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Celebrando la diversidad
Por: Marcelo Suárez Ramírez

La publicación de antologías de jóvenes autores bolivianos, sumada a los premios y ediciones de sus obras en el extranjero dan la pauta de que afuera se comienza a ver con buenos ojos a los nuevos exponentes de las letras nacionales.
No todos los días se da el caso de que las obras de escritores bolivianos sean premiadas en el extranjero o que destacados sellos editoriales europeos fijen su mirada en la literatura que se desarrolla en esta parte del continente. Hace pocos días, el escritor cochabambino Rodrigo Hasbún resultó ganador del Premio Unión Latina a la Novísima Narrativa Breve Hispanoamericana 2008 por su relato Familia.
El joven escritor, de 26 años, ya había ganado en 2002 el Premio Nacional de Literatura otorgado por el municipio cruceño, había sido finalista en dos ocasiones del Concurso Nacional de Cuento Franz Tamayo y en 2006 publicó Cinco (Gente Común), su primer libro de relatos. Asimismo, junto al director de cine Martín Boulocq escribió el relato Los viejos, que recibió el Premio de Guión de Literatura y Cine en la pasada Feria Internacional del Libro de La Paz. Por si fuera poco, Hasbún fue seleccionado para representar a Bolivia en Bogotá 39, una reunión de escritores menores de 39 años que se realizó en agosto del año pasado en la ciudad colombiana, declarada como Capital Mundial del Libro. Hasbún fue el único crédito nacional elegido entre 100 postulantes latinoamericanos.
Las buenas noticias si se quiere no terminan ahí pues Hasbún, junto a Giovanna Rivero, Maximiliano Barrientos y Wilmer Urrelo han sido incluidos en una antología de 63 jóvenes destacados en la literatura contemporánea de Latinoamérica, elaborada por el escritor peruano Diego Trelles. La versión electrónica de la antología será dada conocer el 1 de julio, y una semana después saldrá la versión en papel, según indicó Trelles.
Estos nombres figuran junto a los de Edmundo Paz Soldán, Homero Carvalho Oliva, Víctor Hugo Viscarra, Virginia Ayllón y Adolfo Cárdenas en otra recopilación de obras de autores nacionales, elaborada por el argentino Nicolás García Recoaro, que también publicó un extenso artículo sobre la historia de las letras nacionales en el diario Página 12. García Recoaro justificó la elaboración de la antología que está por publicar afirmando que “me interesó trazar un mapa de la narrativa contemporánea boliviana, porque salvo el caso increíble de Edmundo Paz Soldán, prácticamente no se la conoce fuera de Bolivia”.

