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Los ganadores de Los Destamayados en la biblioteca de ecdótica



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A propósito de Los Destamayados
Por Marcelo Paz Soldán

El jurado del Franz Tamayo de este año declaró desierto el concurso más prestigioso de cuento en Bolivia, lo que a muchos nos sonó muy extraño ya que sabemos que, literariamente hablando, claro, no estamos tan mal y tenemos buenos referentes. Sin embargo, los del jurado están en su pleno derecho de declarar desierto el premio finalmente por que la lectura es muy subjetiva: lo que a mi me gusta no necesariamente le gusta al que lee lo mismo sentado alado mío. Una especie de deconstrucción de la lectura en la que la misma toma diferentes interpretaciones como lectores existen. Los escritores saben eso y ninguno de ellos puede buscar la universalidad ni supongo la quieren. Quieren ser leídos y, si se puede, gustados, aunque saben de antemano que tendrán detractores.

Pero lo que complicó el panorama del Tamayo de este año fueron las torpes declaraciones de Willy Camacho que, según me comenta mi amigo y colega editor Marcel Ramírez de Gente Común, no cree que hayan sido de mala leche (como dice el Ramón Rocha Monroy) sino por que era simplemente lo que él sentía. Así que desde ecdótica tomamos como serias y responsables las declaraciones de Camacho, aunque torpes (ya lo dijimos) y aceptamos que declaren desierto el Tamayo ya que el jurado estaba compuesto por escritores de la talla de Wilmer Urrelo. A pesar de todo ello, la duda continuaba presente. Entonces cómo demostrar que el jurado se había equivocado, que debería por lo menos haber declarado un cuento como ganador? Entonces salieron a la palestra los de Yerba Mala Cartonera con Beto Cáceres a la cabeza y se propusieron organizar un concurso que de antemano sabían que la tenían perdida (se haría un libro, editado por Gente Común, con los perdedores/ganadores? I don’t think so!).

Sin embargo, siguieron con su loca idea (apoyada desde acá!) de hacer un concurso con dos cajas de cerveza a los ganadores. Y hemos sido informados que los ganadores han sido los cuentos Claustrofobia de Javier Badani y Un perro con suerte de Imago (seudónimo) los que pueden descargar de nuestra biblioteca siguiendo los siguientes enlaces: http://www.ecdotica.com/biblioteca/Unperroconsuerte.pdf y http://www.ecdotica.com/biblioteca/claustrofobia.pdf

Fuente: Ecdótica



25 Respuestas »

  1. Harvey Dent dice:

    He leído el cuento claustrofobia y es muy bueno de verdad, altamente recomendable. Sin embargo, sigue sin probar que el jurado se equivocó. Esta claro que para mi es bueno, como para la gente que voto por él, pero queda la duda de si a Camacho y sus secuaces les gustó ya que parece ser un cuento, para ellos, que necesita rigurosa edición.

  2. Marcelo dice:

    Acabo de terminar de leer Un perro con suerte y lo encontré muy cinematográfico. Pienso que no necesita rigurosa edición. El escritor, quien sea que sea, conoce su oficio y escribe bien, muy bien ni duda cabe. Ya sabemos que saldrán los detractores de ambos cuentos, pero déjenme decirles que a mi me dejó muchas dudas esto del Tamayo. También leí el cuento de Liliana Colanzi y lo encontré muy bueno.

  3. Carolina dice:

    A mi gustaron dos: Un perro con suerte y Microbus, para mí eran los mejores cuentos que se postularon.
    Marcelo, ¿qué cuento es el de Liliana Colanzi?

  4. Carolina dice:

    Hay algo que extrañe con los resultados del concurso, que luego de la votación nadie, creo yo, comento los cuentos. Sería una labor interesante hacer algunos comentarios, indicando sus virtudes y defectos -desde el punto de vista de un editor-. Me parece que, si bien no sería críticas, al menos se recibirían como consejos. Incluso, tomando en cuenta las observaciones, los autores se animen a reescribir sus cuentos y sería de esperar que éstos lleguen a quedar perfectos. Al menos creo que muchos son noveles y les vendría bien el consejo profesional.

    Saludillos.

