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Premio de novela de Santa Cruz de la Sierra

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Homero Carvalho gana Premio de Novela de Santa Cruz de la Sierra
Por segunda vez uno de los máximos galardones de literatura de Bolivia, del municipio de Santa Cruz, fue para el escritor Homero Carvalho, quién con La maquinaria de los secretos obtendrá la publicación de la obra y una importante suma de dinero. La primera fue vez que lo obtuvo fue en el año 1995 con la obra Memoria de los espejos.
La maquinaria de los secretos ha sido clasificada, por un crítico que leyó los originales, como “una novela de madurez, de un hombre sereno que es capaz de ver nuestra realidad de una forma diferente: cruel, interesante, bella, intrigante; a veces la realidad supera a la fantasía y otras ésta a aquella. “
La pregunta que se hace el lector después de leer esta novela es: ¿Y ¿si todo lo que cuenta fuera cierto? ¿Los servicios secretos controlan nuestras vidas? ¿Realidad o ficción?
La maquinaria de los secretos revela de manera extraordinaria las acciones de los servicios secretos y sus insospechadas consecuencias en la sociedad. Corrupción, atentados, crímenes, droga, suspenso, Carvalho va más allá de las novelas policiales clásicas y de la misma novela negra.
La novela, jugando entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira, plantea la eterna lucha entre el bien y el mal llevando los extremos a planos insospechados, en los que el bien supuestamente creado por el hombre como la representación del poder mismo, es un complejo sistema que manipula a los seres humanos de acuerdo a sus intereses.
Homero Carvalho nos muestra que el poder, como una realidad fabricada para el control de la sociedad, se convierte en uno de los peores males creados por el hombre. Una novela que asusta.
Fuente: http://elnuevodia.info/versiones/20080726_007528/nota_253_639695.htm


En el Cusco el rey

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“En el Cusco el rey” Un thriller andino
Por: Virginia Rioseco Perry

Bartolomé Leal es un escritor chileno pero ha vivido y deambulado en Perú. En su libro En el Cusco el Rey desarrolla un género notable que ha venido indagando desde hace años: la novela negra.

Este género tiene connotados impulsores, entre los cuales destacan los norteamericanos Dashiell Hammett y Raymond Chandler, además de otros eximios e internacionalmente reconocidos autores, como Agatha Christie, Boris Vian, Georges Simenon y Manuel Vázquez Montalbán.

En el libro En el Cusco el Rey, Leal despliega en 14 capítulos un thriller que se desarrolla en Cusco, Puno, Copacabana y La Paz. Se refiere al tráfico de obras de arte del patrimonio cultural andino. Un detective, especialista en el tema, es llamado por una orden religiosa para indagar ese delito que involucra la misteriosa desaparición de pinturas coloniales.

De acuerdo a la nota introductoria del libro, la novela debe su título a un mito –cuya difusión se la debemos a José María Arguedas– que sugiere que el cuerpo de Inkarri, divinidad sincrética descuartizada por los españoles y enterrada en Cusco, se estaría reconstruyendo y que eso explica los movimientos telúricos. Tal mito fue descubierto por el escritor boliviano Mario Unzueta, quien lo deja registrado en su novela Valle (1945).

Como se puede ver, son muchos los vínculos y cruces dignos de un relato como éste, un thriller con detective en versión latinoamericana.

Fuente: Revista “Mensaje”, Santiago, No. 570. Julio de 2008


Tambor Vargas y Che Guevara, dos diarios de guerrilla

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Tambor Vargas y Che Guevara, dos diarios de guerrillas
Por:Néstor Taboada Terán

El lunes 7 de julio, en el piso 27 del edificio del Banco Central de Bolivia en La Paz, hubo un acontecimiento de notable importancia cultural: se dio inicio al proyecto de edición, por vez primera, del diario del comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia, en edición facsimilar.

La idea se aprobó en una reunión extraordinaria de los consejeros de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia: Fernando Illanes de la Riva, Teresa Gisbert, Mariano Baptista Gumucio, Cecilia Bayá Botti, Juan Carlos Calderón, Néstor Taboada Terán y Alberto Bailey Gutiérrez, en Sucre en 2006.

Presenté a la Fundación Cultural del Banco Central el proyecto de perfecta factibilidad de publicación de la obra y después de un amplio cambio de ideas se aprobó por unanimidad. Hace ya muchos años, tuve el honor de conocer de manos del amigo Antonio Arguedas el histórico manuscrito dejado por el Che en 1967 en los campos de La Higuera; presumiblemente era la copia que luego fue enviada a Fidel Castro. De este cúmulo de documentos auténticos que observaba, solicité autorización de copiar de inmediato el poema A Cristo, en la creencia de tratarse de la autoría del Che, pero posteriormente fue aclarado desde México que su verdadero autor era el poeta español exiliado León Felipe.

