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H.C.F. Mansilla recibirá el Premio Club de La Paz a la Cultura



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“Mi vida es un total fracaso”

HCF Mansilla, filósofo y escritor, recibirá el Premio Club de La Paz a la Cultura. En su discurso hablará de sus ideas, su niñez y juventud.

Soy absolutamente vanidoso”, afirma HCF Mansilla mientras se acomoda el cabello para la foto. “Lo de la falsa modestia no va conmigo”. Tal vez por ello, el tema de la edad, el envejecimiento, le preocupa de sobremanera. Y lo reconoce permanentemente. ¿Por qué?, surge la pregunta curiosa. “Porque he notado que con el paso de los años aumentan los problemas en forma extraordinaria. No es un problema más por año, sino que cada año trae consigo un aumento considerable de dificultades para la gente mayor”.

HCF Mansilla recibirá el Premio Club de La Paz a la Cultura el próximo miércoles. Las academias nacionales de la Lengua, de Ciencias —de las que es miembro— y de la Historia le han elegido para el homenaje.

¿Las dificultades de ser ‘viejo’ parten de uno o tienen que ver con el entorno?

En gran parte de uno mismo, porque ya no se pueden hacer las cosas que se hacían de joven. Pero también con el entorno: la sociedad moderna privilegia a los jóvenes, la juventud exitosa; es una sociedad que atribuye un gran valor al aspecto físico, que premia a las mujeres con aspecto de chiquillas… en fin, y en esa sociedad, naturalmente, nosotros los ancianos y casi ancianos tenemos cada vez menos que decir. No es como antes que se apreciaba la sabiduría que tiene que ver precisamente con los años.

¿Qué opina de ello el filósofo que es HCF Mansilla?

En parte, es lo que me entristece. Es una táctica comercial de las sociedades modernas. Factores como la salud, la plenitud de la vida, el aspecto juvenil se venden mucho más y mejor que otros que antes eran apreciados como la suma de experiencia, la sabiduría, la capacidad de sopesar que se adquiere con los años. Todo eso ha entrado en decadencia. Ahora se aprecian, como decía, valores ligados, al vigor muscular y los ancianos no podemos competir.

¿Qué pierde la sociedad?

Sobre todo el espacio de la experiencia. Con los años, uno se da cuenta de que es muy difícil juzgar adecuadamente cosas, personas, caracteres. Que uno puede equivocarse con facilidad y que uno de los factores del error está en el apresuramiento. La juventud, por la misma razón de los pocos años, tiende a juicios rápidos.

Y, sin embargo, son los jóvenes quienes mejor responden a una sociedad que, como la actual, cambia mucho, es muy dinámica; ¿cómo equilibrar la necesidad de experiencia con la capacidad de reacción?

No veo solución clara. Una de las posibles salidas es que la gente mayor aprenda más rápidamente a adaptarse a situaciones cambiantes. Se puede, aunque no siempre es posible. 

¿Cuán flexible es usted?

Creo que poco, sobre todo porque me he criado en una sociedad que apreciaba valores —yo los sigo apreciando— que hoy están en decadencia.

¿Por ejemplo?

El valor de la alta cultura en comparación con la cultura popular. En mi época de niño y joven, la alta cultura comprendía las obras importantes de las artes plásticas, la música clásica, la gran literatura, no las manifestaciones populares que hoy se aprecian como parte de un amplio concepto de cultura. Es muy difícil de cambiar esto, pues está profundamente escrito en el carácter de una persona. Entonces, es muy arduo que yo pueda apreciar la cultura popular.

Digamos el Gran Poder…

No me gusta. Ese tipo de expresión simplemente no me parece digno ni de ser fomentado por el Estado ni divulgado por los medios masivos. Para mí es una manifestación de la vida cotidiana, no una creación cultural única, irrepetible, de gran calidad que luego de 500 años o más puede ser apreciada, como las obras de Mozart o los clásicos griegos. Esa cultura popular es deleznable, perecedera, está hecha para el consumo del día. Se parece mucho al consumismo de la sociedad capitalista, pese a que muchos de sus exponentes dicen estar en contra; yo no les creo para nada.

Pongamos los textiles andinos.

Están en medio de ambas. Hay, obviamente, obras de enorme calidad artística; pero una persona como yo no puede juzgar todo y es un campo que no entiendo.

Usted dice las cosas de frente. Lo piensa, lo dice.