  5. Marcelo dice:

    Estoy de acuerdo, ya que tenemos dos desganadores, o lo que se llamen, sería bueno analizarlos criticamente. Lo que no se si vale la pena es una edición, pero ese dependería de los mismos autores. Liliana Colanzi, que está entre los diez finalistas elegidos por el jurado jurado me mandó su cuento y me gustó mucho.

  6. Marcelo dice:

    Y el cuento de Liliana, lamentablemente, no está en la oferta de los de Yerba Mala Cartonera.

  7. Carolina dice:

    Esa es otra, hubiera sido interesante comparar los destamayados con los cuentos finalistas del Franz Tamayo. Si se puede, ¿podrías colgar ese cuento de Liliana Colanzi para leerlo?

  8. Carolina dice:

    Por mi parte haré un analisis de los dos cuentos destamayados ganadores.

  9. Marcelo dice:

    Carolina, será un placer para ecdótica publicar tus ensayos sobre los cuentos ganadores. Los esperamos con ansias. No se si Liliana se animará a que lo subamos, pero le pediré permiso.

  10. Marcelo dice:

    En todo caso, acabamos de subir Las Cosas, el cuento finalista del Tamayo, junto con el de Liliana. Está en la biblioteca, por si lo quieres descargar. Es extraño esto de los cuentos finalistas del Tamayo y Los Destamayados. Ando confundido. Por eso pienso, y creo, que los de Yerba Mala tienen que hacer su propio premio, pero buscar un nuevo nombre.

  11. Willy Camacho dice:

    Marcelo, si bien había decidido no hablar más sobre este tema, haré un último comentario al respecto, pues considero que Ecdótica es un espacio donde se puede dialogar, discutir o debatir con seriedad y, sobre todo, con respeto.

    Para empezar, estoy plenamente de acuerdo contigo en lo referido al estado de la literatura nacional: “no estamos tan mal”, cierto. De hecho, la literatura, en general, “no está tan mal”; hay muchos escritores de gran nivel, jóvenes y viejos, laburando en todo el mundo; no obstante, pocos días después del “Tamayazo”, el Premio Herralde de novela fue declarado desierto, ya que el jurado consideró que ninguna de las 457 novelas concursantes (provenientes de distintos países) era lo suficientemente buena como para merecer el galardón. Lo que quiero decir es que no creo que el resultado de un concurso sirva para medir el estado, salud o vitalidad de la literatura.

    Ahora bien, yendo al meollo del asunto, mis declaraciones fueron torpes, tienes toda la razón, pero muchas personas las tergiversaron y, así, magnificaron, originando un revuelo que, si no ridículo, por lo menos fue exagerado. Yo no dije que los 149 cuentos eran malos, como tampoco dije que los 149 cuentos eran bodrios; claramente, señalé que, de los TREINTA cuentos que me tocó leer en la primera fase de evaluación, escogí los tres menos malos para la fase final. La deficiente interpretación o, mejor dicho, la malintencionada tergiversación de mis palabras, a la postre, lamentablemente, produjo mayor eco, incluso en medios impresos, lo cual, por otra parte, demuestra la falta de profesionalismo y ética de algunos periodistas.

    ¿Todos los cuentos eran malos? ¡No lo sé! Yo apenas leí cuarenta y tres (treinta en la primera fase y trece más que fueron seleccionados por los demás miembros del jurado). De hecho, no leí los cuentos que resultaron ganadores del concurso organizado por Yerba Mala. Al respecto, algunas personas manifestaron duras y, en mi criterio, injustas críticas sobre la labor del jurado, indicando que nuestro deber era leer absolutamente todos los textos concursantes, que fuimos flojos e irresponsables, que etc. En fin, es fácil juzgar, pero otra cosa es con guitarra, ¿no? Para no extenderme, sólo les pido que consideren dos aspectos: 1) los jurados trabajan gratis; 2) 149 cuentos, considerando un promedio de seis páginas por texto, representan 894 páginas de lectura, pero no se trata de una lectura recreativa, sino más bien de una lectura crítica y, por tanto, meticulosa; aunque no lo crean, es bastante trabajo. Además, hasta donde sé, en la mayoría de los concursos –si no en todos– que se realizan en Bolivia, la hermenéutica del proceso de evaluación es similar. Por eso, quienes decidan participar en un certamen literario, deben estar conscientes de que el azar juega un rol importante en la elección del ganador y las menciones, pues, por más brillante y original que sea el texto, en la primera fase de evaluación puede caer en manos de un jurado que, por n motivos, no lo seleccione para la fase final. Así nomás es la cosa; entonces, si no se obtiene cuando menos una mención, no significa, necesariamente, que el texto sea malo.

