creación, el dolor de situaciones que en su (otra) vida no pudo controlar.
2046 se proyectará el miércoles 23 de abril, a las 19:00 horas, en el Instituto Superior de Filosofía y Humanidades “Luís Espinal” (calle Oruro # 426, casi Ramón Rivero). La entrada tiene un costo de 3 bolivianos.
Fuente: www.opinion.com




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