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La tarde redonda del Joven Marías

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La tarde redonda del joven Marías
Por: Juan Cruz - Madrid - 27/04/2008

(El novelista madrileño ocupa el sillón ‘R’ de la Academia de la Lengua con una defensa encendida del oficio de escritor)
Cuando Ian Michael, el profesor de Oxford que escribe novelas españolas con el seudónimo de David Serafin, me dijo anoche, al entrar en el salón de actos de la Academia, que esperaba que “nuestro Rey” se hubiera vestido bien para la ocasión, me pasó por la cabeza la idea de que a lo mejor Don Juan Carlos asistiría a esta inauguración de Javier Marías como miembro de la Real Academia Española de la Lengua.
Pero, claro, en seguida caí en la cuenta: Ian Michael esperaba la entrada de su Rey, y su Rey es el Red de la Isla de Redonda, Xavier Marias, o Javier Marías, soberano de un territorio literario y real que él ha convertido en símbolo y metáfora de un conjunto de personas que ya se consideran amigos y por tanto súbditos del autor de Negra espalda del tiempo.
Así que Ian Michael esperaba al Rey de Redonda, y allí estuvo Javier Marías, risueño, metido dentro de su impecable traje de académico, caminando hacia un estrado que su padre, el filósofo Julián Marías, ocupó durante más de cuarenta años y en el que él, desde anoche, tiene el mismo sitio que tuvo Fernando Lázaro Carreter, a quien el nuevo académico dedicó el homenaje que se merece el recordado filólogo por su ingente labor a favor de la modernidad de la Academia, continuada sin desmayo por Víctor García de la Concha.
Iba a ser una tarde redonda para Javier, y para muchísimos de los amigos que acudieron a la sede de Felipe IV a cumplir con un rito que es mucho más simbólico, y más cálido, que una simple sesión solemne. Fernando Savater, que estaba allí, en las primeras filas, hizo con la palabra Redonda, o redonda, el juego de palabras que siempre dibuja con la cálida maestría de un amigo que nunca envejece: “¡Será una tarde redonda para Javier!”.
Lo hubiera sido del todo del todo si el Real Madrid, el equipo de Javier, hubiera ganado –ya— la liga; pero fue una tarde grande, hermosa y central en la biografía de Marías, por muchísimas razones. Le respondió Francisco Rico a su discurso sobre la dificultad de contar, y Rico, que sufrió de carraspera como si estuviera al principio de un examen de alto grado, y aun así hizo gozar de su esgrima, situó a Javier en el inicio de esa autobiografía. Le conoció en casa de Juan Benet, en la calle Pisuerga, 7, de Madrid; allí iba Javier cuando aún era un adolescente, y allí se fue fraguando su primera relación seria y constante con la literatura.
Y de ahí, de aquel entonces, proviene una manera de ser, la de Javier Marías. Esa referencia a Benet, que él inició en su discurso de ingreso y que luego corroboraría Rico en su respuesta, tenía un correlato en la sala, en la presencia de los hijos y la hermana de Juan, en Jaime Salinas, en Antonio Martínez Sarrión, en Javier Pradera, en todos aquellos que, sentados ahora en los sillones rojos del salón de actos, asistían al encuentro del discípulo con la historia de sus mayores, los que no están y los que siguen estando.
Javier Marías es un escritor total, un escritor de memoria y un escritor de fábulas y de memorias; su reflexión sobre lo que hay detrás de la ficción (o de la literatura) tiene que ver con el inicio de aquella educación sentimental que tuvo en su padre un gozne espiritual muy bien trabado, muy hondo, y que guarda de Benet una autoexigencia que cambió –lo dijo bien Rico, en su discurso—la manera de ser de la literatura de los 70, que aun hoy marca una novedad en la actitud literaria española.
En la esgrima que se lanzaron el nuevo académico y el académico veterano había esa complicidad, ese juego dialéctico que Benet propició y que subyace en la inteligencia literaria de Javier Marías como una herencia que es también la herencia íntima de una actitud. Allí estaban, escuchándole, conocedores de toda esa historia, gente como Emilio Lledó, o como Gregorio Salvador, o como Álvaro Pombo, o como Arturo Pérez-Reverte, colegas suyos de la Academia y éste último cómplice de aventuras y de guiños a través de las empresas periodísticas que más les han juntado; y allí estaba la Academia, recibiendo a Marías. Le dijo Rico: “¿Qué puede darte en adelante la Academia?” Y se respondió el ilustre petrarquista, recuperando el aliento de una pertinaz carraspera: “Mirarás de otro modo la negra espalda del tiempo”. Lo que es seguro es que la Academia ha visto entrar, esta tarde redonda para Javier Marías (¡más redonda hubiera sido si el Madrid ya hubiera ganado la Liga) un escritor de veras, hondo, decisivo, que nace de la exigencia de una generación que ahora le contempla como si aun fuera, en efecto, y lo es, el joven Marías.
Fuente: http://www.elpais.com/articulo/cultura/tarde/redonda/joven/Marias/elpepucul/20080427elpepucul_1/Tes


