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Cuarto Festival Nacional de Poesía



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Poesía consolidada y poesía renovadora en las calles de La Paz
Por:Martín Zelaya Sánchez

El cuarto Festival Nacional de Poesía se efectuará en espacios abiertos de La Paz, entre el 18 y el 20 de septiembre. Con este pretexto, media docena de autores reflexionan sobre la situación actual de la poética y los poetas bolivianos.

“La poesía es el vino del Diablo”, dijo San Agustín, y el autor argentino Mario Luis Descotte agregó, a manera de respuesta, que “cuando en una familia surge un poeta, todos los demás parientes se sienten más unidos”. Y ya más cercana y pertinentemente, la poetisa cochabambina Ada Zapata sostiene que “si bien la poesía realmente no tiene ninguna obligación, salvo su propia naturaleza, más allá del arte por el arte o del arte comprometido, tiene que afectar y estar en sintonía con lo humano y sus contradicciones en todas las épocas”.

Entre el jueves 18 y el sábado 20 de septiembre se cumplirá en La Paz el cuarto Festival Nacional de Poesía, en el que 30 poetas bolivianos tomarán tres espacios abiertos de La Paz y el patio colonial del Museo Tambo Quirquincho para leer su arte poética.

Salvo la última de las cuatro mesas programadas, que concentra a varios de los más experimentados y reconocidos vates, las otras tres combinan la presencia de consagrados y noveles, produciéndose así un encuentro entre generaciones, estilos e identidades poéticas, que es uno de los fines del evento.

En ese espíritu de convivencia generacional, resulta interesante observar las ideas y disquisiciones de los bardos en torno a tres interrogantes centrales: ¿Hay un relevo generacional en la poesía boliviana?, ¿tiene el mismo valor y significado el poema hoy que en décadas pasadas?, y ¿la proliferación de publicaciones en el género denota su “buena salud”?

Coincidiendo bastante con los narradores —valga la comparación—, que en similar acercamiento concluyeron en Fondo Negro que no se debe encasillar ni clasificar temporal, espacial, ni temáticamente a la producción nacional en prosa, los cultores del verso concuerdan en su mayoría que la aparición, unívoca en edad y preocupaciones, de nuevas voces es evidente, aunque ello no signifique la renovación total o violenta —entendida como desaparición o sustitución— de la vieja guardia.

“Habrá nuevas voces —dice Juan Cristóbal Mac Lean—, aparecen naturalmente con el tiempo jóvenes que escriben y van publicando, algunos muy bien, pero no puede hablarse de nada parecido a un ‘relevo generacional’. Faltaría, para poder hacerlo, sobrepasar cierta densidad o masa crítica de los campos literarios —de la que estamos lejos—”.

“Evidentemente, poetas jóvenes se abren paso, sin embargo, y a pesar del bien intencionado marketing que promueve a algunos grupos como nueva generación poética boliviana, resulta forzado pensar en un relevo en el sentido de proyecto poético generacional, ya que éste se encuentra ausente y ciertamente aún estamos lejos de ‘interpelar a la literatura’, sostiene Zapata.

Más sintético en su parecer, Benjamín Chávez cree que “hay una pluralidad de generaciones que conviven. Poetas de más de 50 años leen, como ocurrirá en el festival, junto a poetas de 20 años.

Poemarios

Más que nunca, el dicho de que calidad no marca cantidad uniforma el criterio de los consultados. “La masiva producción —cree Mac Lean— sólo se podrá evaluar con el tiempo. En todo caso, es innegable que se trata de un fenómeno extremadamente saludable”. Peor es nada, y antes, no hace mucho, las ediciones en verso llegaban a cuentagotas.

“El hecho de que haya más gente que publica —cavila Zapata— no significa que haya mejores escritores. Este incremento sí —en cambio— revela mayor interés e inquietud por la poesía”.

