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La polémica en torno a La gula del picaflor de Juan Claudio Lechín



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La polémica del picaflor
Por: Gerson Rivero

(La gula del picaflor, de Juan Claudio Lechín, tuvo un curioso detractor. Un catedrático francés de la Sorbona calificó a su autor de ‘agente del demonio’, prometió ‘quemarlo en esfigie’ y lo comparó con el Marqués de Sade. La novela cuenta los relatos de un grupo de seductores de todo el país que se reúne en un particular congreso).

Es frecuente que un libro genere críticas, buenas o malas, y de diferente índole. Pero el caso de La gula del picaflor, de Juan Claudio Lechín, es bastante curioso, pues las observaciones que le hizo un catedrático francés no fueron literarias, sino moralistas. La historia comienza hace cuatro meses, cuando Malavialle Renaud, hispanista y profesor de la cátedra Civilizaciones y literaturas de España y América desde la Edad Media hasta la Ilustración, de la Universidad Sorbona de París visitó al Premio Nacional de Novela 2003, junto a un grupo de sus alumnos. Al final del encuentro, Lechín le sugirió leer su libro.

La respuesta de Renaud llegó hace poco, vía mail, calificando al escritor cochabambino de ‘agente del demonio’, promete ‘quemarlo en efigie’ y lo compara con el legendario Marqués de Sade. Reproducimos la crítica del académico francés y la respuesta de Juan Claudio.

La carta de Renaud
Hola, don Juan Claudio, espero que esté todo bien. ¿Sí? Bueno, esto es sólo una fórmula convencional pues con lo que me trago de tu prosa, de tus palabras, de tu tiempo y de tus visiones, no sé ya qué desearte, ¡peligro de los sentidos!, ¡agente del demonio!, ¡perdición de la juventud! Te das cuenta de que yo te visité con estudiantes de veinte años, confiantes y serios, decorosos, como lo pudiste intuir. Y tú, además de no escondernos la existencia siquiera del libro, de cuyo nombre ni quisiera acordarme, potenciaste nuestra inconfesable ‘libido sciendi’, sugiriendo que “podíamos buscarlo”, por si lo encontrásemos, por las calles de La Paz, nunca tan mal llamada.

Hasta aquí todo bien, pero quisiera poder decirte que sólo al ver la portada y al leer el título lo quemamos… Te cuento que yo lo leí, que no me ayudó a dormirme, ni mucho menos, como tantas otras novelas decentes y aconsejables. ¡Fui a buscarles a los estudiantes un maestro literario boliviano y nos topamos, ingenuamente, con un marqués (de Sade) hispano, ademas de boliviano! Sé que hay quienes encontraron tu libro también. No sé si lo leyeron y no sé si quiero saberlo, cómo disuadirles, que no estoy tan tonto para ignorar que sería contraproducente.

Bueno, no pensaba que te merecieras tener noticias mías, pero puede que te aleje y aunque sólo sea por eso, valga la inmodestia, te cuento que yo si soy decente: doy clases de iconografía de la Virgen, inmaculadas y anunciaciones, como Dios manda. Así que mucho ojo, hermano, que el mío te vigila. Tú aludiste también a una comedia a lo antiguo, si bien recuerdo, o histórica en todo caso. Estaría bien para tu salvación que la expurgara yo. Rezaré por ti, si aceptas la censura, es mi única oferta.

Avísame si te pasas por Francia, que no te arrepentirás. Y si no vienes, procuraremos quemarte en efigie.
Renaud

La respuesta
Recordado profesor Renaud:
Entiendo su sorpresa al descubrir que un boliviano está lejos de la imagen del buen salvaje y que pueda llegar a ser un émulo del marqués. Nunca un original, por supuesto, porque el lado original del mundo es el hegemónico, el eurocentrista, que es original hasta para el pecado.

Verá usted que no tengo salvación. Pero hay gente joven a quien si puede salvar. Por ejemplo, hay una muchacha francesa que ha hecho un estudio muy minucioso de mi novela. Se llama Clemence Bouffare.

Espero que usted pueda disuadirla de que es mejor no ver las realidades de la seducción y que es más aconsejable concentrarse en un solo lado de la vida, la de las imágenes santas y la pureza. Territorios sin duda encomiables, pero para mí parciales.

Le agradecería mucho la quema prometida en efigie. Me trae usted a la memoria fantásticas épocas pasadas de prejuicios, aventuras, coros gregorianos, cilicios, transgresiones amorosas y deseos desatados. Si puede ser pública, sería excelente, y si puede usted tomar cuidado de que esté presente la televisión, sería aún mejor.

Mis obras de teatro tienen que ver con otro tipo de transgresiones. Tratan sobre el supuesto descubrimiento y conquista que de Europa realiza el Inca Huayna Capac en 1491.

Estoy muy halagado por su mail y sus palabras. No es frecuente ni sencillo llegar a tocar el alma del semejante y estremecerla. En estos tiempos, donde la pornografía, las violaciones, los crímenes y las masacres son normales, y hasta hay asesinos y violadores famosos y admirados, debo concluir que el tratamiento de mi novela tuvo el mérito de trascender esas rutinarias informaciones de la televisión contemporánea y conmoverlo a usted.

Le quedo agradecido por hacérmelo saber y si vuelve por Bolivia estaré, como estuve, siempre deseoso de atenderlo. Lo saludo con las muestras de mi mayor atención.

