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Presidencia sitiada, memorias de mi Gobierno de Carlos Mesa




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Mesa: “Lo dije absolutamente todo”
Por: Michel Zelada Cabrera

Como lo vivió, como lo recuerda y como en su momento lo anotó, así nos cuenta Carlos D. Mesa Gisbert su paso por la Vicepresidencia y la Presidencia de Bolivia entre agosto de 2002 julio de 2005 en su reciente libro Presidencia sitiada, memorias de mi Gobierno, publicado por Plural Editores y que en las últimas dos semanas ha despertado un inusitado interés de los medios de comunicación y el público.
Y es que se trata de un hecho por demás inédito, pues hasta ahora, en los 179 años de historia republicana boliviana ninguno de los inquilinos del Palacio de Gobierno había osado contar, desde la perspectiva testimonial, su ejercicio como gobernante y confesar con tal grado de detalle como lo hace el ex presidente Mesa, también periodista e historiador.
El propio Mesa afirma que una de las críticas que recibió es precisamente por decir demasiadas cosas de su gestión de Gobierno.
El autor de libro presentó su obra hace unos días en Cochabamba ante un nutrido auditorio en el Centro Simón I. Patiño. Horas antes, conversamos con el ex presidente con el ánimo de lograr un acercamiento a nuestros lectores al contenido de la publicación, la lectura en detalle y el juicio están en manos del público.
Presidencia Sitiada se complementa con un documental en DVD pegado a la solapa de la contratapa sobre los hechos más importantes en la gestión de Mesa y con un segundo volumen titulado “Un gobierno de ciudadanos”, libro colectivo escrito por el propio ex presidente y los ministros que los acompañaron en su gestión, además de otras personalidades cercanas.
El libro de Mesa es una suerte de testimonio personal con una fuerte carga subjetiva de su paso por el Gobierno y el otro es un análisis en profundidad de temas importantes como Asamblea Constituyente, Autonomías y otros. “Los dos libros son complementarios y el uno no se explica sin el otro” aclaró Mesa.
– Quién escribió el libro “Presidencia sitiada”, ¿el historiador, el político o el ser humano?
– De entrada, algo que no tiene el libro es la intención de ser abordado desde la perspectiva de un historiador. Tiene la intención de ser abordado desde la perspectiva de un protagonista. Este es un elemento fundamental porque marca una naturaleza comprometida, testimonial de lo que yo ví y viví. No pretendo guardad distancias con los acontecimientos, por el contrario, me comprometo profundamente con los hechos que viví.
– La obra tiene un alto grado de subjetividad
– Toda obra humana es subjetiva, incluso la de un historiador que trate de ser lo más ecuánime posible. Definitivamente la subjetividad es parte de la creación y de la construcción humana y de la interpretación que hacemos de los hechos.
– ¿Ha medido las consecuencias que puedan tener sus “confesiones” con relación a hechos y personas aludidas en su libro?
– Hay dos elementos. Uno de ellos lo menciono en la parte final de la introducción cuando digo que sopesé los pros y los contras y dije que probablemente esto va a generar interpretaciones, lecturas y necesidad de profundizar el tema de adversidad o adversarios.
Sin embargo, a mi me gustaría que el libro pudiera ser leído como el retrato de un momento. Tiene muchas menciones de acontecimientos, hechos y personas y juicios de valor, pero tiene también una serie muy importante de reflexiones que creo tratan de ser profundas sobre la realidad y las historia del país y lo que significó el momento que vivimos y sobre mis propios errores (es un libro muy autocrítico).
Entonces las consecuencias no han sido medidas en términos políticos, porque creo precisamente que si hace algo diferente mi paso por la política es el hecho de que no he actuado como cualquier político lo haría.
Lo lógico de un político es que diga “no voy a escribir una palabra de lo que pasó porque no sé si eso me comprometerá hacia el futuro. Yo creo que uno debe ser consecuente con uno mismo y ese fue el primer desafío.
– Uno de los aspectos que se ha valorado en su gestión de Gobierno fue el respeto por la vida humana, luego de las cruentas jornadas de febrero y octubre de 2003. Sin embargo, también le ha traído críticas en sentido de que el suyo fue un Gobierno débil y sin autoridad, a la distancia ¿Cómo evalúa esa actitud?