    A propósito de Los Destamayados, creo que fue una noble iniciativa de los colegas cartoneros, aunque, en los hechos, haya sido algo similar a un “premio consuelo”. Lógicamente, otra debe ser la perspectiva de los 149 concursantes (en realidad 148, porque uno mandó dos cuentos) “destamayados”, muchos de los cuales, repudiando la decisión del jurado (con todo derecho), han debido creer que el voto directo de los lectores sería la prueba irrefutable para, tal como tú indicas, “demostrar que el jurado se había equivocado, que debería por lo menos haber declarado un cuento como ganador” (¿”por lo menos”?, o sea, ¿cuántos ganadores querían que haya?). Pero claro, es comprensible la molestia de los 149 concursantes y, por tanto, justificable la organización de emergencia de un certamen que, y eso es lo bueno, empezó como joda y terminó como propuesta e, incluso, posible movimiento.

    ¿Y si no hubiéramos declarado desierto el concurso? ¿Si hubiéramos elegido un cuento ganador? Si hubiéramos hecho eso, alguito mejor sería mi vida, pues en vez de ser odiado por 149 personas, sólo me estarían maldiciendo 148. Bueno, ya seriamente, así nomás es el asunto; la decisión de un jurado nunca va a ser aceptada por todos, con ganador o sin él. Si hubiéramos otorgado el premio, ¿acaso no habrían 148 “destamayados”? Es decir, por qué no organizar el concurso de “Los Destamayados” todos los años, ya que siempre, todos menos uno de los concursantes sentirán que el jurado no evaluó adecuadamente sus textos; todos menos uno de los escritores, en cada versión del Tamayo, serán “destamayados”. Jodido, ¿no?

    En todo caso, tal como tú aconsejas, Yerba Mala debería organizar su propio concurso, con otro nombre, bajo sus propias reglas, con un objetivo claro, etc., pues si se sigue con “Los Destamayados”, los concursos literarios se van a parecer a la Liga, con “play offs” para los perdedores.

    Y por favor, ojalá que no se tome a mal mi opinión, que es sólo eso: una opinión. No tengo nada en contra de Yerba Mala; es más, conozco a casi todos sus miembros y soy amigo de varios de ellos, por lo cual, si tuviera algo en su contra, se los diría de frente, cara a cara, entre chelas y cumbia. Además, de no mediar ninguna eventualidad, el próximo año publicaré un libro en Yerba Mala, de modo que no quisiera que alguna tergiversación obstaculice ese proyecto.

    Más cosas quería decir, pero ahorita se me han ido; si me acuerdo, te mando una posdata, ¿ya? Gracias por el espacio, Marcelo. Te deseo mucha salud y trabajo para el año que llega. Un abrazo.

    Willy Camacho

  12. Harvey Dent dice:

    Esto prueba que los concursos literarios en Bolivia son importantes para sus escritores, especialmente jovenes, quienes saben que ganar uno de ellos le daria primero la posibilidad de ser (re)conocido, segundo ser publicado y tercero ganar unos pesos que nunca vienen mal. El panorama literario en Bolivia primero lo configuro el Erich Guttentag y luego el Alfaguara en novela. En poesia el Yolanda Bedregal y en cuento el Franz Tamayo, todos ubicados en La Paz y con un deseo implicito que lo ganen sus locales. El declarar un premio de cuento tan importante desierto jode a muchos(as) y este ano salieron los de Yerba Mala a defenderla. Quien sabe, si una proxima oportunidad la declaran sin ganador es probable que aparezca Bruno Diaz en su rescate. Uy, ya me dio miedo!

  13. Marcelo dice:

    A nuestro amigo Dent mencionarle que si bien lo que señala es interesante, le recordamos que el Erich Guttentag está en Cochabamba (estuvo) y no en La Paz y que los premios del Premio Nacional de Novela lo han ganado en su mayoría escritores que viven en Cochabamba (no necesariamente cochabambinos). Lo que me parece interesante es salvar la idea de que se debería promover la literatura en ciudades que no están en el eje (el ganador dependerá de la calidad de su texto).

