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Tambor Vargas y Che Guevara, dos diarios de guerrilla



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Tambor Vargas y Che Guevara, dos diarios de guerrillas
Por:Néstor Taboada Terán

El lunes 7 de julio, en el piso 27 del edificio del Banco Central de Bolivia en La Paz, hubo un acontecimiento de notable importancia cultural: se dio inicio al proyecto de edición, por vez primera, del diario del comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia, en edición facsimilar.

La idea se aprobó en una reunión extraordinaria de los consejeros de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia: Fernando Illanes de la Riva, Teresa Gisbert, Mariano Baptista Gumucio, Cecilia Bayá Botti, Juan Carlos Calderón, Néstor Taboada Terán y Alberto Bailey Gutiérrez, en Sucre en 2006.

Presenté a la Fundación Cultural del Banco Central el proyecto de perfecta factibilidad de publicación de la obra y después de un amplio cambio de ideas se aprobó por unanimidad. Hace ya muchos años, tuve el honor de conocer de manos del amigo Antonio Arguedas el histórico manuscrito dejado por el Che en 1967 en los campos de La Higuera; presumiblemente era la copia que luego fue enviada a Fidel Castro. De este cúmulo de documentos auténticos que observaba, solicité autorización de copiar de inmediato el poema A Cristo, en la creencia de tratarse de la autoría del Che, pero posteriormente fue aclarado desde México que su verdadero autor era el poeta español exiliado León Felipe.

El diario en poder de los dictadores militares corruptos (Barrientos, Banzer, García Mesa, Ovando Candia y otros) había sido negociado en Londres con una importante casa de subasta pública. Recuperado por acción del Estado boliviano, se halla en custodia en las bóvedas del Banco Central de Bolivia y el trámite de la Fundación Cultural para su edición por primera vez en formato facsimilar, tardó dos años y medio.

Siempre me he guiado por el axioma de que hemos de hallar lo universal en las entrañas de lo local. Lo más noble y profundo que existe hoy por hoy en Bolivia y América Latina es Ernesto Che Guevara, en su búsqueda del hombre nuevo.

En el mencionado acto del Banco Central, del lunes 7 de julio, los personeros de la editorial Plural hicieron una demostración de escáner con una máquina portátil: ultrasonidos, resonancia magnética, radiaciones ionizantes o rayos X que producen imágenes. El diario del Che en dos cuadernos y un tercero con evaluaciones de sus combatientes, serán parte del libro.

Pero aquella vez en Sucre, no sólo se aprobó este proyeto, sino también de otro diario también de extrema trascendencia, el Diario de un Comandante de la Independencia Americana, escrito por el tambor José Santos Vargas, entre 1814 y 1825.

El descubrimiento del documento lo hizo el investigador Gunnar Mendoza en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Sucre, y en una edición de Siglo XXI, hasta hoy la única y casi ya inencontrable. La transcripción, introducción e índices estuvieron a su cargo. Los originales de los manuscritos de este diario son propiedad del Archivo, dependiente de Fundación Cultural del BCB.

Advierte Gunnar Mendoza: “Si se tratase de encarnar en un tema las tensiones y preocupaciones más intensas y extensas de la humanidad actual, ese tema podría ser el de la revolución: la revolución como realidad tangible ya vivida o viviente, pasada o presente, para unos; como anhelada esperanza para otros; como sombría amenaza inminente o tan sombría perspectiva mediata para los demás: hoy nadie puede ya considerarse o ser considerado inmune al tema de la revolución”.

Los diarios de las guerrillas del tambor Vargas y del Che Guevara, que circularán simultáneamente en octubre, tendrán prólogos de Fidel Castro, ex presidente de Cuba, y Evo Morales, presidente de Bolivia.

Dedicatoria

Al señor Capitán General y presidente Constitucional de la República boliviana, ciudadano Manuel Isidoro Belzu (…)

José Santos Vargas

Como miembro del Estado de la República Boliviana, tengo el grande honor de presentarme ante usted y ponerle en sus manos esta pequeña obrita del Diario histórico de los hechos sucedidos en los Valles de Sicasica (hoy Inquisivi) y Hayopaya escrito por mí mismo con todas sus circunstancias sucedidas en dichos valles de una y otra provincia, de uno y otro partido, tocante a la revolución de nuestra emancipación del gobierno de España.

Expresiones me faltan para manifestarme de alegría por ver mi opinión triunfante sin que quede enemigo alguno común que pueda alterar nuestra dicha y nuestra felicidad, nuestro sosiego y nuestra paz tan deseada de todo hombre que tiene el corazón sano, limpio y pacífico… (Dedicatoria del autor en un ejemplar obsequiado a Belzu)

Luis Luksic, en el recuerdo

Como un tesoro escondido brotó Árbol de escenas, una revista que a principios de los 90 publicaba el viejo Instituto Boliviano de Cultura y que era dirigída por el poeta Álvaro Diez Astete, junto a Juan Carlos Ramiro Quiroga y David Mendoza.

La abro al azar y lo primero que leo es: “He publicado –recuerda ahora frente al ácido vaso de limón– un libro de poemas, Cantos de la ciudad y el mundo. Tenía terminado otro volumen, más logrado, con menos asperezas, pero una vez yendo en el tranvía se escapó de mi bolsillo.

“¿En qué iría pensando cuando la perdió? Quién sabe. Eso no tuvo importancia. Habituado a dejar la corbata en cualquier parte, a vivir su vida libérrima, de adulto que no se resigna a dejar de ser niño, la pérdida de un libro no podía constituir para él un suceso dramático”. Es un artículo transcrito por el viejo diario La Razón del domingo 5 de marzo de 1950, de una nota cuyo autor no consigna, publicado en la revista Panorama de Caracas, Venezuela, que titula Luis Luksic: escritor, pintor y titiritero.

Al leer aquella descripción del artista vuelve a mi memoria la imagen de aquel hombrón de barba blanca que sube dificultosamente unas gradas hasta llegar a una puerta que abre, e ingresa a un departamento cubierto de sombras. Sin decir una palabra, sin siquiera encender una luz, se quita la camisa y se echa sobre un sofá y, casi inmediatamente, comienza a roncar sonoramente. Era la imagen de Luis en el video que me había prestado don Pepe Ballón, para documentar mejor la entrevista sobre el artista nacido en 1910 en Potosí.

“Luksic es un charlista incansable (…) desde su soberbia estampa de hombretón con rostro de chiquillo. Pesa 90 kilos. Mide casi dos metros de altura. El cabello de tono gris se le desperdiga por las sienes…”, describe el articulista. Vuelve la memoria al video y veo a aquel hombre subiendo gradas, esta vez las de un barrio marginal de Caracas. Los niños salen a su encuentro como si hubieran visto al cómplice de travesuras. El hombre se sienta pesadamente en las gradas y uno de los niños se sienta en sus rodillas y empieza a jugar con la larga barba del viejo que ríe bulliciosamente. La música de fondo repite una y otra vez: “Por tu mala maña de irte sin pagar”. Está allí con su grupo de títeres “Jalame la jeta”, para contarles historias a esos niños.

Extraño destino el de los hombres como Luksic, quien pasó su niñez en Oruro y de allí zarpó hacia París, aunque antes había estado en La Paz, Santiago de Chile, Buenos Aires… “Luksic está de paso”, dice al final de la charla en Maracaibo, Venezuela. El periodista no sabía entonces que el artista se quedaría en Caracas, donde moriría en 1988. Luksic tampoco.

Fuente: www.laprensa.com.bo



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