Juan Claudio Lechín

El libro
La gula del picaflor cuenta la historia de don Juan, un anciano que en el ocaso de su vida quiere conquistar a la joven Maya. Para ello, convoca a un congreso de seductores de todo el país.

Se presentan expertos casanovas de las diferentes regiones que empiezan a relatar las experiencias que han vivido. Estos relatos evocan clásicos de la literatura tanto románticos como eróticos, que van desde Romeo y Julieta hasta las obras del Marqués de Sade, con quien compara Renaud a Lechín. Sin embargo, son todos relatos muy bolivianos, que tienen el sello particular de las tradiciones locales.

Desde un comienzo, el tema y la forma de exponerlo abiertamente generó cierta susceptibilidad en un ambiente cultural boliviano todavía conservador. Empero, nunca trascendió las cortinas de las charlas de café y el intercambio de mails.

En algunos espacios como las ferias de libros de La Paz y Santa Cruz, se analizó el libro en mesas estrictamente literarias. Algunas de esas reseñas fueron publicadas en páginas y blogs culturales. El libro se convirtió en un best seller y catapultó a su autor en el escenario literario nacional e internacional, ya que fue finalista del premio Rómulo Gallegos, en Venezuela.

Fuente: El Deber



9 Respuestas »

  1. rosse marie caballero dice:

    Juan Claudio:
    Cuando leí tu libro, que decían era una novela, con un premio de novela, me turbé, porque me parecía un conjunto de cuentos (eróticos, por supuesto) pero no me quedé convencida de que se tratara de una novela.
    Respecto al tema (y a la portada, subrepticiamente delatadora de la forma íntima del genital femenino), qué te puedo decir… Es muy caliente… caliente hasta quemarte, los protagonistas bastante osados… las mujeres ingenuas (algunas), el viejito ese verdeando de cachondo, etc… no me alarma, pero tampoco me convence. Tal vez si sigues escribiendo explicaciones podría ponerle más atención en entenderla y aceptarla como novela. Leíste ‘Vaginario’? Hallo que sería una buena pareja para la libido de tus personajes varones (y mujeres también, por qué no?).

    Ahora, me parece oportuna esta tu publicacion de carta y respuesta, etc. porque así te encumbras y te pones al nivel de Sade, pero creo que el Monsieur Renaud exageró. No es para tanto. ¿No crees?
    Saludos (cordiales).

  2. Hoy en día las novelas se construyen de muchas maneras. El formato de sucesión de relatos en torno a temas y personajes comunes ha dado obras notables en el género novela.
    No es fácil armar una novela con esa técnica.
    Mencionaré a tres que se me vienen a la sesera: “Teophilus North” de Thornton Wilder, “Retrato del artista cachorro” de Dylan Thomas, y “La llave estrella” de Bruno Levi. Posiblemente las nombradas no sean novelas cimeras, pero se hallan en mi altar personal. Por muchas razones que darían para largo.
    Ahora, sin ánimo de entrar en las contiendas literarias nacionales, pongo también en mi altar “La gula del picaflor”.

  3. Ariel dice:

    Estimado Juan Claudio:
    Sin duda alguna debo decirte que con mis pocos 26 años, me encanto tu novela, sin duda alguna sirve para poder ver más alla de lo que las personas (al igual que algun personaje de “El Nombre de la Rosa” pretenden ocultar aquello que solo el alma puede saber con exactitud.

    Debo decirle tambien que de todos los capitulos me encanto sobre todo el de Ricauter, pero sin duda alguna me indentifique con todos en algún pagina, espero que pueda publicar más textos como estos que solo alimentan el alma de una forma productiva

  4. [...] leer la carta enviada por Renaud a Lechín y la posterior respuesta del escritor pueden ingresar aquí. SEE [...]

  5. Alberto dice:

    Juan Claudio, pese a todas las criticas y referencias del libro, lo encontré intersante en su lectura y desarrollo y que va… se lo aconsejé a varios amigos (as) para que tuvieran algo con que entretenerse.

    Quedan algo flojos las intervenciones del personaje con Maya, pero que más da, cuantas veces uno mismo no se apropia de las historias ajenas para provocar estragos.

    En verdad me sentí muy identificado con el Capitán Mario. Alguna vez me pasó algo similar y si bien no acabó como en el cuento, tuve que eliminarla de mi vida y de raíz.

    Un abrazo enorme

  6. Alberto,
    Cómo hiciste para eliminarla de tu vida y de raíz?
    Marcelo Paz Soldán
    http://www.ecdotica.com

  7. VARGAS dice:

    SOLO PARA ACOTAR UN SIMPLE DETALLE SOBRE EL ARTICULO, LECHIN ERA PACEÑO, NO COCHABAMBINO

  8. jotas dice:

    Mi muy estimado escritor felicito a su persona por tan ilustre obra literaria, por mas cautivadora e interesante…..pase muy buenos y gratos momentos con su gran contenido

  9. jose luis dice:

    juan. me regalaron tu libro. lo lei y me parecio una cagada. tu esfuerzo sobrenatural por usar palabritas rebuscadas le quitan toda la gracia a lo que debio ser un cuento ligero y facil de procesar.

    no creo que ningun boliviano haya podido leer tu libro sin consultar un diccionario cada tres oraciones.

    bajate de la nube.

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