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A pocos días del inicio de la XIII Feria del Libro de La Paz

La XIII Feria del Libro reúne la literatura de diez países

La literatura y la cultura de 10 países de América y Europa estará presente en la XIII Feria Internacional del Libro, que se realizará en el campo ferial de Següencoma, del 14 al 24 de agosto. Ayer, representantes de la Cámara Departamental del Libro de La Paz, la Alcaldía Paceña, el Ministerio de Educación y la Vicepresidencia lanzaron oficialmente el evento que ostenta el título de Patrimonio cultural paceño.

“Esta será una fiesta en familia, porque Bolivia y sus escritores serán los homenajeados”, dijo Carola Ossio, presidenta de la Cámara Departamental del Libro de La Paz (CDL). Desde este año, la presidencia de la Cámara Boliviana del Libro —que recaía en manos paceñas— rotará entre las cámaras departamentales.

La XIII FIL no sólo invitará a escritores bolivianos radicados dentro y fuera del país, también presentará un centenar de libros con sellos nacionales. “Además —explicó Ossio— montará una exposición que presentará joyas de la literatura boliviana: desde los primeros libros hasta las añejas imprentas que los produjeron.

La agenda de 10 días consigna jornadas dedicadas a cada departamento y mesas dedicadas a temáticas diversas como: Literatura en tiempos autoritarios, Jóvenes y Literatura contemporánea o Estética alteña.

Entre los invitados internacionales, han confirmado su asistencia el fotógrafo chileno Guy Wenborne y el escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez, autor de La mano de fuego, entre una veintena de novelas.

En la presentación, realizada ayer en el hall de la Vicepresidencia, María Luisa Soux, en representación del Ministerio de Educación, llamó a crear una alianza solidaria que incentive la alfabetización y la lectura. La iniciativa fue reforzada por Luis Oporto, director del Archivo Nacional, quien, en representación de la Vicepresidencia, instó a implementar un plan estratégico para incrementar los lectores.

Finalmente, el alcalde Juan del Granado aseguró que esta FIL será “un ensayo” a lo que será, el 2009, la Feria del Bicentenario.

Novedades bolivianas

Al menos un centenar de libros, publicados por distintos sellos editoriales nacionales, se presentarán en la FIL. Ayer, el alcalde Del Granado entregó a la presidenta de la Cámara del Libro los tres primeros tomos de la Biblioteca del Bicentenario.

Entre las novedades figuran: El misterio del manuscrito de Sebastián Antezana (Premio Nacional de Novela), La virgen de los deseos de Néstor Taboada Terán, El atraco de Calamarca de Enrique Rocha, El general y sus presidentes de Robert Brockmann y el Premio Tamayo.

Fuente: La Razón

Ojo de vidrio

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Teoría marxista de la buena mesa
Por: Ramón Rocha Monroy

Uno tiene sentimientos, gustos y preferencias; son tan personales que el sentido común ha acuñado un refrán sobre ellos: Contra gustos, no hay disputas. Cada sabe lo que hace y muy su gusto. Por eso cada individuo tiene sus pantuflas favoritas que no las cambia por otras, sin importarle lo que valgan en el mercado.

El mercado, en cambio, es un escenario frío y crudo, un escenario sin alma donde reina la más abstracta de las cosas: el dinero. Antes el dinero era oro físico, plata física, granos de cacao, diamantes y perlas; ahora es un simple papel en el cual uno confía.

Tenemos, pues, dos escenarios: el de nuestros gustos y el del mercado. Recuerdo ahora una precisión de Marx (El Capital, Tomo I, traducido por Wenceslao Roces y adaptado por el Ojo; otras versiones no sirven) cuando dice: Y allá va el burgués, orondo y satisfecho, sabiendo lo que puede comprar con su dinero: unos suculentos bifes; y detrás va el obrero, caviloso y taciturno, sabiendo lo que le espera a quien vende su pelleja: que se la curtan, porque los centavos que exhibe no le alcanzarán ni para un api con pan duro.

El burgués y el obrero aparecieron en escena frente a una necesidad cotidiana: el hambre, y un remedio para satisfacerla: la comida. El burgués buscará un bife a su antojo y cuando lo coma, no pensará en el precio de cada ingrediente sino en el sabor de conjunto; el obrero buscará un api en oferta y cuando lo beba se dirá que al menos está cargando energías. Ambos se han enfrentado al valor de uso por excelencia: la comida.

Es posible que el rico que invierte en comprar un restaurante haga cálculos sobre sus ganancias, pero el cocinero de oficio, a quien por supuesto le inquieta el monto de sus ganancias, pensará más bien en la combinación justa de valores de uso para producir un valor de uso superior: el filete a la Termidor, el bife Tournedos o la chanka de conejo.

El hombre que come aprecia las cosas que le sirven por su sabor y su textura, por la combinación de ingredientes, por la nube de placer que cruza el cielo de su paladar. Aunque le haya costado caro, por un momento suspende el juicio mercantil y se sumerge en esos devoradores de valores de uso que son los sentidos, porque las mercancías son cosa de la razón, no de los sentidos.