El diario en poder de los dictadores militares corruptos (Barrientos, Banzer, García Mesa, Ovando Candia y otros) había sido negociado en Londres con una importante casa de subasta pública. Recuperado por acción del Estado boliviano, se halla en custodia en las bóvedas del Banco Central de Bolivia y el trámite de la Fundación Cultural para su edición por primera vez en formato facsimilar, tardó dos años y medio.

Siempre me he guiado por el axioma de que hemos de hallar lo universal en las entrañas de lo local. Lo más noble y profundo que existe hoy por hoy en Bolivia y América Latina es Ernesto Che Guevara, en su búsqueda del hombre nuevo.

En el mencionado acto del Banco Central, del lunes 7 de julio, los personeros de la editorial Plural hicieron una demostración de escáner con una máquina portátil: ultrasonidos, resonancia magnética, radiaciones ionizantes o rayos X que producen imágenes. El diario del Che en dos cuadernos y un tercero con evaluaciones de sus combatientes, serán parte del libro.

Pero aquella vez en Sucre, no sólo se aprobó este proyeto, sino también de otro diario también de extrema trascendencia, el Diario de un Comandante de la Independencia Americana, escrito por el tambor José Santos Vargas, entre 1814 y 1825.

El descubrimiento del documento lo hizo el investigador Gunnar Mendoza en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Sucre, y en una edición de Siglo XXI, hasta hoy la única y casi ya inencontrable. La transcripción, introducción e índices estuvieron a su cargo. Los originales de los manuscritos de este diario son propiedad del Archivo, dependiente de Fundación Cultural del BCB.

Advierte Gunnar Mendoza: “Si se tratase de encarnar en un tema las tensiones y preocupaciones más intensas y extensas de la humanidad actual, ese tema podría ser el de la revolución: la revolución como realidad tangible ya vivida o viviente, pasada o presente, para unos; como anhelada esperanza para otros; como sombría amenaza inminente o tan sombría perspectiva mediata para los demás: hoy nadie puede ya considerarse o ser considerado inmune al tema de la revolución”.

Los diarios de las guerrillas del tambor Vargas y del Che Guevara, que circularán simultáneamente en octubre, tendrán prólogos de Fidel Castro, ex presidente de Cuba, y Evo Morales, presidente de Bolivia.

Dedicatoria

Al señor Capitán General y presidente Constitucional de la República boliviana, ciudadano Manuel Isidoro Belzu (…)

José Santos Vargas

Como miembro del Estado de la República Boliviana, tengo el grande honor de presentarme ante usted y ponerle en sus manos esta pequeña obrita del Diario histórico de los hechos sucedidos en los Valles de Sicasica (hoy Inquisivi) y Hayopaya escrito por mí mismo con todas sus circunstancias sucedidas en dichos valles de una y otra provincia, de uno y otro partido, tocante a la revolución de nuestra emancipación del gobierno de España.

Expresiones me faltan para manifestarme de alegría por ver mi opinión triunfante sin que quede enemigo alguno común que pueda alterar nuestra dicha y nuestra felicidad, nuestro sosiego y nuestra paz tan deseada de todo hombre que tiene el corazón sano, limpio y pacífico… (Dedicatoria del autor en un ejemplar obsequiado a Belzu)

Luis Luksic, en el recuerdo

Como un tesoro escondido brotó Árbol de escenas, una revista que a principios de los 90 publicaba el viejo Instituto Boliviano de Cultura y que era dirigída por el poeta Álvaro Diez Astete, junto a Juan Carlos Ramiro Quiroga y David Mendoza.

La abro al azar y lo primero que leo es: “He publicado –recuerda ahora frente al ácido vaso de limón– un libro de poemas, Cantos de la ciudad y el mundo. Tenía terminado otro volumen, más logrado, con menos asperezas, pero una vez yendo en el tranvía se escapó de mi bolsillo.

“¿En qué iría pensando cuando la perdió? Quién sabe. Eso no tuvo importancia. Habituado a dejar la corbata en cualquier parte, a vivir su vida libérrima, de adulto que no se resigna a dejar de ser niño, la pérdida de un libro no podía constituir para él un suceso dramático”. Es un artículo transcrito por el viejo diario La Razón del domingo 5 de marzo de 1950, de una nota cuyo autor no consigna, publicado en la revista Panorama de Caracas, Venezuela, que titula Luis Luksic: escritor, pintor y titiritero.