Más radical, la joven poetisa Montserrat Fernández considera que “es difícil creer que haya un lazo ‘sano’ entre producción literaria y editoriales. Hay un proceso de ligereza que alarma a los literatos y/o lectores-activos; pues está vigente la posibilidad de que la escritura de poesía sea una moda”.

No sé si se lee más —reflexiona Chávez—, la oferta es más amplia, eso sí y, previsiblemente, si hay más de donde escoger, hay más probabilidades de encontrar cosas buenas.

Desde el Mirador de Killi Killi, el romántico Montículo sopocacheño o la mística calle Jaén, poetas jóvenes y no tan jóvenes lanzarán sus versos, los liberarán del encierro del silencio y entonces, más y mejor, podrán los escuchas entender éstas y otras cuestiones.

La conmoción intensificada en la nueva escritura
Montserrat Fernández *

Hablar de relevos suscita indiscutiblemente la evocación. Si un poeta es retirado por otro, está vivo. Eso es la conmoción de la poesía. Cada poeta invoca el movimiento incontrolado de algún algo que ya fue (d)escrito y, sin negar la evocación, rescata la esencia de ese algo y la mueve. Por eso, se dice, que la proliferación, el amontonamiento y la digresión construyen imágenes; es decir, creaciones poéticas.

Lejos de representar el desconcierto, el poeta presenta el movimiento primigenio de la naturaleza: nacer-morir. Aprehendido dicho movimiento, surgen nuevas miradas, lecturas y escrituras que (re)descubren los astros, los pies mendigos, los gestos repentinos. Nacen, entonces, los poetas “jóvenes”.

Las nuevas plumas no sólo buscamos transmitir-transcribir la conmoción de la poesía, sino intensificarla. Tal intensificación exige un proceso progresivo de escritura y lectura. Los poetas jóvenes reclamamos una transformación general, pues no sólo cambiamos la escritura, sino la lectura, la crítica, las prescripciones y hábitos literarios. Tal vez la pregunta sea ¿cómo se intensifica la conmoción y, por tanto, cuáles son los cambios exigidos? Los poetas jóvenes como los de antaño envolvemos las cosas con palabras, desplazamos el lenguaje y utilizamos la metáfora. Sin embargo, complementariamente, no sólo trabajamos con el lenguaje, sino con el entorno. Entonces, nuestra palabra se vacía y refunda su significación: se quebranta el lazo intrínseco entre el significante y el significado. Las palabras presentan nuevos escenarios, describen tiempos y espacios desordenados. De esta manera se intensifica el sentido de nuestras imágenes.
* Ganadora del Premio a la Novel Poesía de la Cámara del Libro y la Fundación Neruda

La poesía dice en las calles
Mónica Velásquez Guzmán *

“Se vive y se lee lo que se puede, no lo que uno quiere, salvo que nos unamos solidarios con los otros”, afirma Marcelo Eckhardt. Ir hacia un libro puede ser la última trinchera para hallar fe y posible libertad sin que nada ni nadie nos coarte. Volver de los libros a la vida puede ser también abrir fisuras en lo que creemos determinante y unívoco. Y eso de la libertad es hoy un resbalón que acaba en perjuicio o en prejuicio sobre el otro; pero como soy una ferviente de las palabras, la tomo igual de andada y la saco a pasear por la ciudad.

Pasear la poesía por las plazas no es un acto de populismo, ni se trata de sacar las bibliotecas al sol solamente, sino de tener conciencia de que nadie es libre solo sino siempre con los otros. La poesía al lado del voceador del minibús, del parlante con cumbia villera, de los discursos tan ocupados hoy por hoy en dividir cuanto tocan y nombran es un acto de rebeldía y de fe; pero para mí es además un acto de solidaridad con los demás en cuanto la palabra poética obliga a pensar y bucear en la interioridad, en lo que las prisas y la política se empeñan en borrar.