    Respecto a lo que menciona Willy Camacho, queremos decirle que es un honor que nos haya escrito y, especialmente, que nos visite. Sin embargo, hay varias cosas en el tintero que vale la pena mencionarlas:

    Se declaró desierto, todo bien hasta ahí. El problema nace con el artículo que escribe Willy en La Prensa pero ya no como jurado sino como persona natural. Se aleja del jurado y el jurado, a su vez, lo deja solo. Sus declaraciones son tomadas por los participantes, público que vienen de un escritor serio, que ha ganado el Franz Tamayo. Pienso que si el artículo hubiera sido publicado como una declaración del jurado la cosa hubiera sido diferente. Camacho sale a la pelea solito, sin defensa alguna, listo para que se lo coman los feroces rottweilers. Craso error, ahora lo sabemos.

    Por otro lado, es totalmente diferente declarar un premio de novela desierto que uno de cuentos. Pero es un tema debatible. Entiendo que para un jurado sea difícil leer tantos cuentos de manera crítica, pero uno se va dando cuenta de los cuentos, digamos, sólidos. Sobre el trabajo gratis de los jurados es también un tema complicado ya que estos saben que no recibirán nada de antemano. No es precisamente un cargo pagado y generalmente el jurado que se invita es por su calidad literaria reconocida. No invitan a cualquier pelagato a serlo. Es un trabajo de lectura. Pero si de antemano sabían que no era pagado, por que mencionarlo ahora? La persona que es invitada a hacer algo gratis y acepta después no debe sacarlo a relucir (no es polite!).

    Es también claro que si uno es declarado ganador, como sucede, el resto de los concursantes que no ganaron saben que su cuento debería haber corrido mejor suerte. Pero luego se publica al ganador y ahí se ve si es digno de serlo. Es decir, uno puede decir: me ganó este cuento que está muy bien, así que difícil que este año la hubiera ganado o cosas por el estilo. Por eso la publicación es lo mejor para los concursos por que finalmente los mismos autores, críticos podemos leer al ganador y a uno que otro participante. Cosa que este año no sucederá! Lo bueno es que el próximo año esto quedará como una mera anécdota y todo volverá a su cause normal, al menos eso esperamos todos.

    Un favor final que nos gustaría solicitar a Willy Camacho y es que nos envié su cuento ganador del Franz Tamayo, que sabemos es de gran factura literaria, para compartirla entre nuestros lectores.

  14. Willy Camacho dice:

    Marcelo, obviamente acepté ser jurado (éste y el pasado año) sabiendo que no recibiría ningún pago. Lo que dije no implicaba una queja; mencioné el asunto porque me parece que a eso se debe que en los concursos nacionales los jurados no lean todos los textos. Esa forma de evaluar no la decidimos los miembros del jurado, sino los organizadores. En la primera reunión del jurado (éste y el año pasado), los organizadores nos entregaron a cada uno la quinta parte de los cuentos concursantes. Entonces, me imagino que los organizadores, tomando en cuenta que no pagarán a los miembros del jurado, optan por no darles la labor de leer todos los textos. Como sea, sólo quiero aclarar que no me estoy quejando; todo lo contrario, únicamente puedo agradecer a los organizadores por haber confiado en mi criterio.

    Cambiando de tema, gracias por ofrecerme la posibilidad de compartir “La secta del Félix” con los lectores de Ecdótica; lamentablemente, no puedo hacerlo, ya que, como sabes, al ganar un concurso el autor cede los derechos de su texto a los organizadores. Creo que, en este caso, por el acuerdo entre la editorial y la Alcaldía, los derechos sobre el cuento los tiene Gente Común. Entonces, ya que eres amigo de Marcel Ramírez, podrías pedirle a él la autorización respectiva.

    Un abrazo.