Así pues, el artista de la cocina y el gourmet se articulan por un mecanismo que no es el dinero abstracto ni el cálculo racional del mercado, sino la pulsión cálida y perfumada del bife término medio o el arroz sueltito o la salsa sutil o la pasta al dente o la mermelada en su punto.

Retorna Marx a escena con otra precisión que proviene de su estudio sobre el fetichismo de la mercancía. (El Capital, Tomo I, traducción de Wenceslao Roces ajustada por el Ojo; abstenerse de consultar otras): Un filete es un corte de carne; unas cebollas, unas papas, un diente de ajo, unos pimentones, un par de locotos, un chorro de aceite, una copa de vino son apenas eso. Pero juntos en una sartén honda y al calor del fuego se vuelven físicamente metafísicos, se alzan sobre sus invisibles pies y danzan la mazurca de la buena mesa.

Fuente: Ecdotica

Entrevista a Giovanna Rivero

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Giovanna Rivero ficcionalizada
Por:Martín Zelaya Sánchez

El universo de Giovanna Rivero trocó, en los dos últimos años, en una sucesión de nuevas experiencias, desafíos y sorpresas. Lo irreal e inexplicable que de tan repetidos terminan por hacerse comunes, y la capacidad de identificar rarezas en un ambiente donde lo único extraño es uno mismo, pueblan las páginas de Tukzon, historias colaterales (La Hoguera), su nuevo libro que acaba de presentar en Santa Cruz de la Sierra.

Pero más allá de su literatura, se nota en la charla y la actitud de la autora de Las Camaleonas —que termina sus vacaciones y se apresta a volver a EEUU para culminar su maestría en Literatura Hispana en la Universidad de Florida— ese inextricable halo que cubre a las personas que atraviesan una etapa decisiva en su vida. Así decisivo es también, según confiesa, este su nuevo texto para su ya reconocida trayectoria en las letras nacionales.

En un respiro de un raudo y ajetreado paso por La Paz, Giovanna habla de su (re) descubrimiento de la ficción narrativa, de su trascendental experiencia en el país del norte, y de sus apegos y quehaceres literarios.

—¿Cuál es la naturaleza y esencia de “Tukzon, relatos colaterales”?

—La ficción. Todo es ficción de pies a cabeza, desde acá hasta acá (señala la primera letra del título de su libro y la última de la reseña de contratapa). He recreado atmósferas en las que nunca antes había incurrido, quise explorar todas las posibilidades que me dio un ejercicio placentero de vivir, crear y recrear ficción.

—¿Cuánto de Bolivia y de EEUU tiene el libro, más allá de su ambientación, en lo referente a la inventiva y estímulos que te llevaron a escribirlo?

—Algunos relatos los empecé hace unos dos años en Santa Cruz, pero la mayoría los trabajé allá en Estados Unidos. Por eso es que también lo considero como un libro sobre la extrañeza, sobre todo lo nuevo que me tocó vivir desde el duro invierno y la “gringuez” clásica y estereotípica de Arkansas, hasta la Florida calurosa y refugio de residuos: inmigrantes, ancianos, excombatientes, convalecientes, etcétera.

En Florida me sentí rodeada de mutantes (obesos, locos, mutilados) y de pronto me di cuenta de que yo también, allá, tengo ciertos rasgos que me hacen encajar en ese perfil de gente extraña. Ése es el mundo que trasciende las páginas de Tukzon, el mundo del error vuelto ley.

—¿Y qué hay de Tucson, Arizona?

—Hasta eso es ficción. Es decir, me refiero, claro, a esa región fronteriza –—todo lo que se narra está en la frontera literaria de lo real y lo irreal— pero también con intención de fabular. Partiendo de que Tucson se escribe con “cs” y no con “kz”.

—¿Algo hila en un todo a los relatos?

—Son independientes, pero mi intención fue vincularlos como totalidad con una especie de río subterráneo, es decir, el sentido aparece recién y solamente en la lectura secuencial, que es la que recomiendo.

—¿Cómo fue el proceso creativo?

—Lo hice de noche, de 21.00 a 05.00, otro factor de extrañeza, pues mi vida, mi rutina me volvieron una “vampira”. En la mañana dormía, me levantaba para almorzar, hacía los deberes de la universidad y luego a pasar clases en la tarde.

—Pocas veces los escritores consumados, empedernidos, y creo que tú lo eres, se dedican sólo a un proyecto, ¿qué otras cosas tienes en la galera?

—En medio de Tukzon apareció una novela, que ya casi está lista, es más, creí que la iba a publicar antes, pero por todas las cosas que te conté este libro de relatos me apasionó más y quedó redondo antes.

De la novela, que aún no tiene título, puedo adelantar que uno de los registros es el punto de vista de una joven que crece en una ciudad pequeña —digamos que Montero— muy afectada por la violación de una chica que conmocionó al pueblo.

—Háblame de tus lecturas, las que te conmueven ahora, las que influyeron en tus recientes obras, las de siempre…

—Tuve una última etapa, la de Tukzon, en la que me acerqué mucho a la ciencia ficción “trash” de Diego Nielsen, y también me encantó Wasabi de Alan Pauls. Cuando escribí Las Camaleonas me movió mucho El Amante de Marguerite Duras.

