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Entrevista a Martín Sivak



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El mito del presidente ilustrado fue superado, dice Martín Sivak
La primera vez que Martín Sivak entrevistó a Evo Morales fue en Buenos Aires. Era un día helado de agosto de 1995 y el periodista, como corresponsal del diario Hoy de La Paz en la capital argentina, buscó al líder cocalero invitado al seminario Perspectivas de Liberación en América Latina. ‘Nadie le prestaba atención’, recuerda Sivak en Jefazo, retrato íntimo de Evo Morales, el libro que acaba de presentar en Bolivia y que promocionará en seis ciudades argentinas.

En el libro cuenta usted que Evo Morales llegó a sugerirle un nombramiento como Embajador de Bolivia. ¿Qué le pareció tal posibilidad?

Hay que aclarar el contexto. Fue el 2002, cuando se disputaba, en el Congreso, la presidencia con Sánchez de Lozada. Pudo ser un chiste, una broma, lo interesante de esto es su respuesta cuando le dije que no podía ser, pues no nací en Bolivia y las reglas de la Constitución no lo permiten. ´Hermano, las reglas son para cambiarlas´, dijo. Me sentí un conservador porque, claro, pensé que la Constitución es algo inamovible. Pero no sería embajador de ningún país, pues no me siento capacitado para ello.

¿Cómo presenta usted el libro? ¿Es de investigación periodística? ¿Es una biografía?

Yo diría que combina ciertos elementos del periodismo narrativo, en los capítulos en los que relato la intimidad del Presidente, como testigo directo: en reuniones de gabinete, viajes, encuentros con los dirigentes sindicales, etc. Esta parte es de crónica o relato periodístico. Luego, en los capítulos pares, hago un esbozo de ensayo biográfico y, para ello, obviamente es muy importante la historia reciente de Bolivia, ya que no se puede explicar el ascenso de Evo desligado de dicha historia. El libro se mueve en esas tres dimensiones. Me gustaría aclarar algo que escuché en las radios en Santa Cruz sobre que es una biografía oficial o autorizada. Nada de eso. En ningún momento de los dos años que trabajé Jefazo… el Presidente ni nadie del Gobierno me preguntó sobre lo que escribía ni me pidió nunca ver un párrafo.

¿Cómo es que ha merecido usted tanta confianza?

Esa es una pregunta para el Presidente o su entorno. Yo lo conocí el 95 y lo he tratado muchas veces en estos 13 años. Le entrevisté en diversas circunstancias, para la radio, la televisión, revistas. Conversé con él muchas veces. Pero no me corresponde decir por qué me dio el acceso a esa intimidad.

Entre dicha intimidad y los actos públicos, que se reflejan también en Jefazo… ¿cuán transparente se puede decir que es Morales?

El Presidente es una persona transparente. Cuento en el libro cómo en las reuniones no públicas se enoja, se alegra, hace chistes… tal como en sus discursos. Me sorprende mucho la similitud entre el personaje más íntimo con el que después va al pueblo más lejano y perdido de Bolivia. Muchas veces se le ha recomendado que en los discursos no diga todo lo que piensa. Yo he entrevistado a muchos otros presidentes y me resulta absolutamente inédita esa concordancia entre el Mandatario de intramuros y el que va a los poblados.

¿Diría que es un político atípico?

Absolutamente. No le ha pasado, como con otros líderes que fueron aprendiendo a través de una diputación tranquila, una senaduría, una alcaldía. Su formación como político está signada por la persecución, la cárcel, el confinamiento y un dificultoso paso por el Congreso en el que no dejó de manifestarse en las calles. En el Palacio, lo ha dicho varias veces, sigue aprendiendo pues llegó sin saber de inflación y estos temas. Antes de Morales, el presidente socialmente aceptado debía ser universitario, con una familia que mostrar, conocimientos de economía. Evo no es así.

¿No cree que esto mismo le pasará la factura a la larga?

Lo votó el 53,7% de bolivianos… El mito del presidente ilustrado se ha derrumbado porque no respondía a las demandas de la sociedad boliviana. Pero será el referéndum revocatorio el que permitirá una respuesta a si el pueblo ha aceptado esta atipicidad.

Hay datos en el libro sobre la sorpresa con que Evo recibe ciertas noticias de él en la prensa. ¿Cree que los medios son justos al informar sobre el Gobierno?

Veo un maltrato y un afán de ningunearlo. Compartí giras con él y vi en la prensa apenas notas breves. En abril, el Presidente estuvo en Nueva York, donde vivo y lo entrevisté. En todas las grandes cadenas le dieron enorme espacio a su discurso en el foro indígena. No así en Bolivia. Es injusto generalizar, pero creo que la prensa boliviana debería interpelarse y analizar cómo cubre y cómo cubrió antes, en esos 20 años de neoliberalismo.

¿Es usted crítico con Evo?

Yo no soy neutral ni imparcial, no creo en ese discurso de la objetividad. Yo tomo posición. Siento profundo respeto y admiración por el Presidente. Pero esto no me quita que escriba con verdad. Mi libro no es un panegírico, muestra al Presidente en su complejidad. He escrito también artículos críticos. Uno puede estar a favor o en desacuerdo con que Morales sea presidente, pero parte del ejercicio del periodismo es ser justo.

¿Para qué público es Jefazo…?

No era mi pretensión hacer un libro académico, analítico, pensé en un relato universal y espero haberlo conseguido. A diferencia de mis anteriores obras, El asesinato de Juan José Torres y El dictador elegido (sobre Banzer), que estaban destinados a Bolivia, Jefazo… se leerá en Latinoamérica.

Fuente: www.la-razon.com.bo



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