Fui educado en Alemania, donde el pan es pan y el vino vino, algo muy diferente de la alambicada, retorcida cultura heredada de la España barroca. Una cultura que da vueltas para llegar a un fin, si llega. Yo he sido educado para decir las cosas clarísimas y ahorrar tiempo. Además, aprendí que esto es una cortesía con el interlocutor: no molestarle ni hacerle perder su precioso tiempo, el único factor absolutamente irrecuperable.

¿Qué le ha redituado esta su forma de ser?

Absolutamente nada positivo. Es decir, cosas negativas como el reconocimiento cercano a cero en esta sociedad. Ser franco y directo no es algo que en el campo político ni cultural ni intelectual brinde alguna ventaja al que tiene esta cualidad en este medio.

¿Por qué vivir aquí, entonces?

No se me ocurre a dónde ir. A mi elevada edad no existen grandes alternativas para empezar una vida de nuevo. La vida mía ya está atrás de mi persona, no adelante. Ya no hay mucho que elegir no vale la pena buscar.

Las academias de la Lengua, la Ciencia y la Historia le van a dar un reconocimiento el próximo miércoles. ¿Qué van a reconocerle?

Creo que ellos (los académicos) han dicho: “Mejor hacerle un homenaje en vida antes que sea demasiado tarde”.

¿No ha encontrado, acaso, eco a su pensamiento en algún sector en el país?

Sí, en pequeños grupos aislados, evidentemente. La prensa boliviana siempre me ha tenido cariño. Ningún periódico rechazó un texto mío. En conferencias que he dado siempre ha habido más de cinco personas. Pequeñas alegrías, muy modestas, obviamente existen; pero no hay un reconocimiento público.

Ha sido docente universitario.

Ahí está uno de los problemas: nunca he podido ser docente titular de ninguna universidad boliviana. Para ello se ha dado una combinación de distintos factores. Estudié ciencias políticas y las pocas carreras que hay en Bolivia están ocupadas por personas que no quieren exponerse a docentes que dicen otra cosa, que piensan diferente, que les pueden hacer un poquito de sombra. Los bolivianos de izquierda, derecha, arriba, abajo, oriente, occidente comparten valores comunes como la mediocridad y la envidia al que es diferente, el rechazo al que piensa de otro modo; esto, a pesar de que hablan todo el día de la alteridad y cosas así, que son simplemente modas intelectuales. Sostengo que lo más conservador de la Bolivia profunda se ha refugiado en partidos de izquierda, en gente que se dice progresista, en algunos medios como los intelectuales y, en lo que a mí me tocaría, el campo amplio de las ciencias sociales, imagino que hay enorme resistencia a aquellas personas que los docentes actuales creen que podría significarles la más remota competencia. Nunca pude pasar de modesto docente invitado ocasionalmente y, obviamente, mal pagado. Pésimamente pagado. Esto, póngalo.

Ha trabajado con jóvenes. ¿Cómo los evalúa? ¿Distintos a lo que ha descrito? ¿Interesados en algo diferente?

Hay de todo. Hay grupos de gente curiosa, interesada en exponerse a opiniones muy diferentes; pero la masa, la mayoría, comparte las cualidades del país: gente cómoda que no lee ni un libro. Si en una clase se les da a leer cinco libros, al instante pedirán que se les reduzca a uno solo, y de él, que se les indice un capítulo, y aun que se les señale un pasaje central; todo esto es un signo de total comodidad. La masa está conformada por estudiantes mediocres que con el mínimo esfuerzo buscan alcanzar un cartón que les permita un título y un puesto en alguna institución pública o privada.

¿Es usted paceño?

Nací en Buenos Aires, pero con ciudadanía boliviana de origen.

¿Cuándo se vino a La Paz?

Al poco de nacer. Soy boliviano, sí. Vengo de una familia que está aquí hace 500 años, que recibió la primera encomienda en el valle de Cinti: los García Romero.

¿Qué tipo de boliviano es?

Lo dirán los otros, pero no creo que exista una esencia imperturbable de lo que es ser boliviano auténtico o no.

Usted ha mencionado algunas características del ser boliviano, y debe haber otras más. ¿Con cuáles se identifica?

Cuando uno crece en un medio, se identifica con él. Hay lazos familiares; mi padre fue una personalidad relativamente importante en el medio universitario y mis antepasados tuvieron que ver con la política de este país.

¿Cuándo se fue a Alemania?

Apenas salí bachiller. Estudié en Berlín Occidental y allí viví 12 años corridos. En total, con las veces que volví, suman 16 años.

