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Mujeres en la literatura



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Una mirada a la literatura femenina
Por: Paola Senseve Tejada

Transgresión, liberación, provocación, sublimación, revolución, efusividad y espontaneidad son algunas de las palabras que mejor pueden describir a la literatura femenina latinoamericana. Según algunas opiniones críticas, las diferencias entre literatura masculina y literatura femenina radican en el tópico, debido a las distintas percepciones del mundo; mas nunca en el uso de las palabras, porque como decía Ferré, “el diccionario es uno solo”. Según otras voces, el lenguaje femenino es en extremo sentido y de alguna u otra forma brutal y sincero, en contraste con el masculino.

Lo que sí es posible rescatar, son algunas características inherentes a la literatura femenina latinoamericana que han sido referentes más allá de la época o contexto al que puedan pertenecer unas y otras autoras. Y entre ellas podemos nombrar varias.

Revolución y compromiso político con su lugar de origen. En los textos se reflejan como féminas que vía lírica no se alejaron nunca de la utopía de la libertad o de la igualdad de condiciones para su gente. Exaltación por la liberación femenina, si se quiere, llámese feminismo. Pero estas escritoras no olvidaban nunca, y así lo reflejaban en sus letras, que eran pertenecientes a sociedades patriarcales que se caracterizaban por imponer sobre las mujeres la idea quimérica y absurda de un comportamiento “mariano” (referido a la virgen María), es decir, sufrido, siempre en segundo plano, de subyugación y aceptación, sumiso y comprometido. Implícita o explícitamente, todas ellas nos muestran asco por tanta represión; y obviamente como reacción ante el machismo evidente, nacen textos crudos y a ratos violentos, como vomitando todo lo que yace oprimido en su interior.

El uso de la literatura como instrumento para la determinación de la propia identidad y el papel o rol que les corresponde como mujeres partícipes de distintas coyunturas y contextos.

La expresión sentimentalista elevada a la máxima potencia. Estas mujeres han demostrado en sus letras que tienen una especial habilidad para sentir con una fuerza insondable y con una seguridad que puede llegar a resultar espantosa, de forma avasalladora, impetuosa, compulsiva e impulsiva al mismo tiempo.

Perseguimiento total de la reivindicación, objetivo claramente planteado en las letras de las latinas; es por esta razón que no es casualidad el notado esfuerzo por constituirse (cada una de ellas), en casos especiales, dignos de rememoración; mas cabe resaltar, que no por narcisismo ni egoísmo, sino por la pretensión sublime de ubicar al género en un espacio merecido digno de ser siempre tomado en cuenta y no tan solo de ser reconocidas como excepciones.

Exacerbación de la sexualidad, expresada en muchas oportunidades por lo que la crítica las califica como pornografía, erotismo o sensualidad; una vez más en el plan de la reivindicación y como reacción a una represión histórica sobre el género femenino.
La incesante búsqueda de maneras y formas para demostrar su visión de la vida, que es distinta a la del hombre y su percepción acerca del otro sexo, que ha sido siempre un “secreto” bien cuidado, destinado a salir a la luz sólo en la intimidad. En otras palabras, poder exponer la filosofía femenina popular.

La revelación de sus mundos interiores a la hoja con imperante osadía y brutalidad. Tienen un punto de convergencia las autoras y es que se han enfocado en el uso de temas recurrentes, fijaciones especiales, como ser la soledad, la melancolía, el nacimiento y la muerte, el amor, el dolor, la libertad…

Y, como última característica a nombrar en esta oportunidad, está el dato curioso de que por lo general, casi todas las mujeres latinoamericanas dedicadas a la literatura han tenido experiencias de vida bastante inquietantes, extremistas, un tanto abrumadoras y por sobre todo sufridas. Con situaciones que van desde la orfandad, el exilio, la viudez, el divorcio, el crimen, la dependencia química y la depresión, hasta el suicidio.

Las letras paridas por las mujeres latinoamericanas han sido y son como una piedra preciosa, única en su especie, que todavía no ha sido exprimida del todo, pero sin lugar a dudas tiene un nosequé especial que las hace completamente atractivas, tanto para las mujeres, que se ven identificadas y llamadas en los versos e historias; como para los hombres, que descubren misterios y que se dejan hechizar por la dulzura sublimada o la brutalidad exagerada, puntos extremos a los que sólo puede llegar el ideario creador de una mujer.

Más allá de la época referida o de los nombres específicos y las esperadas y bien posicionadas excepciones, la literatura femenina en definitiva no es peor ni tampoco mejor que las letras masculinas; eso sí, con seguridad categórica y contundente es posible afirmar que simplemente es y siempre será diferente.

Fuente: www.eldeber.com.bo



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