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Charles Arnade y La dramática insurgencia de Bolivia
Por:Esther Aillón S.

Una recapitulación del aporte historiográfico del recientemente fallecido bolivianista, autor de una obra clave sobre el proceso de la independencia, que hasta hoy en día sigue siendo tomada en cuenta como referente.

Charles Arnade falleció el 7 de septiembre en Estados Unidos, su país de adopción. Este historiador de origen alemán ha dejado una obra con repercusiones importantes en el medio académico y en el público boliviano. Creo que por esto debe ser considerado uno de los bolivianistas más importantes del siglo XX, no tanto por la cantidad de investigaciones sobre la historia de Bolivia –que fue modesta–, sino por la importancia que alcanzó su libro La dramática insurgencia de Bolivia.

Defendida como su tesis de doctorado con el título The Emergence of the Republic of Bolivia (1957), se publicó en nuestro país en 1964, según el autor, en una edición no autorizada ni revisada por él.

Pienso que Arnade supo de la popularidad que goza su libro en Bolivia hasta el día de hoy, a juzgar por la facilidad con que se lo encuentra a la venta. Basta hacer un recorrido por librerías, puestos de venta en las calles y en las ferias de libro viejo para evidenciar el hecho. A primera vista, junto con algunas obras de historia nacional como Zárate, el temible Willca de Ramiro Condarco, tiene un lugar favorito entre los lectores bolivianos, es decir, su obra ha llegado al público general.

Aunque este hecho no hace al libro bueno por sí mismo, es un detalle para destacar, dado que los trabajos académicos no llegan fácilmente al público general y éste sí lo hizo. Creo que la popularidad del libro está relacionada con su tesis principal. De ahí que el primer valor de la obra de Arnade es haber desarrollado una tesis que ha perdurado por varios años entre los lectores bolivianos.

El interés de Arnade por la independencia de Bolivia fue muy temprano. En 1953 sostuvo que éste era uno de los temas menos abordados por la historiografía boliviana, cuando era un periodo vital “para la comprensión de la existencia misma del país”. A pesar de las contribuciones que hizo sobre el tema en el siglo XIX, Arnade encontró que queda “todavía mucha investigación para descubrir más guerrilleros, los soldados máximos de la emancipación altoperuana”.

¿Cuál fue la tesis que provocó polémica? Arnade la describió así: “Creo que la tesis general de mi estudio es que la generación de 1825 que creó Bolivia la componían los ricos y que las masas no se beneficiaron de la creación de una Bolivia independiente… Los hombres que crearon un Alto Perú independiente…, la denominada generación de 1825, deseaban mantener la situación existente en 1809-1810… La generación de 1825 era conservadora, criollos del statu quo que veían en los sucesos como una posibilidad de suceder a los españoles en el poder, a los españoles peninsulares, que, en general, les habían impedido gobernar por ser criollos americanos… La generación de 1825 era más conservadora que la de 1810.”

Fue una tesis que puso sin bemoles un contenido a la República de 1825. Aunque tiene un grado de simplismo, hoy se sabe que en toda América Latina la fundación de la República favoreció sobre todo a sectores criollo-mestizos y no incluyó en la organización republicana a otros sectores que quedaron en el camino. Fácilmente se puede predecir que la tesis provocó adhesión o rechazo. Además, Arnade concentró su argumento en la figura de Olañeta junto con Urcullo y otros diputados a la Asamblea Deliberante de 1825, que fueron para él la máxima manifestación de los “dos caras” (expresión de Gabriel René-Moreno) o patriotas de último momento, que se beneficiaron —sin merecerlo— del resultado de la guerra.

Esta conclusión fue replicada especialmente por José Luis Roca, quien hace poco ha publicado Ni con Lima ni con Buenos Aires. La formación de un Estado nacional en Charcas (Plural, 2007) en el que recoge y amplía una serie de investigaciones sobre la independencia efectuadas durante varios años. La polémica con Arnade no es el tema del libro, aunque Roca dedica uno de los 24 capítulos a estos sucesos y sale en defensa de Olañeta, a quien considera artífice de la independencia de Bolivia por su participación y sus gestiones ante el Mariscal Sucre, como coautor del Decreto del 6 de febrero y a favor de la autonomía de Charcas.