Al leer aquella descripción del artista vuelve a mi memoria la imagen de aquel hombrón de barba blanca que sube dificultosamente unas gradas hasta llegar a una puerta que abre, e ingresa a un departamento cubierto de sombras. Sin decir una palabra, sin siquiera encender una luz, se quita la camisa y se echa sobre un sofá y, casi inmediatamente, comienza a roncar sonoramente. Era la imagen de Luis en el video que me había prestado don Pepe Ballón, para documentar mejor la entrevista sobre el artista nacido en 1910 en Potosí.

“Luksic es un charlista incansable (…) desde su soberbia estampa de hombretón con rostro de chiquillo. Pesa 90 kilos. Mide casi dos metros de altura. El cabello de tono gris se le desperdiga por las sienes…”, describe el articulista. Vuelve la memoria al video y veo a aquel hombre subiendo gradas, esta vez las de un barrio marginal de Caracas. Los niños salen a su encuentro como si hubieran visto al cómplice de travesuras. El hombre se sienta pesadamente en las gradas y uno de los niños se sienta en sus rodillas y empieza a jugar con la larga barba del viejo que ríe bulliciosamente. La música de fondo repite una y otra vez: “Por tu mala maña de irte sin pagar”. Está allí con su grupo de títeres “Jalame la jeta”, para contarles historias a esos niños.

Extraño destino el de los hombres como Luksic, quien pasó su niñez en Oruro y de allí zarpó hacia París, aunque antes había estado en La Paz, Santiago de Chile, Buenos Aires… “Luksic está de paso”, dice al final de la charla en Maracaibo, Venezuela. El periodista no sabía entonces que el artista se quedaría en Caracas, donde moriría en 1988. Luksic tampoco.

Fuente: www.laprensa.com.bo


OJO DE VIDRIO

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Certificado de divorcio
Por: Ramón Rocha Monroy

Es curioso que no lo lamente ni me sienta triste al anunciar mi divorcio absoluto de una dama que me acompañó con insólita fidelidad desde mis 14 años.

Los últimos días de romance fueron particularmente agitados, acaso porque intuíamos la separación definitiva. La Dama del Dulce Bouquet se empecinó en copar todas mis horas y yo me dejé llevar. No se adivinaban siquiera las fisuras en nuestra relación, pero la cosa explotó de pronto y no la vi más.

En broma suelo decir que yo no quise dejarla y que ella me dejó, pero la ruptura fue una decisión mutua. Nos dejamos, como dice el corrido mexicano. Quizá sólo yo percibía que ella bostezaba a solas conmigo, añorando días de vino y rosas que vivimos en olor de multitudes. Quizá añoraba otros labios y otros paladares sedientos porque de pronto se me agriaba, se me hacía insoportable y entonces la escondía en un rincón y salía a la calle tratando de disimular el idilio a punto de romperse o de simular interés en otras relaciones.

Se vino la crisis y una mano amable trató de borrar toda huella suya en mi casa, en tanto yo trataba de sobrevivir a la ruptura con atención especializada. Volví al cabo y me conmovió la inocencia de la limpiadora porque sólo yo sabía dónde había escondido las últimas huellas de ese amor que había durado más de cuatro décadas.

En esa larga relación, no adquirimos ningún bien inmueble o mueble, quizá juegos de vasos y recipientes que hoy son más bien restos de colección. Nos gastamos hasta el último quivo alimentando esa pasión común, y al final no teníamos nada para la repartición de bienes.

No engendramos hijos, pero mi dulce dama gozó en todo momento de la compañía de dos amigas aromáticas y sensuales de vago origen griego: Euforia e Hiperestesia, y de un ahijado, llamado Insomnio. Nos acompañó también el T’istapi, un llokhalla liso de nombre aymara, íntimo amigo del Ch’aki, también andino, y ambos prestos a hacer buenas migas con un personaje picante y oportuno: el Umajampicu. que crecieron muy unido a nosotros pero se fueron por esos mundos no bien rompimos. Quizá se fueron con ella, pues no en vano eran tan afines, pero me dejaron con un ahijado menorcito y todavía débil, a quien aprecio cada vez más. Se llama Sueño.

No abrigo rencores; al contrario, guardo hermosos recuerdos. Estas cuatro décadas, depuradas por la memoria, son una sucesión de días y noches vitales, felices, repletos de caricias, de música, danza y besos. Nadie se imagina los momentos felices que pasé con esta inolvidable compañera. Como Job, me digo: Fue bueno mientras duró.