¿Su mirada crítica del país se dio antes o luego de ese viaje?

Al volver, luego de exponerme a ver otra cultura.

De esa otra cultura, ¿hay algo con lo que no coincida?

Las sociedades europeas son técnicamente perfectas, institucionalmente bien logradas; pero los seres humanos con solamente engranajes bien aceitados. La frialdad, la insolidaridad son valores que nunca me gustaron.

¿Lo contrario es propio de Bolivia? ¿Esto lo aprecia usted?

Ahí está. De este otro mundo el trato humano es apreciable.

Hablemos de sus libros. Usted produce bastante.

Como toda persona sola. La soledad le obliga a uno a eso.

¿Y su familia?

Ya no estoy casado. El matrimonio es una institución devaluada por el desarrollo histórico. En Europa, la gente se casa cada vez menos y tiene menos hijos. Es decir, evita lo que entorpezca el desarrollo individual, lo que se llamaría una vida bien lograda, llena de éxitos, y los hijos son un lastre, un peso.

¿Usted cree esto?

No. Tengo cuatro hijos y me llevo bien con ellos.  

Hablando de niños, ¿cómo se imaginaba que sería el adulto HCF Mansilla?

Desde muy chico quería ser escritor, ensayista específicamente. Leí, como todo joven, a Verne, Salgari; pero al mismo tiempo me interesaban mucho las obras sobre el campo intermedio entre la filosofía y la política: la política reflexionada. Mi padre tenía una muy buena biblioteca y allí leí libros muy interesantes que tenían que ver con el campo digamos intermedio entre política, sociología e historia.

El cientista político, ¿opinaría sobre Evo Morales?

No, es muy peligroso. No contesto preguntas peligrosas para mi seguridad personal. Esto sí lo puede escribir.

Desde este momento de vida, ¿cómo la evalúa?

Es una vida fracasada, totalmente, sin reconocimiento público. Con una gigantesca cantidad de esfuerzos sin resultado. Un total fracaso.

Fuente: La Razón



4 Respuestas »

  1. carlos dice:

    asombrosa sinceridad del doctor Mansilla. Aunque no estaria de acuerdo en la ultima parte en cuanto al reconocimiento publico del cual el no creer contar ya que mucha gente dentro y fuera de Bolivia estan atentos a sus obras y comentarios. Para terminar muchas felicitaciones por el reconocimiento bien merecido.

  2. Alfonso dice:

    La declaracion de HCF Mansilla es estremecedora, por sincera y directa. Por certificable. Lo es mucho más cuando el ejercito del medio que copa cuanto orificio encuentra vacío, no hace sino crecer en proporcion inversa a personalidades como la del sensible academico. Lei, en descargo, el discurso de presentación del premio de la noticia, lo preparó Raul Rivadeneira que reconoce como erudito, que el erudito de referencia y preferencia no puede ser ignorado. Afirmaciones cautas, medidas, calculdas con la retroexcavadora andina que a la vez de reconocer las visibles y energicas virtudes que se comentan, señalan con disimulo, las propias. Pese a todo, destacable, porque conduce la mirada y el entendimiento a la figura, al icono HCF, y trata de situarlo en un lugar cercano al que merece.

    Escaso, porque creo que HCF merece más. Mucho más. El elogio de la estética contemporánea paceña lleva su nombre, está inscrito con una de las más irónicas, delicadas y profundas visiones de pensador boliviano vivo.

    Y no podemos verlo. Nuetro atraso histórico es de siglos, no de decadas.

  3. Marcelo dice:

    El doctor Mansilla es de nuestros más lúcidos pensadores, de aquellos lujos que tenemos los bolivianos. Por supuesto, él pone en tela de juicio lo que muchas veces la sociedad ha aceptado como verdad indiscutible, lo que crea cierta preocupación por quienes no lo entienden o por los que prefieren que las cosas se mantengan inalterables. La biblioteca de ecdótica tiene algunos ensayos del Doctor Mansilla pero recomendamos Evitando los extremos sin claudicar en la intención crítica, un verdadero lujo. Aclaramos que la versión/edición de ecdótica es una mejorada por el mismo doctor Mansilla que la que tiene impresa.

  4. milton dice:

    El doctor Mansilla es uno de los pocos intelectuales bolivianos de verdadera calidad. Sus reflexiones deberian ser tomadas en cuenta por la sociedad boliviana. Lamentablemente, en los medios de comunicacion, solo se da lugar a seudointelectuales o fanfarrones que desorientan a la poblacion.

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