Por otra parte, hay que recordar que Arnade elaboró su tesis de doctorado a mediados de los años 50. En esa época no existían en Bolivia ni Carrera de Historia (creada en 1966) ni archivos organizados, a excepción del Archivo Nacional de Bolivia, y la cantidad de estudios históricos con sustento documental sobre la independencia era escasa.

Hoy mismo, aún no contamos con un estudio de las generaciones de 1809 y de 1825, a excepción de contadas contribuciones, como la tesis sobre los revolucionarios paceños de 1809 de Roberto Choque, el estudio de René Arze sobre la rebelión de 1811-12 y el análisis del sistema indirecto de elecciones que favoreció la exclusión de sectores populares de la Asamblea Deliberante, de Rossana Barragán. Abordar el inicio y el resultado de la independencia como dos generaciones distintas, me parece que es una idea propositiva de Arnade, pero que él mismo no pudo explorar a fondo, sino que se limitó a algunos de sus actores individuales. Además, la generación de 1809 no desapareció completamente de la escena política, una parte sobrevivió en 1825.

Arnade investigó en el Archivo Nacional de Bolivia, en Sucre, cuando Gunnar Mendoza ya era su director. Lo consideró su guía de tesis y tuvo según él “más importancia que el comité doctoral de la Universidad de Florida”. Casi toda la documentación de su estudio es de archivo y creo que ese es un segundo valor de su obra, ya que contribuyó a renovar el tema en cuestión.

Ahora bien, Arnade participó de una generación muy prolífica de investigadores que también hicieron contribuciones originales al tema. Entre ellos, Gunnar Mendoza, quien publicó en 1952 el primer manuscrito del diario del guerrillero José Santos Vargas, precedido de un Estudio Introductorio muy valioso. Humberto Vázquez Machicado estudió la rebelión de esclavos de Santa Cruz de 1810 y otros autores como Ramiro Condarco, Eduardo Arze Quiroga y Alipio Valencia Vega se preocuparon por dar nuevas interpretaciones de la independencia e indagar nuevos documentos.

Para Arnade, la generación de Gunnar Mendoza fue un puente que dio lugar a los historiadores profesionales, varios de los cuales efectuaron, en mayor o menor medida, investigaciones sobre la independencia, entre ellos, Alberto Crespo, René Arze Aguirre, Roberto Choque, Florencia Ballivián, Joseph Barnadas y otros que he podido omitir. Hay que agregar a ellos a bolivianistas que también han estudiado diferentes aspectos de la independencia como William Lofstrom, M.Daniélle Demélas, Thomas Millington y James Dunkerley. Actualmente varios investigadores/as bolivianos están profundizando el tema.

Hoy, 50 años después de la tesis de Arnade, el tema y su abordaje es mucho más complejo. Se dispone de más archivos y, sobre todo, de más perspectivas de interpretación. Entre otros temas, están en curso estudios sobre diferentes sectores que participaron en el proceso de independencia, como los guerrilleros, los indígenas y los negros, pasando por una reevaluación del papel de las elites en el conflicto.

Se está estudiando la independencia desde algunas regiones, se evalúan los procesos de inclusión y exclusión política en el curso de este proceso, las filiaciones filosóficas, se ha dado un giro temporal a la cuestión, abordando el tema desde las rebeliones indígenas y, en la cercanía del bicentenario de 1809-1810, también se reflexiona la independencia de Charcas en el contexto de las revoluciones atlánticas.

No cabe duda que Charles Arnade hizo una contribución muy importante a la historia de Bolivia. Creo que su perspectiva está en pie y que la historiografía boliviana continuará reevaluando su tesis, a partir de nuevos resultados sobre diferentes sectores sociales, las regiones, los programas políticos, las expectativas. Se seguirá valorando la independencia en las dimensiones que vieron los actores en su tiempo, más allá de los resultados o las expectativas que se desarrollaron posteriormente.

Fuente: La Prensa



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