Teoría del caos

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Teoría del caos o el efecto mariposa
Por: Pedro Shimose

No hablo de religión ni de poesía. Hablo de ciencia. En 1963, un matemático y meteorólogo estadounidense publicó un ensayo titulado Previsibilidad: ¿puede el aleteo de una mariposa en Brasil desencadenar un tornado en Texas?. Nadie le dio pelota y todos sonrieron. Nueve años después, en 1972, su teoría se hizo famosa al extremo de que algunos científicos consideran que la revolución científica del siglo XX se debe a tres personalidades: Max Planck y su teoría de la mecánica cuántica, Albert Einstein y su teoría de la relatividad, y Edward Norton Lorenz y su teoría del caos, más conocida como el ‘efecto mariposa’. Su incidencia en nuestras vidas se ha extendido hasta en el arte. ¿De qué hablamos cuando hablamos del efecto mariposa?
Su descubridor acaba de fallecer. Edward Norton Lorenz (West Hartford, Connecticut/EEUU, 23/05/1917–Massachussets /EEUU, 16/04/2008), padre de la teoría del caos –conocida popularmente como el efecto mariposa– fue premiado por las academias de Ciencias de Estados Unidos, Suecia, Reino Unido y Japón. Los científicos japoneses dijeron que Lorenz descubrió el ‘caos determinista’, principio que “ha influenciado profundamente en numerosas ciencias básicas, provocando uno de los más dramáticos cambios en la visión que la humanidad tenía de la naturaleza desde Isaac Newton”.
Empecemos por decir que el descubrimiento de Lorenz fue un chiripazo, un hallazgo fortuito, producto del azar, una auténtica ‘serendipia’. Un día de 1961 se encontraba repitiendo unas simulaciones meteorológicas en una computadora rudimentaria. Notó que, a pesar de que la máquina y el modelo eran los mismos, las proyecciones divergían y seguían caminos opuestos, es decir, los resultados eran completamente diferentes si un factor causal aparentemente insignificante las interfería. Por lo tanto, predecir el tiempo climático con exactitud es imposible, porque un simple error o una simple alteración de los elementos causales (dirección del viento, humedad o temperatura) modifica cualquier previsión calculada con antelación. Con su teoría del efecto mariposa, el científico Lorenz le viene a dar la razón –tres siglos después– al filósofo y científico Pascal, que afirma que la nariz de Cleopatra decidió el futuro del imperio romano.
Lorenz debió ser condecorado en Bolivia porque su ‘teoría del caos’ es muy boliviana. ¿Puede el aleteo de una mariposa en Venezuela desencadenar un terremoto político en Bolivia? La respuesta es afirmativa. Más afirmativa aún si ese aleteo de la mariposa va acompañado de maletines enigmáticos.
Si nos ceñimos al parte meteorológico, sin dar pelota a los discursos oficiales, diremos que el tiempo en Bolivia no termina de escampar. Sigue lloviendo ron y petróleo bolivarianos. Mientras el cielo amenaza tormenta, Hugo Chávez nos ha prometido enviar 250.000 barriles de petróleo al mes. Lo que no ha dicho es cuándo ni cómo. ¿El transporte se hará en buques petroleros o por oleoducto? Venezuela no está al lado.
Muchas mariposas han tenido que aletear, al mismo tiempo, en Caracas, para producir en nuestro país un caos fenomenal. De hoy en adelante deberíamos adoptar como propia la teoría de Lorenz. Desde la fundación de la República nos debatimos en la confusión y el desorden por el aleteo de alguna mariposa.
En la Teogonía de Hesíodo se dice que en un principio era el Caos, en el que coexistían la Noche y las Tinieblas. En la teoría del caos de Lorenz se habla de aleteos de mariposas, lo que nos induce a preguntarnos: ¿por qué un país sencillo ha propiciado un Gobierno de complejidad infinita? La respuesta es simple: el aleteo de alguna mariposa. // Madrid, 25/04/2008.
Funete: www.eldeber.com.bo