– Creo que ese es un elemento que más nos enorgullece a quienes formamos parte del Gobierno en ese momento. La consistencia de decir que íbamos a llevar adelante una política de respeto a los derechos humanos y de revalorización de la vida. Y si era necesario, para mantener este principio, estábamos dispuestos a dejar la presidencia.
Fuimos coherentes con esa línea, mi renuncia del 6 de junio, que se concretó el 9 de junio, tuvo que ver precisamente con la evidencia de que si yo legítimamente quería continuar en el Gobierno como me correspondía, probablemente me hubieran obligado a sacar las fuerzas del orden. Y esto por una razón práctica, quien haya vivido en Bolivia en las crisis que tú mencionas, no solamente febrero y octubre sino desde abril de 2000 con la guerra del agua, se generó una situación de violencia permanente que la represión desde el Estado no pudo resolver.
Porque si hubiera asumido el derecho constitucional de imponer el orden y sacar a las FFAA con la garantía de que lo voy a conseguir, no había problema, pero habiendo vivido la experiencia de octubre cuando el presidente Sánchez de Lozada llamó a las FFAA para reinstalar el orden constitucional no solamente que no lo logró, sino que el saldo fue de 67 muertos.
Entonces no era sensato, ni siquiera por razones prácticas el intentar una actuación de esa naturaleza.
– Cuando se retiró del Gobierno, luego de los hechos de octubre, por qué no pensó en una renuncia a la Vicepresidencia.
– Por una razón elemental, porque la esencia, la naturaleza constitucional, conceptual y filosófica del cargo de Vicepresidente es la sucesión constitucional. La única razón de ser, de fondo, del Vicepresidente de la República es que éste garantiza la continuidad constitucional cuando se produce una crisis, sea la muerte o la renuncia del Presidente.
Entonces me parecía poco responsable renunciar a la Vicepresidencia para mostrar mi desacuerdo con el gobierno dejando al país en una situación muy incierta.
Era evidente que quien estaba en ese momento como presidente de la Cámara de Senadores, Hormando Vaca Diez, tenía exactamente los mismos anticuerpos (quizá un poquito menos) como los tuvo en octubre.
Era evidente que los movimientos populares no iban a aceptar como presidente constitucional a alguien que era parte de la coalición de Gobierno.
Creo que mi decisión fue acertada porque yo garanticé la recuperación de la paz y que el país tuviera continuidad constitucional, no siendo yo parte de alguno de los partidos políticos que habían formado parte de la coalición de Gobierno.
– Tomando en cuenta que en “Presidencia sitiada” revela y confiesa hechos inéditos de su Gobierno. ¿En que medida también está ocultando o guardando en reserva otros hechos?
– Una de las críticas que he recibido es que he dicho demasiado. Que jamás un Presidente había dicho tanto y con tanto detalle. Y si es que he pecado de algo es de exceso, no de falta. Es decir que he dicho absolutamente todo. Pienso que este es un elemento importante en lo que hace a la vida pública.
Demás está decir que todo lo que tiene que ver con mi vida privada, en los elementos vinculados a mis experiencias personales están – como deben estar – en el ámbito de la reserva privada.
Si embargo todo aquello, incluso de mi vida privada vinculada con el Palacio de Gobierno y a mis experiencias de sensaciones íntimas y de estado de ánimo y a mi vida cotidiana, está reflejado también en el libro.
– Cuéntenos cómo organizó la consolidación de “Presidencia sitiada”, a qué fuentes recurrió y cómo organizó sus datos.
– Una de las cosas que yo he trabajado con mucha precisión, por mi formación personal y mi trabajo de historiador, son las fuentes. Es decir, cuando tú lees en el libro “a las 15:30 entró a Palacio de Gobierno fulanito de tal”, eso esta respaldado por mis apuntes personales.
Yo tomaba notas en bloks y en libretas personales de todas mis reuniones y todas las acciones que tenía en Palacio y anotaba la fecha, la hora y las personas con las que me reunía y donde me reunía.
He trabajado también con los registros de la casa presidencial de San Jorge los meses de septiembre y octubre de 2003 con todos los ingresos y salidas y comparados con los registros de mi casa (yo no ocupe la residencia presidencial), de modo que puedo precisar esos detalles porque tengo el parte de la guardia de seguridad. Trabajé también con la Gaceta Oficial de Bolivia y el tratamiento de leyes en el Congreso Nacional. He trabajado con todos los periódicos del país. Y finalmente están las consultas y diálogos con mis colaboradores cuando había que precisar algún detalle.
Fuente: www.lostiempos.com



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