Pimientos rojos
Por: Cecilia Romero Mérida
La casa de la plaza
Hay mañanas en las que consigo disipar las cenizas que cubren el sueño de la noche anterior y vuelvo de forma recurrente casi a tientas a la casa grande, esa de color avena como el ojo de un ciego a punto de morir. La casa de la Plazuela San Sebastián, con sus treinta cuartos de techos altos, pisos de loza abrillantados y sus largos pasillos que en la oscuridad nunca pedían permiso para soñar. (fragmento)
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fantastico cuento, brutalmente bueno!!!!
escribo desde cuba, este cuento es universal porque todos nos vemos relfejados en sus pequeñas sutilezas!