A veces me detengo en cualquier tienda a contemplar las imágenes de La Dama de Lánguido Mirar, que adopta mil formas incitantes. La bendigo de todo corazón y pido al Cielo que otros la disfruten y la llenen de mimos y besos; que la agoten y aprecien; que la compartan sin sentir celos; que la amen y no la reduzcan a una adicción; que saboreen sus jugos vitales y sean felices con ella, como lo fui yo antes de resignarme apaciblemente a esta soledad que no me agobia porque es un ecran poblado con la memoria de un estallido.

Fuente: www.ecdotica.com


Tukson. Historias colaterales. Presentación de Giovanna Rivero

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Tukson de Giovanna Rivero
(Texto leído por Giovanna Rivero en la presentación de su libro Tukson, historias colaterales)

Como muy bien saben mis amigos cercanos, mis padres, mis hijos, los que me conocen íntimamente, la literatura es mi vida, mi tirana, mi camino y mi elección. Junto a Alejandro e Irene, la literatura completa un triángulo amoroso que, debido a su gran precio y exigencia, no siempre es equilátero, a veces adquiere vértices tan agudos que cuesta respirar. Sin embargo, felizmente, aquí estamos de nuevo, ahora con “Tukzon, historias colaterales”, un libro que comencé a escribir hace un par de años y que, me enorgullece decirlo, cobró por fuerza propia, una forma que ahora les propongo como “novela híbrida”.

Cuando les pedí a los editores del sello La Mancha que se arriesgaran por mí con este nuevo rótulo: “novela híbrida”, las primeras y naturales advertencias apuntaron, por supuesto, al desafío conceptual que implicaba el adjetivo. “Lo híbrido” se puso de moda en los noventa, cuando la globalización recién asentaba sus reglas de juego y las sociedades comenzaban a mezclar sus rasgos, lenguas y cosmovisiones, así que tampoco hemos descubierto la pólvora. Para pólvora, en todo caso, la provocación del español Unamuno con su famosa “nivola” en alusión a la extrema literaturiedad a la que aspiraban los jóvenes escritores de la Generación del 98, a fines del XIX, y que pretendían recuperar para la literatura su naturaleza ficticia, deslindándola de impostados compromisos sociales. Escribir lo mejor que se pueda era, es un compromiso social y político tan revolucionario como cualquier otro, y a veces más que cualquier otro, porque el escritor que se sabe tal, no puede hacer de la coyuntura su única fuente de inspiración. De hecho, la escritura es, en sí misma, un proyecto. Sin embargo, las dificultades, los síndromes, los vicios y los sueños que ocupaban a los osadísimos noventayochistas eran distintos a las que se perfilan para nosotros, los que escribimos desde un volcánico Siglo XXI.

Les expliqué, pues, a mis editores, que mi apuesta por “novela híbrida” constituía más que una provocación de portada, una reflexión sobre el propio proceso de mi escritura, y una invitación al lector a abordar estas historias desde un lugar móvil, digamos, desde una nave espacial cuya fuerza centrífuga es alta y disparatada, pero se encuentra regulada por otras fuerzas igualmente duras. Así, si bien cada episodio narrado en Tukzon se mueve y resuelve en su propio ecosistema y puede funcionar como objeto literario de manera independiente, yo quería tejer una membrana invisible que los conectara, era mi deseo que por encima de esas historias se erigiera una historia superior, latente, una historia congénita, si quieren, un monstruo. Las novelas absolutas, de estructuras clásicas y trama convergente me fascinan, y no he renunciado a su llamado, pero esta vez no pude resistirme al experimento con lo formal, quizás porque más que el respeto por el género novelesco o el temor a su imposibilidad, me rindo a un mandato más importante: el mandato de mi época. Como escritora del Siglo XXI debo lidiar con la fragmentación y encontrar en ella un sentido. “Tukzon” es la más reciente e intensa de mis búsquedas de ese sentido.

Es muy pronto para saber, en términos de comunicación libro-lector, si lo he logrado, si la historia que respira debajo de estos catorce relatos tiene el encanto de Frankenstein o si, simplemente, es una batalla más en esa contienda que los escritores libramos cada día con la ficción, que a veces, como un hijo bastardo, se vuelca en contra nuestra. Como sea, espero que disfruten de esta novela bastarda tanto como yo disfruté urdiéndola.

Fuente: www.ecdotica.com / La Mancha




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