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Pérez-Reverte y el canon



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Pérez-Reverte y el canon
Por: Edmundo Paz Soldán

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de asistir a la II Cita Internacional de la Literatura en Santillana del Mar, auspiciada por La Oficina del Autor (Grupo Prisa). El encuentro convocó a un grupo de críticos, escritores, editores, traductores y agentes, para discutir la obra de Mario Vargas Llosa, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Si bien las discusiones fueron apresuradas, por culpa del formato –demasiados exponentes para muy poco tiempo–, el encuentro dejó cosas interesantes con respecto al estado actual de la literatura en español.

Aunque hay voces que desde hace unos años insisten en decir que ya no tiene sentido hablar de un canon de la literatura en español -Josefina Ludmer, Jorge Volpi, recientemente Washington Cucurto–, lo cierto es que todavía se hace indispensable discutir en torno a una serie de autores y textos que puedan ser reclamados como una suerte de bien común. Lo que ha cambiado, quizás, es que el canon se ha hecho mucho más fluido, y son más las voces que lo construyen (o desarman). Los académicos y los críticos del periodismo cultural, al igual que los grandes grupos editoriales (como el relacionado con la Cita Internacional), todavía tienen cierto privilegio a la hora de decidir qué autores, qué obras importan; sin embargo, hoy los bloggers literarios han crecido en importancia, al igual que los escritores que son figuras mediáticas. La construcción del canon se ha desjerarquizado; los que sólo piensan en cierta noción purista de valor estético, los que insisten en defender cierta idea “difícil” o experimental de la literatura, ya no tienen asegurada que su opinión será definitoria.

Nadie duda de que Vargas Llosa y Marías han hecho méritos suficientes para que incluso sus detractores los consideren parte imprescindible del corpus de la literatura contemporánea en español (o mejor: de la literatura a secas), pero, ¿Pérez-Reverte? Hace cinco años que Pérez-Reverte pertenece a la Real Academia de la Lengua, lo cual para muchos ha sido visto como una legitimación de una literatura comercial y populista que iría a contrapelo de la obra de autores “serios”. En los dos últimos años, Pérez-Reverte también ha ganado un par de premios importantes en Francia e Italia. Hay críticos de peso en España, como Pozuelo Yvancos, que lo defienden a rajatabla. Por último, el que Vargas Llosa y Marías hayan aceptado estar en esta Cita junto a Pérez-Reverte, le da un espaldarazo más al autor de El pintor de batallas. Si los grupos editoriales, los premios, un sector destacado de la crítica y escritores de primer nivel, han convenido de pronto en ponerse de acuerdo, entonces lo único que el encuentro de Santillana del Mar parecería dejar claro es que Pérez-Reverte pertenecería ya al canon de la literatura en español.

Aira, Fogwill y Tabarovsky, entre otros escritores argentinos, seguro estarán en desacuerdo, porque en su práctica y teoría hay una constante defensa de una literatura en las antípodas de lo que hace Pérez-Reverte (y que, en Argentina, representan, a su manera, autores como Pablo de Santis y Guillermo Martínez). Pero quizás lo que esté pasando sea simplemente un aggiornamiento en la forma en que se establece el canon de la literatura en español. En Estados Unidos, en la última década, han entrado a formar parte del canon autores de géneros considerados comerciales y menores, como Chandler, Lovecraft y Philip Dick; más temprano que tarde, Stephen King será reclamado como un imprescindible.

Entonces: ¿por qué no Pérez-Reverte? Lo comercial, lo populista, lo que se lee “fácil”, no tendría que ser necesariamente un criterio de exclusión. Habría que leer a contrapelo de estas formas pavlovianas y conservadoras de descartar cierto tipo de literatura (suena raro pero es así: las declaraciones intempestivas de autores como Aira y Vallejo, grandes defensores del valor de lo “difícil”, tienen un tufillo conservador), e ir a buscar adonde sea necesario –incluso en el supermercado– textos en los que nos reconozcamos todos. ¿No será hora de volver a leer a Vargas Vila e intentar recuperarlo?

Fuente: La Tercera, 14 de julio, 2008



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