Al decir esto no pienso la poesía como ornamento, distracción o suspirillo; todo lo contrario, la palabra poética es golpe, ruido, un silencio que obliga a pensar en las palabras o en su ausencia. La poesía rompe las certezas, como lo hace un diálogo verdadero o el amor fervoroso pues en los tres actos existe un abrirse y dejarse afectar por el otro. Un exponerse a ser revelado. Lo que se mira entonces en el espejo ya no es el rostro de siempre, familiar y seguro de hacer lo que cree correcto; lo que se mira es la pregunta, la incomodidad, el horror o la fragilidad que somos cuando el poema, el interlocutor o el amado se ha ido.

He visto en estas cuatro versiones del festival cómo un grupo de adolescentes celebraba su camino al reconocer entre “esos poetas” la misma búsqueda y el mismo acertijo del “con qué te ganarás la vida” a la hora de confesar la vocación a los padres; he visto a dos ancianos agradecer por temer menos a la muerte después del poema Luminar; he visto a algunos enamorarse con el poema menos meloso porque el amor ya no es un bolero aunque sea la misma contradicción; he visto a los descreídos festejar el atrevimiento y jugarse por una fe que resultó no ser tan solitaria. Y me he visto cuestionada, retada y acompañada en esos gestos.

No es un testimonio personal sino una ventana que la poesía me ha permitido, como a todos quienes se han dejado afectar por una palabra, por una persona. Por eso uno a veces vive y lee lo que quiere y salta de la biblioteca y deja el miedo con que se refugia en el lenguaje y transita las plazas sin cuidar la cartera, y dice la palabra otro sin leer enemigo. Por eso, a veces, la poesía salta a las calles.
* Poetisa, Premio Nacional de Poesía 2007

Versos atemporales e imprudentes, ayer y hoy

—¿Tiene el mismo sentido, provoca lo mismo un poema hoy en día como hace décadas?
—Ada Zapata: El poema goza de una atemporalidad, de una historicidad, así como una polisemia que muta con el sucesivo y cambiante lector suscitando diferentes emociones, encorsetadas en sugestiones literarias que marcan el curso del canon poético en cada época.
En todas las épocas se dan utopías y represiones, en esta época de cambios para Bolivia, por ejemplo, están surgiendo nuevas utopías y el arte más introspectivo, como la poesía, también descubre de alguna forma esta etapa convulsionada. Es otra utopía o resulta tendencioso, para escritores y lectores, pensar por ejemplo que vivimos la generación de la vacuidad, que se ha perdido la obsesión, que la poesía de nuestro tiempo no enfrenta las estructuras de poder.
—Juan Cristóbal Mac Lean: De ninguna manera. Antes la poesía podía llegar a ser un arte casi popular que congregaba gran cantidad de gente en las lecturas de poemas. Podrá decirse, claro, que por ejemplo Amado Nervo no será un gran poeta, pero lo cierto es que miles de personas en Latinoamérica se sabían de memoria sus poemas. Hoy, en cambio, la poesía no sólo tiende al hermetismo y se afianza en los páramos de la soledad, sino que conoce, en general, un gran divorcio respecto del público.
—Montserrat Fernández: El poema ahora y antaño fue un trabajo “imprudente” sobre lenguaje. Inicialmente, el lenguaje fue la descripción de la realidad, un instrumento dominante que permitía al hombre contener y comprimir el Todo.
Sin embargo, la manifestación de ciertos objetos no evidentes o palpables provoca cierto distanciamiento entre signo y objeto. Las palabras ya no testimonian la experiencia, pues comienzan a conjeturar, a construir verdades. Entonces, el hombre es subyugado por el lenguaje, pues se desplaza junto con las palabras.
—Benjamín Chávez: Un poema es una creación que, si bien puede nacer referencialmente de un contexto, éste, el poema, aspira a trascender su tiempo y circunstancia creadora. Por eso creo que sí hoy un poema provoca lo mismo que hace décadas. Si no fuera así, no leeríamos a los clásicos.

