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Fragmento de La toma del manuscrito



La toma del manuscrito (fragmento)
Por: Sebastián Antezana Quiroga

(Fragmento del Manual de consejos para los viajeros de los desiertos, cedido gentilmente por “el catálogo del desierto” a Q., en ocasión del encuentro que sostuvieron con posterioridad a la toma subrepticia de fotografías, a orillas del lago Tanganika, pocos minutos después de pasado el crepúsculo) “… y sin nunca olvidarlo, porque de lo contrario las tormentas serán su ruina y las arenas su tumba. Además, es definitivo que, ya sea en polifacético dromedario de giba simple, en su primo doblemente protuberante o incluso en caballo agobiado y horizontal, la única forma recomendable de trasladarse en los desiertos es montado en cuadrúpedos de largo aliento. La vastedad inconmensurable de arenas y dunas, como cualquier viajante avezado conoce, no muestra misericordia alguna con aquellos que deciden emprender la travesía a pie. Ni el ahogo, ni el envenenamiento, ni la locura ni la enfermedad producen en el hombre peores consecuencias que aquellas motivadas por las torturas de la sed y el sol implacable y desgarrador de nuestros enormes descampados, por lo que la sensatez y un mínimo de sentido común obligan a aquel que desee internarse en el más reseco de los mares a utilizar como medio de transporte a uno de estos animales —la mayor parte de las veces, para evitar desmayos que pueden costar extravíos e incluso muertes, es necesario que el viajero se amarre fuertemente a su montura, confiando en que su instinto animal y su resistencia a toda prueba lo conducirán a buen puerto si llegara a perder el sentido—. Desde el Mediterráneo hasta el África negra, desde el Atlántico hasta el Mar Rojo, los desiertos implacables prolongan su aridez haciendo que la subsistencia en ellos sea poco menos que imposible. Solamente una preparación metódica, una planificación cuidadosa y serena, son capaces de garantizar el éxito de las travesías. Como paso inicial de toda empresa, otra vez, se debe pensar en primer lugar en los medios de locomoción; acto seguido toca meditar sobre la preservación física y mental, e instantáneamente le sobreviene a uno la interrogante: ¿cómo hacer acopio de líquidos y cómo preservarlos? La respuesta llega rotunda por sí sola pues, en la mayor parte de los casos, no debe utilizarse el plural. Casi exclusivamente el agua debe ocupar las botas, sacos, cantimploras, garrafas, barriles y demás contenedores que se utilizarán, ya que, en su gran mayoría, ingestiones de otro tipo conseguirían distraer momentáneamente la sed pero nunca sofocarla. Un dato debe regir en todo momento las acciones del viajero: en ningún caso, bajo ninguna circunstancia, exceptuando aguda mordedura de reptil y sutil relámpago de artrópodo, debe utilizarse ni ingerirse alcohol. La deshidratación proveniente de su consumo conduce invariablemente a la eliminación. Agua, entonces, y no otras bebidas, debe prepararse en grandes cantidades para aguantar los rigores del sol y la sequedad del terreno (…).
Vida y obra
Sebastián Antezana Quiroga nació el 11 de diciembre de 1982 en México DF, mientras sus padres estaban en el exilio. Tiene nacionalidad boliviana y vivió gran parte de su vida en La Paz. Es licenciado en Literatura por la Universidad Mayor de San Andrés, 2006. Desde 2005 trabajó como editor y corrector de estilo de publicaciones de varios proyectos e instituciones.
Publicó el drama Las cositas del Riñón en la revista La lagartija emplumada No. 2 y varias historias en cuatro números de Acción Cómic en 2004, varios cuentos en el tomo Réquiem para once y La ironía en los crucigramas, cuento merecedor de una mención en el Primer Concurso de Cuento Corto Policial, patrocinado por
La Prensa, en 2003, y diversos poemas y cuentos publicados en suplementos literarios y libros de educación escolar de la Editorial Santillana.
Fuente: www.laprensa.com.bo



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