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Con la literatura boliviana es cuestión de tiempo



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Con la literatura boliviana es cuestión de tiempo
Por: Edmundo Paz Soldán

Buenas tardes. Para comenzar quisiera retomar la pregunta original sobre si los premios son representativos y ¿qué ha pasado a la literatura nacional en los últimos años? Creo que hay un par de fenómenos que el premio no ha registrado y eso no es culpa ni del premio ni del jurado, simplemente es así; en primer lugar el boom de la narrativa cruceña que no está representado en los premios. Yo creo que lo que ha ocurrido con la literatura de Santa Cruz es algo simbólico muy importante para el país porque también muestra que el eje troncal entre La Paz, Cochabamba y Santa Cruz en el mundo cultural han sido La Paz y en menos medida Cochabamba las regiones que de alguna forma han dirigido el debate cultural y la literatura también; de hecho si pensamos en los escritores del canon nacional es más fácil para un escritor paceño o cochabambino ser reconocido que para un escritor cruceño, es por una cuestión muy simple, la gente que está más cerca de la crítica cultural pertenece a los mundos de La Paz y Cochabamba.

Creo que eso por un lado y por otro lado, hay otro fenómeno que no aparece en los premios y que tiene que ver con toda la narrativa urbana de La Paz que es la narrativa que no necesariamente se relaciona con lo que hace Wilmer Urrelo por ejemplo. Y estoy pensando en escritores como Adolfo Cárdenas o como todos los que lo siguen y que son muchos que se preocupan por registrar un tipo de habla urbana muy paceña y quizás eso porque si bien eso es importante para la literatura boliviana dar cabida a la literatura paceña eso es tan bien lo que un poco ha cerrado a esa literatura a otras partes del país. Es una literatura muy paceña y no en el mal sentido de la palabra, pero si es importante y eso tampoco esta registrado aquí.

En cuanto a la actitud de los escritores, lo que yo me acuerdo cuando comenzaba en éste oficio hace diez o quince años y tenía sobre todo en ese momento como interlocutores a Gonzalo Lema y a Ramón Rocha Monroy me acuerdo que nos perdíamos en muchos debates bizantinos que creo que ya no sufren los escritores de las nuevas generaciones.

Uno de esos debates tenía que ver con esa idea muy romántica de la literatura que se implantó allá por fines del siglo diecinueve en Europa y que todavía sigue vigente en algunos cafés en Cochabamba y más en La Paz; que es la idea muy romántica sobre el cual tuvimos un debate con Cé Mendizabal, y él recuerdo que me decía que respetaba más el gesto de sus amigos escritores que iban con un manuscrito bajo el brazo y que no les interesaba publicar ni les interesaba ganar premios; ese fue un debate a principios de los años noventa y para mí fue una gran sorpresa ver que Cé había sido capaz de rectificarse y presentarse a un concurso y también ganarlo, porque no había un estigma dado al difícil arte de escribir libros sino también sobre el tratar de difundirlos, creo que eso ha cambiado mucho.

Creo que esa actitud con respecto a la literatura ya no es la misma. El lado romántico de la literatura ahora pasa por otro lado. Pasa por el modelo Roberto Bolaño, pasa por la actitud en la escrituras, pero no necesariamente con el deseo de hacer una cosa pequeña y marginal que solamente la van a leer mis tres o cuatro amigos; creo que eso puede ser muy bueno para el grupo de amigos pero no es bueno para el crecimiento de una literatura, ¿no? La literatura crece a través de la circulación de textos y eso quizás es lo que nos falta.

Ahora bien, el premio Alfaguara en general creo que ha hecho mucho por la difusión de la literatura boliviana en el exterior, creo que por lo menos de éstos diez textos, a más de seis los he visto yo en librerías del exterior, claro que falta mucho; yo creo que para que la literatura boliviana tenga una verdadera proyección internacional tiene que haber por lo menos cinco o seis escritores circulando de manera continúa y publicando en editoriales extranjeras, como ocurre eso con la literatura peruana, con la literatura chilena, con la literatura argentina o uruguaya, que incluso un escritor argentino como Daniel Tadororki sea traducido al italiano no es noticia. Claro que a mí me alegra que el libro de Wilmer sea traducido al italiano o que otros libros sean traducidos a otros idiomas, pero me va alegrar más el día en que eso no sea noticia, porque eso va a significar que nos hemos acostumbrado a tener ese tipo de noticias positivas, peor también hemos acostumbrado a lectores de otros países a que la literatura boliviana simplemente por una razón de ser no tiene porque no ser traducida a otros idiomas o estar circulando por otros lados.

La calidad no falta, lo que quizás nos falta es lo de siempre, la infraestructura, de ahí que éste premio Alfaguara da mucho, pero yo creo que todavía faltan muchas otras cosas,¿no?

Son pequeñas cosas que van dejando una mancha crítica pero yo creo que aún faltan muchas cosas. Y de que no hayamos ganado un premio importante simplemente es cuestión de tiempo, creo que la nueva generación de narradores en Bolivia: la generación de Wilmer, la generación de Sebastián, de Rodrigo Hasbún, de Maximiliano Barrientos, de Giovanna Ribero, de Juan Pablo Piñeiro, esa generación la que nos va acostumbrar a tener cinco o seis escritores circulando en el exterior y eso es lo que a mí me alegra porque tiene mucho talento y no solamente talento que es lo que siempre ha habido, sino también oficio y ganas.

Fuente: Ecdótica



Una Respuesta »

  1. Arturo von Vacano dice:

    Ojala hubiera decencia tambien y se olvidaran de la politica al juzgar libros…
    Alfaguara ha negado a Bolivia la ficcion sobre la Revolucion y la Era Evo…
    No hay democracia en la ‘cultura’ boliviana.

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