New York, un cuento inédito de Bartolomé Leal en la Biblioteca de ecdotica

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Día internacional del libro: Un cuento inédito de Bartolomé Leal
www.ecdotica.com

Ayer se celebró el Día Internacional del Libro. Mucho se ha dicho y mucho se puede encontrar sobre esta fecha, pero esa no es la idea de www.ecdotica.com que ha decidido celebrar a su estilo. Y que mejor forma que regalando a nuestros lectores un cuento inédito del chileno Bartolomé Leal que se titula Nueva York. Es un relato corto, trágico, a la vez de triste. Lo pueden encontrar en la biblioteca gratuita http://www.ecdotica.com/libros-gratis/, así que esperamos que disfruten su lectura. Si les gustó, lo recomiendan, lo bajan, lo imprimen, lo circulen, lo difundan, que todo está bien.


Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán

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The World of Kavinika
Literary Games. Monday, April 21, 2008

(Recogemos un artículo sobre el nuevo libro Los vivos y los muertos en el que se encuentra inmerso el escritor Edmundo Paz Soldán . El artículo, lamentablemente, está en inglés, pero empezamos con esta nota a seguir el trabajo de Paz Sodán. La autora de la nota es Kavinika quien en la actualidad vive en Madrid, España)
As tomorrow is La Noche del Libro in Madrid, I’ve been reflecting on my role as a reader. The act of reading for me is a sublime pleasure, one born out of my love of riddles and tendency to uncover secrets. Friends say I’m a terrible reader because I have the habit of skipping to the end of every novel before I even get half way through it. I do finish the work, but I can’t help jumping around from part to part, testing myself to see what I’ve figured out along the way. I relish the challenge of solving the riddle, even before its solution is placed before me. I desire to decode each secret before it’s revealed, perhaps to see how “clever” I am.
I am presently reading a friend’s manuscript, a soon-to-be published novel titled Los Vivos y los Muertos by Edmundo Paz Soldán. The act of reading the manuscript is a privilege, a secret in itself, one that I will uncover before most others. I’ve yet to finish, but if it holds up, it will be his best work to date. Pained, paranoid and fearful characters mark the body of his fiction, but this novel is different. As in previous works where there was distance between the characters’ experiences and the reader, in this novel, the pain can be touched. The sense of loss is everywhere. Children die; a husband feels that he is the cause of his family’s sadness and thus abandons them; a wife leaves her husband for another man; friends must try to make meaning out a senseless world when classmates are raped and murdered. The story resonates with me because it is loosely based on events that happened in a city near where I live. Paz Soldán uses the deceased daughter of one of my friends as the basis for a character in the novel. It is, in essence, very personal, perhaps too personal.
The emptiness in Los Vivos y los Muertos belongs to the characters, but also to me. Too long I had been fearful of loss, and that fear changed me, as loss itself changes each of the characters. I find myself, once again, skipping around in this novel, realizing that the act of reading, the search for answers, is, ultimately, a search for one’s self. The riddles in literature are no different really than the riddles of life. When we love a work, even if it’s seemingly different from our own experiences, it is because it appeals to a personal longing, a daydream, or a fear.
The secret to be uncovered in Los Vivos y los Muertos is implicit, more of a question really. The answer lies within the reader, for I am forced to ask myself how to make sense of what I once had, what I will never have again, and how I contributed to its end. The only way to answer such a question is to take responsibility for one’s own role, to forgive one’s self, and to accept that we are all human, prone to making mistakes, for even when we have the best of intentions or tremendous potential, we cannot control the actions of others, and sometimes it is hard to control ourselves.
I hope that Paz Soldán found a part of himself while writing this novel, as I have uncovered a secret part of me within it.
Fuente: http://www.ravingsfromthelunaticfringe.blogspot.com/


