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Torciéndole el cuello al cisne



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“El secreto de mi vejez fue casarme con mi experta en gastronomía”
Por: Carolina Ethel 04/06/2008

Sabía lo que quería. Pero el viejo maestro se dejó intimidar por la envergadura del cochinillo confitado y optó por un potaje “anfibio”: sepia con albóndigas. La mezcla de mar y montaña acabó por seducirlo. Y mientras pedía un buen vaso de vino blanco, recordó a aquel “joven flaco y paliducho que vino en 1953 desde la provincia a ponerle la magia del Caribe al periodismo que se estaba haciendo en la fría capital”.
Carga José Salgar (Bogotá, 1921) con el enorme título -endilgado por su más notable pupilo- de ser el “maestro de periodismo de Gabriel García Márquez”. Porque fue él, un jefe de redacción treintañero, quien le recibió en el diario El Espectador hace ya 55 años.
Habla pausada pero profusamente, y, si no se le apura, puede ser que la camarera retire los aperitivos de chistorra y gazpacho antes de que llegue a probarlos. Tras un pequeño bocado se me acerca en tono de confesión: “Gabo estaba resuelto a brillar en el periodismo. Yo le insistía en que había que torcerle el cuello al cisne, pero él terminó inyectándole cisne a algunas historias, como el Relato de un náufrago”. A ese lema, el de “torcerle el cuello al cisne”, se ha referido el Nobel para recordar a su jefe de redacción, que siempre reclamaba la verdad por encima de los espejismos que producen los hechos.
Para él no hay fórmulas en el periodismo, y si se le insiste -con el ánimo de aprender eso que García Márquez tanto le agradece- lo resume en que “hay que saber contar el cuento bien, diciendo la verdad. Claro, que hay gente que sabe contarlo mejor”, admite con un guiño.
Ahora llega el plato fuerte y Salgar declara: “El secreto de mi longevidad -tengo 87 años- es que me casé con la redactora de gastronomía del periódico”, y entonces mira a su esposa Inés, que asiente y sonríe mientras saborea unos delicados espárragos blancos. “Después de los 80 decidí celebrar los cumpleaños lejos de casa. Son muchas palmaditas que me huelen a despedida y prefiero evitarlo”.
Así que le vino bien la invitación a Madrid de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y la Fundación Carolina para participar, junto a otros maestros, en unas jornadas sobre el oficio periodístico.
Aunque el mono Salgar, como le llaman, tiene arrugas marcadas y un andar a cámara lenta, sus ojos verdes proyectan un ímpetu joven. Está jubilado de El Espectador, pero sigue yendo a la redacción cada semana para escribir la columna El hombre de la calle, que ya ha cumplido 40 años. “Gabo siente que ése sigue siendo su periódico. La semana pasada nos llamó para celebrar que dejáramos de ser semanario y volviéramos a aparecer diariamente”, dice con entusiasmo, y agrega que suelen telefonearse y que sus charlas no duran menos de 50 minutos.
“Me han recomendado beber una infusión de manzanilla con un chorrito de anís, parece que es muy digestivo”, sugiere Salgar. La bebe con un trozo de tarta de chocolate y de repente desvía la mirada a la mesa de al lado. “Han pedido el cochinillo y tiene taaaan buena pinta”, se lamenta, “otra vez será”.
Fuente: www.elpais.es



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