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Sobre René Moreno



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Para leer a Gabriel René Moreno, una propuesta de Marcelo Urioste
Por: René Danilo Arze A.

E n 1987, tras defender su doctorado (Ph.D.) en la Universidad de Gainesville, Florida, Marcelo Urioste —insigne poeta, escritor, prematuramente fallecido en Washington en 1994—preparó una versión más depurada de su tesis con el propósito de dar a conocer su contenido en Washington, en una editorial que soñaba crear con el nombre de ´José Martí´. El deseo del poeta no pudo plasmarse por razones económicas. Poco tiempo después sus páginas merecieron la Mención Honrosa de la OEA, que convocó a un concurso internacional en homenaje al sesquicentenario del nacimiento de Gabriel René-Moreno (1834-1908).
La obra permanece inédita y desconocida en su real dimensión, con excepción de unos fascículos publicados por El Deber en 1987 (dato del historiador Gustavo Adolfo Prado).
Por la novedad de su contenido y calidad literaria (prosa poética) sobre temas tan áridos como son los textos del insigne historiador y polígrafo boliviano —cuyo centenario de desaparición se recuerda este año—, nos permitimos recomendar a las autoridades de la Universidad Autónoma Gabriel René-Moreno la publicación y divulgación en el presente 2008 de esta invalorable tesis inédita.
Fragmento de la obra
´Tres hombres distintos pueden verse en el cristal del tiempo. El primer hombre se alojó en un albergue potosino en el año 1880, año en el que un viento derrotado llegó de las costas del Pacífico. Mientras ciertos panfletos anónimos maldecían a ese ´infame traidor vendido al enemigo´, una multitud enfurecida se congregó ante el albergue para matarlo. Por milagro, nadie divisó una escurridiza silueta en los tejados; una silueta que buscaba deslizarse hacia una discreta callejuela colonial, una silueta que corría por su vida (Ramiro Condarco, 1971, pp. 270-271). El segundo hombre recibió un visitante en su despacho atiborrado de libros y papeles. El visitante, Jaime Mendoza, lo describió en detalle: bigote patriarcal, paso tardo, mediano de estatura, despejado de frente, altivo de maneras, directo en el mirar, tenaz de hábitos, delicado de piel, con idéntico aliño en el hablar y el vestir, replegado sobre sí, y preguntando siempre, con imperceptible tristeza, por la patria lejana (J. Mendoza, 1937, pp. 101-108). El tercer hombre, embozado, atravesó los acantilados de los Andes utilizando rutas de contrabandistas de vinos, con el revólver al cinto, con espuelas, con botas de montar, y un poncho negro. A lomo de mula recorrió el largo viaje de Sucre a Buenos Aires. Gonzalo Bulnes, en su Historia de la Guerra del Pacífico, describió aquella estación de lluvias en la que los aguaceros humedecían senderos que ni las mulas mendocinas se atrevían a cruzar. Un edicto de captura, firmado el 3 de febrero de 1881, galopaba detrás del fugitivo (G. Bulnes, 1890).
El espía que escapó del linchamiento escurriéndose a través de los quejumbrosos tejados potosinos; el bibliógrafo que recorrió medio siglo de libros, poblando su antigua soledad y prosa y crónica; y el esbozado jinete contrabandista que atravesó los acantilados de los Andes, solamente tienen una cosa en común: se llaman Gabriel René-Moreno. Los vecinos de la Villa Imperial que iban a colgar sin más trámite al ´espía´ en la Plaza del Regocijo, bajo el resplandor de una noche azul seca, se habrían sorprendido al saber que el peligrosísimo sujeto era un inofensivo bibliotecario, tan erudito como tímido. Su silueta, la de un solterón empedernido; su corazón, el de un amante de la exótica y aromática flor de los escombros, ese perfume que atrae irresistiblemente a quienes recolectan los documentos que la historia abandona malheridos de tiempo (Moreno, 1983, p. 37). No en vano corría la segunda mitad del siglo XIX, siglo de pólvora que vio deportado a Montalvo, encarcelado a Palma, sobre el caballo a Sarmiento, y en la máquina a Martí: ´Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada´ (Martí, 1891).
[…] Moreno papelista, Moreno crítico literario, Moreno cronista, Moreno escritor, Moreno ideólogo. He aquí los temas que debemos volver a repensar. He aquí las dimensiones sustanciales de una obra comprometida con todas las oscuras y radiantes efervescencias de la sociedad latinoamericana. Éste no es un fervor anacrónico, puesto que el siglo XIX es la raíz de nuestra época, pero es riesgoso, porque Gabriel René-Moreno, con esa mezcla explosiva de mordacidad chuquisaqueña y picardía cruceña, desacreditan a todos los que se acercan a su estatua para quemar incienso y entonarle himnos de alabanza. Así increpó en 1907, a un crítico zalamero: Se entra de rondón al palacio de la apología, en momentos de haber la sindéresis y el sentido moral hecho abandono de la guardia (Moreno, 1905, p. 252).
Por todas estas razones, propongo sacar de las bibliotecas olvidadas al controvertido cronista; propongo desempolvar sus libros; propongo reiniciar el juicio a sus prejuicios; propongo acceder al recinto de su escultórica erudición, propongo replantear lo que en René-Moreno cabe de actual y válido; propongo criticar su crítica; propongo remontar los enconos y alabanzas que provocó esta amarga y bella prosa, en una sociedad hostil al acto de escribir.´.
Fuente: www.la-razon.com



Una Respuesta »

  1. […] y escritores que ocupaban “las primeras líneas” en las letras americanas. Un día pidió a Gabriel René Moreno datos bolivianos para alimentar su coligado de literatos. Luego de revisar aquel material comunicó […]

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