Dos relatos de dos bolivianos en “Ser abuelo”

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Un internacional “Ser abuelo” incluye relatos de 2 bolivianos
(El Club abuelos lanzó desde España un certamen literario internacional. En la antología resultante, de 11 tomos, figuran los cuentos de Érika Bruzonic y Víctor Montoya).
Club abuelos, un grupo literario español que agrupa a personas que tienen nietos y que escriben de todo, menos sobre ellos, organizaron un concurso internacional. Mucha gente envió sus obras en cuento y poesía, con el tema único de los abuelos. Dos bolivianos —Érika Bruzonic y Víctor Montoya— han sido incluidos en la antología resultante que tiene 11 tomos.
Los responsables de que los libros lleguen a los lectores son Literandos Editores, otro grupo de escritores unidos para ayudar a quienes no tienen acceso a las grandes editoriales. La base se encuentra en Israel y Argentina, mientras que la edición se hace en España, explica Enrique Epelbon, de Literandos.
Bruzonic, radicada en La Paz, escribió el cuento Sobre Sara, que en un fragmento dice:
“Mientras mamá trabajaba, Sara era la que me bañaba por las mañanas y peinaba pacientemente cada rizo, cada onda de mi cabellera rubia y rebelde. Luego me sentaba al sol, me daba de comer huevos pasados por agua con trozos pequeños de pan que ella mojaba en la yema y me contaba cuentos y siempre estaba ocupada. Cocinaba, lavaba, planchaba, limpiaba la casa hasta dejarla “como un anís” —nunca entendí esa expresión tan suya. Me cosía vestidos “de diario” para que no echara a perder mi “ropa buena” al jugar. También me enseñó a leer apenas cumplí tres años. Hoy, treinta años después, continúa ocupada: cocina, lava, plancha. También cuida de mí. Sus llamadas semanales son un ritual.
—Hola, hija. ¿Estás ocupada?
—Hmmmm, sí. ¿Por qué?
Sí. ¿Por qué también yo estoy siempre ocupada cuando ella me llama?
—Es que he comprado manzanas —te gustan tanto— y quería llevarte algunas ahora…
—Bueno, tampoco estaba haciendo gran cosa. Te espero”.
Víctor Montoya, boliviano residente en Suecia, escribió sobre un abuelo minero. El relato titulado El castigo del Tío comienza de esta manera:
“—Las desgracias nunca vienen solas— dijo mi abuelo. Se alisó los bigotes, se pasó la mano por la frente y prosiguió—Hay quienes dicen que mi enfermedad es el castigo del diablo. Yo reaccioné como pateado por una corriente eléctrica. Recogí el aliento y pregunté en tono de admiración:
—¿Y quién es el diablo?
—Es el Tío de la mina. El dueño de los minerales y el amo de los mineros…
Me quedé callado y pensativo.
Mi abuelo era de complexión delgada y estatura mediana; tenía los bigotes espesos y aspecto de patriarca; la camisa gris hacía juego con sus canas y los botones con sus ojos claros, pequeños pero vivaces
—Los mineros son supersticiosos— dijo, echándome una mirada furtiva—. Le temen al Tío más que al capataz de la mina (…)
Me senté (…) y esperé que mi abuelo continuara hablando. Pero pasó el tiempo y no dijo nada, hasta que le pregunté si acaso era cierto que él vio el espíritu del Tío…”.
La antología tiene dos tomos de poesía y nueve de relatos. Los impulsores del concurso han agradecido al más de centenar de participantes, incluidos en la publicación o no, “que con mucho nivel han sabido trasladar con la palabra escrita la nobleza y la gratitud hacia los abuelos, como así aquellos que escribieron sobre los nietos, figuras inseparables”. Ser abuelo. Varios autores. Club Abuelos. Literandos Editores. Los textos se pueden revisar en http://freewebs.com/literandos/
Fuente: www.la-razon.com




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