  15. Carolina dice:

    A sabiendas que no les pagarían y que no tendrían la voluntad de leer todos los cuentos, ¿para qué aceptan ser jurados? ¿Por prestigio? ¿Para fines curriculares?
    Al menos, Willy, tú diste la cara, y bien que mal sacaste a relucir los trapitos al sol de las premiaciones.
    Pero las cosas se hicieron mal desde el comienzo. Se convocó a un concurso “serio” donde los jurados no fueron remunerados, algo que resta seriedad a los organizadores, que, además, no se dieron la molestia de considerar que los escritores en muy raros casos viven de su oficio. Esto implica que los jurados por falta de voluntad, flojera o porque no les pagan, no lean todos los cuentos y seleccionen uno que otro que les pareció interesante. Quizá, desde ahora, habrá que contar un chiste en la primera hoja del cuento o en la última, porque de seguro son las únicas páginas que leen los jurados.
    Y por si fuera poco los cuentos que estaban bien escritos, donde se nota que hubo dedicación y esmero, tienen que caer en el saco de los bodrios, de los carentes de ortografía y gramática, por que Willy (y el jurado) no los leyó.
    Si el problema no fue porque el premio se declare desierto, sino los comentarios de haberlo declarado desierto por que los cuentos eran mediocres. Aclarado o no posteriormente, Willy Camacho debería reconocer que cometió un error y pedir disculpas antes de justificarse. Si tan buen escritor se considera como para poder juzgar un cuento, y reconocer los errores en otros especialmente en lo que a verosimilitud se refiere, pues debería reconocer también los propios, además de ser conciente de los problemas que acarrea no ser claro en lo que se quiere decir.
    Si hay algo de cierto en las protestas posteriores es que entre todos los cuentos alguno tenía que ser el mejor y a ése había que darle el premio. Que el cuento no sea lo suficientemente bueno para que forme parte de los clásicos eso es otra cosa. Que no pueda compartir el sitial de “La secta del Félix”, también. Pero en un concurso de esta naturaleza se premia al mejor ya que no es un concurso de crítica literaria.

    Saludos.

  16. Willy Camacho dice:

    Carolina, tal vez no fui muy claro en el anterior comentario que hice; no me queda más que repetir y aumentar. La hermenéutica de evaluación no la decidí yo, ni ningún otro miembro del jurado. Si los organizadores me hubieran dicho que debía leer absolutamente todos los cuentos concursantes, lo habría hecho, y con la misma buena voluntad con que leí y evalué, página por página, los treinta cuentos que me asignaron.

    Por otra parte, al inicio de todo el lío, cuando en el blog de Beto Cáceres surgieron las primeras reacciones, pedí las disculpas del caso. Le solicité a Martín Zelaya, editor de Fondo Negro, me cediera un espacio para aclarar lo vertido en el artículo de la discordia y, además, para disculparme con los indirectamente agraviados; él me dijo que revisaría el mencionado blog para ver si el asunto merecía un segundo artículo. Como no me llamó, asumo que él no vio por conveniente prolongar el eco de la polémica. También hablé con Liliana Carrillo, periodista de La Razón, solicitándole lo mismo; ella aceptó, pero, como amiga, me aconsejó que era mejor dejar que las cosas se calmaran, pues podía dar la impresión de que yo estaba buscando ganar notoriedad con el lío. Considerando aquello, acepté su consejo y no publiqué nada, como tampoco respondí a críticas, insultos y amenazas que aparecieron en algunos blogs.

    Otra cosa: no me considero buen escritor. Es más, ni siquiera me considero escritor; estoy consciente de que apenas soy aprendiz. Yo me inicié en la literatura recién el año 2001; hasta entonces, sólo había leído las Selecciones del Reader’s Digest. No obstante, antes de ese año, escribí un par de bodrios que, con atrevimiento supremo, mandé al Franz Tamayo, creyendo que escribir cuentos era algo simple (en ese entonces, yo era economista, y consideraba que la literatura era para vagos o gente que no tenía capacidad mental para oficios de verdad), de modo que, por experiencia propia, dije, y continuaré sosteniendo, que siempre habrá gente que mande bodrios a los concursos. Ahora bien, no creo que sólo los buenos escritores sean aptos para evaluar cuentos; hay excelentes lectores que pueden realizar tal labor. Si yo acepté ser jurado, no fue porque me considere gran escritor, sino porque tengo los conocimientos necesarios para evaluar aspectos técnicos de un texto (estudié Literatura, carrera que, básicamente, forma lectores profesionales).

    De todas formas, tienes toda la razón respecto al error que cometí. No fui claro en mis opiniones y, peor aún, las expresé con torpeza.

