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Antología de antologías



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En defensa de las antologías
Por:César Verduguez Gómez

(En el Fondo Negro del 24 de agosto, Jaime Nisttahuz publicó una crítica a las compilaciones literarias en Bolivia. Uno de los aludidos responde en este artículo).

Mi amigo Jaime Nisttahuz seguramente está atravesando por un momento difícil y, por ello, su nota adolorida y atolondrada de desahogo: “Dos antologías pedestres”.

Al calificar una antología de “pedestre” o “rupestre” cae a un nivel de inesperada mezquindad, para cualquier escritor serio. Toda antología, mal o bien elaborada, tiene su mérito: hacer conocer a los lectores la obra de escritores que quizás no los conocían y, en el caso de los cuentos, difundirlos en selecciones de ningún modo caprichosas ni con pretensiones de tomárseles por cánones. Precisamente gracias a las antologías algunos autores son descubiertos y mejor conocidos.

¿Torpe? Sin duda, la nota en cuestión tiene esa característica, además de grotesca, porque endosar la letra de una canción como inspiradora al método por mí empleado da a entender que los boliches son las antologías de todos aquellos que pergeñaron una.

¿Qué dirían Armando Soriano Badani, Mariano Baptista Gumucio, Victor Montoya, Néstor Taboada Terán y otros? ¿Qué dirían Edgar Ávila Echazú, Raúl Botelho Gozálvez, Guillermo Vizcarra Fabre y Saturnino Rodrigo si estuvieran con vida? ¿Qué dirán Raúl Saint Mezard, Seymour Menton, Ruben Barreiro-Saguier, Aquiles Nazoa, José M. Oviedo, entre otros del exterior, y los demás autores de 115 obras que consulté entre antologías, estudios y páginas web para elaborar mi Antología de antologías?

Yo no he escogido precisamente los cuentos más repetidos, sino que éstos han surgido del sistema que he empleado: reunir todas las antologías posibles, nacionales y del extranjero, en español y en otros idiomas, donde figuraban cuentos bolivianos; así me encontré con las antologías (boliches, según Jaime) publicadas en Alemania, EEUU, España, Noruega, Japón, Croacia, etc. Dichos antologadores, gracias a él, me entero que sólo han repetido esos cuentos, no porque sean los mejores, sino por flojera, y yo, que pensaba —sigo pensando— que seleccionaron los relatos después de un cuidadoso análisis. Toda generalización es peligrosa.

¿Será que Victor Montoya ha repetido, por “flojera”, en su antología de 1999, el cuento La linterna, del propio Nisttahuz? Cuento publicado, además, en la antología de doña Betty Jordán, en 1996. Dicho sea de paso, es el único cuento suyo que tiene dos menciones conforme a mi investigación.

Argumenta, mi buen colega narrador, que en materia de cuento “no puede haber más o menos, ni bien nomás… o es bueno o malo”. ¿Y quién lo calificaría? ¿Jaime Nisttahuz? Sabiendo que lo que para unos es bueno, para otros es malo o regular. Pero si hay cuatro, cinco o 18 menciones en diferentes libros (como El Pozo de Céspedes) significa nomás que es bueno. (Según la teoría de Jaime, tal vez no, porque es posible que por “flojera” 17 hayan repetido).

Escribe, mi amigo, que no son los mejores cuentos los de Antología de Antologías. De los 37 cuentos que figuran ahí, ¿cuántos podría señalar que son malos (así tajante, como Jaime quiere). Empecemos por los diez primeros. Sacamos de la lista a la Miskki Simi y El Pozo, porque Jaime en un trabajo publicado en Signo los menciona como representativos, y también Sangre en San Juan porque escribió una valoración al respecto en el mismo libro que critica de pedestre y torpe.

