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Contra las abreviaturas
Por: Ramón Rocha Monroy

Las palabras son cuerpos dibujados en un papel. En siglos y siglos, a veces en milenios, han conformado una silueta que les da identidad. Si uno las escribe mal, se ven grotescas. Eso ocurre con los errores de ortografía. Si uno escribe “travéz” con zeta le está aumentando una jorobita a la vieja palabra través, que seguramente se va a sentir ofendida. Las palabras mal escritas ponen piedras en el camino de la lectura y acaban por espantar al lector.

Una plaga contra la silueta y la identidad de las palabras son las abreviaturas. Cuando el papel era caro y la imprenta muy primitiva, había que ahorrar papel, y entonces los copistas inventaban abreviaturas con ese fin. Así escribían “afmo y ss” por afectuosísimo y seguro servidor. Los escritos de abogado terminaban con una sentencia que dice: “Será justicia, etc.” En cinco años de estudio, en 13 años como profesor y en casi cuatro décadas de abogado, jamás he sabido qué frase se esconde detrás de la abreviatura etc. Esta abreviatura es la que más denota pobreza de lenguaje. La enumeración es un recurso estilístico y poético usualmente muy agradable al oído del lector; cortarla abruptamente con un etc. provoca urticaria.

Otras abreviaturas chinchosas son las que complementan la identidad de un nombre con títulos. Antes eran títulos nobiliarios y hoy, títulos académicos, como Dr., Lic., Ing. Msc , Phd e incluso Abog. Si se combinan con gentilezas relativas al cargo, la cosa se vuelta realmente kitsch, de mal gusto, como Excmo., que parece la onomatopeya de un estornudo.

Cuando era profesor de la Facultad de Derecho, instruí hacer trabajos prácticos sobre la revolución del 52 y sus medidas históricas, como la reforma agraria, el voto universal y la nacionalización de las minas. Recuerdo que me presentaron una revisión de la prensa de época sobre los Barones del Estaño; sólo que el título decía: Los Varones del Sn (SIC). Esta sí que era una combinación de estolidez, estulticia, falta de ortografía y falta de ignorancia, como se dice en broma.

La costumbre de enviar mensajes por celular ha multiplicado las abreviaturas y los errores ortográficos deliberados. La gramática es complicada, como ocurre por ejemplo en el uso de la g o de la q seguida de la u: guerrilla, quedar… Los mensajes reemplazan la q por la comodísima k. La q de que en el celular, se ha convertido en la versión escrita de un parásito intestinal: la q solitaria: “Te aviso q no”. Verbalmente se dice “Te mo”, pero en un celular se escribe “tkm”: te kiero mucho.

Uno entiende la costumbre de los antiguos copistas de usar abreviaturas, uno por ahorrar papel y otro por ahorrar tiempo; pero ahora que hay computadoras y que el papel es barato (o al menos se lo derrocha como si lo fuera) no hay pretexto para escribir abreviaturas. Cuando menos habría que ahorrárselas al máximo, porque así las palabras parecen lombrices comprimidas por la presión de dos dedos mortíferos.

Fuente: Los Tiempos



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