    Sin embargo, no coincido en que se debía premiar sí o sí. Y no se trata de “sitiales”, pues eso no lo otorga un concurso. Retomando tu ejemplo, “La secta del Félix” aún no ocupa ningún sitial, ya que muy pocos lo leyeron, y sólo los lectores (muchos) definen el sitial de cualquier obra. Además, como antes no había la posibilidad de declarar desierto el premio, siempre habrá la duda (yo la tengo) sobre el mérito de mi cuento; talvez ganó porque era el “menos malo” de ese año, porque el jurado tenía que otorgar el premio sí o sí.

    Lógicamente, tenemos visiones distintas sobre la “naturaleza” de este concurso. Hay otros casos en los que sí se justifica la obligatoriedad de elegir un ganador, son concursos específicamente creados para incentivar y alentar a escritores nóveles. Eso es explícito en sus bases, en el título “De los participantes”, que indica, por ejemplo, “Sólo podrán participar escritores menores de veinticinco años…”, “Podrán participar escritores de cualquier edad y nacionalidad, siempre y cuando no hayan publicado ningún libro antes del fallo del presente concurso…”, etc.

    Ya para terminar, quiero aclarar, una vez más, que el artículo que publiqué sobre el Tamayo no fue escrito con mala intención, ni con aires de gran escritor; simplemente, me expresé mal, con torpeza imperdonable y, sobre todo, con boludez.

    Bueno, Carolina, esito sería. Un abrazo.

  17. Tommy dice:

    Ya dejen de darle vueltas a este asunto!

    Se ha vuelto un verdadera telenovela venezolana, y el William Camacho es el malo con parche en el ojo! Ahora, en el ultimo episodio, aparece autoflagelandose.

    Ya parenla!!!!! 😀

  18. A. Torres M. dice:

    Considero que es hora de parar toda esta sarta de palabrería.

    Mi apoyo a Tommy. Y más que una telenovela venezolana, parece una sábana, donde se limpian y secan lágrimas, justificaciones y demás tonterías, con mocos incluidos.

    El Franz Tamayo fue una vergüenza y ya!!!!

    Sirva a futuro, para mejorarlo y apreciarlo en su real dimensión, además sirva también para que, en adelante, busquen verdaderos profesionales de las letras como jurado.

    Feliz Año Nuevo a todos los del blog.

  19. Tommy dice:

    Si, jajajajajaja,

    Verdad que estan sorbiendo moco!

    Y verdad tambien que los miembros del jurado no hicieron un buen trabajo, pero ya fue!!! Que termine la telenovela y el malo salga de la pantalla porque ya fastidia!!

    AH, y el malo escribe mal, entre otras, marcelo, tu que andas pidiendole “la secta del cumbiero”… mejor ponte un cuento de saki o algo asi.

    Perdon si suena feo pero es lo que pienso! 😀

  20. Carolina dice:

    ¿Seguiremos con los destamayados, les gusta alguno? No necesariamente los ganadores. Sería interesante comentarlos. 🙂

  21. Tommy dice:

    Comenta vos pues, a esos perdedores…. y de ahi hablamos… 😉

  22. Carolina dice:

    Primero las damas, ¿no? ¿Tommy?

  23. Tommy dice:

    Asi es, Caro.
    Adelante.

  24. Marcelo dice:

    La verdad es que considero bueno que podamos discutir lo que sucede en la literatura boliviana y ahondar sobre ello. Tampoco se trata que todos nos pongamos de acuerdo y lleguemos a conclusiones fatales. Todos tenemos nuestra opinión, válida por cierto. Willy dio la suya, siempre lo hizo, en la que algunos de nosotros no estuvimos de acuerdo, algunos fueron más allá como crear un contra concurso que demostrara, entre líneas, que si bien no se debe declarar si o si a un ganador, había cuentos que merecían mejor suerte. En todo este despelote, por que de verdad lo fue, Willy nunca se contradijo. Nunca admitió que tal o tal cuento hubiera ganado. Para uno de los jurados, está claro, no hubo un ganador, punto final. Pero qué de los otros jurados, nos olvidamos de ellos? Realmente Urrelo también coincide con Camacho que no había un ganador?
    Por mi parte, está claro, no le pediré a Marcel Ramírez el cuento de Willy para subirlo a nuestra biblioteca, pero, definitivamente, habrá que leerlo.

  25. Carolina dice:

    Tommy:

    Ya hice un comentario de un cuento, ahora manifiéstate.

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