Podríamos disminuir esta lista debido a que Ricardo Pastor Poppe, en su Los mejores cuentos bolivianos del siglo XX, incluye a Quilco en la raya del horizonte, y a Hurtado, imagino que Jaime no podrá cuestionar al antologador que también lo mencionó, como veremos luego. Puede expresar sin temor su parecer, porque la mayoría de sus autores ya no está en este mundo para responderle. Me gustaría conocer su respetable opinión respecto de algunos de los restantes: La emboscada, con diez menciones y traducciones al japonés, alemán, inglés, noruego; Tempestad en la cordillera, con nueve citas (Lijerón y Baptista, por ejemplo); El cañón de punta grande, con siete menciones (Abella, de Uruguay, y Monges, de Argentina, por mencionar); Venganza aymara, seis menciones, y Ángela desde su propia oscuridad, con seis menciones. ¿Cuál de estos cuentos es malo aparte de ser los más difundidos?

Jaime Nisttahuz figura con su cuento Diario de un timbre de transacción en Los mejores cuentos bolivianos del siglo XX. Pastor Poppe es el único antologador que toma en cuenta ese trabajo. Y no aparece en ninguna otra antología. Al parecer, mi pobre amigo no ha tenido la suerte de que alguien se inspire en esa letra que él mismo recuerda: “De boliche en boliche”. Aparecer en una antología no significa que sea uno de los mejores, aunque lleve un título pomposo. Pero si apareciera en varios, daría que pensar, y más si son en varios idiomas, pues quiere decir que es un buen cuento, ¿verdad?

El conocer teorías y escribir ensayos sobre el cuento no siempre significa ser un excelente narrador de cuentos, o tal vez sí, pero es todo el conjunto de críticos, antologadores y lectores los que finalmente determinan su validez, expresándolo por su permanencia en el gusto y en la memoria de los lectores. Recuerdo a Malraux, al que citó Jaime en un artículo suyo, y que dijo que “lo verdaderamente importante era ser releído”.

A propósito, tengo unas líneas de uno de los críticos mayores del país, Juan Quirós, que dice: “Su obra (la de Pastor Poppe, Los mejores cuentos bolivianos del siglo XX), como todas las antologías, está sujeta a un conjunto de opiniones de vientos contrarios. Hago preterición de las que son hijas de la envidia, y hablo únicamente de las opiniones de gente que entiende y posee buen criterio”. Justo a la medida para el caso presente. En el mismo comentario de Quirós están las siguientes interrogantes: “¿No hay otros que los superen?… ¿No está de sobra más de algún cuentista? ¿No faltan algunos nombres con alguno de sus cuentos?”. Me sumo a esas preguntas.

Tengo dos teorías para esta reacción lamentable de Jaime: Se enojó porque Taboada Terán “se tomó la libertad” de colocar dos signos de interrogación a una frase suya, cuando fue invitado para hacer una valoración del cuento de Oscar Soria Gamarra, precisamente para el segundo libro criticado. Vaya motivo para disgustarse, sabiendo que en las imprentas a veces ocurren cambios inesperados, ajenos a los autores.

Y la otra, como no he consignado ningún cuento suyo en mi antología (la verdad es que no reunía ninguno de los requisitos establecidos para armar el libro: cuatro menciones de un cuento en diferentes libros o más de diez citas con diferentes relatos), como uno de esos muchachitos inconformes a los que no se les ha tomado en cuenta en un juego, trata de molestar y perjudicar a los demás.

Para concluir, sólo me resta pedir a Jaime Nisttahuz, si acaso aún se considera amigo mío, que por mi parte todo seguirá igual, que reconsidere los fundamentos de sus teorías y que pise terreno firme. Consideraré su nota un exabrupto temperamental y pasajero escrito en la arena, y seguiré valorando su obra y luchas sociales escritas en la roca.

Fuente: La Prensa



Una Respuesta »

  1. Bartolome Leal dice:

    Las antologías pueden ser extremadamente útiles.
    Movido por mi interés en los cuentos, he podido conocer autores haitianos gracias a tres notables antologías: “Nouvelles d’Haiti”, “Une journée haitienne” y “Mon Roumain à moi”, esta última homenaje a un clásico de la narrativa social.
    Las antologías deben obedecer a un propósito y si uno engancha, llenan un vacío de lectura.
    Tengo por ahí una antología horrorosa de autores españoles durante el franquismo post guerra civil. Interesante en todo caso… y con algún buen cuento por ahí.
    Polemizar sobre el tema me parece un tanto ocioso.

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