Hablando de esos libros trascendentales, hay uno muy extraño que se llama Interlunio, interludio de Ercole Lissardi, un uruguayo desconocido del que no sé nada, gracias a lo cual, creo, que lo que realmente me cautiva es su narrativa. Cuenta una historia entre erótica y ficticia de los contrastes entre una sociedad de cretinos y otra de raza superior.

—¿Qué libros te estás llevando?

Hoteles de Maximiliano Barrientos, Vaginario de Paola Senseve, Ciudadano X de Emilio Martínez y sigo buscando más.

Fuente: La Prensa

Cuento del mes. Una selección de Bartolomé Leal. Agosto 2008

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Cuento del mes, una selección de Bartolomé Leal
Para el mes de agosto, tenemos el placer de compartir el cuento Respuesta de Fredric Brown.
Una vieja foto de fines de los años 40 muestra a Fredric Brown (1906-1972), tal vez el único gran maestro en dos géneros, el policial y la ciencia-ficción, disfrazado de marciano, con antenas, orejas protuberantes y ojos pedunculados, su mujer amarrada con una cadena cual esclava. Este autor tímido y borroso, que detestó ser puesto en vitrina, produjo algunos de los cuentos más lúcidos e inquietantes del siglo XX, y un puñado de novelas imperdibles como Universo de locos y ¡Marciano, vete a casa! El cuento que presentamos, una premonición de la red virtual que quita el aliento, pertenece a su libro Ángeles y naves espaciales, publicado en 1954.
Fuente: www.ecdotica.com

Un poco más sobre Tukson, la nueva novela de Giovanna Rivero

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Giovanna Rivero lanza “Tukzon”, un trabajo que da un viraje a su obra erótica.
Por: Liliana Carillo

“Estoy satisfecha porque escribo lo que me da la gana”, dice la escritora Giovanna Rivero, mientras ojea las 186 páginas de su nueva novela, Tukzon, obra que marca un viraje en su narrativa tradicionalmente erótica. “En realidad -se corrige- yo escribo lo que la ficción me manda”.

La narradora cruceña ha vuelto después de un año, aprovechando una vacación en la maestría de Literatura Hispanoamericana que estudia en Estados Unidos. “Me estoy metiendo a lo académico, pero no quiero dejar lo creativo, que me constituye”, confiesa con el acento cruceño que conserva aunque ahora salpicado de palabras en inglés.

Escribió Tukzon en un año y a partir de la historia de una periodista boliviana que investiga el tráfico de órganos en Arizona y el heart land del centro de EEUU hasta llegar al “metamundo” que bautizó como Terox. Pero la trama no fue más que un pretexto para lo que Giovanna Rivero quería: “Jugar con las posibilidades de la ficción, que son infinitas. Si tuviera paciencia, este libro pudo ser infinito”, explica la autora.

¿Ha dejado la veta erótica? “No, aunque aquí, más que una narrativa erótica, hay un guiño a las snuff movies. Y es que quería jugar con las atmósferas: pasar de una atmósfera de ciencia ficción a una policial, a otra dark y a otra paródica”, explica Rivero.

Está satisfecha con su novela. “Al terminar veía las páginas y era como revisar las partes de mi engendro para verificar que sea realmente monstruoso”, ríe con su ocurrencia y añade: “El placer está en escribir lo que querés y hacer coherente ese nihilismo con la coherencia literaria”.

Mientras trabaja en otra novela, que se engendró aun antes que Tukzon, Giovanna Rivero asegura que goza la beca que le permite hacer de la literatura un oficio. “Viviendo en otra cultura he descubierto que el boliviano tiene una sensibilidad permeable que le permite entender otras sensibilidades. Puede deberse a la mediterraneidad que si bien nos encierra en el autismo, también nos obliga a acercarnos a los otros, los vecinos”.

Esa apertura que ha descubierto en el boliviano que le permitiría ser universal dialoga muy poco con el llamado boom literario cruceño que defendió la escritora. ¿Qué ha cambiado?

“Ahora puedo mirar el mismo fenómeno desde dos lugares porque estar en otra cultura te cambia -argumenta-. Sigo creyendo que Santa Cruz vive, dentro de todo su caos, uno de los más interesantes ratos de su cultura y muchas artes han influido en esa efervescencia. Siempre hubo buenos escritores, pero ahora sí hay una camada de jóvenes que comparten objetivos: Maximiliano Barrientos, Liliana Colanzi, Emma Villazón, Róger Otero y otros”.

Pero, reconoce la narradora, ello no garantiza un boom: “El boom de antes para mí ha dejado de ser una camiseta regional y se ha convertido en una fe que desde cualquier lugar de Bolivia se puede hacer literatura”, opina.

Aún falta un año para el retorno definitivo de Giovanna Rivero y el futuro es difuso para la escritora. “No sé qué vaya a pasar, si me quedo o vuelvo, sólo tengo una certeza y es la literatura”.

Fuente: La Razón



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