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Ideas homicidas…, lo nuevo de Rodrigo Antezana



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Las ideas que matan
Por: Luis Christian Rivas Salazar

Mientras la intelligentsia nacional sigue proveyéndose de opio intelectual, basado en su autor clásico: Karl Marx, a la vez que traen, desde cómodas aulas europeas, nuevas inclinaciones narcóticas u otras modas intelectuales, existen esfuerzos diferentes, como los de Rodrigo Antezana Patton que nos presenta su libro: Ideas homicidas. El criminal legado marxista leninista, título sugestivo y provocador, que en sociedades comunitaristas como la nuestra, es absolutamente imprescindible.

Esta obra nos relata la macabra puesta en escena del libreto marxista, el primer acto empieza con el asalto del primer gobierno democratizador del Imperio Ruso, en febrero de 1917, el Imperio estaba siendo gobernado por la Duma (Congreso elegido por voto) y el 7 de noviembre de 1917, la facción más violenta dentro del partido bolchevique, comandada por Vladimir Ilich Ulyanov, alias Lenin, tomó el gobierno por la fuerza, más que una revolución, esto fue un golpe de estado, dice Antezana. Después sobrevino una guerra civil fraticida, donde la principal enfermedad era el marxismo.

El Terror Rojo cubrió con su manto todo lo que se vino a denominar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y sus satélites. Los creyentes de la lucha de clases, buscaban exterminar a toda la clase burguesa, y también a todo “enemigo del pueblo”. La búsqueda y exterminio, no solamente se limitaba a las ideas contrarias, sino, principalmente a la desaparición física de los portadores de la ideas distintas al dogma y acallar la voz disidente a la doctrina. Así se consolida la dictadura de un solo partido. El Partido Comunista de la Unión Soviética, no permitía el cuestionamiento de sus acciones, nunca rendiría explicaciones, lo haría todo para construir un sistema burocrático asfixiante, con brutalidad y propaganda. El sucesor de Vladimir Ilich, otro engendro de la muerte, Iósiv Visariónovich Dzhugachvili, alias Stalin, sólo siguió los mismos pasos violentos que le habría enseñado Lenin.

Así empieza la trama de una tragedia, la práctica de una nueva religión, cuyo profeta principal fue Marx, quien llamaba socialismo científico a su credo, el cual vaticinaba la muerte del capitalismo y la llegada del socialismo, cuya última fase era el comunismo, donde los principales recursos y medios de producción pertenecen a la comunidad y no a los individuos; para eso, se tenía que adelantar lo inevitable mediante la acción revolucionaria violenta.

Esta idea, que fue tomada como un dogma por los creyentes, significó una infinidad de juicios donde se confesaban crímenes que no se cometían, se perseguía, torturaba, fusilaba, se esclavizaba, en los campos de concentración creados por Lenin. Para Stalin, “los enemigos del pueblo”, también estaban en el partido. Dice Grey, citado por Antezana, para un Congreso en 1934: “1108 fueron detenidos y no sobrevivieron, en tanto que de los 139 miembros elegidos para el comité Central, 98 fueron fusilados”, eran tantos los enemigos del pueblo que: “Casi todos los líderes del violento golpe de estado bolchevique fueron ejecutados por el régimen que ellos mismos habían ayudado a construir, solo quedaron los que se sometieron incondicionalmente al gran verdugo, el Secretario General Stalin”

Lamentablemente, esta tragedia tuvo sus replicas e imitaciones en varios confines del planeta, Antezana nombra los casos horrorosos de la puesta en escena de la idea y libreto marxista-leninista; allá donde se puso en práctica las ideas colectivistas, se consolidaba la pobreza. Se tiene que ser incapaz y deshonesto para no darse cuenta de la diferencia entre Chile y Cuba, o, como compara Antezana, entre la República Democrática Popular y la China Nacionalista (Taiwán), entre la Alemania Oriental y la Alemania Occidental, entre Corea del Norte y Corea del Sur. Mientras en la capitalista Corea del Sur se crearon marcas famosas como Samsung y Hyundai, en el lado comunista existe sólo hipocresía y fracaso, una fotografía nocturna satelital, dice Antezana, muestra una visión lúgubre y oscura del lado comunista, mientras que al sur brillan las luces del desarrollo.

El monstruo bolchevique que tenía la cabeza llena de ideas marxistas murió, y lo hizo en 1991, pero la noticia de dicha muerte parece no haber llegado hasta nuestra sociedad o, por lo menos, no se propagó con voz fuerte. No se puede entender porque se considera seriamente el marxismo en las aulas de educación superior latinoamericanas, o peor aun, se eligen gobernantes iniciados en el culto marxista, apologistas de Cuba y Fidel.

Hay ideas que matan y la imposición de sueños utópicos solo acarrea muerte y sufrimiento. Popper sentenciaba: “No matarás por una idea”, porque las ideas deben luchar entre sí, no sus portadores, la base epistemológica de dicha filosofía, recuerda que existen hipótesis con un temple más fuerte de poder explicativo frente a otras, éstas sobreviven y las otras son falseadas. El marxismo ha sido falseado por la lógica y la realidad; según Mario Bunge, el ‘socialismo científico’ es una pseudociencia. Pero, ¿por qué su fantasma aparece y amenaza, principalmente en las sociedades más pobres? ¿acaso éstas esperan constantemente la llegada de la salvación y del Mesías? Es difícil explicar este fenómeno, por lo pronto, queda claro que el objetivo de Antezana es relatar con voz fuerte la realidad, recordarnos, en pocas líneas y de manera documentada, la tragedia para aprender de ella, para no diseñar ni construir falsos paraísos con ideas homicidas, para eso nos ofrece una breve historia de la aplicación de estas ideas, cuya actriz principal es la muerte.

Fuente: Ecdótica



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