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La identidad y personalidad de los libros



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La identidad y personalidad de los libros
Por: Raúl Rivadeneira Prada

1. Hace algunas décadas se vaticinó el inminente cambio de los materiales impresos (libro, revista, periódico, informe administrativo, guía telefónica, etc.) por textos electrónicos que el lector podría encontrar en casa, en una pantalla luminosa, por vía electrónica. Parcialmente, el pronóstico se va cumpliendo. Contamos ya con abundante información en el nuevo sistema tecnológico. Sin embargo, aún viven y gozan de buena salud el libro y el periódico impresos en papel. La bibliografía y el periodismo electrónicos no parecen haber desatado aún una catástrofe sobre ellos.
La palabra libro viene de “líber”, segunda corteza de los árboles; biblos, partícula de biblioteca, bibliografía y otros términos parientes, ha tomado su nombre de la antigua ciudad de Biblos, hoy Dubai, en el Líbano, lugar donde crecía el arbusto que proporciona la materia para elaborar las hojas.
El libro es un volumen de hojas unidas, y a diferencia del texto continuo de las páginas electrónicas, posee identidad, una personalidad propia, visible, tangible; propiedades con las que se establecen vínculos afectivos e intelectivos, como si fuera un ser viviente. Éste es su formidable atributo.
Tal vez a largo plazo el libro desaparezca de la escena cotidiana y se refugie en bibliotecas-museo que el “Homo tipograficus” de McLuhan visite con resignación y nostalgia. No lo sé, pero al menos por ahora no hay signos de muerte. El libro puede cambiar de forma y consistencia material; sin embargo, el favorito será siempre el irreemplazable compañero a la hora de la meditación profunda o de la ensoñación romántica.
2. En cuanto al contenido, se advierte compatibilidad, y no podría ser de otro modo, si las formas electrónicas (o digitales) están obligadas a reproducir fielmente los mensajes que materializan la intención comunicativa de los autores. La incompatibilidad asoma en la vulnerabilidad de los textos a la manipulación, a veces dolosa, de usuarios que, pese a las medidas de seguridad, hallan siempre la forma de intervenir en los contenidos, desvirtuando su valor o plagiándolos.
3. ¿Nos acostumbraremos todos algún día a leer largos y complejos textos en el monitor? Aun la lectura de textos cortos, en pantalla, me resulta algo incómoda, cuanto más los extensos. Hay varias razones para esto: la costumbre de tener el impreso en las manos, la seguridad que ofrece el contacto físico, la posibilidad de hacer marcas, trazos, apuntes a mano sobre la superficie física del papel. El libro o cualquier impreso puede llevarse consigo a cualquier parte y leerse a cualquier hora y en cualquier circunstancia: a la luz de una vela donde no hay electricidad, dentro de un taxi o caminando por un sendero, sin preocuparse de cables, comandos, teclados, cargadores de energía y toda la parafernalia que rodea a las computadoras.
No, no me acostumbraría, y no deseo reemplazar los libros por las pantallas luminosas. En cambio, celebro y agradezco las facilidades que me ofrece la computadora para una escritura pulcra y rápida. A esto me acostumbro fácilmente.
* Escritor y periodista, director de la Academia Boliviana de la Lengua
Fuente: www.laprensa.com.bo



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