La Búsqueda
Bolivia es un país donde los escritores viven una realidad económica que no les permite dedicarse profesionalmente a su vocación literaria, esta situación es una realidad indiscutible a pesar de que son varios los ejemplos de autores que han logrado buenos frutos con su trabajo.
En ese sentido, algunos representantes de esta nueva generación de escritores nos ayudan a responder las interrogantes que conlleva esa paradoja; nos señalan hacia dónde apuntan sus trabajos y explican cuáles son los elementos esenciales en la búsqueda de un escritor.
Originalidad, esfuerzo y una disciplina constante son algunos de los requisitos para sobresalir en estos tiempos, según el criterio de los mismos autores. “Hoy se escribe con mayor profesionalismo porque se busca la rigurosidad, los tiempos así te lo exigen. En los años 80 y parte de los 90 se veía como una pose que el escritor sea indisciplinado e informal, hoy en día hay un mayor compromiso en ese sentido. Aunque no creo que sea imprescindible mantener ese rigor, en mi caso, yo sí necesito concentración y batallar muchas horas frente a la computadora para lograr escribir algo que me convenza”, señaló Wilmer Urrelo, ganador del Nacional de Novela 2007 por Fantasmas asesinos.
Por su parte, Maximiliano Barrientos añadió que la suma de la disciplina, el trabajo, la suerte y la constancia hacen a la vocación. “Yo no creo que en ningún momento de la historia haya sobrevivido la obra de un escritor sin vocación. Me resultan muy ‘poseros’ los escritores que intentan justificarse diciendo que escriben ocasionalmente, que no se toman en serio, que lo hacen como una joda. Prefiero al escritor que se juega todo y luego fracasa; prefiero esos perdedores a los cínicos, a los que se ríen y nunca arriesgan por miedo al fracaso. Ese cinismo es otra forma de la mediocridad”, expresó el autor de Hoteles.
Sebastián Antezana sorprendió al ganar el más reciente Premio Nacional de Novela, no sólo por su edad (25 años) sino también porque superó a escritores con mayor tradición como Néstor Taboada, que recibió una mención del jurado. Antezana está convencido de que para llegar lejos, un escritor debe asumir su carrera con seriedad. “Es necesario un continuo ejercicio de escritura y literatura, darle sus horas específicas en el día a esta práctica. Es la única forma, nuestro ambiente es muy difícil para un escritor, los obstáculos de tipo económico dificultan más la tarea, entonces se hace necesario que el esfuerzo del escritor sea el doble para que pueda sobresalir”, afirmó el paceño.
Luego de haber recibido el Premio Noveles Escritores en la pasada Feria del Libro de Santa Cruz, Paola Senseve quiere tomarse un tiempo para poder labrar su futuro como escritora y no quedarse sólo como una ‘promesa’. “Debo seguir escribiendo para mantenerme a la altura de las circunstancias. El premio es un gran trampolín pero no es lo único que me queda. Tampoco me quiero apresurar ni encasillarme en algún género literario específico”, aseveró Senseve, que también celebró la diversidad en las obras de los nuevos escritores.
De similar criterio es Róger Otero, que recién publicó el compendio de relatos El arte de escribir sin escribir. A diferencia de autores como Hasbún o Barrientos, que se inclinan por historias más cercanas a la realidad de los jóvenes de su generación, Otero busca salir del tedio de la cotidianidad acercándose al género fantástico. “Cuando comencé a escribir, no me propuse hacer un libro que tenga un hilo conductor de temas. Lo hice porque me gusta escribir. Luego me di cuenta de que el género fantástico era un elemento en común en la mayoría de mis cuentos. Todos tenemos un objetivo al momento de escribir, pero en el camino le vamos dando forma a nuestro estilo”, aseguró Otero.
Al respecto, Barrientos añadió: “Todo escritor, en algún momento de su vida, va a desear contar una historia como lo hacía Hemingway y Scott Fitzgerald, Carver o Salter. Esa linealidad, esa sencillez es muy difícil de alcanzar. Contar una historia que conmueva sin uso de artificios es muy complicado. Lo único que le queda al escritor es trabajar mucho y leer todavía más, publicar, aprender de los errores y seguir leyendo y viendo mucho cine. No quedarse con los elogios locales. No dormirse”.