Juan Carlos Orihuela: “Publicar malos libros es un flaco favor a la poética boliviana

Experimentado poeta y académico de la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés, Orihuela saluda la llegada de sangre nueva al panorama poético nacional, pero objeta la publicación excesiva de textos no calificados “que sólo buscan satisfacer caprichos personales”.

—¿Hay un relevo generacional en la poesía nacional? ¿Los poetas “jóvenes” tomaron ya la posta de los referentes tradicionales, hay una convivencia entre ambos, o los primeros aún predominan en solitario?

—Es indudable que hay una nueva camada de jóvenes poetas en el país. Este tipo de festivales busca, entre otras cosas, promover esas nuevas voces y ponerlas en contacto tanto con el público que lo va a ver y escuchar como con poetas que ya tienen un recorrido y que desean conocerlos. Leer con poetas jóvenes es una hermosa experiencia de la que nos nutrimos todos por igual.

Afortunadamente, la salud de la poesía boliviana es buena y se revitaliza mucho más y de forma permanente con la aparición de nuevas generaciones de poetas.

—¿Tiene el mismo sentido, significado y razón el poema para los autores y lectores de hoy en día, como lo fue para los de hace décadas? ¿Provoca lo mismo un poema ahora que en la época de la segunda Gesta Bárbara —por ejemplo— o en tiempos de utopías ideológicas?

—No me cabe duda que sí. Cambian los paradigmas ideológicos, surgen nuevas tendencias culturales e históricas, pero la poesía es siempre provocación, insurgencia, transgresión, y eso está más allá de cualquier utopía.

—En la reciente Feria del Libro se lanzaron casi una decena de poemarios de autores bolivianos, confirmando una mejoría editorial en el género. ¿Se publica más porque se lee más? ¿Se puede evaluar la “buena salud” de la poesía por la mejora en la cantidad de publicaciones?

—De ninguna manera el lanzamiento de tanto poemario significa una mejoría del género. En la Feria del Libro se lanzó una cantidad inusual de libros de poesía, pero en lo personal quedé profundamente decepcionado de varios de esos títulos. Entiendo que las editoriales que publican poesía (que son muy pocas, dicho sea de paso) tienen que buscar beneficios, pero le hacen flaco favor a la poesía boliviana publicando poemarios que en muchos casos solamente se escriben para satisfacer caprichos personales, familiares o del clan de amigos.

Creo que ésa es precisamente una de las labores centrales de esas editoriales: cuidar la calidad de lo que publican, pero eso es precisamente lo que no se hizo al publicar ese rosario de poemarios de dudosa calidad en la reciente feria, a excepción de unos cuantos como, por ejemplo, Blanco hilar de Cé Mendizábal.

Cronograma del festival

Mesa 1

18 de septiembre

Calle Jaén

19.00

Ada Zapata, Rodny Montoya,

Pablo Gozálvez, Jessica Freudenthal, Gabriel Chávez, Silvio Mignano, Rubén Vargas y Jaime Taborga.

Mesa 2

19 de septiembre

Patio del Tambo Quirquincho

19.00

Montserrat Fernández, Pamela Romano, Fernando Rosso, Cé Mendizábal, Fernando Lozada, Katterina López, Waldo Lizón y Jorge campero

Mesa 3

20 de septiembre

Mirador de Killi Killi

(Villa Pabón)

16.00

Diego Mejía, Jorge Valda, Esperanza Yujra, Humberto Quino, Juan Carlos Ramiro Quiroga, Juan Mac Lean, Ariel Pérez

Mesa 4

20 de septiembre

El Montículo

19.00

Rodolfo Ortiz, Mónica Velásquez, Vilma Tapia, Eduardo Nogales, María Soledad Quiroga,

Benjamín Chávez y Juan Carlos Orihuela

Fuente: La Prensa



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