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Despidiendo a Don Werner



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Shalom, Werner Guttentag
Por: Pedro Shimose

Hace 69 años llegó a Bolivia un joven alemán con una máquina de escribir y un libro de Dostoievski bajo el brazo. Formaba parte del éxodo judío del siglo XX, víctima de la despiadada persecución nazi que desembocó en los campos de concentración y el Holocausto. Se llamaba Werner Guttentag Tichauer (Breslau, Alemania / hoy Wroclaw, Polonia, 06/02/1920–Cochabamba, 02/12/2008). Tenía 19 años y, para sobrevivir, se había ganado la vida como mecánico, joyero y empleado de comercio. En Bolivia se convirtió en librero, editor, bibliógrafo, promotor cultural y filatelista. Pocos recuerdan que, en 1998, Correos de Bolivia le dedicó una serie de homenaje. Sorprende que, entre tantos premios, distinciones, honores y condecoraciones, no le haya sido otorgado el Premio Nacional de Cultura; él, más que nadie, se lo merecía.

Amigo de los libros fundó, en 1945, una librería que bautizó precisamente con el nombre de Los amigos del libro. Con el tiempo, la librería se convirtió en editorial. Hasta entonces, las editoriales existentes en Bolivia publicaban libros de texto y alguna que otra obra literaria aislada.

Establecido en Cochabamba, convocó a los escritores de la ‘generación del Chaco’ más próximos –Jesús Lara, Augusto Guzmán, Porfirio Díaz Machicao, Humberto Guzmán Arze– y con ellos inició su andadura editorial. El primer libro publicado por Los amigos del libro fue la novela Surumi, de Lara. Supo rodearse de buenos asesores y amigos como Mariano Baptista Gumucio y Héctor Cossío Salinas, autor del lema “No leer lo que Bolivia produce es ignorar lo que Bolivia es”.

Como editor rescató la obra crítica de Carlos Medinaceli, las obras completas de Augusto Guzmán, Jesús Lara y Raúl Teixidó; divulgó las antologías de Díaz Machicao, Yolanda Bedregal, Soriano Badani y Manuel Vargas; lanzó la Biblioteca de Historia con Luis Peñaloza (economía, 7 vols.), Guillermo Lora (movimientos obreros, 4 vols.), Adolfo Cáceres Romero (literatura, 3 vols.), Atiliano Auza (música), Carlos Castro (judicial) y Alfonso Gumucio Dagron (cine); la Biblioteca de Diccionarios con Fernández Naranjo/Dora Gómez (bolivianismos), Cáceres Romero (Literatura boliviana), J.R. Arze (biográfico) y René González Moscoso (geográfico); y la Biblioteca ‘Mito y realidad’ de Amado Canelas.

Tres son los mayores logros de este humanista boliviano: 1) fundó la biblioteca ‘Enciclopedia boliviana’, dándole relevancia a la sección científica (Ahlfeld, Cárdenas, Ibarra Grasso, Oblitas Poblete); 2) creó el Premio de Novela Erich Guttentag (1966-1999), en homenaje a su padre, promocionando a jóvenes promesas (Renato Prada, Adolfo Cáceres, Ramón Rocha Monroy, Gonzalo Lema, Edmundo Paz Soldán, Juan Recacoechea, Gaby Vallejo, entre otros) hoy autores consagrados; y 3) escribió su portentosa ‘Bibliografía boliviana’ (1962-2001; 40 vols.) por la que será recordado siempre. En esta materia, su nombre queda inscrito junto a los de Gabriel René Moreno, Valentín Abecia, Costa de la Torre y José Roberto Arze, sin olvidar las valiosas aportaciones de Castañón Barrientos, Siles Guevara y Hernando Sanabria Fernández.

Este hombre que acaba de morir me honró con su amistad. Nos unió el amor a los libros y el repudio al racismo y la intolerancia. Llegué a respetarlo porque era más boliviano que el chuño, porque fue el nexo entre cuatro generaciones de escritores bolivianos y porque era francote, tan sincero que, cuando le propuse que editara mi poesía, me dijo que no editaba poesía porque no podía darse el lujo de perder plata. Werner era así y así había que quererlo. // Madrid, 12/12/2008.

Fuente: El Deber



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