“Nos hemos despojado de algunos lastres ”
Rodrigo Hasbún / Escritor

¿Qué significado tienen para vos los premios que has ganado?
– Son alicientes que uno agradece, palmadas en la espalda que nunca vienen mal. Pero no creo que haya que darles más importancia de la que tienen. Es un honor y una alegría y ya está, dos segundos después la vida sigue siendo idéntica a sí misma y es hora de seguir. Enfrentando la guerra diaria. Luchando contra los fantasmas de siempre. Intentando hacer algo de valor.
– ¿Qué aspectos están presentes en tu búsqueda como escritor?
– Me gustaría construir libros que no caigan despedazados a la tercera página. Narrar con honestidad y sin temerle a los sentimientos, a las intermitencias del corazón, a nuestras debilidades y a nuestras hazañas secretas. No tengo ni la capacidad ni la intención de retratar a una sociedad ni a una clase ni a una generación. Entonces miro hacia lo que está aún más cerca y procuro erigir una literatura a partir de eso, de historias pequeñas, cotidianas, aparentemente insignificantes. Las cosas más grandes a menudo se revelan ahí.
– ¿Los escritores de tu generación están dando la pauta sobre la nueva forma de hacer literatura?
– Siento que en Bolivia hemos empezado a despojarnos de algunos lastres que agobiaban. A la figura del artista iluminado y maldito se le antepone ahora, como vía distinta, la del que asume su arte con valentía y dedicación. Por ese mismo camino, al fin, sobre todo entre la gente más joven, se le ha dejado de exigir a la literatura ese compromiso social incómodo, dándole más cabida a la búsqueda formal. A todo esto se le suma una mayor apertura hacia lo que sucede afuera del país. Hay mejores posibilidades que hace un tiempo y la nueva generación las está explotando al máximo.
– ¿Existen algunas reglas para llegar al lector?
– Las reglas, en literatura, conducen invariablemente a la mala literatura, a la literatura prefabricada, fácil, inocua.
– ¿Qué destacas de los cambios en los géneros literarios tradicionales?
– Siento que propician una mayor libertad. Esa fusión de géneros y esa irreverencia le restan solemnidad a la literatura, la aproximan, ayudan a devolverle la cercanía que debería corresponderle.
– ¿Bajo qué condiciones debería trabajar un escritor?
– Hay dos aspectos importantes, uno relacionado con la formación del escritor y otro con las condiciones de las que dispone para trabajar. En ambos, a pesar de los avances, lo que ofrece el país es poco. Por un lado, está por ejemplo el acceso a buenas bibliotecas y librerías o el contacto enriquecedor que propicia, digamos, una conferencia de un escritor realmente admirado. Por el otro, que becas de creación, un mercado editorial sólido o colaboraciones remuneradas puedan permitir al escritor dedicarle más tiempo y energía a la literatura.

Edmundo Paz Soldán | Escritor
Literatura con aires de renovación

Corren aires de renovación en la narrativa boliviana. Una literatura anclada en la tradicional exploración de la problemática social del país está dando lugar a una literatura de temática más abierta en la que, muchas veces, lo principal parece ser el deseo de indagar en la intimidad del individuo. Una literatura en la que durante buena parte del siglo XX, la mina y el campo fueron los paisajes centrales, está ahora casi exclusivamente centrada en las ciudades. En escritores como Giovanna Rivero, Rodrigo Hasbún y Maximiliano Barrientos no aparece de manera frontal la profunda crisis sociopolítica que vive actualmente Bolivia. El quiebre del modelo neoliberal, el ascenso del neopopulismo de la mano de Evo Morales y el surgimiento de modelos autonómicos contestatarios al centralismo del Estado nacional no tienen su correlato en cuentos o novelas que sitúen al individuo en ese traumático escenario histórico. Quizás esto se deba al hecho de que la narrativa boliviana se ha hallado, prácticamente desde el siglo XIX, esclavizada a narrar la problemática nacional en clave sociológica y antropológica; la tradición, cuando se convierte en obligación, es una carga de la que estos escritores buscarían liberarse, consciente o inconscientemente. Por otro lado, si bien en la mayoría de los textos de estos escritores no hay un fondo histórico reconocible, lo que se ve es la sensación de incertidumbre, la confusión de la clase media boliviana ante el panorama social. Así, de manera indirecta, al bucear en el aprendizaje hacia nuevas sensibilidades, estos escritores estarían narrando la crisis social y política. Si la novela, como quería Balzac, es la vida privada de las naciones, entonces la obra de estos narradores es la intimidad de una crisis que aparece cotidianamente en los periódicos.
Hay libertad temática y formal; mucho talento e imaginación. Con un poco de suerte y una mejor infraestructura para apoyar la difusión de las obras y de los escritores, la narrativa boliviana dará el salto que anuncia hace un buen rato, para hacerse más conocida de lo que es en el vigoroso escenario presente de la literatura latinoamericana.

Fuente: www.eldeber.com.bo



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